Oct 7 2007
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Opini贸n

A LA DERECHA DE ATILA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El 煤nico precedente que se recuerda en que un gran Estado moderno haya sido destruido por las potencias imperialistas que lo ocuparon, es Polonia, pa铆s al que Rusia, Prusia y Austria desmembraron hasta disolverlo y durante m谩s de 100 a帽os borraron del mapa europeo y cuyo renacimiento como Estado se asocia a los Tratados de Versalles, adoptados al finalizar la Primera Guerra Mundial.

Parad贸jicamente, entonces Estados Unidos marc贸 la diferencia cuando, a pesar de resultar vencedor en aquella contienda, se abstuvo de participar en la pi帽ata territorial que hizo desaparecer los imperios austro-h煤ngaro y otomano, permiti贸 el reparto de las colonias de los pa铆ses derrotados y favoreci贸 el nacimiento de varios Estados.

En aquella coyuntura hist贸rica, cuando se estrenaban como la principal potencia mundial, bajo la direcci贸n de Woodrow Wilson Estados Unidos 鈥搎ue no necesitaban territorios, entre otras cosas, porque en virtud de la Doctrina Monroe, dispon铆a del monopolio sobre toda la Am茅rica Latina鈥 auspici贸 la creaci贸n de la Sociedad de Naciones, proyecto que ser铆a la base de un sistema de seguridad internacional que, aunque no lleg贸 a concretarse, evidenci贸 una intenci贸n alejada de la rapi帽a.

La idea fue redondeaba por Roosevelt que, en octubre de 1941, antes de entrar en la guerra, suscribi贸 con Churchill la Carta del Atl谩ntico a cuyos postulados se sum贸 Stalin y en la que, por primera vez, las potencias participantes en una guerra renunciaban a conquistas territoriales y ofrec铆an garant铆as, a los pueblos de los pa铆ses vencidos de que sus derechos, incluidas sus fronteras nacionales, ser铆an respetados.

La victoria en la II Guerra Mundial, por medio de la cual la humanidad fue liberada de la m谩s reaccionaria y agresiva ideolog铆a que haya existido, lograda de conjunto con la Uni贸n Sovi茅tica y Gran Breta帽a y la ulterior reconstrucci贸n de Europa, proporcionaron a Estados Unidos, adem谩s de la oportunidad de desarrollar su industria, hacer crecer su econom铆a y reforzar su moneda, un prestigio enorme y un inmenso capital pol铆tico que le sirvi贸 para consolidar su liderazgo sobre occidente durante la Guerra Fr铆a.

La implosi贸n que liquid贸 al socialismo real y provoc贸 la destrucci贸n de la Uni贸n Sovi茅tica, situaci贸n que cre贸 un caos social y econ贸mico en la mitad de Europa, dispers贸, desorganiz贸 y desconcert贸 a las fuerzas progresistas de todo el mundo y ocasion贸 un inmenso vac铆o de poder, que por gravedad desemboc贸 en el mundo unipolar, dio a los gobernantes norteamericanos la oportunidad de redefinir su estrategia y avanzar hac铆a la construcci贸n de un poder hegem贸nico global bajo su rectorado.

Sin ning煤n adversario capaz de retarlo en ning煤n terreno y sin riesgos de que ello pudiera ocurrir en un futuro previsible, los Estados Unidos se dedicaron a explotar el 茅xito, estimulando los conflictos de todo tipo, de modo que en el espacio ex sovi茅tico no pudiera sobrevivir ninguna alianza pol铆tico militar. En esa coyuntura, la 茅lite m谩s conservadora y ultrareaccionaria, catapult贸 a Bush al poder para acelerar los procesos conducentes a la hegemon铆a mundial.

El resto de la historia la aportan los hechos del 11/S que dieron a la Administraci贸n Bush la cobertura pol铆tica necesaria para lanzar una nueva cruzada, destinada a apoderarse de recursos estrat茅gicos vitales para su proyecto hegem贸nico.

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Lo que nadie pod铆a suponer es que para la realizaci贸n de su estrategia, Estados Unidos llegara a los niveles de barbarie que ha alcanzado y que acaban de lograr su cl铆max con el perverso y fascista acuerdo del senado norteamericano para disolver a Iraq y crear en su territorio tres entidades artificiales, dicho sea de paso, de car谩cter confesional.

De concretar semejante propuesta, el Senado norteamericano crear铆a un vac铆o de diez mil a帽os en la historia de la cultura humana y sepultado p谩ginas que explican por qu茅 y c贸mo la civilizaci贸n alcanz贸 las cumbres que hoy ocupa.

El acuerdo del Senado estadounidense es m谩s horripilante que las bulas papales que convalidaron el saqueo de Am茅rica y el extermino de sus pueblos, m谩s imperialista que el Tratado de Tordesillas que reparti贸 el mundo entre Espa帽a y Portugal, m谩s criminal que el Pacto de Munich que desmembr贸 a Checoslovaquia y m谩s injusto que la expulsi贸n de los jud铆os de los pa铆ses europeos, donde hab铆an nacido por generaciones, y su exterminio.

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* Periodista, ensayista y escritor.
En la agencia independiente de noticias argentina www.argenpress.info

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