May 29 2023
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Cultura

Beso, luego existo

Recientes hallazgos arqueol√≥gicos y serias disquisiciones qu√≠micas y epidemiol√≥gicas han cambiado la idea que se ten√≠a sobre la antig√ľedad del beso y sus consecuencias en el ser humano. Se daba por sentado que el √≥sculo se registr√≥ primeramente en India por ah√≠ de 1500 antes de Cristo, y habr√≠a sido introducido a Occidente por Alejandro Magno. Ahora resulta ser mucho m√°s antiguo. Se han descubierto vestigios de hace al menos 4 mil 500 a√Īos en Mesopotamia (en los actuales Irak y Siria, dos pa√≠ses donde probablemente se bese muy poco en estos d√≠as de guerras y prohibiciones isl√°micas).

Los investigadores daneses Sophie Lund Rasmussen y Troels Pank Arb√∂ll reportan en la revista Science (https://www.science.org/doi/ 10.1126/science.adf0512) que el beso, acto casi exclusivamente humano, ya se practicaba e idealizaba en los valles del Tigris y el Nilo hacia 2500 a.C., echando mil a√Īos atr√°s los c√°lculos que ubicaban en un manuscrito indio de la Edad de Bronce el primer beso certificado. Las investigaciones se centran en dos tipos de beso: el amistoso o paterno-filial, y el rom√°ntico-sexual que a todos nos encanta. Existen sociedades donde no se practica; lugar com√ļn es citar el beso esquimal de los pueblos originarios del √Ārtico, retratados por Robert Flaherty en Nanuk: el hombre del norte (1922). O por tribus de Ocean√≠a y √Āfrica subsahariana. Por lo dem√°s, en el reino animal se besan los bonobos y otros chimpanc√©s, probando quiz√°s su cercan√≠a evolutiva con el g√©nero humano.https://i0.wp.com/www.labrujulaverde.com/wp-content/uploads/2023/05/science.adf0512-f1-copia-2.jpg?fit=1280%2C905&ssl=1

Se acusa al beso de haber causado el contagio de enfermedades propias de los neandertales como el Metanobrevibacter oralis, sugiriendo besos y actos sexuales entre aquellos y el Homo sapiens, lo cual datar√≠a los besos inter-especie unos 100 mil a√Īos atr√°s.

Hay besos nefastos, desde luego. El de Judas. El sucio del abusador y el violador. El platónico o ceremonial, cuando no se besan labios, sino sandalias o anillos, pies y manos. El beso casual de quienes se saludan en un bar. El beso a la rusa entre dos hombres, donde se puede inferir ausencia de deseo y aun afecto, mero apretón de manos boca a boca.

Nos interesa aqu√≠ el rom√°ntico, ese que desencadena tormentas hormonales y sensoriales entre quienes se los dan. Es asunto entre dos personas que se atraen, y vale hasta para los que se dan en el aire o se sugieren con eufemismos. Uno de mis favoritos es el beso no dado (anunciado) por Slim-Laureen Bacall al capit√°n Steve-Humphrey Bogart en Tener y no tener (Howard Hawks, 1944) durante la c√©lebre escena del camarote donde la gacela deja prendado al marinero reticente: ‚ÄúDo you know how to whistle, don‚Äôt ya, Steve? You just put together your lips and blow‚ÄĚ. El beso que no se da, origen sin duda ancestral de los suspiros. Antes de besar los humanos aprendieron a suspirar.

Vestigios hallados en Malta y las esculturas prehist√≥ricas de Ain Sakhri (India) se ven√≠an considerando los besos m√°s antiguos. Permear√≠an el Kamasutra. En el Arte de amar de Ovidio formar√≠an parte del arsenal de eros y sique. Bajo el imperio romano decorar√≠an los ba√Īos de Roma y los muros en Pompeya.

El beso ideal abre la puerta al amor carnal. El beso ideal será consensuado, o no será. En parques y rincones, los adolescentes aprenden la delicia de probar y morder otros labios, los de la persona que les atrae y enamora. A todas las edades establece la declaración implícita del enamoramiento. Destapa las ganas y las intenciones. Un agasajo en gestación.

Hasanlu Lovers, el beso secreto que dur√≥ 2.800 a√Īos en Ir√°n

También ha determinado las primeras evidencias de contagios entre poblaciones diferentes. Ya dijimos del Neandertal. El herpes oral, o simple, tan antiguo como las civilizaciones, es el escarmiento del besador. Qué decir de las influenzas y las microbiosis respiratorias.

Que te cambio de chicle, te paso un sorbo de vino, te soplo el humo del toque. Contamos con variantes pícaras, como el beso francés, o el superorgásmico beso de Singapur. Los besos robados hoy son sospechosos de acoso y abuso, pero conservan cierto prestigio literario, del Renacimiento a las Afinidades electivas, de Goethe, o el Diablo en el cuerpo, de Raymond Radiguet.

El arte moderno sucumbió a su representación, y así nacieron los famosos y obsesivos ósculos de Rodin, Toulouse-Lautrec, Klimt, Chagall, Brancusi, los enmascarados de Magritte, los lacrimosos de Lichtenstein. Con la fotografía clásica ocurre lo mismo. En cuanto a la cinematografía, pues qué decir. Los besos de celuloide fueron la universidad donde se graduaron los muchachos y las muchachas a lo largo del siglo XX. Para darnos una rápida idea, habrá que volver al inventario de besos prohibidos en Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988).

Voraces, discretos, tímidos, irresistibles, sorpresivos, inquietantes, inspiradores, embriagantes. Romeo y Julieta sellan su amor con un beso. En la poesía podría confeccionarse un manual de autoayuda con Bécquer, Machado, Salinas, Vallejo, Pessoa, Neruda, Paz, Cortázar y Consuelito Velázquez. A cada quien su beso. Y sus consecuencias.

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