Mar 3 2008
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Opinión

América del Sur. – ¿UNA GUERRA ANUNCIADA?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Las noticias son, sin duda, alarmantes. La situación puede desencadenarse en cualquier momento, incluso por un incidente en apariencia nimio, que es como comienzan las guerras, aunque su preparación, como lo ha demostrado majaderamente la historia mundial, sea concienzudamente estudiada y sujeta a los intereses económicos y políticos de los involucrados. Pero veamos cuáles pueden ser los aditamentos y las consecuencias de este probable conflicto que pudiera estar ya cocinado en las oficinas del Pentágono.

La guerra es la continuación de la política por otros medios

Lo dijo Von Clauzevitz, que de guerras entendía mucho. La política exterior de Estados Unidos, más aún si al frente del gobierno hay alguno de los frecuentes insanos que por desgracia suelen encaramarse en la Casa Blanca, es hoy infinitamente más peligrosa que en los años de la guerra fría, cuando todos creíamos vivir al borde de la conflagración mundial.

¿Razones? Simplemente porque la ley física que explica los equilibrios se quebró hace veinte años. Hoy estamos a merced de la agresión impune de la potencia imperialista sin que nada, absolutamente nada, pueda oponerse con probabilidades de éxito ante el poderío bélico del Pentágono. Ni la ONU, ni Europa, ni la diplomacia, ni el clamor mundial por la paz, y menos las armas, pueden detener la mano agresora del loco de turno en Washington si decide optar por la acción directa.

Esa “acción directa” que emerge rápidamente cuando comienzan a flaquear los métodos tradicionales de corromper gobiernos, es lo que pudiéramos estar dramáticamente a punto de comprobar una vez más en nuestra América Latina.
Pero ¿qué es lo que ha ocurrido en este último tiempo, digamos un par de meses, que impulse al Departamento de Estado de la Casa Blanca a precipitar un conflicto bélico azuzando a su perro bogotano? Veámoslo.

Para nadie es un secreto que la batalla diplomática en territorio latinoamericano, la ha ido ganando Caracas con la audaz intervención del presidente Chávez en la «cuestión de los rehenes» actualmente en manos de las FARC.

Seamos sinceros: nadie puede dudar que en este afán diplomático de presidente venezolano hay un profundo sentido humanitario ante el sufrimiento de estos cautivos, la mayoría de los cuales ni siquiera estaban involucrados en la política agresiva y reaccionaria del régimen derechista de Colombia, que gobierna coludido con los paramilitares fascistas y con los narcotraficantes. Pero también hay que reconocer que la movida estratégica de Caracas comprendía desenmascarar ante el mundo el carácter inhumano y guerrerista de Uribe a quien importaba un centavo la vida de estos rehenes si ello era un pretexto para atacar a la guerrilla reforzando así su aparato militar con la ayuda de su compinche norteamericano.

Este paso genial de la política externa de Chávez, redundó en un éxito total al elevar la figura del líder bolivariano a niveles mundiales, ensalzado por Europa, incluido el presidente Sarkozy de Francia que no es precisamente un paladín de la izquierda internacional.

La respuesta de Estados Unidos no se hizo esperar. Borrar los rastros de este triunfo diplomático del socialismo bolivariano, sólo se podía hacer al viejo estilo de la CIA: montando una provocación grave que obligara una respuesta firme y drástica de la contraparte como efectivamente está ocurriendo en estas horas.

Despleguemos el mapa

No lo queremos, no lo deseamos, ni mucho menos lo pretendemo, pero cualquiera que intente analizar la coyuntura internacional tiene la obligación de considerar todos los terrenos posibles. Si el grave momento que viven los países involucrados desembocara en un enfrentamiento armado entre Colombia y Venezuela, al que se vería arrastrado de manera obligada Ecuador que es, en último término, el ofendido, provocaría un perturbación de tal envergadura que bien podría convulsionar gran parte, si acaso no toda, la costa pacífico del continente arrastrando en la crisis a las naciones que miran hacia el oeste.

Sigamos lucubrando.

Militarmente Colombia tendría el panorama más delicado al quedar en una tenaza que significaría por el noreste el poderoso ejército venezolano, armado hoy de manera privilegiada por Chávez –que es el Comandante en Jefe efectivo de sus fuerzas armadas– y por el sur el ejército ecuatoriano que, aunque más débil, ha tenido experiencias bélicas recientes en sus conflictos con Perú. Sin embargo, circunscribir el conflicto sólo a estos tres países es nada más que teoría y de las menos realistas.

Las razones son porque reducir todo a una visión tan simplista, como si se tratara de un conflicto territorial de los habidos en el siglo XIX en nuestra América, es irreproducible en las condiciones actuales, donde son los intereses políticos los que van privilegiando la estrategia mundial.

Un conflicto armado entre las naciones nombradas sólo se produciría si los hilos internacionales jalados desde Wáshington garantizan el triunfo de la política norteamericana ahora mediante el uso de las armas. Declarada la guerra, Washington puede optar por el camino cínico de no intervenir de manera directa, utilizando la vieja carta de la OEA para intentar alinear a la mayor cantidad de países en contra de Venezuela.

En este caso necesitará ampliar el conflicto porque Colombia sola, a pesar de toda la ayuda militar que pueda proporcionarle Wáshington, no podrá garantizar un triunfo, más aún si en el corazón del país hay otros ejercitos: las FARC y el ELN, que actuarán de poderosos “quintacolumnistas”, para usar la frase de Mola, el general franquista, que atacarán, sin duda, con todo su poderío ante una guerra declarada.

Su carta más propicia es Perú al que sería fácil arrastrar a una “vendetta” contra Ecuador amagando la frontera sur de este país, como ocurrió en la breve guerra de 1995 en la Cordillera del Cóndor.

¿Qué haría Chile, el último país de la costa pacífico que podría ser el único que quedaría fuera del conflicto? La diplomacia de las patadas diría que sería la oportunidad de Santiago para dirimir el actual conflicto limítrofe de aguas con Perú mediante una amenaza velada de intervenir en el conflicto al lado de Ecuador, obligando a Lima a retirar su demanda marítima que está actualmente en el tribunal internacional de La Haya.

¿Y la costa atlántica? Ni lo piense. Asistirá usted solamente a las protestas de paz que harían Brasil, Uruguay y Argentina, demandas perentorias, pero diplomáticas –y a algunas marchas vociferantes por las calles aledañas a las embajadas de los países beligerantes, en cualquiera de las tres capitales del lado este del continente.

Un análisis de ficción, casi de teleteatro

Cierto. Esto es lo que hemos hecho y ojalá se quedé en eso. Porque en los planes del Pentágono ya está elaborada la estrategia iraquí, la de los “marines” avanzando a saco por Sabana Grande, por las Torres del Silencio, por las estrechas y coloniales calles de La Pastora, con las orugas de los tanques aplastando las barriadas chavistas de Petare, es decir por toda Caracas la Bella y por cada una de las ciudades y villorrios de ese amado país bolivariano.

Y esto, mi estimado amigo, lo de los “marines” pisoteando latinos y ensangrentado las hermosas playas del Caribe, no es, por desgracia, un análisis de ficción, se ha vivido.

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foto

* Escritor.
cristianjoelsanchez@gmail.com.

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