Feb 21 2008
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Ambiente

Argentina. – EL DESASTRE AMBIENTAL, EL PODER Y LA LUCHA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Frontal, de voz potente y con un discurso sólido supo poner la palabra justa ahí donde hacía falta. Entre reunión y reunión dialogó con Prensared sobre la situación que atraviesa no solo San Juan sino todas las provincias, de norte a sur, y a ambos lados de la cordillera. El intelectual propone una mirada crítica sobre la sociedad sanjuanina y sus instituciones. A la vez, aporta al debate y a la construcción de un movimiento social amplio.

–¿Cuáles son para vos los problemas centrales a debatir respecto a la minería en esta provincia?

–Es un problema serio. Acá hay dos temas a discutir. El primero es si estamos frente a un problema puramente ecológico. Entonces, bueno, es una cuestión que la evaluamos, la planteamos y la discutimos desde el ámbito de la lucha medioambiental. Y lo otro es un problema que tiene que ver con el tipo de proyecto de desarrollo que se sigue: de crecimiento sin desarrollo. Esto genera un crecimiento económico ficticio, incide en el PBI pero después produce la quiebra y una alteración muy grave en el plano de desarrollo profundo de una sociedad.

–¿Por qué?

–Porque deja sin posibilidades a la agricultura, al turismo etc. No es que lo haga inmediatamente. Pero, con el correr del tiempo esa situación se va agravando, sustancialmente.

–¿Se trata entonces de un problema de modelo?

–Es un problema de modelo, es un problema de estrategia socioeconómica para afrontar la crisis, es un problema de opción histórica, económica. Es decir, la cuestión es: si se sigue el camino de la minería predatoria o por el contrario se sigue un camino con otro criterio. Es una situación crítica. La idea de crisis es, justamente, optar entre dos caminos que se bifurcan. Bueno, esa es la realidad central.

«Ante esa situación, algunos hemos optado por cuestionarla. Somos parte de un movimiento más amplio de lucha en todo el país. Y creo que también se une a otras problemáticas, al problema socioeconómico general, se une a la crisis mundial y se vincula a la realidad del desempleo que siempre es un factor condicionante y que presiona muchísimo. Entonces, todo esto es lo que juega en este contexto».

–¿Cómo ves la política del gobierno nacional que no ha modificado la matriz neoliberal. Por ejemplo pudiendo haber reestatizado el petróleo no lo hizo y le dio más concesiones a Repsol? ¿Se puede esperar algo de ellos?

–Tu pregunta es justa y yo estoy totalmente de acuerdo. Primeramente, no se desmontó la legislación menemista. No se rompió con el modelo que venía de entonces. Ahora, nosotros no tenemos fuerza para plantearlo por afuera. Este es el problema. ¿Quienes somos, cuántos somos, qué tenemos? Desde afuera, es muy difícil. Vemos que hay sectores que están afuera del gobierno, lo plantean y se oponen; y también vemos que hay sectores que están adentro del kirchnerismo que están en una situación de disconformidad con estas cosas.

«No se cuándo se juntará todo, pero es parte de esta realidad de América Latina. Este tipo de modelo de depredación, de modelo económico de las trasnacionales etc., que genera un proceso de acumulación y de concentración muy fuerte, con empobrecimiento y todo lo demás, requiere para ser modificado de una acción conjunta, muy fuerte, en diferentes países de América Latina. Sobre todo, en el contexto del sur porque afecta también a Africa».

–¿Ya qué hablás de América Latina cómo ves el escenario actual?

–Vemos que hay regímenes nuevos en América Latina, que se plantean cambios importantes como ocurre en Venezuela y en Bolivia. Y hay otros regímenes que llevándose bien con Venezuela y Bolivia tienen una política diferente en cuanto a que continúan con la política liberal. Me refiero a países como Argentina, Uruguay y Chile y esto tiene relación con las bases de sustentación con el modelo de cada uno.

«El poder de Evo Morales está situado en lo que ha sido la protesta del campesinado indígena, pero tiene contra él a sectores muy poderosos y peligrosos, en algunas provincias, que incluso influyen hacia abajo. En cambio, en los países del sur el problema es la incidencia de los sectores medios que están muy ligados a la problemática del mercado. Los sectores obreros también tienen la economía monetaria metida en la cabeza y no tienen idea clara de lo que significa todo esto. Acá hay una realidad, en este tipo de reuniones no está presente el sindicato minero porque por supuesto están a favor de que les den más opciones de trabajo».

–¿Existe el sindicato minero?

–Si que existe, se llama Aoma (Asociación Obrera Minera Argentina). Ellos están con la minería que algunos años atrás fue un lugar de lucha y que en San Juan incluso tuvo una etapa bastante clasista. Sin embargo, con el correr de los años, fue tomando el aspecto de un gremio patronalizado.

–¿Ahora, a la clase trabajadora se han sumado otros actores sociales?

–En los años sesentas nosotros planteábamos la protesta considerando al sector obrero solamente. Porque no se observaban como ahora la presencia indígena, el género, ni los desocupados. No tenían pleno empleo pero eran significativas las posibilidades de empleo. Cuando viene la crisis, se cae en una situación bastante grave porque no tenemos respuesta, en un primer momento, y tratamos de responder por ahí. ¿Y qué encontramos en el camino? Que frente a la desestructuración del Estado los primero que vemos es que se levantan los empleados estatales: los maestros, los despedidos de YPF, y surgen los piquetes en General Mosconi y Cutral Co. Toda esta realidad es la primera que inicia la resistencia. Luego los sucesos de la ruta Tres, los desocupados cerca de Buenos Aires. Son fenómenos nuevos y esta situación relacionada con el problema del medio ambiente, también es nueva. Nueva y difícil, como lo es para varios países de América Latina.

–¿Cuál sería la salida?

–Para nosotros un parámetro de socialismo y transformación es Cuba. Pero ahora nos viene la noticia de que en Cuba los mayores ingresos se obtienen por las exportaciones de níquel y no por el turismo. Y bueno, uno puede decir: Argentina tiene otras cosas. Pero tenemos que plantear otro modelo de desarrollo, incluso con soberanía alimentaria, sin quedar atado al modelo de la soja. Pero, si uno observa lo que busca el conjunto de la sociedad –los sectores medios– ve que buscan recursos monetarios a nivel internacional. Entonces todo gira alrededor del petróleo, la minería y la soja.

«Y gira alrededor no solo en los sectores que están en el negocio, sino en los que no están. Porque el gobierno, fiscalmente, mediante la política de retenciones obtiene parte de las ganancias que le vienen de las exportaciones. Son realidades que no las podemos soslayar. Frente a esto hay dos miradas. Está el que dice que acá hay que apostar a una crisis general, catastrófica, a nivel mundial, que podría producirse con esta crisis de EE.UU; pero, también sabemos que la gran burguesía internacional y los grandes capitales, la banca internacional, han aprendido la lección de las crisis y tienen alternativas para poder rearmar la situación. Y en cierto modo es verdad porque siempre tenemos noticias que todo se derrumba, pero después son solo malos negocios, donde hay quien pierde. En esta última sacudida perdieron 5.000 millones de pesos las AFJP y tuvieron una baja».

–Y están los que dicen que el poder se construye…

–Unos dicen que el poder se construye lentamente y otros dicen: no, de manera rápida también se puede. No lo sé. Lo que tenemos que hacer es tratar de fracturar el poder que hoy tiene el sector dominante. Me refiero a la alta burguesía, a los intereses económicos más concentrados; si podemos cercarlos, frenarlos y disminuir los efectos del poder que tienen, entonces tendremos que hacerlo dividiéndolo y no emblocándolo. Pero a lo mejor los que vinieron y están en cancillería no pueden hacerlo y si se van se quedan sin poder.

«No se si esto se hubiera podido hacer sin ese sector. Tal vez si hubiéramos hecho las marchas de los martes que se hacían antes y que se ha cortado. Lo que estamos haciendo así goza de mucha amplitud y eso es muy importante».

–¿Cómo analizás el comportamiento de la sociedad frente a estos graves problemas?

–Las alternativas no son fáciles de plantear porque es un problema complejo. Requieren de una discusión larga y la mayor posibilidad de movilización. Pero habrás notado que una de las preocupaciones es la poca participación y no es un problema sólo de San Juan incluso lo es en Gualeguaychú. La gente, a lo mejor, no ve en nosotros la posibilidad de ofrecerle una respuesta de poder. Les planteamos protestas, pero no gobernamos, no tenemos poder. Y todo esto tiene que ir caminando hacia la conformación de un movimiento que contemple otro tipo de transformaciones, una salida que vislumbre todos los aspectos.

«Porque a los únicos que les fue bien con el medio ambiente, destruido como tienen su territorio, es a los europeos que nos trasladan la basura a nosotros como en el caso de Botnia. Me he dado cuenta de que la gente, a nivel popular, se va a poner del lado nuestro cuando le demostremos que podemos ganar. No antes. Van a decir: sí, pero esta gente tiene razón, son buena gente, es verdad que el agua no se puede tomar. Pero no ven que podemos ganar. Entonces están ahí, mirando.

«No vienen porque la política atrae cuando hay sensación de triunfo. Lo que atrae es el poder. Nos gustaría que no fuese así. Pero los datos de la historia indican esto. Acá, te puedo asegurar que hay gente con expectativas a favor, pero no vienen porque no nos ven triunfadores».

–Por lo que cuentan, en esta provincia no hay libertad de expresión ni mucho menos derecho a la información.

–Eso no tiene vuelta. Por el momento no le encontramos una solución. Salvo los medios alternativos, con lo poco que podamos hacer. Pero el gobierno controla todos los medios de comunicación, como controla los tres poderes públicos.

«Y el otro problema es que falta la ciudadanía, el conjunto de la sociedad. No hay tres o cuatro ciudadanos que se junten y presenten una denuncia. Salvo excepciones, como en este caso, pero en el conjunto de la sociedad no pasa. Algunos presentan ante los medios un problema para expresar su protesta o a veces se movilizan para que se los focalice. Pero el gobierno tiene la característica de cerrar y clausurar toda la posibilidad de debate».

–¿En tu caso cómo es?

– A nosotros nos va bien. Puede ocurrir que presionen a alguna gente pero corremos riesgos y planteamos las cosas. Ahora, las grandes explicaciones, los grandes relatos tampoco la gente los compra. Le interesa si el gobierno está débil o fuerte o quien viene y quien se va. Asumiendo, en muchos casos, que el poder es una cosa sucia, tramposa, como aceptándolo. Nosotros ofrecemos dos cosas. El análisis planteando cuál es el problema y por otro lado decimos si el poder está fuerte o débil.

«Si vos decís por ejemplo que los iraquíes tienen razón, te dicen ‘pero no, Estados Unidos e Israel son muy poderosos’. Pero si vos le querés explicar la totalidad del problema y ponés un título que advierte: ojo que esta guerra la está ganando Hisbolá porque ellos bombardean ciudades, y eso no le sirve, porque no le pega a los guerrilleros. Ahí hay otra expectativa. Allí sí se produce un cambio porque lo que atrae no es la verdad ni la justicia sino el poder y la historia lo indica así.

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* Periodista.

En www.prensared.com.ar.

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