Oct 18 2016
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Pol铆tica

Zapatismo del Siglo XXI/ El EZLN, el CNI y las elecciones

 

La decisi贸n del Congreso Nacional Ind铆gena de M茅xico (CNI), que incluye organizaciones como el Ej茅rcito Zapatista de Liberaci贸n Nacional (EZLN), de poner en marcha una consulta a sus bases para definir su participaci贸n en las elecciones presidenciales de 2018, gener贸 en los 煤ltimos d铆as todo tipo se suspicacias.

En M茅xico, como en toda Am茅rica Latina, no faltaron las voces que, inclusive desde la izquierda, criticaron tal decisi贸n por considerarla contradictoria o hasta tard铆a. Sin embargo, su elaboraci贸n, y el peso que puede llegar a tener en el desarrollo de los movimientos sociales y partidos de izquierda de la regi贸n, merecen un an谩lisis m谩s pormenorizado, del que este art铆culo es un simple bosquejo.

La posible participaci贸n electoral es s贸lo uno de los temas de los que habla el comunicado del CNI. Si nos qued谩ramos exclusivamente con el titular medi谩tico -como han hecho la mayor铆a de los medios de comunicaci贸n del mundo-, podr铆amos reducir esta definici贸n a un cambio de rumbo en la estrategia zapatista, hist贸ricamente antit茅tica a la idea de que el poder se conquiste, y a煤n menos a trav茅s de la democracia representativa. Sin embargo en la declaraci贸n del 14 de octubre pasado hay algo m谩s. La decisi贸n de someter ante las comunidades all铆 representadas la posibilidad de que una representante ind铆gena compita en las elecciones presidenciales, se expresa s贸lo luego de enumerar 27 casos de ataques sufridos a manos de agentes que representan al Estado y el sistema capitalista en general. Es decir, en un primer an谩lisis se podr铆a inferir que la necesidad de avanzar hacia la disputa en un terreno como el de la pol铆tica electoral deriva de la amenaza, concreta y real, de desaparici贸n en la actual etapa de construcci贸n aut贸noma en los territorios zapatistas. Quiz谩s la acumulaci贸n pol铆tica que derivar铆a de esa apuesta, podr铆a servir tanto para resguardar, como para hacer crecer el movimiento, aceptando la arena de lo electoral como un espacio v谩lido, pero s贸lo uno m谩s, de acci贸n contra el sistema. De all铆 la reafirmaci贸n expl铆cita del desinter茅s por el poder estatal en s铆 en el posicionamiento.mex mujeres zapatistas

La noticia que llega desde San Cristobal de las Casas retumb贸 en forma de duda y pregunta en buena parte de los espacios de debate de los movimientos sociales del mundo. En muchos de ellos, la discusi贸n sobre la disputa institucional, la acumulaci贸n de poder a partir de la representaci贸n en gremios, federaciones y hasta en el Estado, ha sido furibunda. El EZLN y su Sexta declaraci贸n de la Selva Lacandona de 2006, han sido blandidos en sendos debates como la demostraci贸n emp铆rica de que es posible cambiar el mundo sin tomar el poder.

Buena parte de los movimientos piqueteros en Argentina, campesinos sin tierra en Brasil, carperos Paraguayos, ind铆genas bolivianos y muchos otros, mantuvieron intacta esa tesis desde finales de los a帽os 90. Pero el siglo XXI trajo aparejado el crecimiento de una alternativa pol铆tica por izquierda surgida de las luchas contra el neoliberalismo y que ve铆a en la disputa por la conducci贸n de las instituciones una v铆a leg铆tima para el crecimiento de esos movimientos. El proyecto bolivariano y comunal en Venezuela, el gobierno del ind铆gena y cocalero Evo Morales en Bolivia, demostraron que es posible construir poder desde los movimientos populares enfrentando la tensi贸n que claramente expresan con las formas de la democracia representativa formal. Y una vez afianzado, han logrado inclusive modificar esas estructuras, no sin negociar con fuerzas sociales m谩s conservadoras en pos de la sustentabilidad del sistema.

Esa etapa, la de la construcci贸n de la alternativa, haciendo propias las reglas del sistema para modificarlas, se est谩 agotando. El proceso de obtenci贸n del poder represent贸 una primavera que a煤n no encuentra su estabilidad, alimentando la reacci贸n de sus detractores. Mart铆n Caparr贸s, desde su columna en el New York Times, sostiene que buena parte de lo sucedido en nuestro continente ni siquiera podr铆a definirse como 鈥渄e izquierda鈥, sino m谩s bien como un oportunismo demag贸gico que aprovech贸 la crisis de principio de siglo para hacerse con el poder y satisfacer sus intereses m谩s espurios. Una tesis sostenida por medios hegem贸nicos y muy de moda por estos tiempos.

Pero los procesos de construcci贸n de poder a partir de la sincron铆a de diferentes movimientos de base y su consolidaci贸n en las m谩s altas estructuras del Estado, si bien no pudieron -a煤n- torcer la historia del continente, han logrado un cambio de 茅poca fundamental para la izquierda latinoamericana. El debate sobre la proyecci贸n institucional de nuevas formas de entender el poder ha calado muy hondo en los movimientos sociales de toda Am茅rica Latina, y la palabra elecciones dej贸 de ser, en la mayor铆a de los casos, mala palabra. A tal punto que aparece ya no denostada entre las l铆neas de un comunicado tan trascendente del EZLN. Hoy, en casi todos los pa铆ses de nuestro continente existen movimientos que se reconocen en las tradiciones de la autogesti贸n y la construcci贸n de poder popular, y que est谩n presentes en los cuartos oscuros de universidades, sindicatos y municipios.

mex mujeres-indigenasSi el chavismo o el socialismo del siglo XXI no lograron consolidarse como receta a largo plazo para la emancipaci贸n de Am茅rica Latina, han sin duda contribuido a desandar un debate que en la izquierda del continente ha costado mucho enfrentar, el de la disputa por las instituciones de la democracia representativa. No s贸lo como v铆a para avanzar hacia el poder, sino m谩s bien como espacio donde hacer pesar la construcci贸n pol铆tica acumulada, y construir a煤n m谩s hacia adelante. Esto no significa que exista una relaci贸n directa entre la experiencia venezolana y la decisi贸n tomada en Chiapas la semana pasada.

El zapatismo fue inclusive bastante cr铆tico de procesos como el venezolano o el cubano. Existe sin embargo una delgada l铆nea roja, un debate abierto, que ha atravesado la izquierda latinoamericana desde la revoluci贸n cubana de 1959, pasando por el triunfo de Allende en Chile, la experiencia de las insurgencias de los 70, los movimientos sociales de los 90 y los gobiernos revolucionarios del siglo XXI. Y esta tiene que ver con la paulatina aceptaci贸n de los espacios institucionales como posibles espacios de acumulaci贸n pol铆tica, los mismos a los que aspiran a sumarse los desmovilizados de las FARC y el ELN en Colombia. Las principales preguntas que sin embargo siguen existiendo son dos: 驴mantienen estos movimientos sus principios antisist茅micos por los cuales surgieron? Y, 驴el sistema tradicional c贸mo reaccionar谩? El riesgo a la coptaci贸n, burocratizaci贸n o a la represi贸n y aniquilaci贸n son altas. Ejemplos en la historia hay muchos para justificar el temor a cualquiera de estas opciones. Todo est谩 en los anticuerpos que los movimientos han podido elaborar durante su construcci贸n social en los territorios. Y el zapatismo, por lo menos a primera vista, tiene de sobra.

El EZLN, el CNI y las elecciones

zapatistas15aLuis Hern谩ndez Navarro|聽 El EZLN y el CNI acordaron consultar, con pueblos y comunidades, la postulaci贸n de una mujer ind铆gena como candidata a la Presidencia de la Rep煤blica en los comicios de 2018. La decisi贸n ha levantado una enorme pol茅mica. Unos ven en la determinaci贸n un giro de 180 grados en su l铆nea de acci贸n. Otros, su ingreso a la pol铆tica. Algunos m谩s, una maniobra en la formaci贸n de una coalici贸n anti-Andr茅s Manuel L贸pez Obrador.

Estas tres opiniones son, adem谩s de equivocadas, prejuiciosas. Est谩n basadas en la desinformaci贸n y en un esquema anal铆tico que tiene como punto de partida: quien no est谩 conmigo, est谩 contra m铆. Estos puntos de vista desconocen la historia y la trayectoria pol铆tica, tanto del EZLN como de las organizaciones ind铆genas que forman parte del CNI.

Desde que el EZLN emergi贸 a la vida p煤blica no ha sido una fuerza abstencionista. No ha llamado a la abstenci贸n ni al boicot electoral, sino a organizarse y luchar. Y, al menos en una ocasi贸n, promovi贸 el voto por un candidato.

En los comicios presidenciales del 21 de agosto de 1994, llam贸 a votar contra el PRI, como parte de su lucha contra el sistema de partido de Estado y del presidencialismo. Es m谩s, el 15 de mayo de ese a帽o, en Guadalupe Tepeyac, las bases zapatistas y el subcomandante Marcos recibieron al candidato del PRD, Cuauht茅moc C谩rdenas, y a su comitiva. Los rebeldes los saludaron y reconocieron que el entonces candidato los hab铆a escuchado con atenci贸n y respeto. De paso, criticaron al sol azteca.

Unos cuantos d铆as despu茅s, mediante la Segunda Declaraci贸n de la Selva Lacandona, convocaron a una Convenci贸n Nacional Democr谩tica de la que emane un gobierno provisional o de transici贸n, sea mediante la renuncia del Ejecutivo federal o mediante la v铆a electoral. Este proceso 鈥搒e帽alaron entonces鈥 deber铆a desembocar en la redacci贸n de una nueva Carta Magna y en la realizaci贸n de nuevas elecciones.

Al poco tiempo, el EZLN se sum贸 a la postulaci贸n del periodista Amado Avenda帽o como candidato de la sociedad civil a la gubernatura de Chiapas. Y, a ra铆z del fraude electoral que abort贸 su triunfo, lo reconoci贸 como gobernador en rebeld铆a y lo trat贸 como tal.

A finales de 2005 los zapatistas llamaron a organizar un gran movimiento nacional para transformar las relaciones sociales, elaborar un programa nacional de lucha y crear una nueva constituci贸n pol铆tica. En este marco, impulsaron la otra campa帽a, una iniciativa de pol铆tica popular desde abajo y a la izquierda, independiente de los partidos pol铆ticos con registro, de corte anticapitalista.mex mujer zapatista

Aunque la otra campa帽a nunca llam贸 a abstenerse ni a boicotear las elecciones, critic贸 acremente a los candidatos de los tres principales partidos pol铆ticos, incluido Andr茅s Manuel L贸pez Obrador. Cerca ya de las elecciones del 2 de julio de 2006, pasada ya la represi贸n a San Salvador Atenco (3 y 4 de mayo de ese a帽o) que cambi贸 la din谩mica de esta iniciativa pol铆tica, en un acto en el cine Revoluci贸n de la Ciudad de M茅xico, el subcomandante Marcos se opuso personalmente a cuestionar a quienes pensaban sufragar. El que quiera votar, que vote, dijo all铆.

A los zapatistas se les quiso responsabilizar del resultado final de los comicios de 2006 e incluso del fraude que le arrebat贸 el triunfo en las urnas a Andr茅s Manuel L贸pez Obrador. Hace unos d铆as, el dirigente de Morena denunci贸 que en aquellas jornadas, el EZLN y la iglesia progresista hab铆an orientado a no votar por 茅l (cosa que nunca sucedi贸), ayudando indirectamente a robarle las elecciones. Desde entonces, el debate ha sido amargo e intenso. No ha dejado de serlo a pesar de que han transcurrido m谩s de 10 a帽os.

Durante a帽os, la posici贸n de los zapatistas no vari贸. As铆 lo refrend贸 el subcomandante Mois茅s, en el comunicado titulado Sobre las elecciones: organizarse, con fecha de abril de 2015. All铆 advierte: 鈥淓n estos d铆as, como de por s铆 cada que hay esa cosa que llaman 鈥榩roceso electoral鈥, escuchamos y miramos que salen con que el EZLN llama a la abstenci贸n, o sea que el EZLN dice que no hay que votar. Eso y otras tonter铆as dicen鈥.

M谩s adelante aclara la postura rebelde sobre la coyuntura electoral de ese a帽o: Como zapatistas que somos no llamamos a no votar ni tampoco a votar. Como zapatistas que somos lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que se necesita.

El reciente documento conjunto del EZLN y el CNI, Retiemble en sus centros la tierra, representa un cambio de posici贸n de los rebeldes. Pero no de 180 grados, porque nunca han sido abstencionistas.

All铆 se llama a incursionar en una nueva forma de acci贸n, que tiene como eje central la participaci贸n directa en la coyuntura electoral, como una forma de resistencia, organizaci贸n y lucha. De colocar a los ind铆genas y a su problem谩tica en el centro de la agenda pol铆tica nacional. De hacer visibles las agresiones contra los pueblos originarios. De construir el poder de los de abajo. La decisi贸n no significa el ingreso del EZLN a la lucha pol铆tica. Los zapatistas siempre han estado all铆. Nunca han dejado de hacer pol铆tica desde que irrumpieron en la vida p煤blica levant谩ndose en armas en 1994. Se puede o no estar de acuerdo en la pol铆tica que han hecho, pero reducir participaci贸n pol铆tica a acci贸n electoral en una coyuntura es una tonter铆a.

Lo mismo puede decirse de las organizaciones que integran el CNI. La movilizaci贸n de los pur茅pechas de Cher谩n (una experiencia clave en el nuevo curso de la lucha ind铆gena) por el reconocimiento de su autogobierno y autonom铆a es esencialmente pol铆tica. Tambi茅n la experiencia de autodefensa n谩huatl de Ostula, o la defensa de la comunidad otom铆 Xochicuautla de su territorio y recursos naturales.

Nadie tiene el monopolio de la representaci贸n pol铆tica de la izquierda mexicana. Esa representaci贸n se gana d铆a a d铆a en la lucha. Acusar a los zapatistas y al CNI de hacerle el juego al gobierno porque pretenden participar electoralmente en 2018, al margen de los partidos pol铆ticos, es una muestra de prepotencia e intolerancia. A final de cuentas, ser谩 la sociedad mexicana en lo general y los pueblos indios en particular, los que decidir谩n si este camino es o no 煤til para transformar el pa铆s

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