Aunque el nuevo ciclo, el año nuevo del Rave, comienza el 22 de enero dejo aquí unas notas en este nuevo primer día del calendario: 2026 no llega como una explosión ni como una promesa grandilocuente. Llega como llega la claridad después de una tormenta larga: sin ruido, sin euforia, pero con una sensación inequívoca de que algo se ha recolocado.
Durante años hemos asistido a un proceso de descomposición sostenida. Colapsos sociales, políticos, económicos y ecológicos que no han sido accidentes ni errores del sistema, sino la consecuencia lógica de estructuras agotadas. Lo externo ha reflejado, de forma cada vez más evidente, un desmantelamiento interno: identidades construidas desde la adaptación, relatos heredados, certezas que ya no se sostienen.
Ese proceso no ha sido cómodo. Tampoco rápido. Pero ha sido necesario.
En 2026 se produce un punto de inflexión real. No porque todo esté resuelto, sino porque el escenario cambia. Los planetas transpersonales —Saturno, Urano, Neptuno y Plutón— ya no están tensionando la salida de un mundo antiguo: están asentándose en un territorio nuevo. Y eso marca un cambio de fase. No estamos ante un ajuste. Estamos ante un cambio de época.
El cierre de un ciclo histórico
Cuando los planetas transpersonales cambian de signo, no lo hacen para “provocar acontecimientos”, sino para modificar el marco en el que esos acontecimientos se desarrollan. En 2026, ese marco ya está definido.
Saturno se establece en Aries. Urano avanza por Géminis. Neptuno deja definitivamente Piscis y entra en Aries.
Plutón se consolida en Acuario, donde permanecerá hasta 2043. Este conjunto no habla de caos, sino de responsabilidad, conciencia, acción y reconfiguración colectiva. La fase de demolición ha concluido. El edificio cayó. Ahora toca decidir qué hacemos con el solar.
Un nuevo marco de realidad
Los años anteriores han sido profundamente desestabilizadores porque el sistema necesitaba romperse. No podía reformarse. No podía maquillarse. Tenía que caer.
En 2026 la energía cambia de cualidad. No es un año de destrucción, sino de dirección. No de reacción, sino de elección. Esto no significa que el mundo se vuelva fácil ni amable. Significa que el ruido baja lo suficiente como para que podamos escuchar con claridad desde dónde estamos actuando.
Y aquí aparece una pregunta central, tanto a nivel individual como colectivo: ¿Desde dónde tomamos decisiones ahora que ya no podemos fingir que no sabíamos?
El final del derrumbe
Saturno en Aries no trae castigo ni rigidez moral. Trae una exigencia incómoda y muy clara: hacernos cargo: No desde la culpa. No desde la autoexigencia neurótica. Desde la madurez.
Ya no sirve esperar a que alguien resuelva. Ya no sirve delegar en estructuras externas. Tampoco sirve seguir repitiendo patrones bajo la excusa de que “no se puede hacer otra cosa”.
Saturno en Aries confronta una verdad sencilla: nadie va a venir a salvarnos, porque nunca hemos estado tan indefensos como creímos. Este tránsito pide iniciativa, pero no impulsividad. Pide acción, pero no reacción. Pide liderazgo interno, no imposición sobre otros.
Hacerse cargo sin dramatismo
Neptuno en Aries pone fin a una larga etapa de confusión espiritual. Durante años se ha idealizado el propósito como algo etéreo, inspirador, pero desconectado de la vida real. Eso se termina aquí.
El propósito deja de ser un concepto inspiracional para convertirse en algo que exige cuerpo, coherencia y consecuencias. No basta con sentir, comprender o intuir. Hay que encarnar.
Neptuno en Aries no habla de lucha, sino de atravesar la ilusión. De cortar narrativas que ya no sirven. De dejar de usar lo espiritual como refugio o anestesia.
El llamado no es a escapar del mundo, sino a estar plenamente en él.
El propósito baja a tierra
Plutón en Acuario no está aquí para mejorar el sistema. Está aquí para reformularlo desde la raíz. Tecnología, poder, comunidad, redes, conocimiento, liderazgo: todo entra en un proceso profundo de revisión.
* Especialista en Identidad Energética humana, consultora sistémica que investiga en la gestión del shock y trauma personal y transpersonal,
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