Feb 26 2013
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Política

Vaticano: Medio siglo de frustraciones

En 1964 ocurri√≥ un incidente ya olvidado en el Concilio… que pudo marcar un punto crucial en lo que vino despu√©s, incluyendo la renuncia de Benedicto XVI.

El mi√©rcoles 13 de febrero, apenas 48 horas despu√©s de dar a conocer su decisi√≥n de renunciar, Benedicto XVI empez√≥ a entregar sus motivos con cuenta gotas. En la celebraci√≥n del Mi√©rcoles de Ceniza en San Pedro, habl√≥ en su italiano suave y educado: ¬ęPienso en particular en los atentados contra la unidad de la Iglesia y en las divisiones en el cuerpo eclesial¬Ľ, dijo. Recomend√≥ superar ¬ęindividualismos y rivalidades¬Ľ. Record√≥ tambi√©n que Jes√ļs denunci√≥ la ¬ęhipocres√≠a religiosa, el comportamiento de quienes buscan el aplauso y la aprobaci√≥n del p√ļblico¬Ľ. Poco antes, en la audiencia general, pidi√≥ ¬ęsuperar la tentaci√≥n de usar a Dios para sus propios intereses…¬Ľ.

Da la sensaci√≥n bdee que es el √ļltimo mensaje de quien se cans√≥ de la guerrilla interna. El peso de los a√Īos est√° claramente detr√°s de su anuncio del lunes 11, repetido una y otra vez por todos los medios de comunicaci√≥n:

¬ę… En el mundo de hoy, sujeto a r√°pidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario tambi√©n el vigor tanto del cuerpo como del esp√≠ritu, vigor que, en los √ļltimos meses, ha disminuido en m√≠ de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado¬Ľ.
Como se fue viendo en los días siguientes, hay algo más que la evidente carga de la edad. Mucho más, tal vez.

Una clave, para entenderlo se remonta, a mi modo de ver, a más de medio siglo atrás, a la forma cómo se desarrolló el Concilio Vaticano II, anunciado por Juan XXIII el 25 de enero de 1959, apenas tres meses después de haber sido elegido.

Juan XXIII no tuvo entonces rechazo p√ļblico alguno cuando dio a conocer su iniciativa que defini√≥ ¬ęcomo una flor espont√°nea de una primavera inesperada¬Ľ, ¬ęun rayo de luz celestial¬Ľ.

Esperanzas y dificultades

El Vaticano II deb√≠a ser un Concilio de ¬ędi√°logo, de apertura, de reconciliaci√≥n y de unidad¬Ľ. Sin embargo, no fueron pocos los obst√°culos solapados que se cruzaron en el camino. Se presentaron desde el per√≠odo preparatorio hasta su desarrollo mismo y, aunque oficialmente no se reconoce en la Iglesia Cat√≥lica la existencia de sectores ¬ęconservadores¬Ľ y ¬ęprogresistas¬Ľ, m√°s de una vez emergieron sus diferencias. La ¬ęnomenklatura¬Ľ del Vaticano, como la de la desaparecida Uni√≥n Sovi√©tica, dif√≠cilmente aceptar√≠a una reducci√≥n de su poder.

Lo planteó crudamente el sacerdote belga José Comblin, destacado exponente de la Teología de la Liberación, en un comentario en la página electrónica de Reflexión y Liberación publicado en junio de 2011:

¬ęCuando Juan XXIII anunci√≥ la convocaci√≥n del Concilio Vaticano II, la Curia romana organiz√≥ el sabotaje de la preparaci√≥n del Concilio. No consigui√≥ impedir su realizaci√≥n, pero continu√≥ organizando la oposici√≥n durante todo el Concilio. El temor de la Curia era que los obispos adquiriesen mayor autonom√≠a, lo que era justamente la esperanza de muchos obispos. Durante todo el Concilio los obispos tuvieron conciencia de que hab√≠a un combate permanente entre ellos y la Curia romana y que el Papa no pod√≠a o no quer√≠a decidir¬Ľ.

Juan XXIII

Juan XXIII

Durante cuatro a√Īos de reuniones en Roma, el Concilio termin√≥ siendo un gran √©xito de relaciones p√ļblicas: ¬ęTuvo la mayor cobertura informativa que cualquier otro acontecimiento religioso¬Ľ, escribi√≥ ¬ęXavier Rynne¬Ľ, seud√≥nimo del P. Francis X. Murphy, autor del libro en cuatro tomos anuales ¬ęCartas desde el Vaticano¬Ľ. ¬ęM√°s de mil periodistas asistieron a la inauguraci√≥n del encuentro y su esfuerzo por lograr informaci√≥n aut√©ntica y atractiva signific√≥ a fin de cuentas una gran educaci√≥n para ellos y, a trav√©s de ellos, de millones de personas a las cuales la Iglesia dif√≠cilmente habr√≠a logrado llegar¬Ľ.

No cabe duda que Juan XXIII fue el gran impulsor de esta imagen.

Para una gran mayor√≠a de cat√≥licos (y tambi√©n de fieles de otras confesiones) el Vaticano II signific√≥ en definitiva una gran esperanza. Era el esperado momento del aggiornamento de una Iglesia desafiada por m√ļltiples acontecimientos. Adem√°s del impacto entre los pol√≠ticos e intelectuales que percibieron el evento como un gran hito en la historia del siglo XX, millones de seres humanos ¬ęde a pie¬Ľ se sintieron convocados por esta propuesta.

El uso de los idiomas vern√°culos en vez del lat√≠n y el tratamiento en p√ļblico de temas hasta entonces vedados, ayudaron a popularizar la idea de grandes cambios. Pero temas como el ecumenismo, en el cual el Papa Juan hab√≠a depositado grandes esperanzas, reforzado por un reconocimiento de la libertad religiosa, fueron quedando atr√°s. Se avanz√≥ poco en modernizar la administraci√≥n (incluso financiera) de la Iglesia Cat√≥lica. Como se recuerda en la cita del P. Comblin, el concepto de la ¬ęcolegialidad¬Ľ s√≥lo tuvo avances limitados.

Optimismo prematuro

Hasta 1964, cuando se desarroll√≥ la tercera sesi√≥n anual, el Concilio parec√≠a avanzar sin graves tropiezos. La reuni√≥n de 1962, presidida por el propio Juan XXIII, y la de 1963, a cargo de Paulo VI, tuvieron que enfrentar el desaf√≠o de un encuentro sin precedentes, √ļnico por sus dimensiones. Aunque hab√≠a habido un gran trabajo previo, en 1962 todav√≠a quedaban detalle nada peque√Īos de organizaci√≥n, de estructura y sobre todo, de actitud.

Lo dijo claramente el Papa en su discurso inaugural, cuando invit√≥ a optar por la misericordia frente a la severidad, a proceder mediante la ense√Īanza positiva adaptada a las necesidades de nuestro tiempo m√°s que formulando condenas.

En un p√°rrafo de su exposici√≥n, reafirm√≥ categ√≥ricamente su convencimiento ¬ęde la dignidad de la persona humana como un valor supremo¬Ľ.

Un a√Īo despu√©s, Paulo VI confirm√≥ esta l√≠nea.

Aunque se hab√≠a avanzado mucho, 1964 deb√≠a ser el a√Īo definitivo, el de las grandes decisiones. La culminaci√≥n de muchas esperanzas.vaticano concilioII

En septiembre, en una entrevista que me concedi√≥ en Roma y que public√≥ el diario El Mercurio, el cardenal Ra√ļl Silva Henr√≠quez se explay√≥ con optimismo acerca de diversos temas, en especial el de la colegialidad (¬ęuna doctrina muy antigua en la Iglesia¬Ľ).

Record√≥ que solamente despu√©s del Concilio de Trento hab√≠an surgido dudas al respecto. Pero esta vez, dijo, al afirmar y consolidar la doctrina b√°sica, el Vaticano II abr√≠a perspectivas insospechadas: la ¬ęidea de un Senado¬Ľ, por ejemplo. Me explic√≥ que ser√≠a une cuerpo colegiado, designado por el Papa ¬ęentre los obispos para asesorarlo en el gobierno… As√≠ mismo, creo que de la colegialidad nacer√° una descentralizaci√≥n paulatina de la Iglesia¬Ľ.

Pocos d√≠as m√°s tarde, el padre L√°zaro, su secretario personal, me confirm√≥ esta visi√≥n optimista: ¬ęEl Concilio va sumamente r√°pido. Nos obliga a correr¬Ľ, le habr√≠a comentado el Cardenal.

La sensaci√≥n imperante era que el sector tradicionalista estaba perdiendo fuerza: muchos obispos, me coment√≥ otro chileno, que ¬ęno se atrev√≠an a oponerse (a los conservadores), ahora han visto que la gran mayor√≠a est√° con Juan XXIII y Paulo VI, y se han atrevido a exponer sus opiniones¬Ľ.

Un aspecto fundamental era la declaraci√≥n sobre ¬ęLa libertad religiosa¬Ľ. En una intervenci√≥n, el 23 de septiembre, hablando a nombre de 58 padres conciliares, el Cardenal Silva resalt√≥ su importancia: ¬ęVa a ayudar a que la opini√≥n p√ļblica no siga creyendo que los cat√≥licos tienen dos opiniones sobre la libertad religiosa: una cuando son minor√≠a y otra distinta cuando son mayor√≠a en un determinado pa√≠s¬Ľ.

En la entrevista ya mencionada fue enf√°tico:

¬ęEsta es una cuesti√≥n muy dif√≠cil y ha sido muy discutida en el Concilio. Con ella se va a crear un ambiente de libertad religiosa que nadie pueda destruir¬Ľ.

Pero el sector tradicional no estaba callado ni derrotado. Significativamente, un profesor del Instituto Lateranense afirm√≥ entonces y as√≠ lo recogi√≥ la prensa, que ¬ępasar√≠an 40 a√Īos antes que la Iglesia se pueda recuperar del desastre causado por Juan XXIII¬Ľ.

El tema de la libertad religiosa, que el Cardenal creía zanjado, pondría en evidencia las grandes dificultades del debate.
 
¬ęBomba¬Ľ period√≠stica

El lunes 12 de octubre de 1964, justo un mes despu√©s de inaugurada la sesi√≥n de ese a√Īo, estall√≥ un revelador esc√°ndalo. La chispa la encendi√≥ el chileno Gast√≥n Cruzat, encargado entonces de la oficina de prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano, Celam.

Cruzat inform√≥ que 17 cardenales[1], principal pero no exclusivamente europeos, incluyendo al chileno Silva Henr√≠quez, le hab√≠a expresado al Papa -mediante una carta- su ¬ępreocupaci√≥n e inquietud¬Ľ por el obstruccionismo de las autoridades del Concilio.

Los prelados se√Īalaban su desaz√≥n (¬ęmagna cum dolore¬Ľ) ante el anuncio de someter la crucial declaraci√≥n sobre libertad religiosa, aprobada ¬ęen suma concordancia con el deseo de la mayor√≠a¬Ľ, a una comisi√≥n revisora. Peor a√ļn, se√Īalaban, era el hecho de que tres de los cuatro integrantes ¬ęcontradicen la orientaci√≥n del Concilio sobre esta materia¬Ľ[2].

Igualmente, se hab√≠an enterado que la declaraci√≥n sobre los jud√≠os dejar√≠a de ser un documento independiente y se encasillar√≠a dentro del texto sobre el ecumenismo. La decisi√≥n la hab√≠a comunicado ¬ępor orden superior¬Ľ el Secretario General del Concilio, monse√Īor Pericle Felici, al cardenal Agostino Bea, presidente de la comisi√≥n para la Uni√≥n de los Cristianos.

Inicialmente se interpret√≥ que la expresi√≥n ¬ępor orden superior¬Ľ se refer√≠a al Papa, pero posteriormente el propio Felice explic√≥ que proven√≠a del cardenal Cicognani.

El martes 13, se informó que el propio Paulo VI le había dado seguridades al cardenal Bea de que se respetaría el reglamento y, por lo tanto, ambas declaraciones seguirían su curso normal. Aunque Cruzat, quien destapó inicialmente el problema, se vio obligado a renunciar, en el ambiente quedó entonces la sensación de que la gran crisis había sido superada positivamente. Las declaraciones de Paulo VI así lo garantizaban.

No fue así.

En la v√≠spera del cierre de las reuniones de ese a√Īo, la Presidencia del Concilio, mayoritariamente conservadora, anunci√≥ que la votaci√≥n de la declaraci√≥n sobre libertad religiosa se aplazar√≠a hasta 1965. En diciembre, en un informe del propio Gast√≥n Cruzat, publicado en el semanario La Voz, de propiedad del Arzobispado de Santiago de Chile, se se√Īal√≥ que tal decisi√≥n ¬ęcaus√≥ hondo desaliento¬Ľ en la gran mayor√≠a de los padres conciliares.

El Concilio finaliz√≥ un a√Īo despu√©s.

Cumpli√≥ en muchos aspectos con la esperanza de Juan XXIII de abrir las ventanas del Vaticano para ¬ędejar entrar una corriente de aire fresco¬Ľ. Como est√° dicho, se produjeron cambios importantes… Pero hasta ahora se mantiene una nebulosa en torno a las finanzas del Vaticano (incluyendo no pocos manejos oscuros) y no se cambi√≥ la estructura de poder, en especial de la Curia, su administraci√≥n central.

No se plante√≥ durante el Concilio, pero ahora es evidente que los esc√°ndalos de pedofilia pudieron manejarse mejor si hubiera habido menos secretismo en las altas esferas. En esta delicada materia, el esfuerzo del Papa Benedicto no tuvo el √©xito que se esperaba en la medida que tropez√≥ con costumbres muy arraigadas. Pero, al menos, permiti√≥ un gran paso: actualmente las denuncias no pasan inadvertidas ni quedan abandonadas en una gaveta cardenalicia. Debe haber sido una gran frustraci√≥n para Joseph Ratzinger, joven sacerdote alem√°n que en 1964 estaba en Roma como asesor del cardenal Josef Frings (firmante de la carta de octubre y encargado de llevarla al Papa). Seg√ļn el cardenal franc√©s Henri de Lubac, el sacerdote Ratzinger ten√≠a un papel decisivo. En su libro ¬ęEntretien autour du Vatican II¬Ľ (Conversaci√≥n acerca del Vaticano II) escribi√≥ que ¬ęRatzinger, uno de los expertos del Concilio, tambi√©n era el secretario privado del viejo cardenal Frings, arzobispo de Colonia. Ciego, el viejo cardenal la mayor√≠a de las veces utilizaba a su secretario para que le escribiera sus intervenciones¬Ľ.

Se refer√≠a a una situaci√≥n ocurrida en 1963, pero igualmente posible un a√Īo despu√©s.

Ratzinger, hasta este a√Īo Benedicto XVI, sabe mejor que nadie qu√© se logr√≥ y que no durante el Concilio, en especial en la lucha por despojar a la Curia de su poder.

Es posible que, al comprobar que todavía falta mucho por hacer, se sintiera superado por la burocracia y, finalmente, optara por la renuncia. Nunca sabremos cuán importante fue este incidente de 1964, pero vale la pena tenerlo presente.

Notas
[1] La lista completa de los cardenales firmantes, seg√ļn revel√≥ Le Monde, es la siguiente: K√∂nig, de Viena; Doepfner, de Munich; Alfrink, de Utrecht; Suenens, de Malinas: Lefebvre, Lienart, Feltin y Richaud, de Francia; Ritter y Meyer, de Estados Unidos; Silva Henr√≠quez, de Chile; Land√°zuri, de Per√ļ; Quintero, de Venezuela; Rugambwa, de Tanga√Īika, Lercaro, de Bolonia (el √ļnico italiano), y Frings, de Colonia, encargado de llevar la carta al Papa.
[2] El texto de la carta fue publicado en Le Monde, con la firma de su prestigioso corresponsal Henri Fesquet.

*A partir de septiembre de 1964 fue subdirector de la oficina de información del Celam, en Roma. En ese período fue testigo presencial de la historia que aquí se cuenta. Después de la renuncia de Gastón Cruzat dejé el cargo.

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