Ene 31 2005
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Economía

Beirut: el peligro de la diversidad

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Durante m√°s de quince a√Īos la secci√≥n internacional de las noticias se refiri√≥ a este peque√Īo pero complejo pa√≠s mediterr√°neo para anunciar de forma sistem√°tica muerte y destrucci√≥n. Si en el siglo XIX se acu√Ī√≥ la palabra ¬ębalcanizaci√≥n¬Ľ, el XX dio a luz un nuevo t√©rmino: el de la ¬ębeirutizaci√≥n¬Ľ. Los dos conceptos hacen referencia a un conflicto armado complejo con m√ļltiples ramificaciones que hacen imprevisible su desarrollo.

La decadencia, la ca√≠da y el nuevo renacimiento de Beirut pudieran servir como ejemplo que ilustre las contradicciones y la complejidad de la vida social y humana. fotoLa ciudad que fuera conocida como ¬ęla Suiza de Oriente Pr√≥ximo¬Ľ, en alusi√≥n a su esplendor y oportunidades de negocio, vivi√≥ una compleja guerra civil que la destruy√≥ por completo y que cambi√≥ su fisonom√≠a urbana hasta hacerla irreconocible. Sin embargo la vida es terca y pocos a√Īos despu√©s de acabada la guerra las conductas m√°s ostentosas y el inter√©s volvieron a ense√Īorearse de las ruinas a√ļn humeantes.

Este hecho es uno de los acontecimientos que m√°s sorprenden a los visitantes de la que ya vuelve a ser, de nuevo, la cosmopolita capital ribere√Īa del Mediterr√°neo. La infausta l√≠nea verde que hasta hace poco separaba las comunidades cristiana y musulmana ha pasado a convertirse a d√≠a de hoy en una serie de solares despejados de escombros y d√≥nde el vidrio y el hormig√≥n otean los lugares en los que hasta hace pocos a√Īos se combat√≠a casa por casa.

La Plaza de los M√°rtires, que fue posiblemente uno de los lugares m√°s concurridos y c√©ntricos de Beirut, es ahora un enorme y desolado estacionamiento en uno de cuyos extremos se construye una mastod√≥ntica mezquita. La vieja ciudad hecha de viejas casonas elegantes y se√Īoriales ha sido desplazada de la zona centro. En el lugar de las centenarias construcciones se han levantado otros edificios de alto lujo y la populosa poblaci√≥n que hasta hace poco pon√≠a vecindad y colorido a sus calles ha sido sustituida por ejecutivos y ociosos que hacen de la exhibici√≥n su principal actividad.

La reconstrucci√≥n ha querido hacerse con el orden geom√©trico propio de las racionales ciudades estadounidenses. De esta forma la zona centro de Beirut gana en orden y posibilidades comerciales y pierde en est√©tica -a la vez que hipoteca el alma que debiera acompa√Īar a todo asentamiento humano-. La Place de l?Etoile y los edificios, el Parlamento entre ellos, que en disposici√≥n radial salen de su centro representado por la Torre del Reloj, son ahora el nuevo coraz√≥n oficial de la ciudad.

Los bajos de los edificios primorosamente reedificados en estilo mediterr√°neo est√°n ocupados por elitistas franquicias y por restaurantes exclusivos. En sus proximidades se certifica que la complejidad de Beirut viene avalada por muchos siglos de historia. Ruinas romanas comparten espacio con piedras venerables, ermitas erigidas en tiempos de los cruzados, iglesias ortodoxas, mezquitas y una catedral cristiano maronita. Las siluetas de todos estos lugares de culto y estudio quedan ensombrecidas por los inmensos andamios que dan forma a la reciente mezquita que se construye al lado mismo de todo este impresionante y variopinto mosaico cultural.

Lo esmerado de las rehabilitaciones arquitect√≥nicas en lo que a lugares de culto se refiere no ocultan el aire de parque tem√°tico que acompa√Īa a los alrededores de la Place de l?Etoile. Hay una manifiesta falta de tacto en las colosales proporciones de la nueva mezquita en construcci√≥n. La gracia y la proporcionalidad que acompa√Īan a las viejos lugares de culto musulmanes y a las ermitas cristianas pr√≥ximas se rompe con esta reciente edificaci√≥n. Su mensaje es claro. En esta zona hay muchos cultos, viene a decir el anuncio, y todos son respetables pero la fe que predomina despu√©s de la guerra es la musulmana.

Fr√°gil equilibrio

Los diez mil kil√≥metros cuadrados que conforman territorialmente el peque√Īo pa√≠s que lleva por nombre L√≠bano son de una variedad y una complejidad pol√≠tico religiosa dif√≠cilmente superables en cualquier otro punto del mundo. El estado liban√©s surgi√≥ a partir del Pacto Nacional de 1943. La convivencia se bas√≥ en un acuerdo no escrito entre las diferentes comunidades que permit√≠a el reparto de poder entre los diferentes grupos confesionales en raz√≥n de su peso demogr√°fico.

Por un lado los cristianos, divididos en maronitas, griegos ortodoxos, griegos católico-romanos y otros grupos menores entre los que figuran armenios y protestantes. De otro lado la comunidad musulmana repartida a su vez entre sunníes, chiíes -o chiítas- y drusos.

En aplicaci√≥n de este pacto la presidencia del Estado reca√≠a en la comunidad maronita, la jefatura del Gobierno en manos de un representante de la comunidad sunn√≠, los drusos ten√≠an al menos una cartera ministerial y la presidencia del Parlamento reca√≠a en un miembro de la colectividad chi√≠ta. Este fr√°gil dise√Īo pudo sobrevivir hasta mediados de los a√Īos setenta, momento en que el complejo Estado liban√©s se quebr√≥ de forma paulatina debido fundamentalmente a la concurrencia de tres factores: en primer lugar un vuelco demogr√°fico respecto al momento de su fundaci√≥n, cuando los cristianos eran mayor√≠a.

La comunidad musulmana pasó a constituir a mediados de la década de los sesenta el 63 por ciento de la población libanesa. Este hecho desembocó en la pretensión musulmana de revisar el reparto de poder institucional que hasta entonces beneficiaba a los cristianos maronitas. En segundo lugar, la realidad sociológica del país cambió de forma radical. La migración a la gran ciudad creó una nueva clase proletaria dotada de conciencia política y ajena a los tradicionales mensajes de sus comunidades.

La presencia de una numerosa comunidad de refugiados palestinos en el L√≠bano fue el tercer factor que contribuy√≥ decisivamente a la agudizaci√≥n de las tensiones. La utilizaci√≥n del territorio liban√©s como base de operaciones armadas contra Israel determin√≥ la entrada del peque√Īo pa√≠s mediterr√°neo en el escenario del vasto conflicto √°rabe-palestino-israel√≠. Los grupos armados palestinos fueron copando cada vez m√°s poder e influencia en L√≠bano y el choque con las milicias armadas cristianas se hizo inevitable.

La situaci√≥n se hizo muy dif√≠cilmente explicable para los profanos cuando Siria invadi√≥ parte del pa√≠s a fin de respaldar a la comunidad cristiana, puesta contra las cuerdas por el empuje musulm√°n. A su vez Israel se hizo con el control militar del sur del L√≠bano con el fin de expulsar a los palestinos y librarse de su hostigamiento. Despu√©s de a√Īos de guerra y alianzas rotas, congeladas y traicionadas la situaci√≥n degener√≥ en un vac√≠o de poder que culmin√≥ con las matanzas de los campos de refugiados palestinos de Shabra y Chatila a manos de milicianos falangistas cristianos respaldados por Israel.

Beirut cristiano

La religi√≥n, al igual que la pol√≠tica, ha marcado y contin√ļa separando los destinos y las formas de vida cotidianas de sus habitantes. El fr√°gil equilibrio institucional que trata de representar a todos los sectores de la compleja sociedad libanesa en las carteras ministeriales y puestos clave del Gobierno ha sido puesto de nuevo en marcha. A que sobreviva esta obra de ingenier√≠a institucional ha contribuido de forma decisiva el hartazgo ciudadano por tantos a√Īos de muerte y guerra.

Durante décadas la delimitación de los sectores cristiano y musulmán estaba perfectamente clara. En ocasiones la supervivencia de los civiles dependió de encontrarse siempre en el distrito correcto para sus intereses. Una manzana determinada o la acera de una calle eran auténticas fronteras.

Ahora es más frecuente que una familia viva en una zona determinada, lleve a sus hijos al colegio a un sector distinto y que, incluso, haga sus compras en un distrito diferente. A pesar de todo, en Beirut, siguen siendo perfectamente identificables las diferentes divisiones de la ciudad en función de su confesionalidad.

El sector cristiano se ubica al este del centro de la ciudad. No es una zona monolítica en sus devociones religiosas o en sus afinidades políticas. Las iglesias protestantes están próximas a otras de culto maronita, ortodoxas, greco católicas o armenias. En las esquinas de algunas de estas calles se dibujan simplistas símbolos cristianos como cruces y peces. Las fotos de homenaje al asesinado líder de las falanges libanesas Gemayel son casi omnipresentes en este sector.

Las suaves colinas que forman parte del relieve urbano de Beirut son salvadas aquí por largas escalinatas. Por momentos este orden urbano guarda una discreta semejanza en su disposición con otras ciudades mediterráneas cristianas y, en especial, con Atenas. Las escalinatas que salvan las numerosas colinas aparecen limpias, en ocasiones cubiertas por parras o higueras.

Los iluminados iconos que presiden sus descansos traen a la memoria el recuerdo de la cultura ortodoxa. No se estilan en esta zona los peque√Īos y tradicionales cafetines √°rabes llenos a rebosar de hombres jugando al backgammon y cargado su ambiente del aroma acre del tabaco. Los peque√Īos negocios no se extienden por la acera al aire libre, sino que sus propietarios los gestionan detr√°s de un mostrador con el amparo de un caf√© y en numerosas ocasiones con el sustento de una conversaci√≥n amigable con un parroquiano cualquiera. La vida parece aqu√≠ m√°s reglamentada al estilo de la cercana europa meridional. Abundan en esta zona numerosos bares y cervecer√≠as de ambiente nocturno y de sofisticado dise√Īo y la forma de vestir y comportarse de sus j√≥venes clientes no parece diferir en apariencia del patr√≥n occidental de conducta. La residencia de los jesuitas as√≠ como su museo etnogr√°fico y su biblioteca de estudios orientales se encuentran en esta zona.

Beirut musulm√°n y Hamra

La ciudad musulmana es comparativamente m√°s extensa y populosa. Sus calles tienen un trazado m√°s sinuoso y su aspecto no difiere demasiado de otras urbes musulmanas ribere√Īas del Mediterr√°neo. Los oficios se agrupan en las mismas zonas y es posible ver manzanas enteras de casas cuyos bajos son todos carpinter√≠as o bien hojalater√≠as o tiendas de confecci√≥n y venta de tejidos.

El ambiente parece aquí más anárquico y vitalista. Junto al omnipresente tráfico y aprovechando cualquier sombra entre edificios o el relativo frescor de un patio en el que la maleza ocupa tanto o más espacio que las especies ornamentales se encuentran casi siempre un par de sillas ocupadas por ancianos que escrutan su parcela con ojos escépticos.

Otras estampas t√≠picas de los pa√≠ses √°rabes pueden admirarse en este sector sin dificultad: el vendedor de fruta pregonando su mercanc√≠a a voz en cuello mientras su burro arrastra la carreta que los contiene a ambos o el orondo propietario de un negocio que descalzo y sentado fuera de su local fuma con visible satisfacci√≥n una pipa de agua. El pavimento levantado, las zanjas, las eternas obras o la inmensa mara√Īa de cables que a cielo abierto van uniendo las esquinas forman parte del paisaje urbano que define a esta zona de Beirut.

No es extra√Īo encontrar aqu√≠ a mujeres ataviadas de negro de la cabeza a los pies u hombres de poblada barba y cubiertos con el caracter√≠stico tocado que certifica que su obligatoria peregrinaci√≥n a La Meca ya ha sido cumplida. En esta zona la llamada a la oraci√≥n parcela las horas del d√≠a y su aviso suena claro y potente entre los edificios.

Por su parte Hamra es el distrito más comercial y cosmopolita de la ciudad. Está situado hacia el oeste del centro urbano y delimitado por el paseo marítimo. Es aquí donde se encuentran la mayoría de los grandes hoteles, locales comerciales, los bancos y las más surtidas librerías de Beirut. Tiendas diversas, oficinas de cambio de divisas y restaurantes tradicionales o de comida rápida se suceden sin apenas interrupción en sus calles.

Hamra tiene una frenética actividad durante el día pero en cuanto cae la noche sus aceras se van despejando hasta quedar sus calles prácticamente desiertas. Pocos beirutíes tienen su hogar en este distrito aunque son muchos los que aquí trabajan o los que tienen que desplazarse hasta sus calles para realizar las más diversas gestiones. En sus inmediaciones se encuentran establecidas prestigiosas escuelas y colegios internacionales. La muy publicitada Universidad Americana de Beirut así como la Universidad Libanesa-Americana se encuentran también en esta zona de la ciudad.

Callejeando por Hamra y alej√°ndose de las principales calles que atraviesan el distrito es posible encontrar zonas m√°s tranquilas con formas de convivencia que se asemejan a un barrio de cualquier gran ciudad. Presidiendo desde su altura toda esta zona un abandonado rascacielos de hormig√≥n gris desgarrado por la metralla y agujereado por los obuses sirve de l√ļgubre recordatorio a los habitantes de toda la ciudad de la rapacidad de la guerra y del peligro concreto de que las desgraciadas circunstancias que la ocasionaron puedan volver a repetirse.

Una población individualista

El legendario individualismo de los pueblos que se ba√Īan en el Mediterr√°neo parece tener visos de ser cierto en esta zona del mundo. Esta preponderancia del individuo ajeno a los problemas que lo rodean se comprueba, entre otras manifestaciones, en la enfermiza y fetichista relaci√≥n del beirut√≠ con su autom√≥vil. Cuanto m√°s grande, lujoso y metalizado sea el auto m√°s prestigio posee su propietario. Lo de menos es que el colapso circulatorio condene a los automovilistas a la desesperaci√≥n. El rey del asfalto es el coche con m√°s caballos y el conductor m√°s osado. La cortes√≠a con el peat√≥n se reduce a poner alg√ļn empe√Īo en no atropellarlo.

En los luminosos atardeceres mediterr√°neos son muy numerosos los beirut√≠es que aprovechan las √ļltimas horas de luz solar para pasear por el paseo mar√≠timo conocido con el nombre de La Corniche. Es aqu√≠ donde, de nuevo, sale a relucir en toda su complejidad el individualista car√°cter mediterr√°neo. La moda del culto al cuerpo se traduce en docenas de personas exhibiendo perfilados brazos y piernas y embutidos en sofisticados atuendos deportivos.

Tanta armonía aparente casa mal con las toneladas de basura que, ante la indiferencia general, se acumulan en los acantilados que circundan el paseo. En ocasiones se extiende ante le visitante la sensación de que el destino colectivo de la ciudad es algo que sus habitantes contemplan con indiferencia, incluso con la más o menos abierta esperanza de que al vecino le vaya peor que a uno mismo.

Veinte a√Īos de conflicto ininterrumpido s√≥lo han dejado claro la imposibilidad f√≠sica de exterminar al vecino. La paz lleg√≥ m√°s como un hartazgo generalizado ante la muerte y la destrucci√≥n que como un compromiso por respetar las diferencias y mejorar la vida de los sufridos ciudadanos de Beirut.

La herencia fenicia

No debe de ser casualidad que el novelista Alvaro Mutis decidiera en sus novelas sobre Maqroll el gaviero, que la sensual compa√Īera del protagonista, Illona, y su socio Abdul Bashur, fueran libaneses. Mutis quiso reflejar en la personalidad de los dos hermanos las caracter√≠sticas atribuidas desde el comienzo de la historia a los fenicios y m√°s tarde a sus sucesores territoriales, los libaneses.

Es por eso que tanto Illona como Abdul Mansur son vividores, cultos, maliciosos y astutos, políglotas y comerciantes. Siguiendo, aunque sea de lejos, este patrón de conducta los ciudadanos de Beirut, son, en líneas generales gente abierta y dispuesta al diálogo con el visitante.

Buena parte de los beirut√≠es son pol√≠glotas y adem√°s de los idiomas oficiales, el franc√©s y el √°rabe, es corriente que se defiendan en ingl√©s. Su inter√©s por otras culturas y su facilidad para asimilar otras formas de entender la vida es legendaria. Los fenicios, antecesores de los actuales libaneses, hicieron del viaje, el intercambio y la astucia mercantil sus se√Īas de identidad m√°s acusadas.

La existencia de una tradici√≥n migratoria, acentuada durante la √ļltima guerra, ha hecho que buena parte de los hijos del pa√≠s se encuentren instalados a lo largo del ancho mundo. En todos las pa√≠ses de acogida los libaneses han logrado sobresalir econ√≥micamente y puesto en marcha los m√°s variopintos negocios. As√≠ por ejemplo en los ca√≥ticos estados del √Āfrica subsahariana occidental la mayor parte de los taxis en las ciudades o de los autobuses y camiones que transportan mercanc√≠as y personas se encuentran en manos de libaneses.

Los que por una u otra raz√≥n han decidido permanecer en su patria no han hecho de la desidia su norma para disfrutar el tiempo libre. El instituto Cervantes de la capital es, comparativamente, el que cuenta con m√°s alumnos matriculados en todo el Oriente Pr√≥ximo. Sus responsables explican este dato teniendo en cuenta que buena parte de las j√≥venes generaciones dominan perfectamente el ingl√©s, el franc√©s y el √°rabe, con lo que la demanda de estudiantes en castellano se ha disparado en los √ļltimos a√Īos.

En definitiva, es f√°cil, √ļtil y placentero trabar conversaci√≥n con muchos de estos libaneses, due√Īos en ocasiones de una cultura sorprendente y de una experiencia vital tan amplia y variada como las circunstancias que han determinado la historia y el presente de este peque√Īo pa√≠s.

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* Periodista.

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