Ago 7 2023
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Opini贸n

A quienes deberle los estados de bienestar

En la lucha ideol贸gica entre derechistas e izquierdistas ha salido a relucir el denominado Estado de Bienestar, esto es la situaci贸n que viven muchos pa铆ses de la Tierra reconocidos por sus pergaminos democr谩ticos, pero en los que no existir铆an niveles de desigualdad social tan pronunciados como los de Chile y un buen n煤mero de otros pa铆ses. Los ejemplos de Suecia, Finlandia, Alemania y otras naciones europeas son recurrentes en todos los debates, a excepci贸n de los Estados Unidos en que para nada resulta paradigm谩tica su condici贸n a la luz de sus pronunciadas inequidades y alta concentraci贸n de la riqueza.

Hoy en d铆a, al hablar de capitalismo se alude a la propiedad privada de los medios de producci贸n y a la subsidiariedad practicada por los estados que lo aplican conforme a su constituci贸n pol铆tica y leyes. Pero entre un pa铆s capitalista y otro suelen haber abismales diferencias. Cierto es que los socialismos (o capitalismos de estado) est谩n en extinci贸n, lo que les da p谩bulo a muchos para asegurar el triunfo definitivo del libre mercado como, de paso, proclamar el fracaso de aquellas experiencias en que se le asignaba al Estado el rol rector de la econom铆a.

Pero de todo hay en las 鈥渧i帽as鈥 del capitalismo. Muy distinto es lo que sucede en Dinamarca, como en Brasil, la Argentina o el propio Chile. Ni qu茅 decir los enormes contrastes que existen entre los pa铆ses desarrollados y tercermundistas; entre los est谩ndares de bienestar de unos y otros, habida cuenta de los derechos de los trabajadores, los ingresos de sus pensionados o las propias expectativas culturales y educacionales de sus j贸venes.

Peor, todav铆a, si se comparan sus respectivos modelos institucionales. Las diferencias de lo que ocurre, por ejemplo, con el sufragio de aquellos pueblos bien informados y lo que resulta del voto de quienes mantienen altas cifras de analfabetismo respecto de aquellas naciones mejor informadas y donde existen aceptables niveles de libertad de prensa.

No hay duda de que los que asumen el capitalismo como paradigma pol铆tico, social y cultural han tenido que aceptar a rega帽adientes las demandas de mayor libertad e igualdad de sus pueblos. No sin sufrir muchos conflictos internos, como los que ahora se suceden en Francia, Grecia y otros pa铆ses reconocidos por sus buenos niveles de equidad, aunque con graves rezagos sociales. El capitalismo de los pa铆ses europeos de la posguerra necesariamente debe reconocerle a la Social Democracia y a la propia Democracia Cristiana haber organizado sus econom铆as con reconocimiento a los derechos de los trabajadores y poni茅ndole atajo a la concentraci贸n de la riqueza. Influidos, tambi茅n, por la igualdad proclamada por los pa铆ses del Este o detr谩s de la llamada Cortina de Hierro.Desprecio mutuo, tensi贸n y lucha de egos: as铆 fue la primera vez que Hitler y Mussolini se vieron las caras - Infobae

De otra forma, el nazismo y el fascismo habr铆an dejado huellas m谩s sustantivas en la organizaci贸n social y pol铆tica de las naciones que reci茅n sal铆an del encandilamiento con el totalitarismo y sus reg铆menes del terror. Con todo, los disc铆pulos de Hitler o Mussolini quedaron relegados en pol铆tica a su m铆nima expresi贸n, aunque ahora 煤ltimo hayan recuperado posiciones que pudieran remecer todos los cimientos de la unidad europea. La sabidur铆a de un Adenauer, un Billy Brand o de un De Gasperi fue edificar democracias que se propusieran niveles decentes de justicia social, los que hoy en Chile se estiman peligrosos para los objetivos del crecimiento econ贸mico, la inversi贸n extranjera y otras aspiraciones del pinochetismo tan entronizado en los partidos de derecha y que, de paso, aceptan con muchos remilgos el voto libre e informado del pueblo. Considerando siempre a los Derechos Humanos como una pamplina discurrida por las izquierdas.

Obviamente que ya no es posible pensar ni en la estatizaci贸n de todos los bienes productivos, ni en la privatizaci贸n o extranjerizaci贸n de todos los recursos b谩sicos y estrat茅gicos. Pero, por supuesto, es posible concebir un orden econ贸mico y social en que los derechos sindicales est茅n plenamente resguardados y en que el Estado asuma la propiedad y la explotaci贸n de aquellas riquezas estrat茅gicas como el cobre, el petr贸leo, el litio y otras. Adem谩s de consolidar sistemas previsionales, de salud y de educaci贸n que garanticen el digno acceso de toda la poblaci贸n. Aspiraciones que son tambi茅n herencia del socialismo y de sus distintas denominaciones democr谩ticas y libertarias.

Los pueblos latinoamericanos vienen hace tiempo haciendo la s铆ntesis entre los predicamentos del capitalismo y el socialismo, reconoci茅ndole a la iniciativa privada muchas 谩reas, pero tambi茅n reclam谩ndole a sus estados gesti贸n sobre ciertos 谩mbitos de la econom铆a en que el lucro ser铆a abusivo y arriesgar铆a perder nuestra soberan铆a nacional.

Resulta muy curioso que, por estos d铆as, los analistas de derecha vengan ufan谩ndose de los m茅ritos de un capitalismo que en la pr谩ctica ha sido humanizado o domesticado por las ideas vanguardistas. De la misma forma que la democracia pol铆tica o electoral no es hija del capitalismo ni de las derechas. Si consideramos sus recientes manifestaciones en los golpes de estado y las dictaduras c铆vico militares. As铆 como los horrores extendidos por todo el continente para imponer su hegemon铆a.

Desgraciadamente, se ha hecho costumbre que cuando los gobiernos se proponen mitigar las injusticias sociales, prohibir la concentraci贸n extrema de la riqueza y repartir m谩s equitativamente el ingreso invariablemente surjan las conspiraciones y sus consabidos cuartelazos y reg铆menes de facto. En efecto, pese a los errores y horrores que tambi茅n cometen las administraciones de izquierda, de lo que no se puede dudar es que es desde estas posiciones como mejor se promueve la justicia social, tanto en el gobierno como desde la oposici贸n. Lo que ha derivado, justamente, en la existencia de los estados de bienestar que hoy se aluden y se reconocen como un gran logro en la b煤squeda de la concordia pol铆tica y social.

 

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibi贸 en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federaci贸n Mundial de la Prensa.

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