Kaveh Madani, autor principal del informe, explica que ya no podemos hablar de “crisis del agua” o zonas de “estrés hídrico”, porque entramos en una era de daños globales e irreversibles. Hablar de crisis o situaciones de estrés, afirma, implica que son situaciones de las que podríamos salir si se toman las medidas necesarias. Con respecto al agua dulce, los límites críticos de recuperación ya han sido transgredidos en demasiadas regiones del planeta, por ello habla de una “bancarrota global”
Pese al lenguaje economicista del informe, que limita el análisis al funcionamiento del agua y la naturaleza como recursos económicos, la realidad que pone al descubierto no se puede ignorar. Prácticamente todos sus datos aplican a México, que en la mayoría de los casos está en una situación de daño mayor al promedio.
El agua dulce del planeta es solamente 2.5 por ciento del total de agua, y de este pequeño porcentaje, cerca de 70 por ciento está congelada en glaciares y casquetes polares y 30 por ciento en agua subterráneas. Menos de uno por ciento es superficial, en ríos y lagos. Es un sistema interdependiente e interconectado, por lo que la contaminación y sobrexplotación en un área afecta tarde o temprano todo el sistema. Esta interconexión se multiplica, por ejemplo, debido a las exportaciones que van al comercio internacional de alimentos, especialmente frutas y hortalizas que “exportan” agua que no vuelve a la región de donde fue extraída.
Según el informe, a nivel global, más de 4 mil millones de personas (la mitad de la población mundial) sufren escasez severa de agua al menos un mes cada año. Setenta y cinco por ciento de la población mundial vive en países con inseguridad hídrica. Dos mil millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la sobrexplotación de aguas subterráneas, tanto en ciudades como en zonas rurales. Más de la mitad de los grandes lagos del planeta se está secando. Se han perdido o dañado severamente 410 millones de hectáreas de humedales, que son reguladores hídricos vitales que actúan como esponjas, absorbiendo exceso de agua –lo cual evita inundaciones– y entregando agua a los cauces cuando hay sequía. En México, más de 60 por ciento de los humedales se ha perdido o degradado.
Tres mil millones de personas y más de la mitad de la producción alimentaria mundial dependen de zonas donde el almacenamiento hídrico es inestable o disminuye.
Las causas principales de la bancarrota hídrica son la sobrexplotación de acuíferos, ríos y lagos, pricipalmente para uso agrícola y pecuario, para actividades industriales y demandas urbanas que superan los límites de reposición de aguas subterráneas. A esto se suman la urbanización que limita o impide la devolución del agua a los acuíferos, la contaminación que vuelve inutilizable el agua usada, la deforestación, la expansión de la agrícultura industrial que contamina, saliniza y degrada los suelos impidiendo que reabsorban el agua de lluvia, y como factores transversales que actúan como círculo vicioso, el caos climático y la erosión de la biodiversidad, provocados y agravados por esas mismas actividades.
Si bien 70 por ciento del agua dulce disponible es usada por la agricultura, es fundamental atribuir que el problema es la agricultura y pecuaria industrial, que extraen en demasía, contaminan y dañan los ciclos naturales que de esta forma no pueden recuperarse. Al contrario, la agricultura campesina y agroecológica, usa agua en sistemas integrados a los ciclos naturales, por lo que no la “gasta”. Igualmente es importante señalar que el agua potable en muchos países está privatizada –legalmente o de hecho– al venderla embotellada y por falta de inversión en sistemas municipales.
Otro elemento que el informe no toma en cuenta, posiblemente debido a que es reciente, es el brutal consumo de agua de la industria de la digitalización, especialmente a partir de 2022 por la expansión de los sistemas de inteligencia artificial. Según un artículo científico de enero 2026, la industria de inteligencia artificial consume actualmente un volumen de agua equiparable a todo el consumo de agua embotellada a nivel global y se prevé que con los nuevos centros de datos a hiperescala duplique este volumen a corto plazo (https://tinyurl.com/vries-gao).
México está en evidente “bancarrota” hídrica. Su población sufre todos y cada uno de los impactos mencionados por este informe, permitidos para favorecer las ganancias de las empresas que los causan. Desde los gobiernos se festeja a las grandes tecnológicas y otras industrias que exacerban el problema, por ejemplo subsidiando hipercentros de datos en Querétaro, una región en grave déficit hídrico (https://tinyurl.com/y57xmeye). Tampoco ayuda que existan dos leyes de agua, con lo cual se consolidó la impunidad del saqueo corporativo del agua. Es literalmente vital actuar a todos los niveles para detener el saqueo hídrico y la contaminación.
*Investigadora uruguayo-mexicana del Grupo ETC, analista de La Jornada de México
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