Ene 30 2016
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Despacito por las piedras

VENEZUELA Y HAITÍ ESTÁN CONVULSIONADOS

En las luchas por nuestra independencia política ambos procesos estuvieron vinculados. Eran los tiempos en que la naciente revolución de los esclavos haitianos apoyaba al libertador Simón Bolívar con la condición que garantizara la libertad a los esclavos. En el medio hubo un largo camino y ahora ambos están transitando una compleja y angustiosa situación.

EN VENEZUELA, el acorralamiento por parte del poder imperial, unido a errores internos profundizados tras la muerte de Hugo Chávez, motivó el desarrollo de una crisis que terminó de estallar con la reciente y rotunda derrota del oficialismo en elecciones legislativas. Dos hechos muy recientes ponen en claro la profundidad de la crisis social e institucional que atraviesa los venezolanos.

Por un lado la unicameral Asamblea Legislativa rechazó el pedido del Ejecutivo para poner en marcha una Emergencia Económica que le daría mayores facultades al Presidente Nicolás Maduro, para afrontar la grave crisis económica por la que atraviesan. Por otro lado, la misma Asamblea declaró la “Crisis Humanitaria de Salud” por los problemas que hay en el sistema sanitario del país. Esta “Declaración” de Crisis Humanitaria está lejos de ser inocente y abre el camino al debate y la intervención de organizaciones internacionales, como la Cruz Roja Internacional.

Más aún, hace pocos días, John Kelly -Jefe del Comando Sur estadounidense, con sede en Miami- había manifestado su “preocupación” porque una “crisis humanitaria” en Venezuela podía ameritar una ayuda de emergencia. A buen entendedor pocas palabras.

Henrique Capriles, la principal figura de la oposición venezolana manifestó que llegó el tiempo para un referéndum que permita el cambio de gobierno. La fecha, a partir de la cual queda habilitada la posibilidad de tal referéndum es el próximo 19 de abril. La oposición tiene la suficiente mayoría parlamentaria para impulsar dicho referéndum revocatorio de mandato.

EN HAITÍ, los más pobres, sometidos y humillados de Nuestra América están desarrollando una importante batalla contra el poder imperial y sus alcahuetes. Haití padece un ejemplar “castigo histórico”. En 1804 los esclavos haitianos, descendientes de quienes habían sido en el mismo carácter desde África, protagonizaron una doble revolución. Derrotaron al ejército napoleónico decretando el fin de la esclavitud y la independencia de su país, la primera en todo lo que se conoce como Latinoamérica.

El poder de occidente se conjuró para “lavar” esa mancha. Primero Francia y después los Estados Unidos se cobraron venganza. Pasaron dictadores y dictadorzuelos. Los pocos intentos de gobiernos independientes terminaron mal. Haití sigue sometido y para cumplir con las normas, de vez en cuando, convocan a burdas y fraudulentas elecciones. Eso pasó en estos días. Debía hacerse una segunda vuelta, pero hasta los más próximos entendieron, ante la presión popular, que era una farsa y se retiraron. El pueblo está en las calles, habrá que ver si esta vez logran doblegar al poderío de sus enemigos. Como un escarnio para muchos países de la región, incluido el nuestro, en Haití hay tropas extranjeras –la MINUSTAH– que, desde el 2004, cubren las espaldas del poder imperial.

 

 

 

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