Mar 30 2018
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PolíticaSociedad

Violencia y odio de clase

¬ŅQu√© relaciones podemos establecer entre el asesinato de la concejal Marielle Franco y el juicio penal contra Lula? ¬ŅC√≥mo vincular la destituci√≥n ileg√≠tima de Dilma Rousseff con la intervenci√≥n militar en las favelas? ¬ŅQu√© lazos existen entre el aumento exponencial de la violencia contra negros y negras y los sucesivos r√©cords que est√° batiendo la bolsa de Sao Paulo?

Un hilo de sangre que se llama odio de clase. Un odio heredado de la esclavitud y del orden colonial en el que prosperó. Los esclavistas sólo se preocuparon por los esclavos cuando se fugaban y creaban quilombos/palenques, espacios de libertad y de vida que se convirtieron en referencia para todos los que vivían encadenados.

A√ļn para quien no defiende a Lula, y sospecha que las acusaciones en su contra tengan cierto fundamento, parece evidente que su condena y la ca√≠da de Dilma abrieron las compuertas de un odio macizo, colonial y genocida de los de arriba. En ese clima de odio fue asesinada Marielle, negra, feminista, lesbiana, nacida en la Mar√©, un complejo de favelas linderas con la bah√≠a de Guanabara.

La peculiaridad de Brasil, por lo menos en estos a√Īos, es que el uno por ciento cuenta con el apoyo de una parte importante de la sociedad, probablemente entre 30 y 50 por ciento de la poblaci√≥n: las viejas clases medias, la porci√≥n de pobres que ascendieron algunos pelda√Īos en la escala social y todos los que sue√Īan con emular a los m√°s ricos. Odian a los pobres porque sienten la espada de Damocles de la precariedad sobre sus cabezas.

Resultado de imagen para asesinato de marielleSin embargo, no estoy de acuerdo con quienes creen que la amplia y justa reacción popular al asesinato de Marielle configura una nueva coyuntura. Sin duda, empeora las expectativas de la derecha y mejora las de la izquierda, con o sin Lula en el escenario electoral. Pero las cosas son mucho más profundas y, sobre todo, de más larga duración.

Quienes conozcan mínimamente la Maré, el complejo de favelas con más de 150 mil habitantes donde nació Marielle, saben que esto no empezó con la intervención militar de Michel Temer. Más de medio siglo de historia permite asegurar que la presión y la represión sobre los favelados nunca cedió, ni siquiera bajo los gobiernos de Lula y Dilma.

Los más veteranos recuerdan con cierta nostalgia el gobierno de Leonel Brizola en el estado de Río de Janeiro (1983-1987). Junto a su vice Darcy Ribeiro, ambos del Partido Democrático Laborista, defendieron el empoderamiento de los pobres, por lo que fueron acusados de paternalistas. Brizola ordenó a la policía que se abstuviera de realizar invasiones arbitrarias en las favelas y que reprimiera a los escuadrones de exterminio parapoliciales. Más de 200 policías fueron procesados. Su gobierno fue la excepción en la relación con la población pobre y negra.

Resultado de imagen para represion en favelasAnte los llamados a la unidad (electoral) y a la formulaci√≥n de un programa com√ļn (de gobierno) en este a√Īo de elecciones presidenciales, conviene enfatizar en la necesidad de una pol√≠tica que se deslinde tanto de la confrontaci√≥n como de las instituciones. Raras veces los esclavos enfrentaron de modo frontal a los propietarios, porque la asimetr√≠a era (y sigue siendo) brutal. Nunca fueron tan ingenuos como para so√Īar que su libertad vendr√≠a de cogestionar las plantaciones con sus amos (s√≠mil del proyecto progresista). Toda su energ√≠a la pon√≠an en preparar fugas, para fundar espacios de libertad como quilombos y palenques.

¬ŅC√≥mo ser√≠a una pol√≠tica anclada en la fuga del capitalismo, en la creaci√≥n de espacios de libertad y en la resistencia a los embates de los opresores? Creo que es lo que est√°n haciendo las mujeres que luchan, los pueblos ind√≠genas m√°s decididos y, notablemente, los zapatistas. Necesitamos una pol√≠tica en clave quilombo/palenque o comunidad ind√≠gena/campesina y popular. Es urgente, necesaria y posible.

Es urgente porque debemos desmontar la lógica del enfrentamiento frontal con el enemigo. No estoy defendiendo el no resistir, el no combatir, sino en la urgencia de cuidarnos como pueblos y clases, porque el proyecto de arriba es liquidarnos. El asesinato de Marielle fue respondido con la misma indiferencia que la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. El poder defiende la represión, mientras las clases medias y los grandes medios culpan a las víctimas. Dicen que Marielle era narcotraficante.

Es necesaria porque debemos mirar el largo plazo y no consumir las pocas energ√≠as colectivas que a√ļn tenemos en disputas que no conducen a ning√ļn lado o, peor, disipan las energ√≠as colectivas en el altar electoral. Los cuerpos que preparan fugas (del capitalismo, del patriarcado, de la hacienda, del control institucional) deben entrenarse en tiempos y en espacios bien distintos que los de los cuerpos que se preparan para ocupar sillones en las instituciones.

Mientras unos necesitan exponerse permanentemente a los focos mediáticos, los otros preparan en silencio la evasión. Cuando la asimetría de poder es tan grande como la que observamos entre el uno por ciento y la mitad más pobre, se debe actuar con extrema cautela y simulando incluso obediencia, como sostiene James Scott en Los dominados y el arte de la resistencia. Son culturas políticas diametralmente opuestas, entre las cuales el diálogo es harto complejo porque hablan lenguas diferentes.

Es posible porque ya existe una política de este tipo (anclada en los quilombos y las comunidades), como lo muestran en Brasil decenas de organizaciones en las favelas, como las que pude conocer directamente en el Complexo do Alemão y en Timbau (en la Maré), en Brasilia y en Salvador.

El asesinato de Marielle es un mensaje contra la nueva generación de militantes negros que se multiplicaron desde las movilizaciones de junio de 2013. Este nuevo activismo está tejiendo un hilo de rebeldía que lleva desde el quilombo de Palmares (1580-1710) hasta la primera favela de Río de Janeiro (Morro da Providencia en 1897), pasando por el Teatro Experimental Negro en la década de 1940. Están forjando historias otras, abajo y a la izquierda.

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