Oct 14 2005
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Opini贸n

Amago de estupefacci贸n final

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El hombre de estos tiempos no viene de la manga de un prestidigitador. El hombre posmoderno es heredero directo de la modernidad. Lo que estamos viviendo parece ser el punto final de una evoluci贸n ya detenida, lo que, si queremos, podemos ver en Nietzsche como el proceso desde la elevaci贸n man铆aca hasta la mediocridad semidepresiva. Por supuesto que este camino no ha sido lineal.

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La decadencia aparece como un gr谩fico de movimiento de las econom铆as, con aristas de subidas y ca铆das, pero siempre marcando la decadencia hasta el hombre estupefacto de hoy. El esp铆ritu de esta 茅poca es el del autoenga帽o, el de la falsificaci贸n en el dinero y el 茅xito. Los dioses ya no hablan, mantienen un largu铆simo silencio que ha llevado a los hombres a producir su propio entusiasmo bajo directa administraci贸n materializada en esta huida hacia delante que se empe帽a en mantener la historia de la especie.

En este mundo de comunicaci贸n absoluta conocemos la casa global demasiado bien, lo sabemos todo sobre ella, esta 鈥漜asa鈥 ha sido desprovista de todo secreto. Nuevas formas de huida han aparecido, nada novedosas, s贸lo que m谩s macabras. Una falsificaci贸n producida por la obnubilaci贸n encarnada en hombres que creen en la salvaci贸n dejando atr谩s esta casa, ahora marcada por el viejo sentido apocal铆ptico que domin贸 al hombre en algunos momentos de la finalizada historia: la manera de huir es destruy茅ndola.

Existir deja de ser una droga lo suficientemente poderosa y se procura sustituirla con la otra de la nada, s贸lo que el terrorista que se inmola parece no confiar s贸lo en su propia destrucci贸n, tiene dudas sobre la permanencia de la casa despu茅s de su partida y busca una ?utilidad? (al fin y al cabo le ense帽aron siempre que este mundo era utilitario) llev谩ndose por delante pedazos, al menos, de aquello que debe ser abandonado.

El seno de la nada est谩 te帽ido de ofertas, fundamentalmente el de la salvaci贸n, pero tambi茅n de algunas m谩s pr谩cticas como un exquisito n煤mero de v铆rgenes a la espera, aunque eso sea banal, lo importante es volver a encontrarse con los efectos opioides del seno materno. El terrorista es, as铆, un drogadicto al que ya no basta la acci贸n en este mundo, alguien que ambiciona la m谩xima dosis, la de la huida final con m茅todos utilitarios de destrucci贸n. No confundamos las acciones de sabotaje perpetuadas por ej茅rcitos enemigos con terrorismo. Incendiar las carpas o matar las bestias de los soldados opuestos eran manifestaciones directas de guerra; la acci贸n del terrorista suicida no combate a un ej茅rcito enemigo ni es una acci贸n guerrera, es la b煤squeda desesperada de drogarse, de escapar, de restituir el viejo anhelo de salvaci贸n.

Los primeros cristianos que mor铆an en los circos romanos estaban impregnados por una religi贸n que invent贸 el amor, en consecuencia no pod铆an partir hacia la salvaci贸n destruyendo, se dejaban ir con la seguridad de encontrar el objetivo. El hombre de este mundo, uno donde los dioses no hablan, ha llegado al paroxismo extremo y bajo interpretaciones equivocadas de otras religiones de salvaci贸n se dispone a partir matando.

驴Acaso el terrorista suicida no ha podido hablar, conforme a lo que estableci贸 el psicoan谩lisis sobre que los secretos pat贸genos dichos no pueden actuar mas? 驴O es que el terrorista suicida ha seguido el camino desconcertado de la glorificaci贸n posmortal del Yo en Dios? La batalla entre psicoan谩lisis y filosof铆a en procura de una respuesta parece ganarla el primero. EL instinto de muerte freudiano que ha llevado al hombre a buscar salida de este mundo encuentra la expresi贸n contempor谩nea de disoluci贸n, para no tener que sentir m谩s, en la muerte ?煤til? que reconcilia con Dios, dando lugar a una mezcla con la antropolog铆a metaf铆sica.

Quien sobrevive en este mundo, como algunos pueblos e individuos, al margen del 茅xito y del dinero, y sin tener que recurrir a la droga sustitutiva de los qu铆micos, es aqu茅l que ha elevado su esp铆ritu por encima de la 茅poca denigratoria y pleno de energ铆a para morir sobrelleva sabio las consecuencias de estar-aqu铆.

El terrorista suicida ve fluir todo hacia un mal fin. Sobrevivir sin el cuerpo, tesis de las religiones de salvaci贸n, es su premisa. La segunda es que forma parte de un grupo que vive, f铆sica y moralmente, peor de lo que deber铆a vivir. Ambas premisas pueden responder tambi茅n a mentes superiores, en el primer caso a un fil贸sofo, en el segundo a un revolucionario, cuando las revoluciones eran posibles. En el caso del terrorista suicida hay un elemento de descontrol, de dominio total de la desesperaci贸n.

El que se siente con el agua al cuello y es v铆ctima del p谩nico, encuentra una 鈥渧erdad鈥 propiamente terror铆fica: hay que destruir al infiel, a quien no cree en 鈥渕i Dios鈥, al culpable perfectamente identificado de la crueldad de la existencia en lo personal y en lo grupal. Las ideas de coexistencia religiosa o de tolerancia son absolutamente contrarias a la mente que quiere viajar hacia la nada huyendo de la casa injusta. La convicci贸n de que el tiempo de desdicha, el infierno de dolores, es insuperable, conlleva a la tr谩gica mezcla de matar al pr贸jimo con la propia inmolaci贸n, a una acci贸n entrelazada entre la derrota ps铆quica adosada con deseos de integraci贸n a la divinidad.

De esta manera se trastoca la convicci贸n de un fin malo por la seguridad de que no hay otro bueno que el representado en la acci贸n suicida-homicida. Podemos decir que el terrorista suicida es alguien que s贸lo ve lo exterior real, aunque se ampare en una falsificaci贸n, en una ceguera total que lo lleva al argumento deico como justificaci贸n 煤ltima. Sloterdijk lo explicar铆a as铆: 芦La conocida afinidad de m铆stica y alienaci贸n recuerda que, en espacio ps铆quico, altura y hondura son equivalentes y que la impulsi贸n hacia arriba dif铆cilmente se deja diferenciar de la absorci贸n hacia abajo禄.

La presencia de lo pol铆tico ha sido mal entendida por algunos que ven en el conflicto terrorista una especie de lucha de clases, esta vez encarnada por naciones ricas y pobres. Las primeras habr铆an declarado una especie de estado de sitio sobre las segundas, mediante la discriminaci贸n en el comercio o la imposici贸n de recetas econ贸micas injustas.

Todo lo que se ha denominado historia es, en realidad, un sitio del hombre por el hombre. Ciertamente existen manifiestas injusticias y discriminaciones en el comercio e intercambio de bienes. La globalizaci贸n tambi茅n ha sido mezclada con el efecto terrorista, olvidando que el presente momento es, quer谩moslo o no, global. La forma de organizaci贸n social est谩 cambiando con el declive del Estado naci贸n y con el abandono del hombre a la idea de resistencia en un territorio. Es m谩s, la 鈥渉erencia hist贸rica鈥 es un saco que el hombre est谩 dejando en el camino, procediendo a identificarse con su vecino de manera muy distinta.

El ego铆smo de los pa铆ses ricos contribuye indudablemente al aumento de la pobreza mundial, pero d茅monos cuenta de que los terroristas que han marcado, posiblemente, el inicio del siglo XXI, jam谩s han incluido entre sus planteamientos razones de tipo econ贸mico o de injusta distribuci贸n de la riqueza, sino siempre, razones geopol铆ticas precisas como la situaci贸n del Medio Oriente o razones geopol铆ticas-religiosas, como la afrenta que para ellos constituye la presencia de tropas infieles en territorio donde se ubica La Meca. Contra la globalizaci贸n no se puede batallar, es indetenible. Contra el ego铆smo y la discriminaci贸n de los ricos de la tierra queda una larga batalla que no es confundible con el terrorismo suicida que nos ocupa.

Volvamos a nuestro enfoque. El mundo actual est谩 dominado por el hedonismo. Entre otras cosas nos promete una dicha derivada del consumo y de los aparatos que excede las eventuales aspiraciones de encontrar la dicha en iluminaciones.

Del otro lado, se mantienen sociedades profundamente dominadas por lo metaf铆sico que ven como perversiones inaceptables las pr谩cticas de occidente y rechazan sus usos y h谩bitos 鈥渄emon铆acos鈥. Esta sociedad nuestra nos ofrece una dicha sin gloria. A煤n en ellas hay profundas diferencias. Afganist谩n est谩 sumida en un tiempo que se retrotrae por siglos, mientras otros pa铆ses isl谩micos han aceptado la tecnolog铆a y un cierto grado de bienestar.

Quienes han planteado un choque de civilizaciones est谩n tan equivocados como quienes han proclamado irresponsablemente la superioridad civilizacional de unas sociedades sobre otras. Sucede que聽 occidente deber谩 aceptar, de una vez por todas, que existe gente diferente, amen de enmendar pol铆ticas imperiales acomodaticias a sus intereses.

Con las diferencias de grado de desarrollo, los hombres viven en todas partes la misma crisis, aunque聽 muchos de ellos lo hagan con hambre y miseria. Al fin y al cabo la dicha que pretende dar el Occidente hedonista en otras culturas la da el planteamiento metaf铆sico. El problema radica en la falta de atenci贸n del hombre al estado de ruptura actual. El hombre, inmerso en la globalizaci贸n y atado a una red de Internet donde los Dioses no tienen una p谩gina web, parad贸jicamente no est谩n captando lo general extenso imbuidos como est谩n en lo particular obtuso.

La paradoja radica en que lo mismo hace la cultura occidental nacida de lo metaf铆sico y llegada a este estado de un hombre-mamarracho hasta las religiones como el islamismo, en su manifestaci贸n obcecada, olvidadas de desarrollar argumentadamente y encerradas en un hombre que es incapaz de abandonar moment谩neamente su fe puesto que si lo hiciera se convertir铆a en alguien pensante. Lo cierto es que nadie da una idea segura del mundo y de la vida, ni el consumista occidente, especialmente los Estados Unidos dominado por el calvinismo protestante exitoso, ni quienes pretenden destruirlo apostando a un fe ciega en un mundo donde lo imprescindible es quitarse la venda. Aqu铆, en este mundo posmoderno que, como insisto en decir, es originario de la modernidad y de all铆 a todo lo que ha sido la historia de las culturas, no hay un continuum de certezas.

Comenzamos a ver el mundo como una casa global, como un seno, pero, al mismo tiempo, este seno que reproduce al materno se nos convierte en un lugar inh贸spito. La globalizaci贸n es un extraordinario salto a la visi贸n de humanidad como patria, pero, como humanos, no faltamos a las crisis. Innumerables, desde la ecol贸gica sobre el cual el imperio norteamericano se niega a actuar desafiando a la comunidad mundial mediante la denuncia del Tratado de Kioto, pasando por las injusticias de la distribuci贸n de la riqueza, hasta 茅sta, una brutal, sin duda, pero a la que hay que sujetar a sus justos t茅rminos.

Casi vemos la casa com煤n en el momento en que comienza a destruirse, otra paradoja de lo humano. Ciertamente no estamos para manifestaciones religiosas apocal铆pticas. Estamos, s铆, para dar resoluci贸n, para usar un t茅rmino de imagen, a la casa. Muchos han definido al hombre como un animal que se muda. Pues nos estamos mudando y la mudanza es inevitable. La nueva casa hacia donde marchamos es la global, la de todos. Deberemos encontrar, usar y desarrollar una inteligencia multiracional.

Esta casa es finita, no hay duda, pero de ello debemos sacar conclusiones. Esta casa no podr谩 funcionar basada exclusivamente en la econom铆a, como no podr铆a basada solamente en una especulaci贸n metaf铆sica. Estamos metidos en una carga de comunicaci贸n absoluta. Ya lo dije, cuando no ve铆amos muy lejos el mundo era f谩cil de comprender. Sobre este mundo hay que lanzar un cable universal e ininterrumpido de mediaci贸n que impida verlo todo o con los ojos de la desesperaci贸n o como mercanc铆a. No trato de trazar una perspectiva piadosa.

Estoy plenamente consciente de lo que ahora tambi茅n podr铆amos llamar realpolitik. No obstante, d茅jenme decir, que no considero piadoso el reclamo de una escala humana, puesto que la aceleraci贸n que algunos atribuyen al efecto massmedi谩tico y que otros consideramos aprisionamiento contra la poltrona, el hombre puede manejarlo. Los fil贸sofos del posmodernismo se han encarnizado contra el humanismo en medio de una confusi贸n que no me ata帽e. Lo que s茅 es que tenemos casa para el mundo, pero no tenemos mundo, a no ser uno cansado bajo una apariencia de dicha.

El desaf铆o es may煤sculo: debemos encontrar otra forma de lo que hemos venido llamando vida. Estamos en las vecindades de un punto final que bien podr铆amos convertir en punto de partida. Creo que se nos ha falsificado todo lo que se puede ser. Quiz谩s el may煤sculo desaf铆o al que me refiero es que la posmodernidad, con su civilizaci贸n massmedi谩tica, lo que nos est谩 ofreciendo como mundo es la falta de mundo. As铆, quiz谩s, podr铆amos entender como la globalizaci贸n se nos est谩 convirtiendo en causa de desajuste destructor.

En esta mudanza del hombre a la casa nueva estamos confirmando como la estructura pol铆tica, y sus variantes econ贸micas, la est谩n obstaculizando. Cada d铆a m谩s la literatura deber铆a ser aquello que un hombre o una mujer escriben para predecir un hombre futuro.

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* Venezolano, novelista, poeta, ensayista y traductor de poes铆a. Codirige, con la novelista Eva Feld, la editorial Ala de cuervo y la p谩gina www.aladecuervo.net.聽

Correo electr贸nico: teo@aladecuervo.net

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