Nov 11 2017
1492 lecturas

Cultura

Yamila Greco: Nadie puede soportarme

Traducida al ingl√©s, catal√°n e italiano, incluida en antolog√≠as, colaboradora en numerosas revistas, Yamila Greco public√≥ sus dos poemarios √ļnicamente en soporte electr√≥nico. Nos conmueve trasmiti√©ndonos la dramaticidad de su existencia, su modo de aferrarse a la poes√≠a (aquella que la ‚Äúmantiene viva‚ÄĚ), su admiraci√≥n por Pier Paolo Pasolini en todos los aspectos, su ‚Äúamor sobrehumano‚ÄĚ hacia Fassbinder, entre otros temas.

‚ÄĒ Van t√≠tulos, Yamila: tu infancia.

¬†‚ÄĒ Mi infancia se encuentra plagada de presentimientos, recuerdos internos, temblores de lo que habr√≠a de ser. Hoy puedo decir, el encuentro con el futuro, anticipado en cada una de las sensaciones que por entonces no ten√≠an voz. Fui una ni√Īa emocionalmente desbordante y sumamente intuitiva; pod√≠a entrever m√°s all√° de las formas, captaba las sensaciones ajenas como una certeza. La separaci√≥n entre el decir y el ser nunca me fue extra√Īa, afect√°ndome profundamente; lo que viv√≠a all√° afuera era tan real como lo que la apariencia constantemente desment√≠a. Resultado de imagen para yamila greco

Hoy, cuando evoco episodios de mi infancia, vuelta en el tiempo y convertida, me resigno en el vano ejercicio de agudizar la mirada, con el fin, aunque impuro, de salvar a la ni√Īa, para¬† salvar a la adulta, para salvarme a m√≠. En esos momentos, cuando noto que nada alcanza, porque incluso ah√≠, el cansancio ya se sent√≠a, comprendo que mi ni√Īez fue una preparaci√≥n, un presagio. Me veo, sola y fr√≠a, callada, aunque extrema en lo visible tan peque√Īa, pero grande, reconociendo todo en todos. As√≠ era mi mundo, explosivo y no advertido. De este modo, crec√≠, de esta forma soy. Pienso en mis padres y en su angustia por mi silencio. Aunque lo intente, jam√°s podr√≠a explicar con suficiencia el temblor natural ante m√≠ misma, el coraz√≥n instaurando en m√≠ su deseo de posesi√≥n, esperando por algo que, ahora s√©, nunca llegar√≠a.

Resultado de imagen para yamila grecoTransformaba los espacios en sitios insólitos; intentaba reflejar todo aquel bullicio interno, no solo quería percibirlo, sino adaptarle un rostro, palparlo. Esa partición, me empujaba al borde, a lo excesivo. Era aficionada a disfrazarme. Salía así a tocar a la puerta de los vecinos. Ellos me recibían y yo, calcando sus formas, los llamaba por su nombre y les inventaba historias terribles. Jamás me reía, seguía el relato hasta que finalmente el hartazgo los obligaba a expulsarme. Imitaba a mis familiares, de una manera tal vez cruel. Los recreaba para vengarme de su silencio. En una ocasión, tomé la agenda de mi madre, llamé uno por uno a todos sus contactos y les dije que ella había fallecido. Era mi estilo de constatar el más allá, de acortar las distancias.

Esa sensaci√≥n, existente, pero invisible, es la fuerza que cre√≥ mi vida. Lo que no tiene lugar, lo que no se dice. Lo que se dice, pero no se entiende, lo inexistente bajo el techo de este mundo. La voluntad de definir el otro lado, sin luz que lo atestig√ľe, y, de ac√°, las voces que lo deforman. Encuentro en estas huellas, lo que yo creo es el alma. Muchas veces descubrirla o percibirla es sin√≥nimo de aislamiento, de soledad. Lo cierto es que la esperanza es la consecuencia de esta antigua pureza donde la infancia representa la lucidez. Observo mi miedo, que es el suyo, y me recuerdo con la confianza que otorga saber que hay una persona viva.

– Recuerdos, ni√Īez.

¬†‚ÄĒ Si bien tengo dos hermanas, soy hija √ļnica de mis padres y me cri√© como tal, rodeada de mayores. Me gustaban Resultado de imagen para yamila grecolos libros, los papeles y, sobre todo, el aroma a tinta. Trazaba garabatos con el mismo af√°n que si estuviera escribiendo un poema; yo era peque√Īa, pero aquel impulso de mi mano anticipando borrones qued√≥ grabado para siempre en mi memoria; eran palabras sin serlas, √©se era mi lenguaje: incomprensible para los dem√°s, pero clar√≠simo para m√≠.

Viv√≠a rodeada de juguetes. Una tarde volv√≠ de la escuela y el cuarto estaba vac√≠o. Hab√≠an llevado todo a casa de mis abuelos paternos. Intentaron convencerme de que yo hab√≠a crecido. Ten√≠a siete a√Īos. Esa peque√Īa introducci√≥n a la p√©rdida me marc√≥: me veo, triste y desamparada, tomando, obligada, una consciencia cada vez mayor y contemplo a mis padres, ignorando la fuerza extrema de mi sufrimiento, sonriendo y arrebatando parte de mi inocencia mientras yo gem√≠a, abatida por la realidad. Me sent√© en la cama y no pude llorar, me ahogaba, la angustia permanec√≠a inm√≥vil, atascada en la garganta, como si me quisiera ense√Īar, como si necesitara que yo sepa que el dolor no hab√≠a nacido para ser tragado. Lo que vendr√≠a se encargar√≠a de confirmarlo.

Resultado de imagen para yamila grecoEl sótano de mi abuelo era uno de los sitios prohibidos por mi corazón, sentía pánico cada vez que aquella puerta se abría y alguien desaparecía, en ese pozo oscuro y, aparentemente, sin fondo, al que ahora me tenía que enfrentar. No me di por vencida, el sentimiento me empujaba, estaba decidida a rescatar aquellos juguetes que para mí, tenían alma y me llamaban. Los asumía solos, abandonados, la revelación de mis sentimientos volcados en el plástico. Era la hora de levantar la mirada. Bajé las escaleras conteniendo la respiración, la retuve mientras observaba aquellos pedazos de mi infancia extraídos y habitando en tierra ajena.

Era como un retorno, mi cuarto en otro lugar, el mismo, pero bajo un manto, desterrado. No era mía la decisión y no lo logré. Me sacaron incompleta, fragmentada. Yo misma era parte de mi pasado, sin regreso ni reunión aparente. En ese instante supe que todo aquello era un símbolo, la coincidencia  entre dos estados cuya incógnita se daba en el cuerpo. No sabría definirlo, pero en aquel momento, para mí fatal, surgió la necesidad del lenguaje, por primera vez, como figura manifestante de ese reencuentro. 

‚ÄĒ La noche.

¬†‚ÄĒ Mis padres eran nocturnos. Estar levantados hasta pasada la madrugada era para nosotros particular motivo de alegr√≠a. Sal√≠amos a pasear en coche, ellos se sentaban en alg√ļn bar y yo, en el medio, desbordante de felicidad. Al regresar, com√≠amos y luego mir√°bamos una pel√≠cula. Eran momentos maravillosos, donde nada pod√≠a entristecerme. Por ello, la noche es, para m√≠, esperanza y posibilidad, la inclusi√≥n de la palabra en todo lo olvidado, compa√Ī√≠a y futuro luminoso, lapso de paz; en sus sombras habita esa promesa.

Ofrece, adem√°s, un l√≠mite indestructible, el espacio donde nadie puede entrar ni quebrarme la voz. As√≠ la recibo, as√≠ la padezco. Cuando la luz cae, yo revivo. Como un pasaje m√°gico, mi √°nimo cambia, los ojos, la expresi√≥n. No logro concentrarme en nada ni en nadie durante el d√≠a, me es imposible mantenerme realmente despierta; mis almuerzos son ca√≥ticos y la cena es, para m√≠, sagrada, en la que no hay m√°s que lugar para el gozo. No cierro los ojos hasta llegada la ma√Īana. Vivo de noche y nunca me alcanza. Este amparo, el mundo en todos sus ofrecimientos, hacen de esas horas, el tiempo donde todo es posible.

Es extremadamente dif√≠cil vivir as√≠, confuso. Cargo con una tristeza tan marcada que me invade a√ļn en aquellos momentos donde deber√≠a intentar ser feliz. Descreo de lo que veo y me aferro a lo que siento, tal cual el alma lo establece, sin comprobaci√≥n y sin posibilidad de obtener empat√≠a alguna. El desamor es el margen que constituye mi vida. Ir√≥nicamente, ofrezco a cambio lo contrario y es tanto el desorden que se presenta a mi alrededor que nadie puede soportarme. En consecuencia: el abandono, sincero como una sombra y asimismo, como un peso superior a mi cuerpo. Con √©l debo caminar, sin descanso ni sitio que me reconforte.

He tenido que respirar bajo este aire envenenado tanto tiempo ya, que muchas veces me encuentro entumecida. Cuando ten√≠a veinte a√Īos, quiz√°s, la amargura se disipaba, porque cre√≠ tener toda la vida por delante. Hoy, indeciblemente m√°s cansada, cambi√© mi aspecto por una especie de resignaci√≥n que ni yo misma tolero.

La sumisi√≥n no encaja con mis huesos, pero me demoro tanto en mi interior que √ļltimamente me encuentro cayendo a los pies de cualquier derrota. Fui indestructible, cre√≠ serlo, sin notar que en cada batalla, en cada imposici√≥n, se resquebrajaba un poco m√°s mi alma. Carezco de ansias, de soluciones. Rechazo todo, yo incluida. Es como si yo misma me hubiera enterrado. Si me preguntaran cu√°l es mi forma o proyecto, no sabr√≠a responder. Hace algunos, pocos a√Īos, hubiera dicho el cine. Hoy tampoco hallo esperanza en eso.

Con respecto a la poes√≠a, intuyo firmemente que me ha dejado m√°s sola de lo que puedo resistir. Existe una especie de contradicci√≥n, de fatalidad, en cada p√°gina que leo; all√≠ reside el fin de toda incomprensi√≥n, haci√©ndose carne la esperanza y sin embargo, cuando salgo al mundo y me encuentro encerrada en un espacio aberrante, habitado por la premeditaci√≥n, su figura retorna doble, m√°s dolorosa. Los a√Īos pasan y el fin nunca llega, entonces me miro al espejo y descubro que tampoco estoy viva; que el tiempo, haga lo que haga, no coincide. No es m√°s que la fugacidad convertida en consciencia, una aproximaci√≥n con anhelo de final que me inquieta y me consume.

Pienso mucho en la muerte, casi constantemente, la deseo y le temo. Le tengo terror a la muerte de mi perro, y s√© que mientras √©l exista, la m√≠a no tiene ninguna posibilidad. As√≠ son mis d√≠as, poco divertidos. No tengo contacto con casi nadie, ni siquiera por internet. No presento ning√ļn inter√©s por eso ni por nada. Seguramente muchos profesionales dir√≠an que padezco esto o aquello, que podr√≠a componerse, que tengo soluci√≥n. S√© que eso no va a suceder y tampoco quiero aplacarlo.

¬†‚ÄĒ Hogar / Cine.

¬†‚ÄĒ Nuestro hogar estaba repleto de libros y pel√≠culas. Visit√°bamos muchas librer√≠as y sobre todo, ciertos escaparates nocturnos donde encontr√°bamos revistas antiguas y libros usados que a√ļn son mi fascinaci√≥n. Tambi√©n √≠bamos much√≠simo al cine, costumbre que perd√≠, ya que no me gustan las multitudes y me cuesta much√≠simo mirar una pel√≠cula y no fumar. Adem√°s de ser buen lector, mi padre era un cin√©filo apasionado. Ten√≠amos una videoteca con m√°s de 2000 pel√≠culas, esa es mi herencia. Mi amor por el s√©ptimo arte es, tal vez, superior a cualquier otro. Por un tiempo fui catalogadora de un sitio de cine arte; luego cre√© el m√≠o propio, ‚ÄúAntiteatro‚ÄĚ, muerto hoy en d√≠a.

Soy fan√°tica de Werner Herzog y de John Cassavetes, profeso un amor sobrehumano hacia Rainer Werner Fassbinder; admiro a Pier Paolo Pasolini, no solo como cineasta, sino como ser humano, en todas sus expresiones; a Carl Theodor Dreyer, creador de uno de mis films preferidos: ‚ÄúGertrud‚ÄĚ, de 1964, figura del amor absoluto; Ingmar Bergman y, sobre todo, Andr√©i Tarkovski: poes√≠a hecha materia.Dir√≠a que la pel√≠cula que m√°s me identifica es ‚ÄúGone with the wind‚ÄĚ: la revoluci√≥n nacida de los golpes, del fracaso, elevando el amor a su grado m√°s alto, el sacrificio.

La lucha, abierta y total contra el rencor, surgida de un mundo que no parece enterarse del sufrimiento y esconde las manos con un egoísmo desalentador. Esa debilidad transformada, instalada en el borde de las heridas que sostienen los cimientos, es el resentimiento evolucionando hacia una acción superior. La protagonista resiste, hallando su fuerza en cada latido enterrado en los escombros, mediante el impulso constante del corazón. La película es la historia de la voluntad, la voz del alma buscando su lugar. La esperanza, tantas veces fiel, amarga e incómoda, puede llegar a enloquecerte cuando no lo estás intentando, pero es a través de esa pulsión donde la palabra encuentra su verbo: Dios o nombrar y que suceda. Es una obra maravillosa que jamás me canso de ver.

¬†‚ÄĒ Colegio.

‚ÄĒ El colegio nunca me gust√≥. Iba a doble escolaridad y lo sent√≠a agotador. Era p√©sima Resultado de imagen para yamila grecoen Matem√°tica, peor en todo. Present√© much√≠simos problemas de conducta: at√© a una compa√Īera con una soga de saltar. Enga√Ī√°ndola, la puse de cara contra la pared y la empuj√©. En otra ocasi√≥n, tir√© a otra por las escaleras. Los ni√Īos eran muy crueles, me hac√≠an constantemente a un lado y yo, dentro de mi inocencia, quer√≠a que me expliquen el motivo. Nadie lo hac√≠a y a m√≠ me generaba una impotencia, una sensaci√≥n de injusticia que no pod√≠a controlar y reaccionaba salvajemente. Alteraba entonces situaciones con el fin de incomodarlos: ocurri√≥ una vez que hac√≠an una ronda y no me permitieron participar. Fui al ba√Īo, me despein√©, desgarr√© mi ropa, me present√© en el medio del patio de juegos como una aparici√≥n y le dije a la maestra que los ni√Īos me hab√≠an lastimado. No era mentira. Entend√≠a aquello como un abuso. Quer√≠a el encuentro cara a cara con alguien que me diga el motivo por el cual yo no pertenec√≠a. Jam√°s lo logr√©.

Al comenzar el secundario, descubr√≠ la m√ļsica y no hubo retorno. Me sent√≠a incluida, respaldada. Hall√© en eso la libertad. Continu√© cursando hasta que, finalmente, en segundo a√Īo, abandon√©.

¬†‚ÄĒ Adolescencia / Introducci√≥n a la escritura.

Resultado de imagen para yamila greco¬†‚ÄĒ Al dejar los estudios me dediqu√© completamente a la tarea de plasmar mi furia en el papel. Mi padre me hab√≠a obsequiado una de sus m√°quinas de escribir; las ten√≠a a montones, ya que las coleccionaba. Toda la noche le√≠a y escrib√≠a. Pod√≠a hacerlo porque gozaba de total autonom√≠a. En esa etapa me volcaba a los relatos. El primero que escrib√≠ se titulaba ‚ÄúCorte de luz universal‚ÄĚ. Trataba sobre un ciego a quien su esposa, ya fallecida, le hab√≠a asegurado que se hab√≠a cortado la luz en el mundo, que nadie pod√≠a ver nada. Y as√≠ viv√≠a, amparado por aquellas palabras, alejado de todo contacto, preso a la vez de una pertenencia y universalidad sostenida en la mentira. Hasta que alguien llama a su puerta, una antigua amiga que intenta decirle la verdad. √Čl elige no creerle y le arranca los ojos. Era un cuento corto, de una p√°gina, y en la √ļltima oraci√≥n exclamaba: ¬Ņera o no cierto que se hab√≠a cortado la luz en el universo?

Disfrutaba much√≠simo, las horas no ten√≠an su peso y la vida parec√≠a infinita; a√ļn conservo aquellas hojas, ya amarillas, cuando lo √ļnico que hac√≠a era escribir. Mi mundo cambi√≥ a partir de ‚ÄúRayuela‚ÄĚ. Un amigo de mis padres me lo regal√≥. Yo ten√≠a trece a√Īos. Comenc√© a leerlo y de inmediato qued√© fascinada. Aquel era un lenguaje similar al m√≠o, las palabras que hab√≠a ideado de ni√Īa y que solo yo comprend√≠a. Y si bien no ten√≠a las herramientas externas necesarias para entenderlo, cre√≠ comprenderlo en un nivel m√°s all√° de lo f√≠sico, ah√≠ encontr√© mi escudo m√°s √≠ntimo en convivencia con un coraz√≥n demasiado real; todas las referencias eran nada comparadas con el significado que aquella novela de Cort√°zar tuvo en la insinuaci√≥n expl√≠cita de mi alma.

Resultado de imagen para yamila grecoEmpec√© tambi√©n a llevar un cuaderno. Toda mi voluntad estaba puesta en la tarea de escribir. Pasaba las noches en vela, deslumbrada. La calma de aquellas horas me permit√≠a el encuentro de lo supremo con lo imperfecto, la b√ļsqueda de la forma, la esencia que la palabra posee en s√≠ misma, consagrada a ese nacimiento donde la extensi√≥n era el poema; y con ello lleg√≥ el aislamiento, la separaci√≥n. No ten√≠a a nadie cerca, solamente mis libros y el peso que los conten√≠a. Cre√≠ no necesitar nada m√°s. Me empe√Ī√© en existir √ļnicamente cuando me encontraba en el mutismo que permit√≠a mi cuarto, comprendida, protegida. Las personas me irritaban, salir a la calle era un martirio. Cuando lo hac√≠a, no estaba realmente ah√≠, moraba en otro lado, en el borde de los cuadernos, de los poemas.

Me encerr√© tanto que mi adolescencia fue confusa. Todo lo dem√°s era escaso, incomprensible. El mundo era atroz y la poes√≠a me manten√≠a viva. Por esta raz√≥n, cuando el abismo fue superior a cualquier s√≠mbolo, quise alejarme impulsada por el rechazo. Me obligaba a creer, paraliz√°ndome. Me conservaba en este mundo donde no aparec√≠a un alma viva. Las personas siempre me decepcionaron y yo hallaba entre mis libros verdaderos amigos. Mi poeta argentino preferido es Ramponi; y del mundo, siempre, Arthur Rimbaud: su prosa completa es el √ļnico libro que llevo en mis viajes, ninguno m√°s; casi que lo rezo de memoria, pero siempre hallo en su voz un nuevo mundo, secreto y reservado. Tambi√©n encuentro en San Juan de la Cruz lo que jam√°s pude transferir a las palabras. Por este motivo, su existencia me sana y me calma.

‚ÄĒ ‚ÄúLa poes√≠a me manten√≠a viva.‚ÄĚ

‚ÄĒ Y sucede una muerte. El d√≠a en que mi padre falleci√≥, amanec√≠ sabi√©ndolo. Pas√© la tarde a su lado, alternando la lectura con la rotaci√≥n de su cuerpo, espantada por la escara que dejaba al descubierto que la vida ah√≠ ya no era posible. Me miraba y yo notaba sus ojos atascados entre esto y lo extra√Īo, queri√©ndome reconocer, pero desconoci√©ndome. Finalmente, ca√≠ rendida entre sus brazos. Despert√© sobresaltada y lo vi intentando ahogarse con su ropa, hund√≠a la tela, desesperadamente, con el fin de atravesarse la garganta. Fui incapaz de ayudarlo, en la ferocidad de su fuerza, mis manos se quer√≠an ir con √©l.

Y entonces vi la muerte por √ļnica vez. Mi padre gem√≠a se√Īalando un √°ngulo vac√≠o de la habitaci√≥n. Yo buscaba con mis ojos aquello que no pod√≠a ver. No hab√≠a nadie, nada, pero su presencia se sent√≠a como algo inequ√≠voco. Los m√©dicos me sacaron de la sala. Al regresar, no tuvieron que decirme nada. Mi padre se hab√≠a ido. Entr√©, toqu√© su rostro y solo sent√≠ la piedra, un cad√°ver r√≠gido, que reposaba como un elemento m√°s, igualmente vac√≠o, sin entidad ni calor.

Ver consumirse a la persona más firme de tu existencia es el comienzo de la orfandad, en el aspecto más profundo y absoluto. La desaparición física nos enfrenta con la certidumbre inexorable de nuestra propia muerte, la voz de la sangre calla un cuerpo, pero exclama la eternidad a través de otros; en este caso, yo. Saberlo no deja de hacerlo terrorífico. El día de su partida, algo se perdió en mí, para siempre. Esto me generó una dualidad emocional, aunque jamás culpa. Me encontraba desolada, pero en el momento en que sucedió me sentí liberada.

De esa √©poca datan algunos poemas de ‚ÄúRespirar puede ser un fracaso‚ÄĚ. Los meses que lo acompa√Ī√© en el hospital, lo cuidada y escrib√≠a. Los textos son tan fieles para m√≠ que los leo y son como un hachazo, un regreso inmediato a ese espacio donde la vida de mi padre se apag√≥. Hoy no podr√≠a hacerlo. El dolor traspas√≥ todas mis fronteras. La perseverancia vir√≥ hacia un sitio muy apartado, donde sobrevivir es, acaso, la √ļltima voluntad.

‚ÄĒ ¬ŅY a su muerte?

Resultado de imagen para yamila greco‚ÄĒ A su muerte descubrimos que la vivienda familiar se encontraba hipotecada. Imposibilitadas de abonar la deuda, comenz√≥ un largu√≠simo juicio en el que, luego de algunos a√Īos, perdimos nuestro hogar. Mi padre no hab√≠a dejado nada. Carec√≠amos de dinero para comer y pagar los servicios. Vivimos sin luz ni gas durante meses. Yo ten√≠a veinti√ļn a√Īos, y conviv√≠a junto a mi madre y a mi hermana diez a√Īos mayor y diagnosticada con esquizofrenia. Me hice cargo de ambas. Llev√© sobre mi espalda todo lo que conlleva la vida familiar. De repente, era mi padre. Demasiadas traiciones familiares giraron en el medio. Relaciones turbias entabladas por mi entorno que yo desconoc√≠a. Habit√°bamos la casa mientras el proceso segu√≠a su curso.

La situación era terrible, compleja. Luego, cuando mi madre decidió irse a vivir con su nueva pareja, quedamos, mi hermana y yo, solas, presas de  una situación extremadamente caótica. Ella enferma, y, para ser sincera, yo también. Sobreviví escribiendo, a la luz de la vela, con la tragedia más grande por mí conocida pisándome los talones, sin otro fundamento que cantar aquel infierno.

Comenzamos a vender las estufas, aprendiendo a despedirnos de la casa que, lenta e imprecisa, parec√≠a que quer√≠a Resultado de imagen para yamila grecoretenernos. Los d√≠as m√°s oscuros pasaban as√≠, presas del p√°nico y de ese lugar inhabitable, esperando la muerte como ninguna otra presencia. Mi hermana vagaba por las habitaciones, como un fantasma, eso es lo que √©ramos, gem√≠a y lloraba porque desconoc√≠a d√≥nde iba a vivir. Yo la segu√≠a, pensando si alg√ļn d√≠a habr√≠a de hacerlo.

Para paliar aquellas horas de desgracia, cant√°bamos. Eran canciones inventadas que nos causaban una especie de risa apagada, y de inmediato el p√°nico, de nuevo. Hasta que nos tuvimos que ir. Su tutora se la llev√≥ con ella. La internaron y la vi una sola vez m√°s desde entonces. Consegu√≠ la direcci√≥n del hospital donde la hab√≠an dejado, un sitio espeluznante, ca√≠do a pedazos con internos que esperan un taxi frente a una pared blanca coronada por alambres de p√ļa: literal. Al verme me abraz√≥ y llor√≥; cuando le dije qui√©n era me solt√≥. Me hab√≠a confundido con su hija.

¬†‚ÄĒ ¬ŅY tu casa?

¬†‚ÄĒ Cuando, por obligaci√≥n, abandon√© aquella casa donde nac√≠ y me cri√©, ya sin puertas, rotas las ventanas, poco m√°s tarde, volv√≠. Estaba deshabitada y no hab√≠an cambiado la cerradura. Yo entraba por las noches, me sentaba, a oscuras, en la habitaci√≥n que alguna vez le perteneci√≥ a mis padres, encend√≠a una vela y volv√≠a a plasmar el desastre. Un ejercicio continuo, que me sacaba del mundo conocido y me met√≠a en uno peor, mucho m√°s real, pero que ten√≠a la necesidad de enfrentar. Poblaban el cuarto varias de nuestras pertenencias, las que no pudimos rescatar. Las ve√≠a, por lo tanto, ca√≠das en el suelo de un sitio destruido; los libros pertenecientes a mi ni√Īez, manchados por el brutal paso del tiempo, plagados de im√°genes que vieron √©pocas mejores.

Resultado de imagen para yamila grecoLo escalofriante nac√≠a de lo id√©ntico: las mismas letras, iguales frases que cuando ocupaban un hogar feliz; aquellas ruinas, la p√©rdida de toda esperanza en esa estructura, deformaron algo en m√≠, para siempre. La identificaci√≥n entre esos muros y el presente, en contraposici√≥n con mi origen se encontraba en una cortina deslucida donde a√ļn pod√≠a ver la marca de mis manos, los espejos arrancados, la cocina deteriorada. Y si bien conoc√≠a la verdad, incluso apart√°ndola, me sent√≠a protegida por aquellas paredes que me vieron crecer. Cre√≠a que esa era mi casa y quiz√°s, con un esfuerzo mayor, con la poca distancia que anidaba entre el papel y yo, podr√≠a escuchar nuevamente la voz de mi padre.

Nunca más volví. Me alejé confiando verla en llamas.

‚ÄĒ ¬ŅNos centramos en tu poes√≠a?

¬†‚ÄĒ Mis poemas son lo que fui, tal cual soy. Nacen de la necesidad genuina de formar mi propia familia, ah√≠, entre las palabras. La poes√≠a me salv√≥, oblig√°ndome a la vida, muchas veces a mi pesar. Es, en consecuencia, la esperanza que jam√°s busqu√©. As√≠ y todo, en esos momentos cuando el abismo es un cuerpo en s√≠ mismo y su presencia lo cubre todo, yo no escribo, y cuando no lo hago s√© que estoy en peligro. Luego, surge, irrefrenable, la fuerza que me protege y me acompa√Īa, que logra que me siente en una mesa adelante de la m√°quina, aferrada a la hoja para seguir tejiendo mi supervivencia.

Hoy, con el paso inevitable de los a√Īos, el cansancio hace que me acerque cada vez m√°s al mutismo. El tiempo se torna cada vez m√°s tenebroso y el trabajo requiere una consciencia que √ļltimamente no estoy dispuesta a exponer. Temo que pronto llegue el d√≠a en que me encuentre cara a cara con el silencio. Quedar varada entre esta vida y la otra, sin consentimiento, me lastima. Esto sucede cuando se acarrea una existencia plagada de desviaciones y presentimientos. Y eso es lo que interfiere con mi esfuerzo. Una especie de cautela, de verg√ľenza amarga ante la descripci√≥n. Si fuera meramente un hecho est√©tico, todo ser√≠a m√°s simple, pero es superior incluso a cualquier auxilio.

De todos modos, hoy me encuentro finalizando mi tercer poemario, a√ļn sin t√≠tulo. Son textos que maduraron cuando me apart√© de aquel infierno f√≠sico, el descubrimiento de que por m√°s que ceda a las tinieblas, vuelvo, obstinada, a buscar la paz que solo concibo en la escritura, si bien s√© que nunca podr√© escapar de estas sombras que construyeron mi coraz√≥n desde sus inicios.

 Ficha

Resultado de imagen para yamila grecoYamila Greco naci√≥ el 29 de agosto de 1979 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Sus poemarios ‚ÄúSobrevivir es una curvatura‚ÄĚ (Casa Litterae Editores) y ‚ÄúRespirar puede ser un fracaso‚ÄĚ (con pr√≥logo de Daniel Rojas Pachas, Editorial Cinosargo, 2009) fueron publicados en Chile y en soporte electr√≥nico. Ha sido incluida en las antolog√≠as ‚ÄúNi√Īos que se tragan la luna‚ÄĚ (selecci√≥n de Jos√© Antonio Castillo Ria√Īo y pr√≥logo de Benjam√≠n Valdivia, El C√°lamo Editorial, M√©xico, 2009), ‚ÄúCad√°ver en mano‚ÄĚ (Visceralia Ediciones, Chile) y ‚ÄúVerso a verso‚ÄĚ (selecci√≥n y pr√≥logo de C√©sar Melis, Editorial Dunken, 2008). Poemas suyos han sido traducidos al italiano, ingl√©s y catal√°n. Para la revista-e mexicana ‚ÄúC√≠rculo de Poes√≠a‚ÄĚ efectu√≥ en 2009 la selecci√≥n de poemas para ‚ÄúBreve muestra de poes√≠a argentina actual‚ÄĚ. Adem√°s de haber colaborado en numerosas plataformas de Internet, lo hizo en diarios y revistas de soporte papel: ‚ÄúLa Gualdra‚ÄĚ (suplemento cultural del peri√≥dico ‚ÄúLa Jornada Zacatecas‚ÄĚ), ‚ÄúCasa del Tiempo‚ÄĚ (M√©xico); ‚ÄúFanzine Formidable‚ÄĚ, ‚ÄúEl Invisible Anillo‚ÄĚ, ‚ÄúNayagua‚ÄĚ, ‚ÄúP√©lago‚ÄĚ (Espa√Īa); ‚ÄúAvatares‚ÄĚ (Colombia); ‚ÄúLilith‚ÄĚ (Argentina), etc.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario