Oct 18 2013
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CulturaOpini贸n

A prop贸sito de la Iglesia: La sordera no se cura con gritos

Si fu茅ramos pasajeros de un 贸mnibus que recorre un camino de cornisa conducido por un chofer sordo a alta velocidad seguramente entrar铆amos en p谩nico y comenzar铆amos a gritar desesperados. Pero seguramente llegar谩 un momento en que nos daremos cuenta de que gritar no resuelve el problema e intentaremos que el chofer se detenga para bajarnos del 贸mnibus o reemplazar al chofer.

Los tiempos que corren nos presentan situaciones que amenazan con romper el equilibrio del mundo y de los que habitamos en 茅l.

Sin caer en tremendismos apocal铆pticos o infundados, es razonable la preocupaci贸n por cuestiones que se agudizan a pesar de las continuas advertencias de organismos y personas conscientes de los problemas. Esos mensajes y advertencias permanentes son como los gritos de los pasajeros que advierten que si el 贸mnibus no frena se va a estrellar, habr谩 muertos y heridos, y el veh铆culo se convertir谩 en chatarra para vender.

La ONU y sus agencias, las ONG, los movimientos sociales, las organizaciones ecologistas o altermundistas, el Papa y otros tantos l铆deres mundiales viven dando advertencias, denunciando situaciones intolerables, se帽alando que este mundo se desplaza a gran velocidad por una cornisa. Pero los grandes responsables a nivel mundial 鈥搇os pa铆ses ricos, las corporaciones multinacionales, los organismos financieros鈥 son como el chofer sordo que no suelta el volante, ni escucha los gritos, ni se preocupa por los pasajeros, ni cambia la ruta.

Con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentaci贸n, que nos presenta 鈥渦no de los desaf铆os m谩s serios para la humanidad: el de la tr谩gica condici贸n en la que viven todav铆a millones de personas hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos ni帽os鈥, el papa Francisco envi贸 un Mensaje al Director General de la FAO. Sin ninguna duda el hambre de 870 millones de personas en un mundo de siete mil millones de habitantes donde la potencialidad productiva ser铆a capaz de alimentar casi al doble, a 12 mil millones, es un dato tan escalofriante como incomprensible. 鈥淓s un esc谩ndalo que todav铆a haya hambre y malnutrici贸n en el mundo鈥, dice el Papa.

El mandato del sistema es acumular a cualquier precio, los fuertes prevalecen en el af谩n de acumulaci贸n y los d茅biles son las v铆ctimas. La ley de la selva tiene sentido s贸lo en la selva. Pero el capitalismo neoliberal se sustenta b谩sicamente en la premisa del mercado como espacio absoluto donde se decide el destino, donde mandan los fuertes que no s贸lo se enriquecen sino que tambi茅n son los que ponen las reglas para que esta din谩mica se perpet煤e.

El endeudamiento impagable de los pa铆ses pobres 鈥搕rampa mortal inducida por los pa铆ses ricos鈥 genera hambre. Se calcula que Africa, actualmente, devuelve en concepto de intereses de la deuda una cantidad cuatro veces superior a la que recibe en la partida de ayudas para el desarrollo. Los acreedores, en general pa铆ses ricos prestamistas, presionan de acuerdo con sus intereses para que los pa铆ses pobres recauden para pagarles exportando las materias primas que producen. De ese modo 鈥揺ste ser铆a otro elemento causal鈥 los pa铆ses endeudados pierden su soberan铆a alimentaria, es decir su capacidad de aplicar al consumo y necesidad propia los alimentos que producen al verse obligados a exportarlos.

No obstante, muchos pa铆ses pobres intentan destinar productos propios al consumo interno, pero el libre mercado los amenaza con productos importados mucho m谩s baratos. Podr铆amos mencionar tambi茅n la especulaci贸n financiera con los alimentos, en especial despu茅s de la crisis de 2008. Especular es buscar la ganancia por encima de darle al producto su destino final. Especular con alimentos significa muchas veces acaparar o retirar del mercado (e incluso tirar a la basura) alimentos para manipular el precio de acuerdo con la propia ganancia y no con la necesidad.

A esto ha contribuido tambi茅n el uso de materias primas para fabricar combustibles frente a la pronosticada escasez del petr贸leo. Los agrocombustibles han crecido en su rentabilidad y esto ha potenciado la especulaci贸n. A pesar de que contaminan 35 por ciento menos que los combustibles f贸siles, para aumentar las tierras disponibles para producirlos ha crecido un 25 por ciento la deforestaci贸n. Estamos en la misma.

鈥淎lgo tiene que cambiar en nosotros mismos, en nuestra mentalidad, en nuestras sociedades鈥, destaca el papa Francisco, se帽alando que un 鈥減aso importante es abatir con decisi贸n las barreras del individualismo, del encerrarse en s铆 mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa; y esto, no s贸lo en la din谩mica de las relaciones humanas, sino tambi茅n en la din谩mica econ贸mica y financiera global鈥.vaticano cardenales1

Pero tendr谩 que haber un momento 鈥搕al vez ya estemos en 茅l鈥 en que nos demos cuenta de que gritarle a un sordo no surte efecto. Si el sordo indiferente no te escucha, al menos es importante que te vea, y le obstruyas el camino. Son necesarios los gestos, la rebeld铆a y la oposici贸n. Algo de eso va surgiendo 鈥揳unque de modo ca贸tico鈥 en los 鈥渋ndignados鈥. Pero como Iglesia quiz谩 no los estemos acompa帽ando, miramos desde fuera como hemos visto desde fuera al mundo antes del Concilio Vaticano II.

Pareciera que en el presente tambi茅n nos es costoso implicarnos en b煤squedas simb贸licas de la justicia global y en manifestaciones de rebeld铆a colectiva pac铆fica contra la causa 煤ltima de tantas desgracias. Es m谩s frecuente ver a la Iglesia y sus miembros implicados en manifestaciones p煤blicas sobre temas relacionados con la familia o la moral sexual. C贸mo le cuesta a la Iglesia canonizar (aunque el pueblo muchas veces ya los venera en su religiosidad) a los santos rebeldes como Oscar Romero y tantos m谩rtires latinoamericanos.

No basta con la suma de la moral individual, hay que elaborar respuestas colectivas. No nos bastan los documentos de la doctrina social, hemos de pensar y ejecutar acciones directas contra las causas del hambre, descartando la violencia pero asumiendo los riesgos de generar conflictos y de perder privilegios. No podemos pensar que s贸lo las colectas o los paliativos resolver谩n el problema grav铆simo del hambre, m谩s all谩 de nuestra fidelidad incondicional a estar cerca de los que sufren hambre: 鈥渢uve hambre y me diste de comer鈥 (Mt, 25).

Hemos de apoyar institucionalmente y participar en las iniciativas que existen en las redes de la econom铆a social y solidaria, el cooperativismo, el comercio justo, etc., buscando construir un nuevo paradigma, el de la cooperaci贸n, la gratuidad, la reciprocidad, la solidaridad. Hemos de acompa帽ar, apoyar y participar en los movimientos antiglobalizaci贸n, el Foro Social Mundial u otras iniciativas regionales. Debemos superar tambi茅n las barreras confesionales y elaborar estrategias de construcci贸n social con todos los espacios sociales, religiosos o laicos que busquen lo mismo. Muy posiblemente muchas de estas iniciativas est茅n prontas a germinar y muchas ya van dando frutos. Pero para que tengan un efecto decisivo, deben tener ra铆ces colectivas.

Tambi茅n pienso que el concepto de 鈥渃omuni贸n鈥 en la Iglesia debiera ir m谩s all谩 de la mera desobediencia de sus normativas can贸nicas. La comuni贸n tiene que ver con el amor y la ruptura de la comuni贸n tiene que ver con el pecado y la injusticia en especial contra los pobres. Ser responsables del hambre y la miseria es un pecado contra la comuni贸n mucho m谩s grave que apoyar el sacerdocio femenino. Hemos visto en Argentina tirar litros y litros de leche al suelo para protestar por el precio y acumular durante meses el grano en los silos. 驴Ser铆amos capaces de poner fuera de la comuni贸n de la Iglesia a los responsables de estos atropellos si se confiesan cristianos?

La sordera no se cura con gritos, hay que rebelarse contra el chofer y evitar que el 贸mnibus se haga pedazos sino que siga su viaje.

* Grupo de Curas en la Opci贸n por los Pobres. Publicado en P谩gina 12

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