Al participar de manera virtual en un foro organizado por la cadena Al Jazeera, la relatora especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, describió como un desafío “el hecho de que, en lugar de detener a Israel, la mayoría de los países del mundo lo hayan armado, le hayan proporcionado excusas políticas, un paraguas político y también apoyo económico y financiero” para cometer el genocidio contra el pueblo palestino que tiene lugar desde 1948 y se aceleró a partir de octubre de 2023.
Asimismo, denunció como enemigo común al sistema que no permite llevar ante la justicia y poner fin a los crímenes de Israel.
En respuesta, París y Berlín han pedido la renuncia de Albanese por considerar “escandalosas y culpables sus declaraciones que no se dirigen al gobierno israelí, cuya política puede ser criticada, sino a Israel como pueblo y como nación”, que “ya se había permitido numerosos excesos en el pasado” y “no puede continuar en el cargo”.
En lugar de defender a la funcionaria ante los ataques, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, señaló
que no comparte el “lenguaje” de la relatora especial, pero respaldó su derecho a expresarse dentro del mandato que le ha sido conferido, después que el canciller alemán Johan Wadephul pidiese su dimisión por haber criticado duramente a Israel.
La embestida contra Albanese denota la incomodidad de las potencias occidentales con una de las poquísimas voces que ha tenido la valentía, la congruencia y un auténtico sentido del deber para denunciar la limpieza étnica desatada por Tel Aviv no sólo en Gaza, sino también en Cisjordania.
En una conferencia organizado en Doha el pasado sábado, 7 de febrero, Albanese sostuvo por videoconferencia que Israel era el «enemigo común de la humanidad», responsable de un «genocidio» en la Franja de Gaza. Albanese, sin embargo, niega haber hecho tal afirmación. Albanese recalcó posteriormente en X que «el enemigo común de la humanidad es el sistema que ha permitido el genocidio en Palestina, incluyendo el capital financiero que lo financia, los algoritmos que lo ocultan y las armas que lo posibilitan».
«No me corresponde defender ni criticar las declaraciones de Albanese, quien tiene derecho, como relatora especial, a expresarse dentro del mandato que le ha sido conferido», dijo en nombre de Guterres su portavoz, Stephan Dujarric, en una rueda de prensa. Agregó que quienes discrepen con su labor «cuentan con mecanismos establecidos para canalizar sus objeciones, al igual que ocurre con cualquier otro titular de mandato».
Asimismo, destacó que los relatores especiales son «fundamentales» dentro de la arquitectura global de derechos humanos, y defendió que muchos de estos mandatos han «contribuido de manera significativa a visibilizar situaciones de derechos humanos en distintas partes del mundo».
Incomoda la denuncia de genocidio
Al pedir, exigir, la destitución de la diplomática italiana, los gobiernos de Friedrich Merz, de Emmanuel Macron y los que se sumen al golpeteo no hacen sino confirmar los dichos de Albanese y exhibir hasta qué punto está dispuesto a llegar el sistema de complicidades para facilitar el exterminio del pueblo palestino. Cuando estos dirigentes hacen más para remover a quien denuncia un genocidio que para detener a quienes lo perpetran, recuerdan que Albanese no sólo tiene razón: se queda corta en sus aseveraciones.
Es preciso remarcar que la dimisión de Albanese incrementaría la vulnerabilidad del pueblo palestino al eliminar uno de los pocos resquicios en el muro de silencio impuesto por Israel, sus aliados y la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación, cuyas direcciones deponen, hace mucho tiempo sacrificaron la verdad al servicio del sionismo.
Sería de particular gravedad en momentos en que Estados Unidos se apresta a completar lo iniciado por Israel mediante el robo de toda la tierra de Gaza y su conversión en una serie de complejos turísticos, residenciales y corporativos para ricos y ultrarricos, mientras el régimen de Benjamin Netanyahu acelera la creación de asentamientos ilegales con el desplazamiento forzoso de palestinos en Cisjordania.
En julio del año pasado, Estados Unidos ya impuso sanciones a Albanese, a la que acusa de «antisemitismo descarado» y de llevar a cabo una «campaña» contra Israel.
Hoy nadie puede cerrar los ojos ante la realidad: como ideología colonialista y de supremacismo racial, el sionismo y quienes le prestan apoyo material, político, diplomático o propagandístico, así como quienes prefieren mirar hacia otra parte para preservar oportunidades profesionales y de negocios, sin duda son el enemigo común de toda nación, todo pueblo, organismo y persona que defienda la libertad de expresión, el derecho a la vida, la justicia, la tolerancia, la autodeterminación y la dignidad humana., señala un editorial del diario mexicano La Jornada.
Desde su casa en La Marsa, Túnez, frente al Mediterráneo que une su Italia natal con Gaza, Francesca Albanese libra una de las batallas más solitarias e intensas de la diplomacia internacional. Relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, su trabajo la ha convertido en símbolo de resistencia y en blanco de una campaña de acoso global. El terremoto de 1980 y la masacre de Sabra y Chatila forjaron su conciencia política. “Palestina fue la primera palabra de la injusticia que oí”, señaló en una entrevista
“Nunca he podido entrar en Gaza o Cisjordania desde que empecé mi mandato en 2022. Pero no acepto los obstáculos: los convierto en herramientas”. Su informe Anatomía de un genocidio (2024) la enfrentó a sanciones de Estados Unidos y amenazas personales.
Los ataques han escalado tanto, por ejemplo, que el embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon, llegó a acusarla en octubre de “bruja malvada” desde su escaño en Naciones Unidas en Nueva York mientras ella se veía obligada a explicar por pantalla su último informe.
Estados Unidos le ha prohibido entrar al imponerle sanciones similares a las que afectan a jueces y personal de la Corte Penal Internacional (CPI) que investiga a Israel. Desde julio, su casa y la cuenta corriente de la pareja en Washington han quedado bloqueadas tras ser acusada de ser “amiga de terroristas”, un extraño estatus cargado de arbitrariedad que nadie ha probado en procedimiento ninguno.
Cuando se le pregunta si Gaza es el cementerio de la justicia, atina a responder que «Gaza nunca ha sido un pilar de la justicia, sino de la injusticia, porque desde 1948 es un gueto. Donde se está muriendo y enterrando la ley es en Washington, en Bruselas, en las capitales de los países occidentales. Están poniendo los recursos para hundir el sistema internacional de justicia y proteger a Israel y sus aliados árabes. Y el verdadero idiota de esta historia es Europa. Europa no ha entendido nada», remata ante los periodistas.
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