El histórico Partido Demócrata Cristiano que se formó en Chile en la década del 50 del siglo pasado (y cuyo antecesor, la Falange Nacional, en los 30), dejó de existir a fines de los 80.
Estamos hablando del partido cuyo gobierno (1964-1970) logró una Reforma Agraria para terminar con el semi-feudal sistema de haciendas; que logró, por fin, legalizar la sindicalización campesina; que comenzó en el agro con las empresas de trabajadores; que hizo una profunda Reforma Educacional e hizo efectiva finalmente la educación primaria obligatoria en todo el país.
El partido que comenzó el proceso de nacionalización del cobre; que obtuvo la constitución legal de las Juntas de Vecinos en todo el país; que promovió notablemente el movimiento cooperativo y el sistema de autoconstrucción de viviendas; y que –entre otras cosas– desempeñó un papel crucial en la creación del Pacto Andino formado por Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú (1969); del Consejo Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre (CIPEC), conformado por Chile, Perú, Zambia y Zaire (1967); y en el Consenso Latinoamericano de Viña del Mar (1969) que por primera vez logró un planteamiento común de la región vis-à-vis de los Estados Unidos.
Además, estamos hablando de un Partido, cuya Democracia Cristiana Universitaria desempeñó un papel crucial (dado que presidía la mayoría de las federaciones de estudiantes universitarios) en el logro de la Reforma Universitaria en los 60 que incluyó la institución del co-gobierno de las universidades por académicos, estudiantes y administrativos.
Y, por cierto, de un Partido que desempeñó un muy importante papel en la lucha contra la dictadura y en la creación –entre otras entidades– de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, del Grupo de los 24, de la Alianza Democrática y de la Concertación de Partidos por la Democracia.
Que específicamente elaboró en la primera mitad de los 80 –a través de decenas de comisiones y de dos grandes seminarios– un “Proyecto Alternativo” que se expresó en cuatro volúmenes (que sumaron más de mil páginas) de total cuestionamiento al modelo neoliberal impuesto por la dictadura y de propuestas de sustitución de aquel en todos los ámbitos.
Sin embargo, desgraciadamente, su liderazgo jugó también un papel fundamental (en conjunto con el de los demás partidos de la Concertación) en el viraje en 180° experimentado por el conglomerado a fines de los 80, producto de una “convergencia” con la derecha como lo denominó el máximo ideólogo de la Concertación, Edgardo Boeninger (en su libro escrito en 1997: Democracia en Chile. Lecciones para la Gobernabilidad, Edit. Andrés Bello), “convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer” (p. 369).
Es por ello que luego de seis gobiernos de “centro-izquierda” (ininterrumpidos, cuatro de ellos, entre 1990 y 2010) todavía sufrimos el modelo impuesto por la dictadura, con sus privatizaciones, AFP, Isapres, Plan Laboral, universidades privadas con fines de lucro, sistema tributario que permite la “elusión” de los más ricos, etc.
Peor aún, dichos gobiernos procedieron a profundizar dicho modelo a través de un aumento significativo de las privatizaciones en favor de grandes grupos económicos nacionales y extranjeros, ¡particularmente en el cobre en que hoy más del 70% de su gran minería está privatizada!; ¡del exterminio de los numerosos medios de prensa de centro-izquierda que existían en 1990 y que desaparecieron con la total discriminación del avisaje estatal y de los bloqueos de ayudas extranjeros que les infringieron!.
de la efectiva inserción solitaria y subordinada de Chile a la globalización neoliberal a través de múltiples TLC, lo que ha provocado una consolidación del carácter primario-exportadora de nuestra economía, abandonando todo proyecto de industrialización y de integración latinoamericana.
Para graficar en toda su extensión (¡y patetismo!) el giro copernicano del PDC (y de la Concertación) tenemos a la vista expresiones del mismo Alejandro Foxley, primero como el exponente económico fundamental del PDC en 1984 (“Marco Programático Global”) en un Seminario del “Proyecto Alternativo”; y, luego, como senador en 2000, y ya habiendo sido ministro de Hacienda de Aylwin (1990-1994) y presidente del PDC (1994-1997).
Foxley 1984:
«El proyecto de transformación económica y social (de la dictadura) se inspira en ideas extranjeras que buscan convertir al hombre en un consumidor y a la sociedad en un gran mercado. Se trata de un proyecto neoliberal. De acuerdo a este modelo de sociedad, las relaciones entre los individuos estarán reguladas a través de su intercambio mercantil. El anonimato del mercado diluirá los conflictos.
El ‘dulce comercio’ temperará las pasiones. La ‘mano invisible’ administrará con generosa equidad los recursos escasos. Se nos dice: en este mundo todo tiene su precio. Incluso los derechos individuales son transables en un mercado (…) El proyecto concibe un conjunto de ‘modernizaciones’, a través de las cuales se asegurará el imperio del mercado y de los ‘precios’ en la educación, en la salud, en la previsión y hasta en la justicia. Se abre la economía abruptamente al exterior, como definitiva e ingenua prueba de nuestra seriedad libre-mercadista.
Se entregan los bienes del Estado a unos pocos privilegiados a bajo precio. Se les concede a estos el derecho a endeudarse sin límites, hasta que terminan hipotecando el futuro del país por una década. En suma, se da libre uso al libertinaje económico, mientras se suprimen al mismo tiempo todas las otras libertades (…) Se crea una pequeña casta de privilegiados. Estos concentran en sus manos el patrimonio como nunca antes en el país. Se impone un estilo de desarrollo excluyente y concentrador” (Seminario de profesionales y técnicos humanistas cristianos.- Proyecto Alternativo, Tomo I; Edit. Aconcagua, 1984; pp. 113-4).
Foxley 2000:
“Pinochet realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este
siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después, al cual están tratando de encaramarse todos los países del mundo. Hay que reconocer su capacidad y la del equipo de economistas que entró a ese gobierno el año 73, con Sergio de Castro a la cabeza, en forma modesta y en cargos secundarios, pero que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar –que creía en la planificación, en el control estatal y en la verticalidad de las decisiones- de que había que abrir la economía al mundo, descentralizar, desregular, etcétera.
Esa es una contribución histórica que va perdurar por muchas décadas en Chile y que, quienes fuimos críticos de algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histórica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prácticamente por todos los sectores. Además, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese período, esa contribución a la historia ha estado permanentemente ensombrecida” (“Cosas”; 5-5-2000).
Por cierto, contrastes como los anteriores (que, además, no fueron “monopolio” DC dentro de la Concertación…) no significaron ningún demérito en la trayectoria política de Foxley, quien se desempeñó posteriormente como canciller de Michelle Bachelet entre 2006 y 2009.
![[ARCHIVO] Presidenta: “En la tarea de construir nuestro mañana, la DC ...](https://s3.amazonaws.com/gobcl-prod/filer_public_thumbnails/filer_public/34/5b/345b2c0a-2bb3-4438-a052-347b5170daac/aim_4725-660x461.jpg__1440x2000_q70_subsampling-2.jpg)
Ni menos una nacionalización del cobre y del litio; o una política estatal de fomento de la industrialización; o una promoción de la integración latinoamericana.
Es decir, no hay ningún signo que insinúe siquiera un renacimiento del auténtico PDC de otrora, inspirado por la fraternidad, la justicia social y el protagonismo popular; lo que implicaría el consiguiente rechazo de una sociedad sustentada en el individualismo y liberalismo económico, y con estructuras que, entre otras cosas y desde hace muchos años, causan el horror de la muerte de decenas de miles de personas al año, mientras permanecen en listas de espera para recibir una atención de salud que el sistema no les da…
Después de la última paletada… nadie dijo nada…
Ya no brilla el sol de nuestras juventudes… la noche (y el PDC) muere en el ayer… y como decía Don Quijote, “Cosas veredes Sancho…”
El lunes recién pasado por la tarde, el ex-Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle invitó a su residencia al candidato presidencial José Antonio Kast, un gesto de indudables contornos políticos, como se hizo evidente desde el momento en que el encuentro se hizo de conocimiento público.
En su declaración posterior, Frei afirmó haber encontrado importantes coincidencias con JA Kast en aspectos fundamentales de su programa de gobierno, en el curso de conversación de una hora, «quality time» dirían en Londres.
En ese contexto, era inevitable interpretar todo el asunto en clave de apoyo de Frei a la candidatura presidencial de JA Kast. Esto no es menor, Frei es la única figura nacional democristiana, su gesto abre los espacios para que las generaciones de militantes y simpatizantes que recuerdan y conocieron a Frei Montalva, procedan tranquilos si deciden votar por Kast en la elección presidencial del catorce de diciembre próximo.
?Se mueven las agujas electorales con este gesto de Frei Ruiz-Tagle? Probablemente no de manera sustancial cuando la mayor parte de las decisiones ya están hechas, pero el ruido mediático en los medios impresos electrónicos y audiovisuales copó las pantallas y portadas, además de lanzar a Parisi y su PDG a la trastienda por varios días.
De forma previsible, el Senador Huenchumilla, actual presidente del PDC, reaccionó con fuerte pataleta de lenguaje melodramático, seguido en similares tonos por otros integrantes de la directiva, mientras dos militantes enviaban un libelo al Tribunal Supremo del Partido pidiendo la expulsión de Frei Ruiz-Tagle.
Esto último traería una discusión de rasgos escandalosos, la cual parece aconsejable evitar en las actuales circunstancias. En la elección de diputados y senadores al Congreso, la DC obtuvo un 4.24%, se salvó de la disolución al conseguir elegir siete diputados que son militantes, un octavo resultó elegido en calidad de «independiente en cupo de».
Claramente, el PDC no pareciera estar en condiciones de dar espectáculo.
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