Sep 6 2014
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Política

Argentina: Kirchnerismo y peronismo

La cuesti√≥n del futuro del kirchnerismo no est√° escrita en alg√ļn lado y esperando ser develada. Es una cuesti√≥n que se resolver√° en la lucha pol√≠tica, en la lucha por el poder. No son pocos los que est√°n interesados en reducirlo a una circunstancia pasajera de la pol√≠tica argentina, para volver al ‚Äúpa√≠s normal‚ÄĚ y se mueven activamente a favor de esa perspectiva.

Resulta curioso ver c√≥mo conviven en la oposici√≥n medi√°tico-pol√≠tica dos posiciones visiblemente contradictorias: mientras cada iniciativa pol√≠tica o legal del Gobierno es atacada con ferocidad ‚Äďla gran mayor√≠a de las veces por estatista y populista‚Äď se sostiene que el Gobierno no tiene ning√ļn proyecto, que no ha habido cambios en el pa√≠s y que todo se reduce a la concentraci√≥n del poder bajo un decorado ret√≥rico que invoca transformaciones inexistentes en la realidad. Esta pirueta argumentativa ronda una cuesti√≥n fundamental para el juicio sobre el presente y el futuro pol√≠tico argentino. Se trata ni m√°s ni menos del modo con que entendemos estos √ļltimos once a√Īos, el lugar hist√≥rico que tienen y, en √ļltima instancia, la naturaleza pol√≠tica de los gobiernos de los Kirchner.

Apoyados en algunas encuestas, los voceros medi√°ticos dibujan un futuro pol√≠tico de ‚Äúnormalizaci√≥n‚ÄĚ, despu√©s de las elecciones del a√Īo pr√≥ximo. En cualquiera de las hip√≥tesis predominantes sobre el resultado electoral ‚Äďincluido el triunfo de Scioli‚Äď se da por sentado una especie de disoluci√≥n de la fuerza hoy gobernante y de reaparici√≥n intacta del ‚Äúperonismo‚ÄĚ tal como era antes de esta √ļltima d√©cada. El kirchnerismo tendr√≠a como destino la de una corriente interna del Partido Justicialista o una fuerza exterior al partido que reagrupar√≠a militantes ‚Äúprogresistas‚ÄĚ en espacios claramente minoritarios. Es decir, m√°s o menos como funcionaba el sistema pol√≠tico antes del derrumbe de diciembre de 2001. Se celebra ese nuevo orden pol√≠tico futuro como una garant√≠a de consensos, tolerancias, di√°logos y todo aquello en lo que consiste ‚Äúrealmente‚ÄĚ la democracia.

El prop√≥sito de este texto no es discutir pron√≥sticos electorales, ni de ninguna otra √≠ndole, sino pensar la experiencia pol√≠tica que estamos haciendo desde la perspectiva de las identidades pol√≠tico-partidarias. ¬ŅQu√© es, finalmente, el kirchnerismo? ¬ŅCu√°l es su relaci√≥n con el peronismo? Para discernirlo hay que despejar el camino de la contradicci√≥n l√≥gica de la que habl√°bamos al principio: los gobiernos de estos a√Īos no fueron neutrales, ni fueron pura publicidad transformadora; si as√≠ fuera no se justificar√≠an los enconos, sin antecedentes en estos a√Īos de democracia, que enfrent√≥ y enfrenta. Dif√≠cilmente sea la simple ret√≥rica la que desata esas pasiones. Hay distintos matices en la oposici√≥n partidaria al Gobierno, pero es muy dif√≠cil discutir la existencia de una partitura central de la que pocos se apartan y corresponde a las l√≠neas editoriales de las cadenas noticiosas dominantes que, a su vez, se articula con el punto de vista de los sectores econ√≥micos concentrados. Existe, claro est√°, un muy diverso arco de cr√≠ticas ‚Äďmuchas de ellas razonables‚Äď que se hacen desde la oposici√≥n pol√≠tica. Pero las escenas pol√≠ticas y parlamentarias realmente memorables de estos a√Īos rodearon verdaderas discusiones pol√≠ticas de √©poca: las retenciones a las exportaciones agrarias, el sistema jubilatorio, el estatus del Banco Central, la soberan√≠a energ√©tica, entre muchas otras. Lo que hoy mismo se est√° discutiendo ‚Äďla propuesta de ley de pago soberano de la deuda externa‚Äď toca la cuesti√≥n sensible y decisiva del desendeudamiento como palanca de desarrollo independiente. Es decir, hay una hoja de ruta que se fue construyendo no en laboratorios te√≥ricos, sino en medio de los conflictos pol√≠ticos m√°s intensos de estos a√Īos de democracia.

Si la pol√≠tica de estos a√Īos no se reduce a ilusionismos y pases de magia, hay que aceptar que qued√≥ abierta una materia muy dura de conflicto pol√≠tico, dif√≠cil de clausurar administrativamente y mucho m√°s a√ļn de ocultar debajo de la alfombra de los grandes consensos nacionales. Esa materia de conflicto pol√≠tico y no las simples etiquetas partidarias es lo que estar√° en juego, por lo menos provisoriamente, en las elecciones de 2015. Ciertamente, esta interpretaci√≥n no les conviene a muchos de los actores de la escena preelectoral, que prefieren hablar de internas peronistas o de coaliciones interpartidarias como si se tratara de un juego de m√°scaras vac√≠o de sentido. Es la continuidad o no continuidad de esa hoja de ruta lo que se dirime.arg los kirchner

El kirchnerismo ha devenido el nombre de esta experiencia pol√≠tica. Y la cuesti√≥n produce urticarias de las m√°s variadas, sobre todo entre quienes consideran (o desean) que el kirchnerismo sea una variante m√°s en el eterno p√©ndulo peronista y por lo tanto le niegan consistencia espec√≠fica y descreen de su futuro. Claro que el kirchnerismo es peronismo. No hace falta ser muy perspicaz para percibir que sin la tradici√≥n hist√≥rica, sin la estructura partidaria y sin el peso nacional del peronismo hubiera sido inconcebible la experiencia pol√≠tica de estos a√Īos. Pero la cuesti√≥n no se reduce al c√≥digo gen√©tico del movimiento que gobierna, involucra al tipo de lucha pol√≠tica que se libra hoy en la Argentina. La existencia de antagonismos en el interior del peronismo, lejos de ser nueva, recorre gran parte de la historia del movimiento. Lo que le ha agregado la experiencia de estos a√Īos a estas tensiones es justamente que es una experiencia de gobierno y no de cualquier gobierno, sino uno que desarroll√≥ una agenda de ruptura en sus l√≠neas principales respecto de la historia de las √ļltimas d√©cadas. Lo hizo adem√°s invocando el ADN peronista, con sus tres banderas hist√≥ricas repensadas en las nuevas condiciones de la √©poca. La centralidad del trabajo, la cuesti√≥n de la soberan√≠a nacional y la pol√≠tica de memoria, verdad y justicia sobre el terrorismo de Estado fueron el modo de manifestaci√≥n de esa herencia hist√≥rica.

Ahora bien, candidaturas peronistas habr√° varias en las primarias y es muy probable que tambi√©n en las elecciones de octubre la identidad peronista sea un activo electoral a ser esgrimido por m√°s de un candidato. Adem√°s, nadie puede desconocer la existencia de un electorado tradicionalmente no peronista que apoya al gobierno actual; sin contar con la gran amplitud de horizontes ideol√≥gicos y pol√≠ticos que se nuclean alrededor del kirchnerismo en el mundo art√≠stico, cultural e intelectual. Por otra parte la palabra ‚Äúperonismo‚ÄĚ como sello de identidad pol√≠tica en la Argentina de hoy necesita aclaraciones adicionales. Se necesitan para saber, por ejemplo, si la persona que la invoca quiere mantener el actual r√©gimen p√ļblico de los aportes jubilatorios o volver al sistema privado-financiero o si propugna la derogaci√≥n de la Ley de Servicios de Comunicaci√≥n Audiovisual o la vuelta a la ‚Äúautonom√≠a‚ÄĚ del Banco Central o el regreso al endeudamiento masivo de las √©pocas anteriores.

Claro, el peronismo supo tener siempre latente en su interior la discusi√≥n sobre lo que Carlos Altamirano llam√≥ ‚Äúel peronismo verdadero‚ÄĚ, como si hubiera una esencia intemporal del movimiento. Por mucho tiempo la reivindicaci√≥n del peronismo verdadero se hizo desde sectores combativos pol√≠ticos y sindicales del movimiento, como santo y se√Īa de la lucha contra bur√≥cratas o conservadores en su interior. Hoy reaparece entre quienes impugnan al Gobierno bajo la forma de un peronismo abierto al di√°logo y garant√≠a del orden, contra un Gobierno innecesariamente conflictivo. No hay una esencialidad peronista al margen del tiempo y las coyunturas, aunque s√≠ puede hablarse de herencias hist√≥ricas que vienen desde el nacimiento en 1945 que, como vimos, los gobiernos kirchneristas invocaron e invocan con mucha coherencia. Dec√≠a Antonio Gramsci que la historia de un partido pol√≠tico no se reduce a la de sus congresos, sus luchas internas, sus declaraciones y plataformas; es la historia de un pa√≠s, vista desde una perspectiva de partido. El kirchnerismo es, en √ļltima instancia, el peronismo de una √©poca, el de la democracia reconquistada, el de la m√°s grave crisis de la historia nacional contempor√°nea, el de un viraje muy pronunciado en la pol√≠tica econ√≥mica, social e internacional de nuestro pa√≠s. No puede hablarse del presente y del futuro del peronismo sin resolver su relaci√≥n con este per√≠odo pol√≠tico.

La cuesti√≥n del futuro del kirchnerismo no est√° escrita en alg√ļn lado y esperando ser develada. Es una cuesti√≥n que se resolver√° en la lucha pol√≠tica, en la lucha por el poder. No son pocos los que est√°n interesados en reducirlo a una circunstancia pasajera de la pol√≠tica argentina, para volver al ‚Äúpa√≠s normal‚ÄĚ y se mueven activamente a favor de esa perspectiva. Pero no habr√° triunfo de una u otra voluntad pol√≠tica al margen del curso que tomen los acontecimientos, es decir al resultado concreto de las luchas. Al margen de si se mantiene un rumbo general despu√©s de 2015 o si se revierte dr√°sticamente. A las actuales expectativas y previsiones electorales le falta un condimento muy importante: no se sabe todav√≠a cu√°l ser√° la pol√≠tica electoral y el candidato de quienes hoy gobiernan y expresan la continuidad del rumbo.

‚ÄúEl kirchnerismo es una manera de mirar el mundo y al pa√≠s dentro de √©l‚ÄĚ, dijo Cristina Kirchner en uno de los reportajes que dio el a√Īo pasado. ‚ÄúUna manera que viene del peronismo y agrupa a muchos que no son peronistas‚ÄĚ, agreg√≥. Los d√≠as que estamos viviendo pondr√°n a prueba la consistencia de esa concepci√≥n pol√≠tica. La idea de una ‚Äúherencia‚ÄĚ del peronismo preocupa a muchos porque la identifican con su desaparici√≥n. Sin embargo, la herencia es, en pol√≠tica, la √ļnica manera de seguir vivos.

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1 Coment√°rio

Comentarios

  1. Antonio Casalduero Recuero
    10 septiembre 2014 22:07

    Aunque a muchos les duela, habr√° Cristina para rato, peronista y defensora de los derechos de los abandonados por el sistema. Con fuerza ha sabido enfrentar los denodados intentos por voltearla de la presidencia. Para los estancieros, los poderosos, los due√Īos del capital, los hacendados, los que tienen la guita, ella se ha convertido en el principal obst√°culo que impide que sigan lucrando con las necesidades de la gente.

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