Jul 25 2009
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Sociedad

Algunas vergüenzas de un «pais líder»

Lagos Nilsson

No le gusta al gobierno chileno, por lo menos no al ministro de RREE, que el presidente constitucional de un país con el que se mantienen relaciones diplomáticas normales regrese a su tierra luego de haber sido, literalmente, echado manu militari, por las "consecuencias" que podría tener ese hecho (el regreso, no el secuestro seguido de expulsión). Tampoco le gustó al secretario general de la OEA –incidentalmente también chileno y también concertacionista. Es una vergüenza.
Otras corren puertas adentro.

Es cierto: época de campañas electorales, tiempo de cabezas que arden y corazones que se enfrían; debería ser al revés, pero en fin… Como no hay nada para discutir –las ideas volaron o las acuchillaron en 1973– no se necesita inteligencia, ponderación, conocimientos, es decir: todo aquello que "hace" a un político, y bastan astucia, reflejos rápidos, asesores de imagen y rezar para que la memoria ciudadana se haya de verdad perdido.

Las cosas parecían darse bien así al candidato de la muy derechista Alianza por Chile. Sebastián Pîñera jugaba su cartas con astucia, lucía reacciones inmediatas, sus asesores –cirujanos plásticos incluidos– cumplían sus tareas y la santa Iglesia no escatimaba oraciones por su futuro y fortuna. Hasta que salió al ruedo el clásico león sordo. en este caso una metafórica  leona: Mónica Madariaga.

Madariaga, abogada, ex ministra de Justicia y "dama de hierro" de la dictadura, no dijo lo que dijo fuera de contexto. En junio próximo pasado, por ejemplo, el diario La Nación recordaba el triste paso de Piñera por un banco comercial en esa época, banco que quebró de modo poco claro; la crónica, Inversionista en fuga, se puede leer aquí. En síntesis, la ex ministra afirmó en una ciudad de provincia que a raíz de esa quiebra maese Piñera iba derechito a la cárcel y que ella, en su calidad de influyente y por consideración a un hemano del reo, también ministro de Pinochet, intervino para liberarlo de semejante vergüenza.

Piñera, Sebatián, no Piñera, José, hermano de Sebastián, montó en la tradicional yegua Cólera: todo es mentira, cosas que se amañan, quieren que no sea presidente, etc… Madariaga se sorprende: qué mala memoria tiene el hoy candidato, si "me dio las gracias", dice. Piñera afirma que nunca estuvo preso; es probable: intervino una ministra, ¿no?, y de la dictadura, ¿verdad?

Más de tres mil personas –incluyendo mujeres que gestaban hijos– están desaparecidas desde los tiempos del repugnante "tata". Nunca, que se sepa, la ministra se conmovió por ello (¿se habrá conmovido el señor Piñera?: son, fueron, esos desaparecidos apenas "sapos de otro pozo".

Esto es una vergüenza.

Dos mujeres muertas, cuatro perdieron el útero, cientos aterrorizadas, familias desoladas. Alguien –a días del asunto no hay nombres, se "estudian" los antecedentes– erró en el quirófano o inmediatamente después cuando una cesárea. Los hechos se sucedieron a lo largo de varios días, lo que excluye un accidente. Todas eran o son pobres.

Eso supera la vergüenza.

Un Liceo de los antiguos e importantes de la capital chilena se clausuró el año pasado: derrumbes, mal estado del edificio (dicho sea entre paréntesis, monumento nacional) obligó a que cerca de 3.000 mil alumnos de los ciclos primario y secundario dieran con sus cuadernos y libros en un centro educativo diseñado para 500 alumnos universitarios: no hay patios, no alcanzan los servicios higiénicos, apiñan a 40 o 50 adolescentes y preadolescentes en aulas para 20 jóvenes, algunas sin ventilación.

Bueno, dice uno: hubo un derrumbe, la cosa está difícil, un pequeño sacrificio, etc… No. Las obras anunciadas antes del fin de la temporada escolar de 2008, todavía están "en estudio". Hay más: en otros liceos, también de los tradicionales –antes bajo la tutela del Ministerio de Educación, hoy municipalizados–, se "cometieron" obras y refacciones: se trizan, derrumban o amenazan caer. La mayor parte de esos alumnos son pobres. Gobernar es educar fue la consigna de un gobierno popular.

¡Memoria perdida, política perdida!

Y no hablemos del terrorismo de Estado que se desata sobre el Wallmapu.

 

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