Sep 19 2022
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Economía

Parques eólicos marinos en España: Respuesta a los muy honorables diputados y diputadas

El pasado miércoles, 14 de septiembre de 2022, un grupo de científicos del CSIC y de la Universidad de Girona (UdG) comparecimos delante de la Comisión de Acción Climática del Parlament de Catalunya. Por la parte del CSIC comparecimos Rafael Sardá desde el Centro de Estudios Avanzados de Blanes, y Josep Maria Gil, Ana Sabatés, Elisa Berdalet y un servidor desde el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona; por la parte de la UdG  el profesor Josep Lloret. Los 6 acudíamos en representación del grupo de 9 científicos (que incluía, a parte de los 6 mentados más arriba, a Jordi Solé, Josep Vila y Alberto Olivares) que publicamos hace unos meses un artículo científico sobre los impactos potenciales de las instalaciones eólicas marinas de gran tamaño en el Mediterráneo y más específicamente en el Mar Catalán.

Ese artículo en cuestión ha levantado cierta polémica, pues existen en la actualidad 4 proyectos para instalar parques eólicos marinos en la zona del Golfo de Roses, y se está produciendo un fuerte enfrentamiento entre sobre todo los promotores de uno de los proyectos y diversas asociaciones, incluyendo una plataforma ciudadana creada ex-profeso para oponerse a este tipo de proyectos. En este contexto, nosotros creíamos importante, como servidores públicos y expertos en el medio marino, estudiar el problema y analizar los impactos potenciales de tal instalación, con tal de ayudar al debate público (incluyendo a la propia empresa, la cual podría tomar nuestro estudio para atenuar o evitar los impactos identificados).

Sin embargo, prácticamente desde el principio, tanto desde el entorno de la empresa promotora como de algunas personas y asociaciones afines se tomaron nuestro trabajo como un ataque a sus intereses, llegando al extremo de que una cierta persona vinculada al mundo de la eólica catalana llegó a referirse a nosotros en términos bastante despectivos y prácticamente llamando a nuestro linchamiento público desde un programa de Catalunya Ràdio – incidentalmente, tras solicitar dos de mis compañeros una rectificación formal por lo sucedido que fue denegada por la cadena yo he tomado la determinación de no colaborar nunca más con ese medio.

Desde la parte de la empresa las formas han sido más moderadas, aunque ésta siempre ha insistido en la parcialidad de nuestros estudios y datos, atribuyéndonos un cierto sesgo personal en nuestras conclusiones (que no son tales, solo una simple enumeración de riesgos). Algunas personalidades del mundo político catalán han hecho suya la posición de la empresa y asumen en nosotros un sesgo y falta de objetividad, aunque nunca se entra en las cuestiones factuales y de fondo sobre lo que decimos. Lo cual, debo decir, es lógico si se tiene en cuenta que algunos de mis colegas han trabajado 3 o 4 décadas en la zona en cuestión y conocen como nadie de qué están hablando y resulta difícil contestar a lo que argumentan, presentado además como lo hacen con la objetividad y el desapasionamiento que es habitual entre los científicos.

Sin duda por ese motivo, la empresa ha promovido un manifiesto alternativo al que en su día promovimos nosotros en favor del principio de precaución, firmado por «otros científicos», los cuales estarían a favor del proyecto de parque eólico marino. Científicos que por supuesto lo son en ámbitos diferentes de la investigación del medio marino, pero en ese juego de intentar aparentar se trata de crear una sensación de la «ciencia como opinión», dando a entender que no hay consenso científico y que por tanto los argumentos de los científicos marinos no deben ser tenidos en cuenta.

Nos estafan con el diésel: la excusa es que contamina, pero en realidad se acaba"

Antonio Turiel

Nuestra comparecencia en el Parlament de Catalunya fue muy larga, un poco más de tres horas en total, con una exposición inicial de 90 minutos por nuestra parte, un poco menos de media hora de preguntas por parte de los señores y señoras diputadas miembros de la comisión, y un poco más de media hora de respuestas por nuestra parte. Pueden ver la sesión completa siguiendo este enlace (deberán saltarse los primeros 45 minutos, que corresponden a otros asuntos tratados por la comisión antes de nuestra comparecencia).

En el turno de preguntas, muchas de ellas fueron claramente dirigidas a mi presentación, la cual fue mucho menos específica sobre el problema de la eólica marina en el Golfo de Roses y mucho más genérica sobre la inviabilidad del modelo de transición renovable (si encuentro una manera de hacer un enlace más o menos permanente a la presentación completa, lo pondré aquí), especialmente por lo que respecta a los dos problemas que se supone que tiene que ayudar a resolver: el Cambio Climático y los problemas de suministro energético.

Si se fijan en el vídeo, verán como claramente mi parte despertó un interés más vivo y mayoritario entre los miembros de la comisión – lo cual me sabe mal, porque la parte de mis compañeros a mi me resultó tan o más interesante, pero no siempre fue el caso para todos los diputados y diputadas. Por eso no es sorprendente que muchos de los comentarios y preguntas fueran dirigidos a mi. Sin embargo, la premura del tiempo después de una sesión tan larga hizo que yo no pudiera contestar más que a una ínfima parte de las cuestiones que se me plantearon, así que he creído oportuno escribir este post y dar respuesta a algunas – no todas – de las cuestiones que quedaron pendientes. Vamos a ello.

Durante mi presentación mostré que hay un problema muy serio con el planteamiento que se hace en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) español y su transposición al contexto de Cataluña, particularmente porque se basa en la idea de que vamos a hacer una transición a un modelo 100% eléctrico y renovable, pero el consumo eléctrico no sube, y más bien tiene tendencia a disminuir: baja en España:

Generación eléctrica en España (GW·h). Datos de REE. Gráfica de elaboración propia.

en Cataluña:

Consumo eléctrico en Cataluya (ktep). Datos de IDESCAT.

y en Europa:

en consonancia con lo que está pasando en la mayoría de los países más industrializados. La electricidad es un vector energético importante, pero no es el dominante en nuestra sociedad: a nivel mundial representa aproximadamente el 20% de la energía final y en los países más avanzados unos pocos puntos porcentuales más. En este contexto, la pretensión de incrementar en más de un 50% la potencia eléctrica instalada en España a través de nuevos sistemas renovables es difícil de justificar.

La representante del PSC, la muy honorable diputada Sílvia Paneque, comentó sobre esto que aunque el consumo eléctrico no subiera, igualmente se debería proceder con los planes de implantación masiva de la energía renovable porque de ese modo podríamos cambiar el actual origen de la energía eléctrica aunque no crezca su consumo, la cual cosa serviría en particular, por ejemplo, para poder disminuir nuestra dependencia del gas natural.

Lamentablemente, las cosas no son tan sencillas. Como ha ido desarrollando Beamspot en sus posts sobre el sistema eléctrico español, se necesitan sistemas despachables de energía eléctrica justamente para compensar la intermitencia intradiaria y estacional de las energías renovables, y eso limita la cantidad de energía renovable eléctrica que se puede introducir. Pero es que además el planteamiento del PNIEC, o el del Proencat (al cual ahora me referiré) no es ése, no: en ambos se asume que hay un aumento del consumo eléctrico porque se va avanzando en la electrificación de los usos actualmente no eléctricos de la energía.

Teniendo en cuenta la escasa variación a lo largo de los años del porcentaje de energía final que es eléctrica en todos los países más desarrollados (en muchos casos, solo mejora un poco relativamente porque el consumo total de energía cae más deprisa que el de energía eléctrica) y que el consumo de electricidad no aumenta y de hecho en general disminuye, la realidad de los hechos contradice los estudios y modelos que se han usado para diseñar esta transición, y eso pone en tela de juicio su validez para dirigir las políticas sobre este tema.

Qué es y qué finalidad tiene la PROENCAT 2050?. Instituto Catalán de EnergíaJustamente sobre esto último, la Sra. Paneque me cuestionó sobre si yo consideraba que el Proencat no era un documento «científicamente riguroso», haciendo evidente su escepticismo hacia lo que yo dijera si no aceptaba el Proencat. La Prospectiva Energètica de Catalunya es un informe elaborado por el Institut Català de la Energia para proponer un marco en la transición energética en el ámbito de Cataluña hasta el año 2050. Como le expliqué a la señora Paneque, todo estudio técnico tiene siempre un marco de definición y aplicación, un conjunto de hipótesis explícitas e implícitas a partir del cual se ha desarrollado.

Le comenté el caso de nuestro trabajo de 2012 sobre la transición energética que luego fue superado (y que ya comenté en un post anterior), y que en ciencia las cosas no son simplemente «estar bien» o «estar mal»: toda verdad humana es siempre provisional, y estos trabajos nos permiten comprender el marco en el cual nos movemos y eventualmente mejorarlo y ampliarlo en sucesivos estudios. En el caso concreto del Proencat, es un trabajo que se desarrolló en un marco socioeconómico diferente al que tenemos actualmente: ahora mismo, los costes de las materias primas no son los que se usaron en el Proencat, ni se puede dar por segura su facilidad de suministro: por ejemplo, debido a los altos precios de la energía las sucesivas reducciones en la producción europea de aluminio han llevado a una caída total del 50% de la producción ahora mismo y los inventarios están en mínimos.

Por más que le sorprenda a la Sra. Paneque, el Proencat no tiene ninguna validez ahora mismo: se debería rehacer completamente, sobre la base de hipótesis más realistas sobre la disponibilidad y coste de la energía y los materiales. De hecho, se debería modificar completamente la metodología, porque desde ICAEN no han sido capaces de anticipar un problema que, sin embargo, sí que se podía modelizar y se ha modelizado con los modelos Medeas y Locomotion que desarrollaron nuestros compañeros del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid (y hay pocas excusas para no usar al menos Medeas, cuando fue adaptado a Cataluña por encargo de la propia Generalitat).

Lo más triste del caso es que hace 10 años, el ICAEN hacía informes en los que consideraba probable la llegada del peak oil en la siguiente década y en los que se explicaban qué medidas sería necesario tomar para adaptarse a él. Ahora que por fin hemos rebasado ese punto histórico (fue en noviembre de 2018) ya nadie habla del peak oil en el ICAEN (excepto algunos trabajadores que me encuentro por la calle y me dicen que están conmigo pero que no pueden hablar públicamente: signo de estos tiempos).

Del comentario de la Sra. Paneque, en realidad, me sorprendió y me preocupó su visión de qué es y cómo se usa la evidencia científica, porque me parece que es una manera de hacer generalizada en los estamentos políticos. Por una parte, parece que consideran que un informe técnico es algo definitivo, la última palabra en una cuestión, en vez de un documento de trabajo y en progreso, especialmente cuando se trata de cuestiones complejas, no bien conocidas y de largo alcance. Eso hace que hayan leído el Proencat y consideren que ya está, que no hace falta leer ni evaluar más.

Sé – ya me lo he encontrado antes – que me dirán que la acción política no puede permitirse el lujo de ser tan diletante como el mundo académico, que tienen que ir haciendo cosas y trabajar a partir de lo que hay. Mala excusa, porque justamente el mundo académico te está diciendo, en este caso, que hay cosas que no cuadran, y por mucho, en la referencia que estás tomando. Aquí no estamos hablando de estudiar más, sino de que la evidencia que tenemos muestra que nos estamos desviando, a lo bestia, de lo previsto y que hay que hacer urgentemente una reevaluación, y la respuesta no puede ser: «no, ya hicimos una evaluación, tenemos que ir trabajando, no podemos esperar». De hecho, estoy seguro de que si a los técnicos (no a los altos cargos) de ICAEN se les preguntase si creen que se debe reevaluar el Proencat dirían que sí, aunque me temo que nadie les va a preguntar.

En todo caso, me molesta profundamente que delante de un contraste de cuestiones factuales la respuesta sea contraponer un supuesto nivel de rigurosidad, como si las discusiones científicas fueran un debate de opiniones. Así pues, en otro momento y como alternativa a los datos y cuestiones que les habíamos presentado dijo que quería también contrastarlos con «los datos de otros científicos» (básicamente la opinión de los tecnólogos no ambientalistas que comentábamos más arriba, más los del estudio publicado por la empresa en una revista filibustera con tales errores metodológicos y deontológicos que da vergüenza ajena leerlo, algunos de los cuales fueron comentados por mis compañeros y compañeras).

De ese modo, la Sra. Paneque traslada la batalla dialéctica de la acción política (en el que se discuten cuestiones de opinión como son las ideologías) al mundo de la ciencia, donde tal cosa no tiene cabida. Porque 2+2 son 4, da igual la opinión que pudiera tener alguien sobre eso. En cuestiones más complejas, como la que aquí nos ocupa, si los datos presentados en uno y otro estudio fueran contradictorios, lo que se debe hacer es un nuevo trabajo de intercomparación y examinar las diferencias observadas y entender por qué se han producido hasta llegar a una conclusión; lo que en ningún caso se haría es elegir uno u otro trabajo en función de las preferencias personales. La verdad en ciencia es una, no múltiple, y no es una cuestión de preferencia o elección. Sinceramente, es muy preocupante esta aproximación a los resultados científicos, y más grave que ciertos intereses económicos estén promoviendo tal confusión y se les siga el juego.

En otro momento la Sra. Paneque quiso saber qué pasaría si no hiciéramos nada, dando a entender que si no hacíamos el parque eólico marino las emisiones de CO2 seguirían subiendo y con ellas el Cambio Climático, y que probablemente esa biodiversidad del Golfo de Roses que tanto nos preocupa se vería igualmente afectada e incluso destruida (de hecho, llegó a preguntarnos «cuánto duraría»). Este tipo de razonamiento tan falaz está desde hace unos meses en el argumentario de los promotores de uno de los proyectos, precisamente para intentar contrarrestar los argumentos que nosotros les damos, y me sorprendió muy negativamente que la Sra. Paneque lo hubiese adoptado tan acrítica e infundadamente.

En primer lugar, es dudosísimo que un parque eólico marino en el Golfo de Roses contribuya en modo alguno a disminuir las emisiones de CO2, ni siquiera proporcionalmente a su producción neta de energía. Como yo había comentado durante mi presentación, el hecho es que a pesar de todas las políticas implementadas a lo largo de las décadas por la Unión Europea no se ve el más mínimo reflejo de las mismas en el conjunto de emisiones de CO2 del mundo, que no solo no disminuyen (como sería necesario), no solo no se mantienen (lo cual ya sería grave) sino que aumentan cada año que pasa, solamente reducidas momentáneamente y de manera ligera durante la crisis del 2008 o al principio de la pandemia de CoVid-19.

La respuesta habitual a este hecho indudable es que la Unión Europea está haciendo su parte, pero las emisiones del resto del mundo (por ejemplo, de China) aumentan tan rápidamente que no se ve el efecto de las políticas que estamos implementando aquí. Sin embargo, cuando uno le sigue el rastro a las emisiones asociadas a los productos que se fabrican en China y otros lugares pero que son consumidos aquí, nos damos cuenta de que las emisiones de CO2 reales de los países europeos (contando las emisiones medidas más las implicadas por ese intercambio de productos) son entre un 20 y un 50% superiores a las declaradas. En suma, hemos camuflado nuestras emisiones reales por el procedimiento de deslocalizar nuestra producción más contaminante a otros países. Decimos que luchamos contra el Cambio Climático, pero en parte esa «lucha» ha consistido en poner la basura en otro sitio.