Jul 5 2012
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EconomíaPolítica

Y ahora, el Mercosur: ¿Ganó Venezuela o EEUU?

Pareciera que Venezuela está a punto de ingresar al Mercosur como socio pleno. Pertenecer al Mercosur ha sido un deseo constante del Presidente Chávez, especialmente desde que decidió que Venezuela no continuara en la Comunidad Andina de Naciones porque Colombia y Perú querían firmar tratados de libre comercio con los Estados Unidos de América del Norte, como en efecto lo hicieron.

Pero, ¿cuáles son las consecuencias de esto para Venezuela? El Mercosur es un acuerdo que pretende crear un mercado común en América del Sur, es decir, que haya libre circulación de bien, servicios y personas entre los Estados miembros, y que además se cree un arancel externo común, entre otras metas macroeconómica y microeconómicas. En otras palabras, los países socios plenos buscan estar unidos hacia afuera y abiertos hacia adentro.

La libre circulación de bienes, servicios y personas persigue que los productos manufacturados en Uruguay puedan ser vendidos en Venezuela sin que tengan que pagar ningún impuesto adicional, es decir, que se venda ese queso uruguayo en una panadería como si fuera queso guayanés. Y si un ingeniero venezolano quiere trabajar en Brasil, no debería necesitar ningún visado especial para ello. Solo con presentar la cédula de identidad podría ser contratado sin problemas. Este es el motivo por el cual los países firman esta clase de tratados. Es lo que llaman integración económica.

Ahora bien, ¿esto le conviene realmente a Venezuela en este momento histórico?, ¿es cierto lo que dijo Chávez, en el sentido de que el ingreso de Venezuela al Mercosur era una derrota para los Estados Unidos de América del Norte?
Durante los años cincuenta a los años setenta del siglo pasado, las economías latinoamericanas en general, creían que alcanzarían mayores niveles de desarrollo económico en un marco proteccionista, es decir, estableciendo impuestos bajos a la importación de insumos, maquinarias y materias primas, mientras que se establecían altos aranceles a las importaciones de productos finales, para que el consumidor local prefiriera en los estantes del supermercado el producto nacional. Pero en los ochenta el Consenso de Washington impuso la idea de que los países latinoamericanos debían integrarse al mercado mundia, abrir sus economías para dejar entrar sin mayores trabas los productos importados. En teoría, el consumidor “escogería” entre varias opciones, la más barata o la de mejor calidad, mientras que los productores se esforzarían en enamorar a dichos consumidores mejorando la calidad y/o bajando los precios. En este contexto los Estados Unidos de América del Norte impulsaron el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

El resultado de todo esto fue la “década perdida” de los ochenta y continuada en los noventa. Miles de pequeñas y medianas empresas manufactureras y empresas agroindustriales quebraron o fueron absorbidas ante la imposibilidad de competir con las grandes multinacionales. Aumentó el desempleo, la pobreza, la precariedad laboral, la desigualdad y la dependencia económica, condenando a los países productores de materias primas a seguir en la misma línea. Total, es lo único en que pueden “competir” u “ofrecer” en el orden económico mundial injusto. En este contexto se aprobó, por ejemplo, la reforma laboral de Caldera, buscando abaratar el despido y flexibilizar el marcado laboral, así ser más “competitivos” frente a los productos extranjeros.

Los Estados Unidos de América del Norte no pudieron crear el ALCA, pero igualmente lo están construyendo a baja intensidad mediante los TLC con Centroamérica, Chile, Colombia, Perú, y algún día se sentarán con Mercosur. Con o sin ALCA, ellos quieren que sigamos siendo el mercado de sus productos y que les sigamos vendiendo de manera segura y barata nuestras materias primas, como en la colonia. Cualquiera que haya leído bien “Las Venas Abiertas de América Latina” lo podrá entender.  Y a ese proyecto imperial Venezuela ha venido siendo funcional (importando más que nunca y vendiendo petróleo crudo más que nunca), y esto no cambiará con la entrada al Mercosur. (Aparte de que Mercosur tiene un tratado de libre comercio con Israel, país con el no tenemos ni queremos tener relaciones, supongo).

Por otro lado, uno de los argumentos para oponerse al ALCA era que, siguiendo la lógica capitalista de libre mercado, la competencia entre los productores de Estados Unidos de América del Norte y los de la América del Sur iba a ser desigual. Ese mismo argumento es extrapolable al Mercosur. Brasil y Argentina tienen una capacidad industrial y agrícola muy superior a la venezolana. Lula se quejaba en su día de que el problema de Venezuela es que no podía ofrecer nada, salvo petróleo, y por eso las empresas constructoras brasileñas son tan activas en los proyectos de infraestructura venezolanos, para ver si eventualmente se empezaban a producir cosas distintas en Venezuela que pudieran ser compradas por los brasileños.

Yo hubiera preferido que en estos últimos 13 años se hubiera configurado una red de pequeñas y medianas empresas manufactureras (en su mayoría de propiedad social) a lo largo de toda Venezuela, protegida de los productos importados con aranceles al 50%, para luego ir a aventurarse a competir con productos argentinos o brasileños en nuestro país y en esos países. Me parece que no estamos preparados y que con la competencia extranjera se hará muy cuesta arriba conformar una economía productiva en la que en Venezuela se consuma lo que se produzca, y se produzca lo que se consuma. Si Venezuela no es capaz de construir una economía productiva, no podrá llegar a ser nunca el “país-potencia” que aparece en el programa de gobierno del GPP. Ojalá me equivoque.

* www.aporrea.org/actualidad/n146207.html

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1 Comentário

Comentarios

  1. Daniel
    19 julio 2012 14:52

    Excelente tu comentario o articulo…. para complementarlo aqui les dejo un articulo extraido del diario “El Economista” del 9 de julio: en la Argentina que tambien habla sobre los intereses Argentinos con el ingreso de Venezuela al Mercosur, que no es precisamente por solidaridad Suramericana.

    A continuación:

    El ingreso de Venezuela al Mercosur

    (Columna de opinión de Gabriel Moletni y Gonzalo de León, economista jefe y analista económico de la Cámara Argentina de Comercio, respectivamente)

    En el 2006 Venezuela inició los primeros pasos para ser el primer país en convertirse en un nuevo miembro pleno del Mercosur –fuera de los cuatro países originales del Tratado de Asunción de 1991, y considerando que Chile y los restantes países de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) son sólo asociados–. Para ello Venezuela debió retirarse de la CAN, salida que justificó en su rechazo a los tratados de libre comercio que tanto Colombia como Perú estaban negociando con Estados Unidos. Sin embargo, incluso cuando contaba con la aprobación de los parlamentos de Brasil, Argentina y Uruguay, su ingreso nunca se pudo concretar porque el Parlamento paraguayo no ratificó el Protocolo de Adhesión firmado el 4 de julio de 2006.

    Tras la destitución del presidente Fernando Lugo, Paraguay fue suspendido como miembro en la reciente Cumbre del Mercosur en Mendoza, lo que habilitó el ingreso de Venezuela al bloque regional. Se espera que la decisión, que fue anunciada la semana pasada, quede oficializada el próximo 31 de julio en una reunión de jefes de Estado a realizarse en Río de Janeiro –la presidencia pro tempore del Mercosur actualmente está en manos de Brasil–. El ingreso del nuevo socio implicará una progresiva reducción de aranceles sobre el comercio exterior Venezuela-Mercosur, lo que amerita un análisis de los resultados probables que la integración de Venezuela tendrá en términos de creación y desviación de comercio y de la especialización comercial.

    Performance reciente

    Entre el año 2000 y 2011, las importaciones totales de Venezuela medidas en dólares se expandieron 149,5%. En igual período, las compras desde países del Mercosur –que en general mantuvieron una buena sintonía con Venezuela– aumentaron 363,1%. Esto derivó en un aumento de la participación del bloque regional en las importaciones de Venezuela, que pasó de 7,1% en el año 2000 a 13,1% en 2011. Si bien todos los países del bloque incrementaron sus ventas, los que más participación ganaron fueron Brasil y la Argentina. En concreto, las importaciones venezolanas originadas en nuestro país avanzaron 464%, lo que derivó en un avance de dos puntos porcentuales de participación, hasta alcanzar el 3,5% en 2011. En este mismo período se produjo una importante caída de la participación de Colombia en las importaciones venezolanas –pasaron del 7,4% al 4,2%–. Esta significativa baja puede asociarse al deterioro que sufrió la relación entre ambos países, que incluyó la salida de Venezuela de la CAN.

    Este dispar comportamiento –avance del Mercosur y caída de Colombia– sugieren que el factor político y la pertenencia a un mismo bloque regional son factores con efectos significativos sobre los flujos de comercio y que el ingreso de Venezuela al bloque tendría un impacto positivo sobre las colocaciones de productos argentinos en dicho mercado.

    Especialización del comercio

    Siguiendo el enfoque teórico de Jacob Viner de “creación y desviación de comercio” como efectos estáticos de la integración sobre el bienestar, se puede afirmar que los países del Mercosur, en particular Brasil y la Argentina, se beneficiarán de la integración de Venezuela a través del desvío de comercio hacia el mercado común. Es decir, se incrementarán las compras venezolanas de países del Mercosur en desmedro de las compras que realiza a terceros países. Entre las principales razones que justifican lo anterior se pueden mencionar que actualmente: a) el Arancel Externo Común del Mercosur es más bajo que el venezolano; b) el Mercosur es una unión aduanera con un tamaño más grande que la CAN, destacándose su competitividad en la industria y la agricultura; c) el comercio entre Venezuela y Mercosur es bastante limitado –en comparación con el resto del mundo–, y d) sus estructuras económicas son relativamente complementarias.

    Como destaca Jonathan Di John en su libro “¿Del golpe de suerte a la maldición? Petróleo e industrialización en Venezuela, de 1920 al presente”, desde mediados de los ‘60 hasta 1980 Venezuela experimentó una declinación en el crecimiento de la productividad en la economía no-petrolera y en su sector industrial. Esta situación empeoró desde 1980 al 2003, cuando el crecimiento de la producción industrial colapsó y generó una muy fuerte especialización en la producción de petróleo –lo que lleva a concluir que la ‘bendición’ del recurso se ha convertido en una ‘maldición’ para su economía–.

    Aplicando el método introducido por Bela Balassa, que se basa en la ventaja comparativa revelada, se confirma que Venezuela tiene una gran ventaja en el sector combustibles en relación al Mercosur, por lo que es de esperar que su incorporación al bloque redunde en una mayor especialización en este sector, con posibles consecuencias negativas en otras actividades productivas de ese país. Los sectores que enfrentarán mayores dificultades, dada la superioridad del Mercosur, son la agricultura y la industria automotriz –que le sigue en importancia al petróleo y a la minería–. Por ello, puede preverse la adopción de medidas proteccionistas por parte de Venezuela en ambos sectores.

    Un estudio propio realizado tiempo atrás detectó la existencia de múltiples oportunidades de exportación desde la Argentina hacia Venezuela, en áreas como productos agrícolas –aceites de girasol y de soja, maní y frutas–, ciertos alimentos industrializados, maderas, artículos de cuero y algunos productos químicos. Es por ello que puede decirse que el potencial aumento de las ventas argentinas no se concentrará en un producto en particular sino que se dará en múltiples sectores. En definitiva, tal como dijimos, la estructura exportadora venezolana está fuertemente concentrada en los hidrocarburos. Es por ello que la incorporación no entraña mayores riesgos para las empresas argentinas, ya que no se espera que se vean perjudicadas por la competencia de firmas venezolanas.

    Y significa un potencial beneficio para Argentina en un contexto como el actual, en donde afronta un desfase entre la oferta y la demanda locales de combustibles, que podría ser más fácilmente abastecido por los hidrocarburos venezolanos a partir del ingreso de ese país al bloque regional. En definitiva, la incorporación de Venezuela generará beneficios netos para la Argentina. El plazo que demoren dichos beneficios en materializarse dependerá en buena medida de cuanto dure y cómo se implemente el proceso de transición hacia el nuevo esquema arancelario.