Ago 10 2022
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Despacito por las piedras

Argentina y Chile

Visitar Buenos Aires en la década de los 60 o 70 del siglo pasado era encontrarse con la ciudad más europea de América Latina y con el mejor estándar de vida de su población. Los chilenos quedábamos estupefactos ante un desarrollo que se evidenciaba fácilmente en la forma de vestir de los argentinos, como en su devoción por la comida, el consumo y el buen gusto en general. Prácticamente resultaba imposible encontrar mendigos por las calles y siempre nos impresionaban aquellas obras de construcción con persistente olor a asado a la hora de las colaciones de sus trabajadores.

La Capital Federal se destacaba tambi√©n, por su gran n√ļmero de librer√≠as, con las que abastec√≠a no solo a los lectores transandinos sino a todos los latinoamericanos que quer√≠an obtener libros m√°s baratos que en todos sus pa√≠ses. Las principales ciudades argentinas descollaban, adem√°s, por su gran n√ļmero de expresiones art√≠sticas y culturales, por lo que muchos cultores se convirtieron en creadores y cantantes destacados a nivel mundial.El Obelisco de Buenos Aires, icono de la ciudad - Friendly Rentals Blog

Argentina podía ufanarse de tener recursos naturales diversos y en abundancia, de ser uno de los principales graneros del mundo, como contar con una industria muy por encima de las de nuestras naciones. Sus sistemas educacional y sanitario eran de los más avanzados del Continente y el Estado prestaba encomiables iniciativas y servicios en este y otros sentidos. En sus autopistas y medios de transporte, por ejemplo.

Aunque la corrupci√≥n estuvo desde siempre presente, se dec√≠a en broma o en serio que Argentina era tan rica y produc√≠a tantos bienes al d√≠a que pod√≠a permitirse el lujo que le robaran por las noches. Hoy ya no es la misma, sin duda, tanto que al pa√≠s le faltan los d√≥lares para encarar la deuda externa y el acoso del Fondo Monetario Internacional. La inflaci√≥n galopante registra en varios miles a los argentinos que se suman a la pobreza cotidianamente y el n√ļmero de los carenciados e indigentes alcanza ya el 70 por ciento, 55 seg√ļn las cifras oficiales. Desde Washington se afirm√≥ en el pasado que Argentina era el pa√≠s que ten√≠a m√°s d√≥lares despu√©s de Estados Unidos. Y vaya que eso se notaba.

La inflaci√≥n, una lacra conocida, empobrece ahora a sus hogares y restringe severamente su poder adquisitivo. No es de extra√Īar, por lo mismo, que hoy pr√°cticamente toda la Argentina est√© asolada por la delincuencia, los asaltos, los secuestros y todos los cr√≠menes que se asocian y explican el fen√≥meno de la inseguridad social. En una realidad en que la corrupci√≥n tambi√©n se est√° extendiendo y tal parece que, m√°s todav√≠a que en Chile, alcanza todos los niveles de la administraci√≥n p√ļblica, la clase pol√≠tica, el empresariado, las centrales sindicales, los uniformados y hasta las propias entidades religiosas. La diferencia con nuestro pa√≠s radicar√≠a, seguramente, en lo cuantitativamente superiores que son las cifras del dolo, adem√°s del crimen y la corrupci√≥n, m√°s que organizados, all√° est√°n verdaderamente institucionalizados.

Lo m√°s ingrato de todo es que los argentinos ya no tienen mayores esperanzas respecto de sus gobernantes. En las √ļltimas d√©cadas, despu√©s de los militares, han gobernado la derecha, el centro y, desde luego el peronismo, una compleja agrupaci√≥n a la que se le supone afinidad con la izquierda y la redenci√≥n de los pobres y oprimidos. Realmente, nada ha cambiado entre los gobiernos de Menen, Macri y la dinast√≠a de los Kirchner, que promete ahora m√°s reelecciones, despu√©s de que la viuda de N√©stor haya designado a un mediocre como Alberto Fern√°ndez como su sucesor. Con la evidente intenci√≥n de retornar ella misma a la Casa Rosada e ir preparando el arribo de su hijo favorito.

No es que Chile hoy pueda presumir de superioridad, aunque desde allá se nos vea mejor. Con Argentina compartimos ahora prácticamente las mismas aflicciones socioeconómicas, salvo que aquí muchos tienen todavía alguna confianza en que el nuevo gobierno pueda alterar el rumbo de la economía neoliberal que castigó tan duramente a estas dos naciones como a tantas otras.

As√≠ como se conf√≠a en que, a pesar de su matriz vanguardista, Gabriel Boric termine consolidando una estrecha relaci√≥n con las Fuerzas Armadas y las policiales que le permita superar las inclemencias provocadas por la delincuencia, el narcotr√°fico o del propio terrorismo, como se tilda tan ligeramente la lucha mapuche de la zona macro sur.¬† Sin embargo, se sospecha como posible que el gobierno actual muy pronto queme las √ļltimas esperanzas de los chilenos, como ya se supone sucedi√≥ en Argentina, donde el malestar es completamente transversal.

En todo caso, ambos pa√≠ses est√°n en ca√≠da libre respecto del bienestar de sus pueblos. Solo que Argentina se desliz√≥ antes que nosotros al precipicio. Pero a ambos ya no nos van quedando referentes pol√≠ticos que puedan encarar las fatalidades que nos golpean a diario. Si bien el estallido social aqu√≠ constituy√≥ un fen√≥meno que tiene d√≠as y a√Īos muy demarcados, al otro lado de los Andes el malestar estalla todos los d√≠as, en todas partes y poco a poco se van agudizando los m√©todos del hast√≠o.

Con todo, es n√≠tido que en ambos pa√≠ses la polarizaci√≥n se extrema, aunque all√° no se expresan las pugnas ideol√≥gicas que se presentan en Chile. Posiblemente porque el peronismo ha sido capaz de meter en su saco las m√°s dis√≠miles posiciones y generaciones, dentro de la com√ļn aspiraci√≥n por el poder y sus frutos.

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