Abr 7 2006
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Opinión

VENEZUELA: EL CLARO MENSAJE DE LA MUERTE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No son gratas las noticias. Todos los días alguien dispara o acuchilla y otro ser humano se desploma para no volver a erguirse. Más de nueve mil hechos de sangre cruzaron la geografía de Caracas y otras ciudades durante 2005. A diario jóvenes son agredidos, asaltados, muertos.

Más allá de la gestion del presidente Hugo Chávez, se diría que la sociedad venezolana se ha enredado en una espiral de sangre pegajosa y exigente de más sangre. Si resulta fútil responsabilizar al gobierno por tal desperdicio de vidas, será estúpido querer culpar a la oposición por la violencia incesante –que es un fenómeno de vieja data en el país–.

El crimen no es como esas plantas cuyas semillas arrastradas por el viento aparecen sopresivamente en cualquier hendidura. La delincuencia brutal, como la corrupción insidiosa –y en política el diálogo de sordos– tienen causas que se pueden describir y tipificar.

Nada desnuda más, nada nos deja más vulnerables que la muerte provocada. Y esa desnudez, esa vulnerabilidad suelen dar paso a la justa ira. Sólo que la ira ciudadana a menudo se convierte en un río apetecido por ciertos pescadores. Aquellos a los que realmente no interesa otra cosa más que llenar sus despensas.

Pobreza, ignorancia, injusticia son el riego que precisa la delincuencia. No se pueden extirpar del cuerpo social en pocos años, cierto. Pero la fatal estadística no parece tender a disminuir. ¿Qué ocurre en Venezuela?

La empresa debe ser afrontada por todos los actores sociales concientes. Sanar el tejido social violentado durante generaciones no puede ser asumido sólo por el gobierno –aunque éste debe coordinar y dirigir la tarea–.

Lo esencial de la democracia es discrepar sin voluntad de fracturar, y mucho se ha hecho para fracturar –hasta un golpe de Estado–. Los gobiernos si no cumplen con las expectativas que generan dejan inevitablemente el ejercicio del poder, algo que parece haber olvidado la oposición venezolana.

El pronóstico no es optimista. El gobierno parece tan entrampado como virulenta parece la oposición. El diálogo, esto es la civilizada discrepancia en procura de algo al menos en común, se ha perdido. Con ello también se olvidó que el odio ciega y que cuando la ceguera pasa cobra su cuenta.

Cuando menos penoso es el modo en que la prensa de oposición venezolana ha tratado las muertes señaladas. Camina con los ojos vendados. Abona la violencia. Pierde la perspectiva. Juega casi criminalmente a ser esos pescadores del refrán. Pobre: las aguas revueltas se lo llevan todo.

Dice en parte un editorial del diario El Nacional –El país y el terror– del jueves seis de abril refiriéndose al asesinatao de los tres niños y el chofer Rivas:

«Estos crímenes de horror sólo ocurren en sociedades enfermas.

«Y este país está enfermo por el odio que permanentemente se destila desde las más altas esferas del poder. Sin duda, la prédica presidencial que busca dividirnos en bandos irreconciliables, que siembra el desprecio de un sector por el otro, la violencia que inculca a sus seguidores desde su programa dominical en la televisión, la manipulación de las policías para que se conviertan en perros guardianes de su régimen, nos ha llevado a este clima de desprecio por la vida que no conocíamos antes.

«Nadie puede dudar de que el incremento de la violencia en Venezuela se debe a ese desprecio del Presidente por los venezolanos que no comparten su ideología, a quienes les rebaja o les quita totalmente sus derechos ciudadanos, y los deja a la intemperie cuando el hampa arremete contra ellos en sus casas o en sus sitios de trabajo. El país no bolivariano está indefenso, porque los altos jerarcas usan a las policías para protegerse ellos y a sus familiares y amigos. Basta ya de esos privilegios insensatos, que ni siquiera Bolívar llegó a usar en sus días de gloria.

«¿Cómo puede el Presidente saber el grado de terror en que vive la gente, si él se traslada por toda Venezuela embutido en guayaberas blindadas, en sus veloces caravanas de vehículos, rodeado de una nube de guardaespaldas? Pero lo cierto, Presidente, es que los niños y los jóvenes de este país no cuentan con esos privilegios y son blanco fácil del hampa, cosa que a usted no le pasará nunca. Usted está muy lejos de un secuestro y de una muerte por encargo: esos son peligros propios de la gente del común, y usted es un privilegiado.

«El martes en la noche, el ministro de Interior y Justicia, Jesse Chacón, pidió a los venezolanos que la suerte de los niños Faddoul y del chofer Rivas ‘no fuera politizada’. No es fácil entender esa expresión, que desprende cierto tufo de cinismo. ¿Es que, a juicio del ministro, politizar el caso sería convertirlo en bandera para atacar al gobierno? ¿Fue eso lo primero que le preocupó a Miraflores, es decir, su propia estabilidad? Pero para la gran mayoría de los ciudadanos politizar el caso es investigar y castigar, con todo el peso de la ley, la muerte de tres niños a manos de criminales sin escrúpulos».

(…)

«No se trata de politizar, sino de actuar para que la sociedad venezolana pueda ser rescatada del estado de secuestro en que se encuentra, porque todos somos rehenes del delito y del crimen, nacional o importado. El país clama por soluciones profesionales y no es un simple amigo del Presidente –como el ministro Chacón, que carece de conocimientos, estudios y liderazgo en la sociedad– quien va a conducir esta batalla con la eficacia que la crisis demanda. Basta ya de improvisaciones».

El articulista Rafael del Naranço, por su parte, bajo el epígrafe La sangre de los Faddoul (apellido de los tres chicos asesinados), escribe en el diario El Mundo:

«El país hace años que va a la deriva, nos gobierna un demagógico personaje sin recato, cuya única meta es reelegirse en la silla de Miraflores hasta la consumación del tiempo, mientras una charca de sangre, asesinatos, robos, atracos y bandolerismo sin fin nos rodea cual atalaya del más espantoso horror.

«Jamás de los jamases el Gran Poseso, mientras habla durante horas en su programa dominical y en los maratónicos discursos por cualquier nimiedad, imbuido en repetidos galimatías cuya obsesión única es el fantasmal enemigo del norte, menciona la inseguridad en el país donde reina cual patriarca absoluto.

«El lunes, ante los helicópteros comprados a la República Federativa de Rusia –que los chechenios tiran a pedradas y durante la guerra de Afganistán eran derribados con simples morteros de segunda mano– lo que más admiró Chávez fue su capacidad de fuego: ‘Tres mil cien tiros por minuto’. Esa es la cultura bélica pregonada y envolvente, mientras organiza batallones de reservistas con el único pretexto ofrecido a los hombres y mujeres del pueblo de que aprendan diabólicamente a manejar armas.

«¿Saldrán ahora a las calles esas mujerucas del Movimiento Quinta República que adoran a Hugo Chávez como un dios y, olvidándose como nuevas Medeas de sus hijos y hermanos, acuden en tropel ante las puertas de la Embajada de los Estados Unidos pidiendo el cese de la presencia americana en Irak, mientras guardan silencio cómplice y cicatero ante las docenas de asesinatos en nuestro país?».

(…)

«Jesse Chacón, ministro de Interior y Justicia –valga la redundancia– cuya autoridad frente a los cuerpos de seguridad no ha dado resultado alguno, pues sus actuaciones son más políticas que preventivas, ha dicho en un comunicado ante el desenlace del secuestro de los hermanos Faddoul (17, 13 y 12 años) más el conductor del carro que los acompañaba al colegio, algo que desearíamos creer con fuerza, pero la realidad diaria se opone:

“’Vamos a llegar hasta quienes cometieron estos actos, y los pondremos frente a la justicia’, e insistiendo en que ‘nadie haga política del caso’.

«Pues no, señor ministro: la situación es política. Su gobierno revolucionario se ha interesado más en mantenerse en el poder que en hacer frente a los grandes problemas de la nación, y en cuyo primer plano se halla la inseguridad penetrante».

El ministro Chacón, en la tarde del mismo día, anunciaba la detención de los responsables del asesinato del empresario Sindoni, inminentes novedades en torno del cuádruple secuestro y asesinato e investigar hasta las últimas consecuencias para dar con el autor del balazo que matara al periodista.

En la oportunidad informó sobre la activación de una Oficina Nacional de Lucha contra la Delincuencia Organizada, centrada en el combate al secuestro, uso de sicarios y extorsión. Al mismo tiempo pidió a la sociedad trabajar de forma unida para enfrentar el delito y atribuyó a la conducta irresponsable de personas que creen que la violencia se combate con violencia la muerte del reportero Jorge Aguirre.

Las cartas están barajadas y echadas.

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