Feb 10 2006
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Cultura

UN TRECHO CON BORGES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Jorge Luis Borges es el sacerdote de la b√ļsqueda de caminos para escapar del laberinto de la inmediatez. Pero su salida es optimista a diferencia, me dec√≠a √©l, de Kafka ¬ęcuya literatura es opresiva, la m√≠a es liberadora¬Ľ.

¬ŅDe qu√© hablaba con Borges? Nos re√≠amos. Pero todas las risas y los caminos desembocaban una y otra vez en un mismo tema: la espiritualidad, las religiones. Esas discusiones inacabables constitu√≠an para √©l una dicha¬† menor, y disfrutaba seg√ļn creo con mi juvenil desfachatez de no temer equivocarme ante √©l en voz alta en su sala frente al gord√≠simo gato Bepo, que cierta vez atac√≥ a una enfermera a la que descubri√≥ intentando inyectar a su amo.

Al releer entrevistas suyas recuerdo esta en la que insist√≠a: ‚ÄúNuestra vida, como estos di√°logos y como todas las cosas, ha sido prefijada. Tambi√©n los temas a los que nos hemos acercado. El di√°logo es un g√©nero literario, una forma indirecta de escribir. El deber de todas las cosas es ser una felicidad; si no son una felicidad son in√ļtiles o perjudiciales.

¬ęLas pol√©micas son in√ļtiles, estar de antemano de un lado o de otro es un error, sobre todo si se oye la conversaci√≥n como una pol√©mica, si se le ve como un juego en el cual alguien gana o alguien pierde. El di√°logo tiene que ser una investigaci√≥n. Y poco importa que la verdad salga de uno o de boca de otro.¬† Es indiferente que yo tenga raz√≥n o que tenga raz√≥n usted; lo importante es llegar a una conclusi√≥n, y de qu√© lado de la mesa llega eso, o de qu√© boca, o de qu√© rostro, o de qu√© nombre, es lo de menos‚ÄĚ.

Describir lo que no existe
con ojos que no ven

Cuando camin√°bamos por la calle Florida discretamente nos miraban pasar, le describ√≠a lo que ve√≠a, y disgustado comentaba ‚Äúest√°n demoliendo a Buenos Aires‚ÄĚ. Con emoci√≥n trataba de reconstruir de memoria los barrios de su infancia, entonces le faltaban (¬°a Borges!) las palabras. Se para, y describe las calles de la infancia, parajes que ya no existen con ojos que ya no ven.

Cierta tarde veraniega de 1979 al escuchar el golpeteo de los tacones de dos damas que se aproximaban me pregunt√≥ ¬Ņalguna de las dos es bonita? No, le respond√≠. Y √©l, socarr√≥n, agreg√≥: entonces yo me quedo con la de la mitad.

Borges, como su padre, sab√≠a que hacia los cincuenta a√Īos de edad quedar√≠a ciego, o casi ciego.¬† Le ven√≠a de familia. Ve√≠a bultos y el color amarillo ‚Äúno me ha sido infiel‚ÄĚ.¬† Ejercit√≥ la memoria para aprender los pasajes y poemas que m√°s le gustaban o que m√°s le disgustaban: recitaba a ciegas los m√°s espantosos ripios mientras re√≠amos por esa antolog√≠a del disparate l√≠rico de la historia sentimental.¬† Pero si su miop√≠a era fatal lo que captaba ten√≠a visos¬† paranormales.¬†

Tristeza, infelicidad

Una h√ļmeda y calurosa ma√Īana de s√°bado en la que desayunaba en su apartamento me recibi√≥ de vestido completo y corbata.¬† Dijo que en su casa le estaba prohibido de muchacho andar en mangas de camisa sin chaqueta.¬† Desayunamos.¬† Alguien timbr√≥ a la puerta.¬† La mucama Fanny abri√≥, nosotros seguimos platicando en la sala-comedor.¬† Y de pronto como si hubiese sentido un olor ofensivo dijo: ‚ÄúLa persona que acaba de entrar es infeliz, un happy‚ÄĚ.

Sorprendido cruc√© hasta el port√≥n y en efecto vi a un electricista de cara consternada. Regres√© a Borges, le dije que el extra√Īo parec√≠a triste y ¬ŅC√≥mo lo hab√≠a notado? Respondi√≥: Esa persona no esta triste sino que es infeliz. La tristeza o la alegr√≠a pueden fingirse, en cambio la felicidad emana del ser.

La vista que de un sólo golpe nos da millones de datos sobre las personas, la suplía con el diálogo. Si no le respondían con sindéresis él no se hacia muchas ilusiones y se iba.  Algunos creían que se trataba de pedantería pero no se ponían en sus zapatos.

Una cita prefijada

Ese tanteo verbal lo sufr√≠ cuando nos conocimos.¬† √Čl caminaba por el micro centro con Maria Kodama, su futura esposa. Me present√©.¬† Coment√≥ algo sobre Cartagena y Bogot√°, pero el ruido dificultaba la conversaci√≥n y mucho m√°s crear un v√≠nculo. Cuando¬† se despidi√≥ le dije ‚Äúqu√© feliz coincidencia‚ÄĚ. Replic√≥ como un l√°tigo,¬† ‚Äúlas coincidencias no existen‚ÄĚ. Ante esa alusi√≥n a su obra, a√Īad√≠: ‚Äúentonces que feliz predeterminaci√≥n‚ÄĚ.¬†

Borges emocionado me¬† ofreci√≥ su mano y agreg√≥: ‚Äús√≠, ten√≠amos una cita desde la eternidad aqu√≠ en la esquina de Maip√ļ y C√≥rdoba‚ÄĚ.¬† Doy por averiguado que si no le hubiese respondido as√≠ en ese instante, sobre el claro azar o las eternas leyes que rigen este mi destino no estar√≠a ahora rememor√°ndolo.

Superado el examen oral al que lo obligaba su ceguera, él daba un regalo de sabiduría inestimable. Salpicaba con gracia la conversación, como si fuese su deber mitigar el dolor del mundo con buen humor. Si bien yo venía de Ginebra (Suiza), su otra patria en donde moriría, y de la ONU donde el diálogo mundial es un modus operandi; Borges lo practicaba de modo qué si uno decía que era noche a medio día, él por amistad empezaba a otear las ajenas estrellas.

Cena, 80 a√Īos, recuerdos

Celebr√© sus ochenta a√Īos con una cena en la que invit√© a su antigua novia la elegante Mariana Grondona, ya algo dura de o√≠do.¬† Y a su hermana Adela, futura autora de El Grito Sagrado.¬† Adela, antes que el vodka se lo impidiera, record√≥ como Evita Per√≥n la detuvo junto con do√Īa Leonor, la madre de Borges, y otras damas de la sociedad.¬† Las metieron en una c√°rcel con las prostitutas. Evita no se andaba con rodeos.

Diez días presas, hasta que el clamor mundial obligó a Perón a excarcelarlas.

Cuando Adela de voz adecuada a la sordera de Mariana ped√≠a m√°s vodka, el abstemio Borges dec√≠a: ‚Äúvodka viene de la palabra agua, ag√ľita en ruso‚ÄĚ; ella insist√≠a, ag√ľita no, ¬°quiero vodka! Mariana la reconven√≠a: ‚Äúno subas tanto la voz Adela, mira que te lo digo yo‚ÄĚ y se tocaba la oreja.¬†

Borges reviv√≠a con dolor esa prisi√≥n de su madre, ‚Äúy yo ciego‚ÄĚ, dec√≠a, ‚Äúyo ciego‚ÄĚ.¬† Luego se remit√≠a a la literatura, citaba un verso de Milton de Sans√≥n agonista:
Eyeless, in Gaza, at the mill, with the slaves.
 
Dec√≠a que se deb√≠a leer en escala descendente: ‚ÄúCiego, en Gaza, en el molino, con los esclavos‚Ä̬† La ciudad de Gaza, se entiende, era para Sans√≥n una calamidad por ser filistea.

Las Grondona comentan lo que nos ha ocurrido la semana anterior: cuando el portero al verme entrar con Borges desconect√≥ el ascensor dej√°ndonos encerrados entre pisos. Por fortuna nos acompa√Īaban dos estudiantes de medicina quienes me ayudan a abrir el ascensor y a emparejarlo con el siguiente piso.¬† Fue una hora de angustia y terror.¬†

Me quejo en la administraci√≥n, informan orondos que ese portero es el jefe peronista de la zona: no le reprochan nada.¬†Esto en plena dictadura militar de Videla y sin reparar el agravio diplom√°tico permite colegir como ser√≠a el trato cotidiano a Borges cuando el presidente era Per√≥n‚Ķ En ese entonces amenazaban a do√Īa Leonor. Los insultaban.

√Čl, rememorando, bordeaba las l√°grimas: ‚Äúdurante a√Īos, d√≠a tras d√≠a al amanecer despertaba con un vac√≠o en el est√≥mago y me dec√≠a a mi mismo: Estoy ciego, mi madre depende de mi, no tengo bienes de fortuna, y Per√≥n el hombre m√°s poderoso del pa√≠s es mi enemigo‚ÄĚ.

Pero en ese cumplea√Īos estaba euf√≥rico, reincidi√≥ por en√©sima vez en el tema de las religiones, del mito, dice que el monote√≠smo en sus tres variantes surgi√≥ en el mismo paisaje des√©rtico: juda√≠smo, cristianismo, islamismo.¬† Adela en su cuarto vodka exclam√≥ imitando a un gallego: ‚ÄúJoder‚ÄĚ; pero Mariana: ‚ÄúDale George, dale con el mismo tema de hace sesenta a√Īos. Dec√≠s que no crees en Dios pero no lo dej√°s quieto‚ÄĚ Adela otra vez: ‚ÄúJoder, d√©jalo vivir‚ÄĚ.¬† √Čl, defendi√©ndose, cit√≥ a San Agust√≠n con memoria pasmosa: ¬ęAl ser infinito a√ļn despu√©s de encontrado ha de ser hallado¬Ľ.¬†

Borges dual

No quisiera herir susceptibilidades de los que toman a Borges avant la lettre a pie juntillas en estos asuntos.¬† Sigan creyendo que ese acicate de negaci√≥n proclamada, su h√°bil recurso ret√≥rico, es la esencia de su pensamiento.¬† Pero, ¬Ņno les es sospechoso aquel que niega la existencia de la quimera y habla noche y d√≠a s√≥lo de ella? ¬ŅQu√© clase de escepticismo es tan obsesivo con el objeto de su duda?

Nada. De lo que abunda el coraz√≥n hablan los labios.¬† Borges es el sumo sacerdote de los que buscan la salida, y su salida es la b√ļsqueda.¬†En su caso incesante. Si el lector cree que opongo conversaciones privadas a declaraciones p√ļblicas, hago notar que m√°s de tres cuartas partes de su obra est√° centrada en asuntos teol√≥gicos, tratadistas jud√≠os, isl√°micos, tao√≠stas, budistas, sufies, gn√≥sticos, m√≠sticos, iluminados, heresiarcas, cabalistas, profetas. No se nutri√≥ de bagatelas sino de los senderos que se bifurcan al infinito.¬† Mitos, Biblia, I Ching, cabala, esoterismo, metaf√≠sica, las v√≠as del ascenso que trascienden la inmediatez.

Borges acicatea al lector a esa b√ļsqueda no dando un producto acabado, un √≠dolo que llamamos amorfamente Dios, como tapahuecos intelectual. Sigo negando haberlo aprehendido. Es la v√≠a negativa.

Cierto d√≠a hablamos de la po√©tica como alegor√≠a del sue√Īo. Borges anot√≥ que en el sue√Īo no hay met√°fora, esas im√°genes que moment√°neamente se tocan, sino que all√≠ se expresan por desplazamiento.¬†Anota que la condensaci√≥n on√≠rica equivale en la poes√≠a a la metonimia, esa figura que toma el todo por la parte. Y que, en fin, la analog√≠a en el sue√Īo obra como sublimaci√≥n. Y por cierto la libertad, en ambos casos, no es absoluta.¬† El arte (al igual que el sue√Īo) exige el gobierno de los esf√≠nteres para no despertar al que sue√Īa. La represi√≥n le es necesaria, como lo es la gram√°tica para¬† la escritura.¬† Sin ella la expresividad se reducir√≠a a gru√Īidos de placer o de dolor.

Comentaba admirado la forma de despedida de ‚Äúnos estamos viendo‚ÄĚ que hab√≠a escuchado en M√©xico y en Colombia. Le hago notar que √©l tambi√©n respeta el localismo argentino al omitir el verbo coger. Sonr√≠e, ‚Äúes verdad, caray‚ÄĚ. Y pasamos a los encabezamientos de cortes√≠a que tienen que ver con la vista, la perspectiva del ojo tales como: distinguido, incluso el estimado en contraste con los de la pasi√≥n como: amada, querido en los que hay una fusi√≥n sin perspectivas ni distancias.¬† Es la diferencia entre el ojo y el coraz√≥n.¬† Amar es dejar de comparar, de medir.

¬ęNo estoy a favor del canibalismo¬Ľ

La palabra en los diversos idiomas y la espiritualidad en los distintos templos lo obsed√≠a. Borges tiene el sentimiento agudo de la divinidad y es consciente de tenerlo; es decir tiene sentimiento de fe. Y se niega a maltratar el misterio de esa sed sagrada con respuestas edulcorantes como: ‚Äús√≠, tal como usted creo en Dios. Y no, no estoy a favor del canibalismo‚ÄĚ.

Fue ajeno a esas limpiadas p√ļblicas de conciencia de quienes, ya de suyo, tienen limpio el cerebro. Su fe (llam√©mosla as√≠) no es un sill√≥n sino una silla de cabalgar duro. Le molestaba que ciertos entrevistadores tradujeran esa ansia¬† a est√©riles taxonom√≠as que a√Īad√≠an la rigidez de la muerte a lo que nunca estuvo vivo. En ese caso negaba de tajo ese comod√≠n de los propietarios de la verdad. Prefer√≠a llamarse agn√≥stico (el que no sabe), y hace de ello una b√ļsqueda. Cuando abr√≠a la charla con alg√ļn asunto religioso, la conversaci√≥n iba para largo y terminar√≠a, quiz√°s, postulando lo contrario a lo que inicialmente hab√≠a negado.¬†Llegaba a la conclusi√≥n de una forma entusiasta, embriagadora.

Sus negaciones siempre apuntaban a Alguien y su obsesi√≥n era ese Alguien. Con una devoci√≥n rara vez vista en otro creyente, postulaba una fe m√°s all√° o m√°s ac√° de los templos establecidos.¬†Fe que no excluye la duda, faltaba m√°s.¬† Pero que es de una ra√≠z m√°s robusta. A diferencia de los escritores materialistas del seudo-compromiso social, los angustiados voceros del desespero, o de la literatura bagatela,¬† no adoctrina: sugiere.¬†Tampoco dice creo en Dios, incita a su b√ļsqueda (o a su negaci√≥n), no a la f√°cil complacencia.

La posterior revelación de su mucama, Fanny, en el sentido de que en vida de la madre (rígida católica) rezaban en las noches el Padrenuestro; y que a su muerte, Borges la visitaba en el cementerio de la Recoleta en donde se arrodillaba, persignaba y oraba, practicando lo que el cristiano llama la comunión de los santos, debe estimarse con delicadeza.

El humor, la memoria

El humor lo practicaba como una cortes√≠a sin la cual el vivir es est√©ril. Como si su carencia¬† fuese ya una forma del mal. Por eso me result√≥ chocante que en la obra de Eco, el gran bibliotecario benedictino que encarna ficticiamente a Borges con el nombre de Jorge Burgos, proscriba la risa. Que fuese un asesino pasa, pues en √ļltimas todo autor califica como deicida que usurpa al creador. Pero que condenara la risa me produjo horror.

Borges despreciaba cierta pedagog√≠a ¬ęmemoricida¬Ľ que cree que la inteligencia se estimula sin educar la memoria, como si el pie caminara mejor si atrofiamos las manos.

De los templos establecidos admiraba a la masonería. Hay quienes afirman que fue iniciado en Londres. Lo ignoro, nunca se lo pregunté. Como fuere la masonería,  tolerante de los diversos credos, adora al Gran Arquitecto.

El idioma y el laberinto

El símbolo de Borges es el laberinto. Y la forma de superar un laberinto es ascendiendo: el camino sapiencial de elevar el espíritu. Otros símbolos suyos: la rosa, el tigre, el espejo, el desierto suponen el laberinto; lo abarcan. 

Claramente una rosa lo es, las rayas del tigre lo insin√ļan, el espejo es su inicio y dos espejos enfrentados reflejan el reflejo del reflejo‚Ķ La¬† pampa y el desierto, como lo dice un rey en uno de sus cuentos, es un inacabable laberinto. As√≠ como Cervantes (que hablaba italiano y √°rabe) asimil√≥ al idioma castellano el alma oriental y la herencia del imperio romano; Borges hizo lo propio con las mitolog√≠as n√≥rdicas, ex√≥ticas a nuestra literatura.

√Čl¬† hered√≥ el espa√Īol algo apachecado del siglo XIX, que tiende a esponjarse con el paso del tiempo.¬† Idioma en el cual el esp√≠ritu hab√≠a quedado rezagado mientras la sensibilidad (o en todo caso la sensibler√≠a) hab√≠a adquirido un excesivo desarrollo. En fin un idioma en el que se notaba que los fil√≥sofos hab√≠an sido tan escasos como los toreros en Alemania.¬†

Esa disciplina con sus apor√≠as, paradojas y las perplejidades de la raz√≥n ya eran comunes en franc√©s desde Pascal, en alem√°n desde Kant y en ingl√©s desde Berkley. √Čl prefiri√≥ los laberintos del esp√≠ritu a las interjecciones del cuerpo, la asc√©tica del saber a las complacencias de la sensualidad. Y en su vida personal sigui√≥ la indicaci√≥n de Dante: ‚Äúno fuiste hecho para vivir como los brutos sino para alcanzar virtud y conocimiento‚ÄĚ.

El escritor colombiano Julio Cesar Londo√Īo es borgeano por su¬† capacidad de esbozar en un trazo todo un horizonte. Y en un ensayo dice:

‚ÄúBorges tuvo el tacto de evitar el academicismo y el estructuralismo. No escribi√≥ en castellano.¬†Al leerlo no sentimos el sabor del idioma, como en Cervantes o Garc√≠a M√°rquez. A diferencia de estos su obra admite, por no decir que exige, la traducci√≥n.¬† Escribi√≥ en una lengua sincr√©tica universal.¬†Prefiri√≥ la sintaxis natural, gust√≥ de la elipsis, la hip√°lage y de anteponer al sujeto los complementos‚ÄĚ. (Borges o la cr√≠tica).¬†

Est√° visto que esa lengua universal se ha hecho parte del estilo de Londo√Īo que prefiere las frases sin rebaba.¬†Al punto que esa critica, parece escrita por el propio¬† Borges.
El Aleph, o La loter√≠a de babilonia. Reducirlos a la oralidad es un ejercicio fatuo; no son traducibles a la oralidad de ning√ļn idioma sin matarles la gracia. ¬ŅPor qu√©? Porque el lenguaje oral tiene supuestos que no esbozamos. Se escuda en los gestos, en costumbres adquiridas, en resquicios y goznes que no se explicitan en la conversaci√≥n.¬† As√≠ como en un plano de arquitecto se supone (sin mencionarse) la ley de gravedad.

En Borges la paradoja matem√°tica, la epistemolog√≠a, la metaf√≠sica, la teolog√≠a, abandonadas al s√≥tano de nuestro idioma, se convierten en su jard√≠n predilecto. El aport√≥ al espa√Īol una precisi√≥n conceptiva, un horizonte que no se ve√≠a desde el siglo de oro.

Borges es pol√≠tico en el sentido griego. Se ocupa de lo que trasciende a la ciudad (a la ‚Äúpolis‚ÄĚ) y al mundo.¬† Sin incurrir en activismo pol√≠tico, ese traficar con las angustias ajenas.

Enterado de lo que ocurre por visitantes y admiradores de las provincias argentinas y del mundo, aborda los asuntos desde su asombrosa √≥ptica.¬† Al leerle una noticia en que Fidel Castro hab√≠a expulsado a los ‚Äúgusanos‚ÄĚ de Cuba, me par√≥ en seco. Buscamos la etimolog√≠a en varios diccionarios: Valbuena, Corominas, Drae, Roque Barcia, Partridge, lat√≠n y griego y nos llev√≥ al origen s√°nscrito en el que gusano significa ‚Äúlos hijos de la tierra‚ÄĚ.¬† Sonriente dice, ‚Äúestoy de acuerdo con Castro, √©l est√° expulsando a los hijos de la tierra‚ÄĚ.

No escribe para la prensa. Sostiene que nada es más anacrónico que el periódico de la víspera, que el periodismo es un género para el olvido. Pero los periodistas lo acosan, los que se ocupan de los deportes sienten fascinación por él; como si fuese requisito en su hoja de vida para avanzar en sus carreras… y no notan que están tan irremediablemente desubicados como un espantapájaros en el fondo del mar.

Borges sonr√≠e mientras saborea esa iron√≠a con leve impaciencia. Me cuenta que durante un campeonato de f√ļtbol le indagaron que opinaba ‚Äúsobre el inobjetable triunfo de Argentina sobre Holanda‚ÄĚ. √Čl: ‚Äúno creo que doscientos a√Īos de barbarie puedan derrotar a mil a√Īos de civilizaci√≥n‚ÄĚ.¬† Periodista: ‚ÄúPero che que falta de nacionalismo‚ÄĚ. Borges: ‚ÄúEs que el nacionalismo es un instinto de territorialidad de los primates‚ÄĚ.

Otro llegó a preguntarle su opinión sobre un poemario que había publicado un célebre tenista argentino. Respondió que él no lo había leído pero que había escuchado a alguien (mea culpa) decir que era más o menos como el tenis de Borges.

La defensa, la amistad

Cierta tarde est√°bamos en su departamento de Maip√ļ leyendo apartes de Shakespeare. Lleg√≥ un periodista que Fanny hizo seguir. Pero Borges imperturbable sigui√≥ con el ejercicio. El reci√©n llegado se molest√≥.¬† Le segu√≠ el juego a mi anfitri√≥n quien vert√≠a¬†los giros modernos al ingl√©s renacentista original por ejemplo en el soliloquio de Hamlet ‚Äúthat is the question‚ÄĚ lo citaba ‚Äú¬°Aye! That is the rub‚ÄĚ. Y as√≠.

El periodista desesperaba.¬† El sensitivo ciego no condescend√≠a a cambiar de idioma, ni de tema. Por fin el otro interrumpi√≥: ¬ŅBueno por qu√© entonces no traduce a Shakespeare? Borges: ‚ÄúBueno, me he pasado la vida modificando la realidad, pero tanto como modificar a Shakespeare‚Ķ no me animo‚ÄĚ.

Este apunte seg√ļn Antonio Carrizo fue dicho antes; entonces a mi me toc√≥ un delicioso replay, que ilustra la matoneada verbal que sus malquerientes le reprochan, pero que es una forma de la diplomacia que, cual la medusa marina, puede matar por medio del tacto.

Se quejaba por los edificios nuevos que desfiguraban al antiguo barrio de San Nicol√°s, le digo que el alcalde (un general) se gan√≥ el apelativo de Guillermo Tell porque ‚Äúmanzana qu√© ve la perfora‚ÄĚ.¬† Celebra el apunte, describe los portales de su infancia. Recuerda que algunas familias para aparentar haber viajado en vacaciones se encerraban en sus casas durante el verano decembrino.

En una grabaci√≥n conjunta que hicimos para la T.V. compara el amor con la amistad.¬†Dice que ha sentido esa amistad conmigo, (lo que me conmueve). Y afirma que el amor es angustioso, exige continuas reiteraciones y no admite la separaci√≥n.¬†En cambio la amistad se renueva con naturalidad tras varios a√Īos de separaci√≥n, no es posesiva ni angustiosa ni exige continuas pruebas de supervivencia.¬†Cuenta que dej√≥ de ver a un amigo durante a√Īos en los que este se hab√≠a casado sin avisarle, lo que ser√≠a imposible entre enamorados, agrega sonriente.¬†

A ratos call√°bamos.¬† Mientras √©l, ensimismado pensaba, se sent√≠a como un sonido de un panal de abejas que sal√≠a de su silencio. Cuando le pregunt√© dijo: ¬Ņlo not√≥?, trato de pensar sin mucho √©xito por supuesto;¬† pensar es un verbo ambicioso.

Además de oírlo meditar, aprendí que pensar es dialogar con los seres que nos habitan: esa cohabitación del amante y el cínico, el rufián y el esteta, el bobo y el loco sin suprimir ni reconciliar opuestos; negándonos a la impostura de coherencias monstruosas.  Si logramos asumirlos, el diálogo fluye y toca a las flores que bordean el precipicio en el que entramos.

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* Ensayista y narrador colombiano. Obuvo el Premio Casa Silva de Poesía 2005. Este artículo ha sido incluido en el libro No hallé otro refugio.

Se reproduce por cortesía de Ala de Cuervo (www.aladecuervo.net), editorial venezolana en cuyo portal se publica Logogrifo, revista de asuntos literarios y culturales.
Los subtítulos son de PdeL.

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