El presidente estadounidense Donald Trump perdió su tan ansiado Premio Nobel de la Paz 2025, pero en una rara confluencia de geopolítica presión, capricho y azar, terminó de todos modos con la medalla de oro de 18 quilates, tras bombardear Venezuela, secuestrar a su presidente y apoderarse de sus reservas petroleras. ¿En nombre de la paz, de la democracia, de la justicia?
María Corina Machado, autoproclamada líder de la oposición venezolana, quien ganó el Nobel, visitó la Casa Blanca el jueves y le ofreció su premio a Trump en agradecimiento por la agresión militar y bombardeo estadounidense a su país, Venezuela, que terminó con decenas de muertos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
«María me entregó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo.¡Gracias, María!», dijo Trump.
El Comité Noruego del Nobel y el Instituto Noruego del Nobel, señaló que «Los hechos son claros y están bien establecidos. Una vez anunciado un Premio Nobel, no puede revocarse, compartirse ni transferirse a otros. La decisión es definitiva y perdura para siempre». Después publicó un mensaje en el que reiteró que los premios son intransferibles.
Asimismo destacó que por principio, el Comité Noruego del Nobel no hará comentarios sobre lo que digan o hagan los galardonados con el Premio Nobel de la Paz. Esto no impide que el Comité siga de cerca la evolución futura de los galardonados, aunque no exprese ni sus preocupaciones ni sus aclamaciones.
Es poco probable que la reunión de María Corina Machado con Trump influya en el presidente estadounidense a su favor, ya que Trump dice que ha estado trabajando bien con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Le dijo a Semafor a principios de esta semana que había hablado por teléfono con Rodríguez, describiéndola como «una persona estupenda». Y la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo a los periodistas que «Trump mantiene su evaluación de que Machado no tiene el apoyo para gobernar Venezuela». Aun así, la Casa Blanca mantiene que eventualmente se celebrarán elecciones allí, aunque todavía no hay un cronograma.
Feria de vanidades
Todo esto sucede en nombre de la «democracia», que en este caso también significa apoderarse de los recursos petroleros del país sudamericano, con el apoyo de María Corina Machado, quien sigue esperando que las tropas estadounidenses de invasión le entreguen el gobierno. Ella fue la figura de la oposición venezolana a quien el comité de selección del Nobel eligió el año pasado para un premio que se había convertido en una obsesión para Trump. Obviamente no estaban conscientes de que sólo era un alfil en la política injerencista de Washington.
Tras el ataque estadounidense del 3 de enero, Machado dijo que debía ser ungida como la nueva líder venezolana, dado el apoyo que recibió su coalición en las elecciones de 2024 del país. Pero, por ahora, la administración Trump la ha mantenido al margen, respaldando a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, para el máximo cargo del país.
Como colofón a la agresión, Trump calificó a Machado de «mujer muy agradable», pero afirmó que carecía de «respeto» en el país. La última agachada de María Corina fue entregarle a Trump un premio «político» que nunca debió haber recibido.
* Socióloga estadounidense, profesora universitaria, colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)Traducción de Maxime Doucrot
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