Ago 14 2021
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Cultura

Beatriz Sarlo, la desertora. Notas sobre el pensamiento colonial (e imperial) en Argentina.

 

La ensayista Beatriz Sarlo (Buenos Aires, 1942) en una reciente entrevista (03-08-2021) realizada por el periodista Paulino Rodr√≠guez del canal de TV por cable La Naci√≥n +, declaro: ‚Äúlas islas Malvinas son ‚Äúterritorio brit√°nico‚ÄĚ [..] ‚ÄúCuando la gente dice ‚Äėlas Malvinas son argentinas‚Äô no se sientan ni un minuto a pensar, si son argentinas, si no son argentinas, ni qu√© son las Malvinas. Galtieri mand√≥ militares a Malvinas y eso fue un acto nacional psic√≥tico‚ÄĚ [‚Ķ] ‚ÄúReivindicando tierras que, aparentemente, fueron de la Argentina en la d√©cada del 30 del siglo XIX…

Es decir, cuando la Argentina a√ļn no se llamaba Argentina. Cuando a√ļn no estaba unificada como pa√≠s. Cuando a√ļn no ten√≠a Constituci√≥n. Todav√≠a hoy se agita eso cada vez que se quiere hacer cierta propaganda nacional‚ÄĚ[2].

Lejos de mi país, como en casa

No es la primera vez que Beatriz Sarlo se manifiesta a favor de la ocupaci√≥n colonial brit√°nica en las Islas Malvinas Argentinas. En uno de sus libros publicado:¬†Viajes. De la Amazonia a Malvinas¬†(2012), en un cap√≠tulo que ella t√≠tulo: ‚ÄúUna extranjera en las islas‚ÄĚ, escribe: ‚ÄúEntre los votantes, m√°s de la mitad, casi un 70%, nombra su identidad como pueblo: isle√Īos de las Falklands (si se lo quiere traducir a una denominaci√≥n argentina: malvinenses). La nacionalidad argentina no aparece en estas opciones. Ser√≠a extra√Ī√≠simo que apareciera‚ÄĚ[3].

En este libro Sarlo se mueve como pez en el agua, con un registro que no es preciso ni busca serlo, por momentos habla como una cient√≠fica, por momentos como una viajera amateur que se sorprende como una ni√Īa perdida en un territorio que parece desconocer: su propia Patria. Como suele ocurrir en otros libros de la autora (y de los autores ubicados en la corriente llamada ‚Äúde historia de las ideas en Argentina‚ÄĚ) esas divagaciones posmo-existencialistas son festejadas por los intelectuales, ciertamente son muy personales ‚Äďy superficiales- si uno las compara con las divagaciones de los autores que ellos admiran (Jean Paul Sartre ‚Äď Albert Camus ‚Äď Simone de Beauvoir).

Lo cierto es que al menos estos franceses estuvieron debajo de las bombas alemanas en la Segunda Guerra, en otras palabras, esas vivencias le dan ciertos permisos para sus divagues, por el contrario, Sarlo es una desertora, nunca ha querido luchar por los suyos, lejos y muy alto, desde su torre de marfil, mira y escribe sobre una tierra que ha abandonado hace mucho.

También tengo yo divagues personales. Fui alumno de ella en la Cátedra: Literatura Argentina II en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Para el programa de esa materia Beatriz Sarlo había elegido una serie de autores, todos ellos reconocidos (y desertores de los problemas argentinos): Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan José Saer, Ezequiel Martínez Estrada, Silvina Ocampo, entre tantos otros.

Los Pichiciegos de Fogwill, lo que leyó Sarlo y la lectura de Julio Cardoso

El escritor Rodolfo Fogwill (Quilmes, 1941-2010), de alguna manera intento alertarnos sobre el problema de los desertores como Beatriz Sarlo en su novela ambientada en la Guerra de Malvinas de 1982:¬†Los Pichiciegos¬†(1983)[4]. Sin embargo, observo que Beatriz Sarlo ley√≥ el libro de una forma lineal, de all√≠ que la propuso como ‚Äúla‚ÄĚ novela de la Guerra, dijo: ‚Äúproduce esta verdad de la Guerra de Malvinas‚ÄĚ al permitir comprender lo que ‚Äúuna guerra (no cualquier guerra, sino esta, la desencadenada por la aventura de Galtieri) hace con los hombres‚ÄĚ, al hundirlos en unas ‚Äúcondiciones de miseria simb√≥lica‚ÄĚ tales que, ‚Äúpara honrar a los ca√≠dos y hacer justicia a los veteranos‚ÄĚ solo ser√≠a posible ‚Äúofrecerles un lugar como v√≠ctimas‚ÄĚ[5].

Recordemos:¬†Los Pichiciegos¬†cuenta la cotidianeidad de un grupo de desertores que intenta colocarse al margen de la guerra, se encierra en su propio b√ļnker y desde ah√≠ despliega estrategias para obtener calor, comida y seguridad; transan lo que haya que transar, incluso aceptan marcar blancos para los ingleses a cambio de alimento, porque entre ellos el colapso de todos los valores ha suprimido el horizonte donde la solidaridad, la dignidad, la lealtad y la traici√≥n, por ejemplo, hubieran podido distinguirse y tener alg√ļn sentido.

El poeta, cineasta, escritor, y artista Julio Cardoso (Buenos Aires, 1956-2017), le respondi√≥ a Sarlo sobre esa lectura del libro (y de la guerra), dijo: ‚ÄúLa lectura que Sarlo efect√ļa de¬†Los Pichiciegos¬†nos presenta un ‚Äúteatro de la memoria‚ÄĚ en cuyo escenario s√≥lo caben algunos actores muy precisos (los victimizados y solo ciertos victimarios), una sola dramaturgia de la guerra y del conflicto (la del general loco y su banda de criminales ambiciosos) y unas directivas de selecci√≥n muy severas acerca de qu√© relatos poseen un genuino ‚Äúefecto de verdad‚ÄĚ y cu√°les ser√≠an nada m√°s que el despreciable efecto de la adicci√≥n ‚Äúal alucin√≥geno del patriotismo desp√≥tico‚ÄĚ (que, seg√ļn su propia descripci√≥n, fue ingerido por la mayor parte del pueblo argentino, salvo ella y unos pocos m√°s, naturalmente, quienes en la ‚Äúmayor soledad‚ÄĚ se sent√≠an ‚Äúextra√Īos en nuestro propio pa√≠s‚ÄĚ).

Palabras m√°s, palabras menos, el gui√≥n propuesto por Sarlo es el que finalmente ha venido a ocupar las marquesinas de pr√°cticamente todos los escenarios masivos de este 30ňö aniversario, √ļnica narraci√≥n con ‚Äúefecto de verdad‚ÄĚ certificado por los administradores del saber. En algunos cines de estos d√≠as se puede o√≠r una conocida frase de Carl Jung: ‚ÄúDebe haber m√°s de una bisagra en el Universo.‚ÄĚ Y efectivamente, las hay. As√≠ como son posibles otras lecturas de Los Pichiciegos, tambi√©n hay teatros de la memoria que no eligen la victimizaci√≥n como n√ļcleo central de sus representaciones de la historia‚ÄĚ.

Pero adem√°s de esta percepci√≥n selectiva de Sarlo, Julio Cardoso expone la lectura superficial que la ensayista tiene de¬†Los Pichiciegos, explica Cardoso: ‚Äú Fogwill ha dicho repetidas veces que ‚ÄúLos pichiciegos no fue escrita contra la guerra sino contra una manera est√ļpida de pensar la guerra y la literatura. [‚Ķ] Contra las maneras equivocadas de nombrar y de convivir con nuestro destino‚ÄĚ,¬† Los Pichiciegos, sigue Fogwill, ‚Äúpodr√≠a leerse como una alegor√≠a del sistema cultural argentino‚ÄĚ[6].

Notas sobre el pensamiento colonial (e imperial) en Argentina

Arturo Jauretche en 1948 se√Īalaba: ‚Äú¬ĽEn las naciones coloniales, despojadas del poder pol√≠tico directo y sometidas a las fuerzas de ocupaci√≥n extranjera, los problemas de la penetraci√≥n cultural pueden revestir menos importancia para el imperialismo, puesto que sus privilegios econ√≥micos est√°n asegurados por la persuasi√≥n de la artiller√≠a. La formaci√≥n de una conciencia nacional en ese tipo de pa√≠ses no encuentra obst√°culos, sino que, por el contrario, es estimulada por la simple presencia de la potencia extranjera en suelo natal [‚Ķ].

Pero en las semicolonias que gozan de un estatus pol√≠tico independiente decorado por la ficci√≥n jur√≠dica, aquella colonizaci√≥n se revela esencial, pues no dispone de otra fuerza para asegurar la perpetuaci√≥n del dominio imperialista, y ya es sabido que las ideas, en cierto grado de su evoluci√≥n, se truecan en fuerza material. De este hecho nace la tremenda importancia de un estudio circunstanciado de la cultura argentina o pseudo argentina, forjada por un signo de dictadura espiritual olig√°rquica[7]‚ÄĚ.

Sarlo, Saer, Cortázar, Borges, Martínez Estrada, Ocampo, y otros/as tantos/as nacieron en Argentina, no obstante, sus pensamientos, divagaciones, exploraciones, reflexiones se suspenden en el aire universal, sin techo ni suelo. Como sabemos, lo universal no es un espacio justamente universal, sino que es un constructo moderno situado en el Atlántico Norte[8]. En pocas palabras, para entrar en el panteón universal hay que golpear la puerta de los literatos de la OTAN y firmar una suerte de papeles en donde se aceptan sus artificios, normas, reglas y demás mecanismos sofisticados que permiten a ellos seguir dominando el poder simbólico de ese ficticio universo.

Los historiadores de las ideas como Sarlo, por ejemplo, con sus trabajos vinculados a los relatos, la performance, la teor√≠a del discurso y las resignificaciones posibles de un texto, actuaron y act√ļan desvirtuando las verdaderas discusiones. ¬ŅPor qu√© afirmo esto? Porque, sin preocuparse en estudiar y reflexionar sobre las posibles respuestas a nuestros problemas hist√≥ricos m√°s profundos, ellos ‚Äďsoci√≥logos, historiadores, antrop√≥logos y fil√≥sofos‚Äď tambi√©n fueron responsables del naufragio de nuestra regi√≥n durante buena parte del siglo XX.

Desde el campo cient√≠fico que obten√≠a el financiamiento de los diferentes Estados latinoamericanos encuentro muy pocos autores que hayan elaborado lecturas desde nuestra regi√≥n y para nuestra regi√≥n. Incluso observo que la producci√≥n desde el mundo de las ciencias sociales en esos a√Īos se ha dedicado especialmente a silenciar a los autores que han elaborado estudios, investigaciones e intervenciones vinculadas a diferentes exploraciones te√≥ricas fundamentales para responder a nuestros problemas: el imperialismo brit√°nico, franc√©s o norteamericano, la integraci√≥n latinoamericana, las caracter√≠sticas de nuestro sistema democr√°tico, las distintas constituciones nacionales, los due√Īos de los medios de comunicaci√≥n o la discusi√≥n sobre el control los recursos naturales[9].

La realidad es m√°s que la idea y el tiempo es m√°s que el espacio

Beatriz Sarlo afirma que la novela de Fogwill sobre un grupo de desertores es ‚Äúla novela de la Guerra de Malvinas‚ÄĚ, obviamente es su lectura del libro, es su idea. El programa Radial Malvinas Causa Central en el aire desde hace nueve a√Īos por Radio Megaf√≥n Unla ha entrevistado a cientos de ex combatientes y no he escuchado que ninguno de ellos se arrepienta de haber ido a luchar a Malvinas, tampoco he escuchado a nadie manifestarse a favor de la deserci√≥n ni relatos de desertores.

Al mismo tiempo, para Sarlo es m√°s importante el espacio que el tiempo, un artificio ya conocido y empleado por el nazismo para justificar las invasiones de los a√Īos 1939-1940 en Austria, Polonia, Hungr√≠a, Yugoslavia.

Hitler afirmaba: ‚ÄúDonde haya un Alem√°n esta Alemania‚ÄĚ, una cl√°sica l√≥gica imperial, invasora, agresiva[10]. La historia de Malvinas, el tiempo dice que antes de los ingleses hubo gauchos e indios nacidos en el territorio de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata. Recordemos la l√≠nea de continuidad que enlaza a la Soberan√≠a ejercida por la Madre Patria Espa√Īa desde 1776 con sus 32 gobernadores y la Soberan√≠a de las Provincias Unidas ejercida tras la Revoluci√≥n de Mayo desde 1810 por el derecho que ejercen las naciones occidentales desde los tiempos romanos llamado de Utis possidetis iure.

Este derecho afirma que las antiguas posesiones coloniales pasaban a ser parte del territorio de las naciones independizadas[11]. Luego, la continuaci√≥n del dominio, por la tradici√≥n de los t√≠tulos jur√≠dicos de Espa√Īa en favor de las Provincias Unidas, otorgaba el derecho a disponer administrar y gobernar a todas las Islas del Atl√°ntico Sur.

En este sentido es indispensable desenmascarar la operaci√≥n de desmalvinizaci√≥n que ejerce Beatriz Sarlo cuando se intenta vilipendiar y denigrar a nuestra tradici√≥n hisp√°nica. Mu√Īoz Azpiri en su monumental obra sobre la historia de las Malvinas deja una reflexi√≥n al respecto, dice: ‚ÄúNo consideramos a la historia de Espa√Īa como una indefinida sucesi√≥n de decadencias ni aplicamos a su estudio un criterio calamitoso que impusieron las pautas iluministas y obedecieron con tal ceguedad los hispanoamericanos‚ÄĚ, luego agrega: ‚ÄúDebemos dejar de continuar utilizando m√≥dulos ideol√≥gicos herrumbrados, fruto de otras latitudes y otros intereses.[12]‚ÄĚ

Beatriz Sarlo y la deserción de los intelectuales argentinos.

Los intelectuales nacieron en Francia a fines del siglo XIX durante el affaire Dreyfus. Nacieron enfrentando al Estado Francés, ellos eran los portadores de la verdad sin ataduras ideológicas pero con los pies en su Patria, estaban comprometidos en salvar a su Nación. Luego, los Albert Camus, André Malraux, André Gide y otros tantos, resistieron la ocupación alemana, algunos con fusiles en las manos otros con sus plumas, en fin, nadie desertó. Beatriz Sarlo se infla el pecho cuando habla de estos franceses y afirma a viva voz: ¡Yo soy una intelectual! Sin embargo, ni los intelectuales del affaire Dreyfus ni los de la Segunda Guerra desertaron.

Beatriz Sarlo s√≠, ella ha abandonado a su Patria, no la reconoce como propia ni siente responsabilidades por su Naci√≥n. Para entender mejor como definir a Sarlo vale revisar la etimolog√≠a de la palabra desertor. Seg√ļn el Diccionario de la Real Academia Espa√Īola, la palabra desertar proviene del lat√≠n desertare y significa ‚Äúabandonar las obligaciones, tambi√©n se suele vincular con el t√©rmino en lat√≠n desertoris, que b√°sicamente significa ¬ęel que abandona¬Ľ y que en el uso se aplic√≥ mucho en el sentido de ¬ęel que traiciona una causa¬Ľ (muy empleado por Cicer√≥n). … De deserńēre tenemos tambi√©n desierto (lugar abandonado) y desertar.

Notas        

[2]La entrevista completa puede observarse en la p√°gina web del Diario¬†La Naci√≥n, y parte de la entrevista aparece en el art√≠culo: ‚ÄúEl verdadero pensamiento de Beatriz Sarlo sobre Malvinas‚ÄĚ,¬†Diario La Naci√≥n, 04-08-21.¬†https://www.lanacion.com.ar/politica/beatriz-sarlo-las-malvinas-son-territorio-britanico-nid03082021/

[3]Sarlo, Beatriz, Viajes. De la Amazonia a Malvinas, Buenos Aires, Seix Barrial, 2012, p. 175.

[4]Cardoso, Julio, Los otros Pichiciegos, Infonews, 21-04-2012, en:   http://malvinas30mvs.blogspot.com/2013/04/los-otros-pichiciegos.html

[5]‚ÄúNo olvidar la guerra‚ÄĚ,¬†Revista Punto de Vista¬†N¬ļ49, Buenos Aires, agosto de 1994 y ‚ÄúEl patriotismo desp√≥tico‚ÄĚ, La Naci√≥n, 27 de enero de 2012.

[6] Cardoso, Julio, Los otros Pichiciegos, Infonews, 21-04-2012, op., cit.,

[7]Jauretche, Arturo,¬†Los profetas del odio y la yapa. La colonizaci√≥n pedag√≥gica, Buenos Aires, Ed. Pe√Īa Lillo, 1948, p. 146.

[8] Di Vincenzo, Facundo, los intelectuales del Atl√°ntico Norte y su lectura de la pandemia. Loris Zanatta y otros Posmo-Coloniales de nuestro tiempo, Remedios de Escalada, Revista Viento Sur UNLa, 6 de Junio de 2020, en: http://vientosur.unla.edu.ar/index.php/los-intelectuales-del-atlantico-norte-y-su-lectura-de-la-pandemia/

[9]Di Vincenzo, Facundo, La colonizaci√≥n historiogr√°fica. Reflexiones acerca de una Historia Moderna y Contempor√°nea para Latinoam√©rica y el Caribe, Remedios de Escalada, Revista Viento Sur UNLa, n¬ļ 19, 16 de diciembre de 2018, en:¬†http://vientosur.unla.edu.ar/index.php/la-colonizacion-historiografica/

[10] Alberdi, Juan Bautista, El crimen de la guerra [1870], Buenos Aires, Claridad, 1934.

[11]Di Vincenzo, Facundo, Una Soberan√≠a celeste, terrestre y mar√≠tima. Reflexiones a 200 a√Īos de la toma de posesi√≥n de las Malvinas por las Provincias Unidas, Remedios de Escalada, Megaf√≥n, 10 noviembre 2020, en:

https://megafonunla.com.ar/notas/2020-11-10_una-soberania-celeste-terrestre-y-maritima

[12]Mu√Īoz Azpiri, Jos√© Luis,¬†Historia completa de las Malvinas, Tomo 1, op., cit., p. 39.

 

*Profesor de Historia ‚Äď Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia‚Äď Universidad del Salvador, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano ‚Äď Universidad Nacional de Lan√ļs, Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integraci√≥n Latinoamericana ‚ÄúManuel Ugarte‚ÄĚ, del Instituto de Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicaci√≥n. Columnista del Programa Radial, Malvinas Causa Central, Megaf√≥n FM 92.1, Universidad Nacional de Lan√ļs. Redactor asociado al Centro Latinoamericano de An√°lisis Estrat√©gico¬† (CLAE, www.estrategia.la)

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