Trump, barbarie imperial

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En otro acto ilegal y flagrante de su presidencia imperial, tras cuatro meses de desplegar una poderosa maquinaria de guerra sobre el mar Caribe para ejecutar una operación de cambio de régimen en Venezuela y apoderarse de sus recursos geoestratégicos (en particular el petróleo), al ordenar bombardear al país sudamericano y secuestrar al presidente constitucional y legítimo, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, Donald Trump arrasó con los jirones que quedaban del derecho internacional y el moribundo sistema de Naciones Unidas semienterrado en Palestina ocupada.

Como señaló Jeffrey Sachs en entrevista con Glenn Diesen, al frente de un Estado militar que no obedece la Constitución y donde todo se decide por decreto ejecutivo, Trump está llevando a cabo el desmantelamiento total de las instituciones internacionales creadas después de la segunda guerra mundial, lo que hace que el mundo sea hoy extraordinariamente caótico y peligroso.

Amenaza con tomar el Canal de Panamá

¿Qué sigue? ¿Groenlandia y el Canal de Panamá? ¿Cuba, Nicaragua, México, Colombia, Brasil? Aunque el Estado profundo (deep state) dirige sus pasos y confecciona su narrativa, ayer, durante su conferencia de prensa en la Casa Blanca, al dar a conocer la Operación Determinación Absoluta, Trump exhibió sin pudor su narcisismo maligno que lo erige como un criminal de guerra a la zaga de varios de sus antecesores en la Oficina Oval, por lo que quedará para siempre en los anales de la infamia y el cinismo.

Junto con el genocidio en Gaza, la agresión a Venezuela lo catapulta a la galería de los grandes canallas de la historia de nuestra América. No sabemos qué seguirá ahora, pero  históricamente las intervenciones de Estados Unidos están signadas por destrucción, violencia, terror y barbarie.

Aunque todo puede cambiar a corto plazo, Washington no tiene todavía el control político, militar ni territorial de Venezuela. Los activos militares desplegados en el Caribe no eran suficientes para una invasión terrestre, pero sí habilitaban la posibilidad de una operación de las fuerzas especiales y sus comandos SEAL (tierra, mar y aire), en colaboración con los activos nativos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al interior de Venezuela.

El ataque coordinado contra varios objetivos estratégicos, civiles y militares, como el fuerte Tiuna, corazón del poder militar, y la base aérea de La Carlota, en el centro-este de Caracas; el área del Palacio de Miraflores; la infraestructura de comunicaciones en la zona de El Volcán, donde se encuentran antenas repetidoras vitales para las telecomunicaciones, y algunos blancos en las inmediaciones del aeropuerto internacional de Maiquetía, en el estado La Guaira, sirvieron como cobertura operacional para secuestrar a Maduro, con la finalidad de utilizarlo como una herramienta de presión sobre las nuevas autoridades juramentadas, encabezadas ahora por la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

A su vez, la falaz narrativa del “narcoterrorismo” servirá de coartada seudolegal paratratar de encubrir la agresión a nivel internacional, secundada ya por varios presidentes vasallos de Europa y América Latina y la prensa hegemónica.

Desde que el comandante Hugo Chávez accedió al gobierno por la vía electoral en 1999, Venezuela ha sido el laboratorio de las distintas formas de guerra híbrida asimétrica ejecutadas por el Pentágono y la CIA a nivel mundial. En este cuarto de siglo, un objetivo central de Washington ha sido descabezar la conducción político-militar del proceso revolucionario chavista, e inducir, según los manuales de cambio de régimen, una fractura al interior de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Pero hasta el momento, Estados Unidos no ha encontrado un Pinochet o un Zelensky. Incluso, rechazó a María Corina Machado para encabezar un gobierno títere y afirmó que Estados Unidos “gobernará” Venezuela con “las personas que están justo detrás de mí” (el jefe de las fuerzas armadas, general Dan Caine, y los secretarios de Estado y Defensa, Marco Rubio y Pete Hegseth) hasta que pueda llevar a cabo una “transición segura”.

El presidente Donald Trump afirma que el mandatario venezolano fue capturado y trasladado fuera del país tras un ataque a gran escala por parte de Estados Unidos.Por ahora, Estados Unidos no cuenta con una fuerza cipaya endógena con poder de fuego y capacidad de masas que pueda proclamar un gobierno paralelo en alguna cabeza de playa “liberada”. La unidad política militar territorial venezolana es por ahora sólida. De allí que Trump amenazara con otra ronda de ataques para forzar la rendición incondicional de las autoridades constitucionales emergentes.

Es posible que como hizo antes en otros teatros de operaciones (Irak, Libia), Estados Unidos intente tomar el control de pozos e infraestructura petrolera, e iniciar una estrategia de balcanización territorial de Venezuela. La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos define que, en su disputa con China, enemigo “hostil” en el subcontinente americano, los recursos geoestratégicos del área le pertenecen, y quedó plasmado en el Corolario Trump a la Doctrina Monroe.

 

* Periodista, escritor y analista uruguayo-mexicano, columnista de La Jornada de México

 

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