Sep 26 2013
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OpiniónPolítica

Una Alemania fuerte, una Europa débil

Las elecciones alemanas han ocultado la ruptura entre el Norte y el Sur de Europa. En los últimos tres años todos han estado obsesionados  con la crisis griega, luego por la irlandesa, por la portuguesa, por los declives francés y  español y por el estancamiento italiano causado por la ingobernabilidad del país.

Pero muy pocos se dieron cuenta de que Holanda, la quinta economía de la zona euro,   se ha visto obligada a admitir que no será capaz de mantenerse dentro del límite de 3% de déficit del Producto Interno Bruto(PIB) en 2014. Ya han alcanzado 3,8 por ciento.

Finlandia, otro fuerte aliado de Alemania en lo que se refiere al dogma de la austeridad y a su firme imposición en el sur de Europa, ha admitido la necesidad de violar otro principio: el de que su déficit no supere  60% del PIB. Austria también parece desacelerar, para no hablar de la difícil situación de los países de Europa Oriental y de Polonia. Después de Chipre, Eslovenia ha sido indicada como el próximo “rescatado”.

Durante el día del Discurso del Príncipe la semana pasada, el rey holandés Guillermo se dirigió a ambas cámaras del parlamento declarando sin rodeos: ” El clásico sistema de bienestar de la segunda mitad del siglo XX ya no es sostenible”, al tiempo de anunciar que este sistema se sustituiría con una “sociedad participativa.”

El rey leía un discurso preparado por el primer ministro liberal Mark Rutte, que dirige el país con el apoyo de los socialdemócratas. La idea es que el Estado de bienestar ha corrompido a los ciudadanos que, malacostumbrados por las ayudas del Estado, se han convertido en individualistas. Por ende, es necesario volver a una sociedad más solidaria, donde las personas se ayuden las unas a las otras, mientras que el Estado reduce la red social de apoyo.

Esta ha sido precisamente la posición del candidato republicano Mitt Romney durante su campaña contra Barack Obama en las últimas elecciones estadounidenses. Este es un excelente ejemplo de cómo el modelo social europeo está retrocediendo progresivamente  y de cómo Europa se parece cada vez más a EEUU.

No extraña que poco después del discurso del Rey, el gobierno holandés haya gastado 6.000 millones de dólares en 37 aviones de combate F-35. El mantenimiento de los aviones acarrea costes de más de 300 millones de dólares al año, un gasto que con toda certeza aumentará el sentimiento de seguridad entre los ciudadanos amenazados por los recortes de las pensiones y de los beneficios sociales.

Tras su triunfo en las elecciones, la canciller Angela Merkel anunció que piensa mantener la austeridad como base de las relaciones de Alemania con el resto de Europa. En otras palabras, los países deben seguir reduciendo el Estado Social para equilibrar sus presupuestos.

Merkel sostiene que la unidad  de Europa es importante. Ella sabe muy bien que una de las razones del éxito alemán es que una Europa débil fortalece la economía germana, gracias a las exportaciones y a las tasas de interés.

Pero ella no es una líder europea, es un líder alemán. Nunca trató de explicar a los alemanes los hechos básicos de esa ventaja.

Hechos como el que los préstamos a los países del sur de Europa fueron ante todo otorgados para pagar las deudas de los bancos de estos países, préstamos que en un alto porcentaje volvieron a los bancos alemanes, que a su vez estaban repletos de bonos griegos, irlandeses, portugueses, etc.  Alemania ha inyectado 300.000 millones de dólares en sus bancos en dificultades.

Merkel es una líder que, a diferencia de sus predecesores, por motivos personales e históricos, no se siente responsable por los pecados ​​del pasado de Alemania. No ve ningún problema en la proyección de una imagen controvertida de su país. No ve ningún problema en tener relaciones tensas con otros países europeos.grecia fuera alemanes

Ha sido acusada de mirar a Suiza como modelo (más a Zurich que a Ginebra). Un país que pretende comerciar con otros estados mientras se mantiene ajeno a las problemáticas internacionales, a no ser cuando estas tocan su estabilidad nacional.

Merkel no ha delineado una posición alemana en relación a los asuntos internacionales, excepto un reconocimiento genérico de Estados Unidos como el país a cargo del orden mundial. Respondió con señales positivas a las posiciones de Obama sobre Libia, Egipto y Siria, pero no ha comprometido a Berlín con ninguna acción concreta.

En términos de actividad concreta, Alemania está totalmente ausente de cualquier debate global, desde al tema del medio ambiente al del desarme, desde la gobernanza al papel de las Naciones Unidas.

La imagen de Europa que propaga consiste en que, mientras los alemanes pagaban impuestos y trabajaban duro, fueron sometidos por Schroeder a medidas dolorosas y no solicitadas de reducción del Estado de Bienestar, mientras que griegos, irlandeses y portugueses gastaron dinero alegremente.

En 2011 en Meschede, Westfalia, lo dijo claramente: “No podemos ser solidarios y permitir que estos países sigan haciendo las cosas como las hicieron hasta ahora. Alemania va a ayudar, pero sólo si hacen esfuerzos, y deben demostrarlo. “Es importante que los ciudadanos de países como Grecia, España y Portugal no puedan jubilarse antes que en Alemania – que todos se esfuercen más o menos lo mismo. Esto es importante… No podemos tener una moneda común, donde algunos tienen un montón de vacaciones y otros muy pocas. Eso no funcionará a largo plazo”.

Cuando surgió la idea de los eurobonos –es decir, financiados por todos los países de la eurozona para mantener el mercado de los más débiles a flote–, declaró enfáticamente: “Mientras yo viva, no habrá eurobonos”. Y con la misma claridad, también dijo: “Los programas de asistencia deben estar siempre sujetos a condiciones muy estrictas”.

Por lo tanto, el modelo social de Alemania debe ser el modelo social europeo. Eso parece fácil desde Berlín, pero en los países en recesión la continuación de los cortes tiene un costo social importante, algo que incluso el Fondo Monetario Internacional ha subrayado. Sin embargo, estos costes se consideran desperdicios y derroches en Alemania, donde muchos se rigen por los valores protestantes del castigo y del pecado, valores que sirven implícita pero repetidamente como justificación psicológica para el sufrimiento de los ciudadanos de Grecia y de otros países del sur de Europa a los que los alemanes asisten en las noticias.

En Europa,  Merkel siempre ha dado a entender, sin declararlo abiertamente, cual es su posición. Ella favorece fuertemente una mayor integración, pero en vez de que ésta siga una dinámica de delegar cada vez más poderes a las instituciones europeas, se inclina por una basada en más acuerdos entre los estados europeos.

Ha resistido al aumento de poderes del BCE, diluyendo su programa de control del sistema bancario. Pero no tiene ningún problema en firmar, por ejemplo, un acuerdo bilateral con España, aceptando como inmigrante a cualquier profesional calificado, y presentando la medida como una forma de lucha contra el desempleo juvenil (Alemania el año pasado tuvo un récord de un millón de inmigrantes).

Ha sugerido varias veces que “es el momento de recuperar algunas de las funciones de Bruselas para los estados nacionales”. Este hecho acerca a Angela Merkel del primer ministro británico David Cameron, algo que la mayoría de la gente no intuye. En su reunión de junio de 2012, tomaron la misma posición sobre el presupuesto europeo, dejando al Presidente francés François Hollande totalmente aislado.

Hollande tuvo que luchar por la visión europea solo contra Cameron, con Merkel que básicamente observaba. Cameron ve a Europa como un mercado común, y busca explotar sus ventajas comerciales. La perspectiva de Merkel no es muy lejana de la de Cameron…. ella ve a un conjunto europeo de relaciones interestatales, con Bruselas como coordinador de las políticas comunes, desde que los países miembros se alineen bajo el modelo social alemán.

Por lo tanto, no se esperan grandes cambios para los próximos cuatro años, incluso si un SPD (Partido Social-Demócrata) muy débil entra en una coalición con Merkel. Por cierto, el SPD se fue debilitado precisamente por las reformas de austeridad llevadas a cabo por Schroeder, y no se ha recuperado desde entonces.

Excluyendo algunos rumores progresistas que surgieron durante la campaña electoral, las diferencias entre el SPD y la CDU (Unión Demócrata-Cristiana) en cuestiones sociales han sido mínimas. En Dortmund, uno en cada cuatro ciudadanos (en una ciudad de 580.000 personas) vive de subsidios y está cerca de caer en la pobreza. A nivel nacional 6 millones de personas reciben algún tipo de subsidio, y entre los menores de 18 años dos millones y medio viven en la pobreza, nos recuerda Massimo Nava de Il Corriere della Sera.

Las frustraciones en la antigua Alemania Oriental, que sigue siendo más pobre que la parte occidental, no se reflejan en la política, pero sí en la abstención. Los alemanes miran al exterior, y prefieren no agitar las aguas, por miedo a empeorar la situación.

Pero hay que mirar al pos-Merkel. La política de austeridad se propagará en toda Europa, desde el Sur. Es posible que los cortes en la red de seguridad social, en términos de presupuesto y de macroeconomía, logren algún resultado.

El Reino Unido es un buen ejemplo. Cameron ha ido desmantelando del famoso sistema nacional de salud, que fue un ejemplo para toda la Europa del pos-guerra. Ha recortado el presupuesto para la educación  y para todos los sectores posibles, mientras que la privatización avanza impiedosamente. La finanza comprende hoy en día  10 % del PIB británico y 2.436 banqueros ganaron más de un millón de euros en 2011, según la Autoridad Bancaria Europea. El partido conservador obtiene más de 59 % de su financiación en la City. En el plano económico, parece que hay una mejoría a la vista. Pero al mismo tiempo, el país va a volver a los tiempos de la reina Victoria, como ha vaticinado para 2025 la London School of Economics .

Esta tendencia se mantendrá por toda Europa, con velocidades diferentes, pero siguiendo la misma dirección. Esto está perjudicando a la izquierda tradicional, que ha montado los caballos del liberalismo y la globalización en lugar de ponerse del lado de las víctimas.

Víctimas éstas que han abandonado la política o han votado por los partidos de protesta (normalmente xenófobos y derechistas) que surgen por todo el continente, desde el Partido Alternativa de Alemania, que empieza a crecer, a sus correspondientes en el Reino Unido, Holanda, Noruega , Dinamarca, Hungría, etc.

La canciller alemana, en cierto modo, ha perjudicado y erosionado constantemente al SPD. Ahora es un partido fragilizado y que se debilitaría más aún como segunda fuerza en el gobierno Merkel.

En toda Europa, entre los partidos tradicionales de izquierda, se mantiene la crisis: las últimas elecciones en Noruega, donde, en términos proporcionales,  incluso el partido de extrema derecha lo hizo mejor que los socialdemócratas, deben abrir los ojos del mundo.

Esta es una cuestión muy seria: al destruir los valores de la justicia social y de la solidaridad, en la que se basaba el espíritu de unidad real en Europa, Angela Merkel está de hecho socavando  los valores en los que se basa el cristianismo (basta escuchar al Papa Francisco). Cuando ella se vaya, probablemente exista una Europa diferente. Una Europa muy radicalizada, donde es posible que las personas excluidas vuelvan a la política ¿A largo plazo, es este realmente el interés de la CDU?

* Fundador y presidente emérito de la agencia de noticias IPS (Inter Press Service) y Publisher de Other News.

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