Beethoven murió por hepatitis B

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Un debate entre los biógrafos de Ludwig van Beethoven ha persistido alrededor de las numerosas hipótesis de la causa de su fallecimiento. Casi dos siglos después de su muerte, en Viena en 1827, el análisis de cinco mechones de sus cabellos permitió obtener la secuencia genómica que reveló que el genio de Bonn padecía una predisposición a enfermedades hepáticas y que estaba contagiado con el virus de hepatitis B. Sin embargo, el origen de su sordera continúa en el misterio.

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Un estudio de la revista Current Biology señala que una muestra de cinco mechones de cabellos del compositor reveló que padecía predisposición a enfermedades hepáticas y estaba contagiado con el virus de hepatitis B. Sin embargo, el origen de su sordera aún es un misterio.

La revista científica Current Biology publicó ayer un artículo con los resultados del estudio encabezado por Tristan Begg, investigador de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido. Uno de los músicos más influyentes y populares de la historia vio significativamente impactada su carrera como compositor y pianista debido a problemas de salud, incluidas la pérdida progresiva de la audición, molestias gastrointestinales recurrentes y enfermedad en el hígado, se plantea en el extracto del documento.

Durante muchos años se consideró que la cirrosis llevó a Beethoven a la tumba a los 56 años. En 1802, el propio director y compositor afirmó en una carta que sólo la virtud y su arte lo detuvieron de suicidarse, pues no podía dejar el mundo antes de producir todas las obras que debía componer. También pidió que después de su muerte su médico Johann Adam Schmidt describiera su enfermedad y se hiciera pública.

La causa del deceso continuó sin esclarecerse. En el pasado las indagaciones se han ocupado de fuentes documentales, como cartas, diarios, sus libros de conversación y relatos de contemporáneos, así como notas de sus médicos. Esto se suma al reporte de la autopsia y las descripciones de las inhumaciones de 1863 y 1888, además de análisis a tejidos que se afirma proceden del músico, incluidos estudios toxicológicos de cabellos y de fragmentos de cráneo de autenticidad desconocida.

La nueva inspección de su ADN señala que aunque no pudimos identificar una explicación genética para el trastorno auditivo o los problemas gastrointestinales, encontramos que tenía predisposición genética a la enfermedad hepática. Los análisis metagenómicos revelaron que además padeció una infección de hepatitis B durante al menos meses antes de su muerte.

Secuencia genómica

Junto con esa predisposición y los indicios de dependencia al alcohol, los investigadores ofrecen una explicación plausible de la grave afección de Beethoven, que culminó en su fallecimiento, el cual fue atribuido a la cirrosis. Desde el verano de 1821 comenzó a mostrar síntomas de enfermedad del hígado y al menos dos ataques de ictericia.

El ADN del pelo de Beethoven apunta que sufrió una infección por hepatitis B antes de su muerte

El artículo, de unas 40 páginas, señala que el estudio de los restos del compositor es para dilucidar las posibles causas genéticas e infecciones subyacentes de sus enfermedades. Al análisis se incorporaron mejoras en los métodos en pequeñas cantidades de cabello histórico, lo que permitió obtener la secuencia de genoma.

De manera adyacente, se menciona que en investigaciones toxicológicas de cabellos se argumenta que los problemas de salud fueron causados o agravados por intoxicación de plomo y que al final de su padecimiento se le administraron opiáceos y mercurio para una hipotética infección de sífilis. Nosotros ahora concluimos que estos hallazgos no se aplican a Beethoven.

Para la indagación científica se utilizaron ocho mechones de cabello atribuidos al genio de Bonn, cinco de los cuales procedían de un hombre europeo y se consideró que, con certeza, eran auténticos. Las muestras fueron obtenidas de colecciones públicas y privadas.

En el proyecto participaron, además de la Universidad de Cambridge, el Centro Beethoven San José y la Sociedad América de Beethoven de California, en Estados Unidos; la Universidad KU Leuven, de Bélgica; la Universidad de Bonn, la Beethoven-Hauss de Bonn y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Alemania. El texto incluye una larga lista de colaboradores especialistas en Estados Unidos, Europa y Australia.

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