Dic 30 2011
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OpiniónPolítica

Venezuela: tribulaciones para un año bisiesto

Ante la crisis por la burocratización, el secuestro y la ausencia de espacios de participación política de la base militante dentro del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), agudizada en 2011, la base popular de este proceso, la que en las elecciones presidenciales de diciembre 2006 sumó más de 7.3 millones de votos, pero que desde entonces no se ha vuelto a hacer presente en esa misma magnitud en los procesos electorales siguientes (el polarizado referendo por la enmienda constitucional de febrero 2009, por ejemplo), sintió una renovación con la constitución del Gran Polo Patriótico (GPP).

En los colectivos surgen muchas interrogantes sobre los objetivos del mismo, sobre sus alcances, el tipo de organización que deba tener, si requiere o no estructura y de qué tipo, para que no se convierte meramente en una nueva y mera maquinaria electoral. Rosa Luxemburgo comparaba una Revolución con una locomotora, cuando no avanza inevitablemente retrocede. "El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo…” advertía.

Hoy, dicen las bases, aparece un nuevo y trascendente reto, cómo evitar que las fuerzas contrarrevolucionarias, instaladas, como históricamente ha ocurrido, en todos los espacios, coopten y secuestren el necesario, pero también urgente y perentorio debate, y más allá, su sistematización y, a la vez, cómo asegurar el mayor ejercicio democrático, participativo y protagónico posible.

Por ejemplo, insisten en la necesidad de que la data del registro de GPP sea socializada para que los colectivos se encuentren, que se construya y se haga público un foro digital donde todos los colectivos del GPP, y otros, puedan hacerse las preguntas y darse las respuestas que consideren necesarias.

Recientemente se tomaron un conjunto de decisiones sobre los organismos de dirección dentro del PSUV. Las tomó Hugo Chávez, presidente del PSUV y Jefe de Estado, sin ninguna discusión ni debate sobre el papel de la dirección del Partido y de las tareas políticas, al menos difundidas al colectivo. Es más, algunos dirigentes han dejado de serlo, al dictarse una reestructuración de la dirección nacional, colocando como primer vicepresidente a Diosdado Cabello, quien en las elecciones internas realizadas con participación de las bases no resultó electo, pero que igual fue incorporado a la Dirección por decisión de quien está por encima de la decisión de las bases.

¿Dónde queda la proclamada participación democrática y protagónica del pueblo, en este caso de la militancia del PSUV?. Los trabajadores de la nacionalizada cementera Cemex, señalaron que el mesianismo y el personalismo se revierten en una anarquía de ingobernabilidad revolucionaria y en la desviación total de los objetivos revolucionarios. No se permite y menos se impulsan los liderazgos populares ni colectivos. “La disciplina consciente producto de la convicción sobre unos fines, nacida de la comprensión de una teoría y expresión de una conducta apegada a principios y reglas objetivas es sustituida por la disciplina mecánica y la obediencia ciega.

Por su parte, Martín Guédez señala que la Revolución debe avanzar por encima de los cosméticos y los afeites del reformismo hasta derrotar la cultura y el sistema capitalista. “A la batalla debemos ir con las armas vivificadoras y redentoras del socialismo. No debe haber lugar para matices o medias tintas: se está con el imperio y la burguesía o se está con la patria, con la revolución y con el socialismo. (…)El capitalismo no tendrá piedad para arrasarnos y masacrarnos en cuanto encuentre la primera oportunidad. (Libia es un libro abierto)”

Hay temas que aún se debieran discutir al interno del bolivarianismo, desde la función del hipertrofiado Estado al rentismo heredado —pero también mantenidopor 13 años— y la definición de las nuevas formas de relaciones sociales de producción, pasando por los esquema de producción de petróleo y gas, y de consumismo estimulado desde el gobierno, en una confusión sobre qué es realmente el “buen vivir”.

Entre esos temas está la definición de lo que es la participación protagónica y el Poder Popular, terminando con la dedocracia y la subestimación del pueblo sobre su capacidad de autodeterminación, que mucho tiene que ver con el liderazgo vertical y el desestímulo a la formación de nuevos liderazgos, que trae aparejado la rotación permanente de (los mismos) funcionarios y la frustración de amplios sectores básicos y medios del chavismo.

Obviamente, queda para debatir la implementación de una política económica que no privilegie las importaciones (y favorezca a una nueva burguesía), que no obstaculice la iniciativa nacional de pequeños y medianos emprendimientos y de empresas de producción social, y también el intercambio internacional. Y ni qué hablar de las políticas de información, comunicación y cultura.

Mientras, Chávez, que se va recuperando del tratamiento de quimioterapia, no quiso cerrar el año sin una perlita al espeular con que Estados Unidos haya desarrollado una "tecnología para inducir el cáncer", después de que la mandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner anunció que será intervenida por esa enfermedad, la que sufrió la actual presidenta brasileña Dilma Rousseff, y de la que se reponen su antecesor Luiz Inacio Lula da Silva, el presidente paraguayo Fernando Lugo, y el mismo Chávez.

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