Sep 25 2006
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Economía

Violencia contra la infancia (I). – EN LOS NIÑOS SE DESANGRA LA HUMANIDAD

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Desdichadamente el abandono y los malos tratos a las niñas y los niños han existido a través de la historia de la humanidad. En la antigua Roma, el padre tenía el derecho de rechazar, abandonar o vender a sus hijos. Se los ha arrojado a los ríos para asegurar buenas cosechas y fortuna.Durante los siglos XIV y XVII eran enterrados vivos en los cimientos de edificios y puentes para asegurar la duración de sus estructuras.

No obstante la protección de la infancia ha sido constante a lo largo del tiempo: En Atenas Solón –560-640 a.C.– abolió la autorización del ciudadano a vender a su hijo. El emperador Constantino –318 d.C.– castigó con severidad el asesinato de niños. Pero recién a partir del Siglo XIX se les concedió el estatus de persona y aparecieron acciones y organizaciones sensibles y respetuosas y defensoras de los niños.

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Un acontecimiento trascendental ocurrió el 20 de noviembre de 1959, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas promulgo la Declaración de los Derechos del Niño, donde se propuso que los países celebraran el Día del Niño para que no olvidaran que éstos son parte importante de la humanidad, y que los gobiernos y la sociedad tienen el compromiso de realizar actividades que promuevan su sano desarrollo.

El reconocimiento significó un avance histórico. Mostrarse conforme a sus derechos significo reconocerlos como personas, quitándole el lugar de objetos propiedad de sus padres y madres. Sin embargo, actualmente, muchos adultos se mantienen resistentes a tratarlos como personas, lo cual se traduce en relaciones irrespetuosas, insensibles y desconsideradas.

Seguimos viendo niños en la calle, desamparados, pobres, solos, maltratados, testigos –y objeto– de violencia familiar.

Derechos del niño

La Asamblea de la ONU en su proclamación de los Derechos del Niño señala, entre otros propósitos, que el niño debe tener una infancia feliz y gozar, en su propio bien y en el de la sociedad, de los derechos y libertades que en ella se enuncian, e insta a los padres, a los hombres y mujeres individualmente y las organizaciones particulares, autoridades locales y gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y luchen por su observancia con medidas legislativas y de otra índole adoptadas progresivamente.

Advierte que estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.

Señala además que el niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño.

El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad.
Sostiene la Declaración que el niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada, en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o su educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral.

Debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes.

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Cumbre del Milenio

En septiembre de 2000, la Cumbre del Milenio congregó en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, al mayor número de dirigentes mundiales de la historia de la humanidad. Los representantes de 189 estados miembros de esta Organización se reunieron para reflexionar acerca del destino común de la sociedad. Todos los países de la tierra estaban interconectados de manera más amplia y profunda que en cualquier otra época de la historia, y el aceleramiento del proceso de globalización parecía prometer un crecimiento más rápido, así como el aumento de los niveles de vida y nuevas oportunidades.

Sin embargo, las vidas de los ciudadanos de esas naciones eran de índole muy dispar. Mientras algunos Estados pueden esperar del futuro la prosperidad y la cooperación mundial, otros carecen casi de futuro, ya que sus habitantes se encuentran atrapados en unas condiciones de pobreza miserable e interminable, bajo las repercusiones de los conflictos y de un medio ambiente cada vez más degradado.

Mil millones de personas obligadas –y lo están– a sobrevivir con menos del equivalente a un dólar estadounidense al día y un 30% de ellas son niñas y niños. En la actualidad, e incluso en los países más ricos del mundo, uno de cada seis chicos se encuentra por debajo del nivel nacional de pobreza.

Otros detalles sobre los desafíos que confronta la humanidad: casi once millones de niños y niñas mueren anualmente antes de cumplir cinco años de edad. Esto equivale a más de 29.000 muertes por día debidas –en la mayoría de los casos– a causas prevenibles. Los que sobreviven sufren las consecuencias de otras carencias graves, como la desnutrición, que provoca cortedad de talla e incapacidad; la falta de acceso a la atención de la salud y a la educación, y mayores probabilidades de ser víctimas de la explotación, la violencia y el VIH.

Datos, cifras

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Prostitución, conflictos armados, violencia, condiciones de trabajo cruel, pobreza, detenciones arbitrarias, asesinatos, falta de comida, hogar y educación… Son sólo algunos de los problemas que agobian a millones de niños en este mundo. Desde los niños soldados en Uganda, a los niños de la calle en Latinoamérica, los trabajadores textiles en Pakistán y las prostitutas infantiles en Tailandia, por ejemplo, los niños del mundo piden a los adultos, desgarradamente, ayuda y protección.

Se calcula que aproximadamente 300 millones de niñas y niños de todo el mundo están expuestos a la violencia, la explotación y los abusos, incluidas las peores clases de esclavitud laboral en comunidades, escuelas e instituciones y durante los conflictos armados; asimismo están sometidos a prácticas dañinas, como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil. Muchos millones más, tampoco reciben la adecuada protección.

Un estudio que llevaron a cabo la Universidad de Bristol y el colegio de Economía de Londres, Inglaterra, con el patrimonio de la UNICEF llego a la conclusión que mas de mil millones de niños y niñas –que constituyen más de la mitad de la población infantil de los países en desarrollo– sufren carencias graves en un aspecto por lo menos.

Por ejemplo:

Uno de cada tres niños en el mundo en desarrollo, o un total de más de 500 millones de niños, carece de toda forma de acceso a instalaciones sanitarias, y uno de cada cinco no dispone de acceso al agua potable.

Más de 140 millones de niños y niñas en los países en desarrollo –de los cuales el 13% tiene entre 7 y 18 años de edad– no han asistido nunca a la escuela. Ese es el caso del 32% de las niñas y el 27% de los niños en el África subsahariana, y del 33% de la población infantil rural en el Oriente Medioy África septentrional.

El SIDA ha causado la muerte de uno o ambos progenitores de unos 15 millones de niños y niñas en todo el mundo. De ellos, 12 millones viven en África subsahariana. Se calcula que, para fines del decenio, el número de niños huérfanos del SIDA superará los 25 millones.

Con el propósito de comenzar a dar repuesta ante tales crisis los dirigentes que se reunieron en Nueva York en 2000 elaboraron la Declaración del Milenio, que consiste en una serie de prioridades colectivas en materia de paz y seguridad, lucha contra la pobreza, el ambiente natural y los derechos humanos. Se trata de medidas imprescindibles para lograr el progreso de la humanidad así como a supervivencia inmediata de una parte importante de la misma.

También acordaron que el desarrollo humano resulta fundamental para el progreso social y económico sostenido en todos los países del mundo, y que constituye asimismo un componente importante de la seguridad mundial.

Panorama general

La falta de protección afecta a los niños y niñas en distintos contextos:

Niños huérfanos. Casi 1.5 millones de niños y niñas viven bajo tutela pública en Europa central y del este. Se estima que la cifra de niños y niñas que han quedado sin padres en todo el mundo, sólo a causa del SIDA, es de 13 millones.

Justicia de menores de edad. En todo el mundo más de un millón de niños y niñas viven internados en centros de detención como consecuencia de conflictos con la ley.

Esclavitud y trabajo infantil en condiciones de servidumbre. Aproximadamente 246 millones de niños y niñas trabajan, de los cuales 180 millones se ven sometidos a las peores formas de trabajo infantil.

Trata de menores de edad. Se estima que 1.2 millones de niños y niñas son victimas de la trata de menores cada año.

Explotación sexual Por lo menos dos millones de niños y niñas son explotados sexualmente por medio de la prostitución y pornografía.

Reclutamiento infantil en conflictos armados. En este mismo instante hay más de 300.000 menores de edad soldados –algunos no tienen más de ocho años– que luchan en conflictos armados en más de 30 países de todo el mundo. Se cree que desde 1990 han muerto más de dos millones de niños y niñas a causas de esos conflictos.

Ablación o mutilación genital de las niñas Se cree que entre 100 y 130 millones de mujeres y niñas que actualmente viven han sufrido algún tipo de ablación o mutilación genital.

Violencia. 40 millones de niños y niñas menores de 15 años son víctimas de malos tratos y abandono y requieren atención sanitaria y social.

Latinoamérica: familia e instituciones

“La familia y las instituciones del Estado son los principales espacios en que los niños, niñas y adolescentes latinoamericanos viven situaciones de violencia”. Esta ha sido una de las principales conclusiones recogidas en la Consulta para América Latina sobre violencia contra la Infancia que se celebro en Buenos Aires, Argentina el 30 de mayo y 1o de junio de 2005.

“La consolidación de las democracias en América Latina sólo será posible si los niños y niñas de la región son educados en el respeto, la libertad y la no violencia, protegiéndolos contra cualquier violación de sus derechos –advirtió Paulo Pinheiro, experto independiente encargado de coordinar el estudio mundial sobre violencia contra la infancia–. Los valores que, infelizmente, se promueven muchas veces desde la familia y las instituciones, son valores autoritarios que utilizan la violencia como principal instrumento”.

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Y señaló: “Latinoamérica sufre una fuerte contradicción por la incapacidad de los gobiernos democráticos para acabar con las formas autoritarias con las que en ocasiones se tratan los problemas de los niños, niñas y adolescentes. Lo que más llama la atención en el continente es la vigencia de políticas autoritarias de institucionalización y encarcelamiento (…) El estudio es la ocasión para definir instrumentos para combatir esta violencia y para ello contamos con aportes de los Estados, sociedad civil y con la opinión de los niños, niñas y adolescentes que participaron en esta reunión”.

La violencia en los hogares ocurre en ámbitos privados en los que imperan determinadas prácticas machistas y autoritarias muy arraigadas. Las niñas son las más afectadas por la violencia intrafamiliar, sobre todo en los casos de abuso sexual.
Según Nils Kastberg –director regional de la UNICEF para América Latina y el Caribe– “El silencio y la inaceptable tolerancia social hacia el abuso en el entorno familiar contribuye al actual estado de impunidad generalizada. Necesitamos un movimiento social por parte de todas y todos los latinoamericanos para romper ese silencio ya”.

La mayoría de los abusos a los niños y a las niñas suceden detrás de puertas cerradas por adultos de confianza –padres, miembros de la familia y amigos–. Los niños con frecuencia sufren en privado, con miedo de hablar claro o por temor al castigo.

La violencia en instituciones tales como comisarías, cárceles y centros de internados, es otra de las realidades que presenta la región según los expertos y los niños y niñas que participaron en la consulta.

“Lo grave de esta conclusión es que los Estados, en vez de ejercer su rol protector y defender los intereses superiores del niño, son a menudo los que ejercen la violencia contra ellos vulnerando sus derechos”, advirtió Roberto Carretón, Director de la Oficina Regional del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Las recomendaciones de los expertos para abordar estas violaciones de derechos están centradas en la obligación de que los Estados adopten todas las medidas administrativas, legislativas y financieras para proteger a los niños y niñas de toda forma de violencia. “La voluntad política tiene que traducirse en recursos presupuestarios que garanticen los compromisos ya adquirirlos por las naciones latinoamericanas”, afirmo, el profesor Pinheiro.

La Declaración de Buenos Aires abordó las diferentes formas de intimidación y advirtió que América Latina es una de las regiones más violentas del mundo, siendo los niños y las mujeres las principales víctimas. Recomendó cambiar los parámetros sociales, culturales, políticos y jurídicos en aspectos importantes como la edad de imputabilidad y las penas, establecer leyes de prohibición de castigos físicos y psicológicos como método de disciplina, asegurar la gratuidad, calidad y equidad de la educación, entre otros puntos.

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Un niño cuyos derechos son respetados será un adulto sano, feliz y productivo.

Bibliografía consultada
Naciones Unidas: Declaración de los Derechos del Niño.
Equipo Nizkor: Derechos de los Niños.
UNICEF: Protección Infantil contra el abuso y la violencia.
Gaudi Rodríguez Juárez: Los niños y las niñas que faltan.

La segunda parte de esta investigación de Gisela Ortega puede leerse aquí.

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