Mar 16 2022
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AmbientePolítica

Aprobado con urgencia el paquete de la destrucción amazónica

El gobierno brasileño sigue firme en su objetivo de entregar las tierras indígenas, que conforman el 12% del territorio brasileño, a manos privadas, preferentemente del agronegocio y la minería. Es decir: no le basta con robar, tiene que destruir. Desde que asumió el gobierno del país, Jair Bolsonaro acumula un largo historial de ataques a los pueblos indígenas con el argumento de que no ofrecen beneficio ninguno para la sociedad, por lo que tienen que ser “integrados” para transformarse en trabajadores.

Con esa lógica, el gobierno desmontó la Funai (órgano que debería proteger a los indígenas) y ha hecho la vista gorda ante todos los ataques de grileiros (propietarios gracias a documentos falsos) jagunços (pistoleros) y fazendeiros (hacendados) a las tierras indígenas. La minería clandestina sigue a todo vapor, de hecho, no debería ser llamada clandestina, ya que se hace sin ningún pudor, a la luz del día. El número de ataques a las comunidades aumenta, así como los registros de asesinatos y violencias de todo  tipo contra los indígenas, sin que haya ninguna política que los detenga.La euforia por la destrucción es la causa principal del incendio en el Amazonas" | Biodiversidad en América Latina

La presencia de iglesias neopentecostales en las aldeas y comunidades ha sido la gran baza del gobierno en el proceso de desagregación de los pueblos indígenas, pues con la “evangelización” las poblaciones van abandonando su cultura y sus creencias. En muchas comunidades ya no se cantan las canciones sagradas y las prácticas de curación están cayendo en el olvido. La última semana, en el Mato Grosso do Sul, en una aldea guaraní, se produjo el secuestro de una mujer acusada por el jefe de la comunidad, de nombre António, de hechicería.

Las escenas, grabadas en un vídeo, muestran al hombre ofendiendo, acusando, cortando el pelo de la mujer y amenazando con prenderle fuego, cosa que hubiera hecho si un grupo de personas no hubiesen llegado a rescatar a la curandera. Un momento dramático de nuestra historia reciente que muestra el maltrato que esas iglesias, cargadas de intolerancia, dispensan a los pueblos indígenas.

No obstante, el presidente no está solo en esta tarea exterminadora. La Cámara de Diputados, que cuenta con 513 miembros, es mayoritariamente favorable a cumplir esa misión de aniquilación de la vida indígena. El día 9 de marzo de 2022, por ejemplo, la Cámara aprobó, en régimen de urgencia, el PL 191, a propuesta del ejecutivo, por el que se regula la minería en tierras indígenas, incluso donde viven pueblos aislados, sin que las comunidades originarias tengan derecho a veto. Con la urgencia, el proyecto no pasará por comisiones ni será debatido, por lo que se llevará inmediatamente al plenario.

Acto por la Tierra contra el paquete de destrucción, celebrado el pasado 9 de marzo de 2022 en la plaza de los Tres Poderes, en Brasilia

En el mismo momento en que se celebraba frente al Congreso Nacional, en la plaza de los Tres Poderes, un gigantesco acto por la Tierra y contra el PL, que congregaba a indígenas, movimientos sociales y artistas, la propuesta fue aprobada sin mayores sobresaltos, con 279 votos a favor, 108 contra y tres abstenciones. Solo las bancadas del Partido de los Trabajadores (PT) y del Partido del Socialismo y Libertad ( PSOL), votaron contra la urgencia. Otros partidos, como el PDT y Novo, divididos, cedieron votos al gobierno.

El argumento para la urgencia no podría ser más hipócrita. El presidente dice que ahora, con la guerra en Ucrania, Brasil necesita depender menos de la importación de potasio, de ahí la necesidad de permitir la minería del potasio en las tierras indígenas. Sí, ese es el argumento. Y fue acatado sin críticas por 279 diputados. Ahora, el PL deberá ser votado antes del 14 de abril y, considerando el perfil del legislativo, probablemente será aprobado.

La movilización contra el PL 191, que llevó a miles de personas a Brasilia para participar en el “Acto por la Tierra contra el Paquete de la Destrucción”, fue pacífica y tranquila, pero no consiguió tocar el corazón de los diputados. Lo que no fue ninguna novedad, ya que no es eso -el corazón- lo que les mueve. Son los intereses financieros de los grupos que los eligieron lo que determina el sentido de sus votos. Y, en el Congreso Nacional, únicamente hay una indígena, de un total de 513 miembros.

La diputada Joenia Wapichana se manifestó en plenario diciendo que el proyecto en cuestión representa el sueño de Bolsonaro, que no es otro que el de la completa destrucción de los pueblos indígenas de Brasil. Asimismo, recordó que las comunidades están organizadas y van a luchar.

Este proceso se va a desarrollar con la oposición del movimiento indígena, como viene haciendo desde el primer día de gobierno de Jair Bolsonaro, cuando una de sus primeras medidas fue traspasar a la Funai del Ministerio de Justicia al Ministerio de Agricultura. Los pueblos indígenas se han alzado para protestar desde ese día y desde ese momento han realizado numerosas marchas, actos y manifestaciones, tanto en Brasil como fuera de él, pidiendo ayuda a la sociedad para que actúe en conjunción con el movimiento indígena en defensa de las comunidades que más protegen la biodiversidad y los bosques.

En un país tan grande como Brasil, no será el 12% del territorio en manos indígenas el que empobrecerá a la nación, aunque no estén dedicados a producir soja o minerales. Lo que las investigaciones muestran es que es precisamente ese 12% de tierras en manos indígenas el que ha garantizado la protección de la naturaleza, tan necesaria para evitar tragedias aparentemente “naturales”.

La poetisa y actriz Elisa Lucinda, el rapero Emicida y la actriz Mariana Ximenes

Ahora, con la tramitación de urgencia del proyecto de ley aprobado, los pueblos indígenas tendrán menos de un mes para nuevas movilizaciones. En ese sentido, es más que necesaria la coordinación entre entidades no-indígenas, sindicatos y movimientos sociales, en esa batalla contra la minería en tierras indígenas. No en vano, la minería no sólo destruye el lugar donde abre sus canteras y sus pozos, la minería también destruye los ríos, la fauna y las personas.

Puede parecer que la minería está muy lejos de la inmensa mayoría de nosotros, pero no es así. Justamente esa destrucción sistemática de los ecosistemas de las tierras indígenas es lo que provoca tantos desastres en las ciudades y en los campos, tales como las inundaciones y las crecidas de los ríos, las sequías y los temporales, tan fuera de tiempo. La regla es clara: no se toca el ala de una mariposa sin que se estremezca el planeta entero.

* Periodista y educadora en el Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELA) de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil

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