Ene 20 2008
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Cultura

Y el recuerdo de Rosa Luxemburgo. – LA BANALIDAD DEL AMOR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El comienzo de esa relaci贸n fue la del profesor con la alumna. Heidegger era ya, a los 35 a帽os, en 1924, un profesor de filosof铆a cuyos libros hab铆an comenzado a trascender en todo el mundo. Ella, de 17 a帽os, era su alumna. Profesor y alumna pasaron muchas horas muy enamorados en una caba帽a no muy lejana de la casa de Heidegger, quien era casado con dos hijos. La relaci贸n amorosa fue muy intensa entre 1924 y 1926, hasta que despu茅s ella se fue a estudiar a otra universidad.

En 1929 Hanna se cas贸 con el escritor G眉nther Anders. En 1933 ella comienza a hacer una labor muy intensa en defensa de los jud铆os alemanes y Heidegger se afilia al partido nazi y es elegido rector de la Universidad Albert-Ludwig.

La pregunta es: c贸mo un hombre de estudios y pensamientos tan profundos como Heidegger pudo apartarse tan profundamente de la 茅tica. Nunca pidi贸 disculpas a la humanidad por haber apoyado en ese momento a un r茅gimen absolutamente racista y totalitario. Tal vez al quedar al desnudo su equivocaci贸n o su oportunismo podr铆a haber declarado: s铆, yo tal vez fui un genio pero no fui un sabio. Me dej茅 llevar por los entusiasmos (tal vez la mejor palabra ser铆a oportunismo) de ese entonces pero no supe jugarme por los principios 茅ticos que tienen que ser irrenunciables en todo momento, aunque sea ante el peligro de muerte, de c谩rcel, de p茅rdida de posici贸n y m谩s cuando se es un docente famoso.

No, nunca se sinti贸 culpable de nada.

Hanna Arendt fue presa por la Gestapo en 1933. En 1937 le fue quitada la ciudadan铆a alemana y finalmente emigr贸, primero a Francia y desde 1941 vivir谩 en Estados Unidos. All铆 dedic贸 sus mejores horas a luchar contra el Holocausto y form贸 parte de la Reconstrucci贸n Cultural Jud铆a. Terminada la guerra, en 1950, Hanna volvi贸 a visitar a Heidegger y mantuvo una nutrida correspondencia con 茅l hasta que Heidegger muri贸 en 1976. Adem谩s se preocup贸 para que los 煤ltimos libros de Heidegger se editaran en Estados Unidos y que las traducciones fueran excelentes.

Pero claro, el tema no es s贸lo Heidegger, sino tambi茅n Hanna Arendt. Ella, que vivi贸 en carne propia toda la injusticia nazi y su total irracionalidad. Ella que asisti贸 al juicio de Eichmann y supo describir en su libro toda la trivialidad de un asesino de masas, un autor de cr铆menes de lesa humanidad, pero al mismo tiempo un representante t铆pico de un sistema al que adhiri贸 su amado Heidegger. C贸mo nos puede explicar ella que, despu茅s de la ca铆da del nazismo, fue a visitarlo y no le pidi贸 que reconociera p煤blicamente haberse equivocado. No, sigue su amistad.

Hanna Arendt se conforma tal vez con la 煤nica defensa de s铆 mismo que ensaya Heidegger: 芦Hitler me enga帽贸, me traicion贸禄. Un hombre de la inteligencia de Heidegger no puede dejarse enga帽ar por un demagogo que ya en los a帽os 20 bas贸 su marcha hacia el poder con su injustificable racismo.

Hanna Arendt escribir谩 muchos a帽os despu茅s, buscando una interpretaci贸n, tal vez de Heidegger o tal vez de ella misma, lo siguiente:

芦Nosotros, que queremos honrar a los pensadores, y aunque nuestro lugar de residencia se encuentre en el centro del mundo, no podemos dejar de sentir como llamativo y al mismo tiempo enojoso que tanto Plat贸n con Heidegger 鈥揷uando se refer铆an a situaciones humanas鈥 buscaran refugio en tiranos y ‘f眉hrer'禄

A esa pasi贸n ella la llam贸: 芦deformation profesionelle禄. Y a帽ade:

芦Esa inclinaci贸n hacia lo tir谩nico te贸ricamente puede adjudicarles a casi todos los grandes pensadores (Kant ser铆a una gran excepci贸n)禄. Cit谩ndolo a Heidegger contin煤a: 芦Muy pocos ten铆an la capacidad de asombrarse ante la sencillez… tomar ese asombro como lugar habitable… en estos pocos es 煤ltimamente igual hacia d贸nde nos llevan las tormentas del siglo. Porque el hurac谩n que atraviesa el pensamiento de Heidegger 鈥揷omo aquel que todav铆a nos roza desde la voz de Plat贸n鈥 no tiene nada que ver con el siglo. Proviene de lo m谩s antiguo y deja algo concluso que, como todo lo concluso, ata帽e al pasado禄.

Palabras… Para justificar a quien tal vez segu铆a siendo, en lo m谩s rec贸ndito, su amor de adolescente. O para justificarse a s铆 misma.

Por qu茅 para un apenas lacayo de cuarta como Eichmann, la pena de la horca, y a Heidegger, la comprensi贸n dentro de la cr铆tica rebuscadamente filos贸fica. Para Eichmann, el ejecutor, nada m谩s que la soga al cuello. Para Heidegger 鈥搎ue dio el ejemplo en 1933 de afiliarse al partido nazi y as铆 influenciar a sus miles de alumnos y de lectores en su tierra y en el mundo entero鈥, a 茅l nada m谩s que explicar todo como 芦una deformaci贸n profesional禄.

驴Es banal el amor o son banales los que justifican todo a trav茅s del amor? Una pregunta dif铆cil de contestar. Ni el amor es banal ni la maldad es banal, aunque muchos se comportan en forma banal con expresiones profundas. (Esto no implica ninguna cr铆tica a los t铆tulos de la obra de Hannah Arendt ni a la obra teatral de Savyon Liebrecht, al contrario, son t铆tulos mordaces que hacen pensar).

Hanna Arendt escribir谩 en 1949 que para ella los dos m谩s grandes fil贸sofos de su 茅poca fueron Heidegger y Jaspers. La pregunta es: 驴a la humanidad y al propio Heidegger les sirvi贸 de algo en la vida ser 芦grande禄, cuando se falta tan profundamente a la 茅tica?

Pero en esa misma Alemania se demuestra lo que es la verdadera conducta 茅tica.

El 15 de enero concurrieron m谩s de setenta mil personas 鈥揷谩lculo del diario principal de Berl铆n, Tagespiegel鈥 a llevar claveles rojos a la tumba de Rosa Luxemburgo, a 89 a帽os de su cobarde asesinato por militares en Berl铆n. Se repite as铆 un homenaje que se cumple todos los a帽os. No hay figura que se recuerde as铆, en ninguna parte del mundo. Ni grandes pensadores, ni h茅roes hist贸ricos, ni pol铆ticos. Es un incre铆ble ejemplo de respeto, recuerdo y admiraci贸n por la obra y la 茅tica de esa mujer.

Sus profundos escritos acerca de c贸mo el mundo deb铆a luchar por un sistema definitivo que trajera la paz eterna y terminara con las injusticias sociales deber铆an ser lectura en todos los 煤ltimos a帽os de los colegios secundarios y de las universidades, y tema preferido en centros culturales. Fue pacifista y por su lucha estuvo presa en las c谩rceles del Kaiser casi los cuatro a帽os de la Primera Guerra Mundial. Fue en ese tiempo fundadora del Grupo Internacional Antimilitarista. Propuso siempre la solidaridad internacional de los trabajadores y por eso sosten铆a que ning煤n trabajador alem谩n deb铆a apretar el gatillo contra un trabajador franc茅s o de cualquier otra naci贸n.

Cuando, pese a su lucha, se declar贸 la guerra, dijo:

芦Cuando escuch茅 la noticia, pens茅 en suicidarme. Me di cuenta de que hab铆a vencido el oportunismo禄. Ese oportunismo e irracionalidad que cost贸 la muerte de miles de j贸venes. Rosa estaba contra la violencia y se帽alaba que el arma fundamental para la revoluci贸n obrera deb铆a ser la huelga general. Fue una luchadora contra la pena de muerte. Y defend铆a la Libertad como un fundamento absoluto de la sociedad. Su frase que m谩s trascendi贸 en la historia fue:
芦Libertad es siempre la libertad del que piensa distinto禄.

Durante la revoluci贸n alemana, el 15 de enero de 1919, fue detenida en el hotel Eden, y en la puerta misma el suboficial Runge le dar谩 un culatazo en la cabeza y luego ser谩 asesinada por el teniente Souchon, que le peg贸 un tiro en la sien. Terminaba as铆 esa cabeza que tantos principios profundos ense帽贸 a la humanidad.

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En el recordatorio del martes, ante su tumba, se vio a j贸venes y viejos con l谩grimas en los ojos. Su tumba qued贸 cubierta totalmente por claveles rojos que llevaron cada uno de los asistentes. Un diario titul贸 el acto as铆: 芦El d铆a en que faltaron claveles rojos en Berl铆n禄. Y se escucharon las viejas canciones obreras de siglos pasados.

Es curioso: los h茅roes de la sociedad en sus monumentos no son recordados, am茅n de alg煤n acto oficial cada cincuentenario de su muerte. Pero a Rosa Luxemburgo la recuerdan como a nadie, a帽o tras a帽o, despu茅s del espantoso y cobarde crimen.

Que tengan esto en cuenta todos aquellos que aman el poder por el poder mismo. La historia va filtrando y s贸lo quedan aquellos que dieron sus vidas por esa palabra con la que comenzamos: la 茅tica , que es siempre el no rotundo a la muerte y el firme s铆 a la vida.

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*Periodista, escritor.

Publicado originalmente en el diario P谩gina 12 de Buenos Aires.

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