Oct 24 2022
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Opini贸nPol铆tica

Boric, el gran empresariado y la derecha

A prop贸sito de las conmemoraciones por el tercer aniversario del Estallido Social, el presidente chileno Gabriel Boric sorprendi贸 al pa铆s con un discurso en que afirm贸 que lo ocurrido en octubre del 2019 鈥渘o fue una revoluci贸n anticapitalista鈥. Una declaraci贸n que sin duda frustr贸 a muchos de los que lo apoyaron como a las organizaciones pol铆ticas y sociales que han alentado las protestas en la
esperanza de que el sistema que nos rige pueda sea reemplazado por otro de inspiraci贸n socialista que se proponga la igualdad social, el fortalecimiento del Estado y la participaci贸n del pueblo en la toma de decisiones.

Por cierto que la advertencia presidencial ha encantado a la derecha y al gran empresariado, aunque varios de sus voceros en realidad ya no le creen mucho al Primer Mandatario y sospechan de que todo lo que dijo ayer como dirigente estudiantil y diputado siga marcando sus verdaderas intenciones. Especialmente si en su gobierno el Partido Comunista juega un rol tan relevante.

Pero el viraje presidencial no es extra帽o si se considera lo sucedido en el pasado con otros de sus antecesores encumbrados al poder por un pueblo que buscaba profundas transformaciones para despu茅s terminar gobernando de la mano de los grandes poderes f谩cticos. Es decir, con los que se satisfacen en la democracia de mercado y la mentirosa libre competencia. Contrarios a redistribuir la riqueza, como a imponer la soberan铆a nacional sobre nuestros recursos b谩sicos.

En efecto, nuestra historia nos habla de las constantes defecciones pol铆ticas y de aquellos quiebres institucionales provocados por la derecha, los uniformados y la clase empresarial cuando el sistema corre el riesgo de ser sensiblemente modificado.

Seguido a esta sorprendente sentencia presidencial, r谩pidamente el presidente de la Confederaci贸n de la Producci贸n y del Comercio pontific贸 a trav茅s de El Mercurio sobre la necesidad de 鈥渘unca m谩s validar los m茅todos violentos para los cambios sociales鈥, con lo cual quiere dejar asentado que el Estallido Social fue una experiencia marcada por el violentismo, cuando en realidad se trat贸 de una enorme manifestaci贸n popular y pac铆fica, m谩s all谩 de la acci贸n de algunos desquiciados que todav铆a provocan disturbios que dan cuenta de otros fen贸menos que poco o nada tienen que ver con las demandas populares. Del ense帽oramiento del narcotr谩fico, por ejemplo.

Paralelamente, la derecha parlamentaria pr谩cticamente ha monopolizado las iniciativas destinadas a una nueva Constituci贸n y fustiga constantemente a las autoridades por su incapacidad para ponerle atajo a la criminalidad que campea en el pa铆s, demandando que La Moneda le otorgue m谩s atribuciones y recursos a las polic铆as, adem谩s de establecer la militarizaci贸n extrema de la Araucan铆a y zonas cr铆ticas del pa铆s. Sin hacerse cargo, en ning煤n caso, de la oprobiosa desigualdad social, la galopante crisis econ贸mica, la impunidad y otros fen贸menos que estimulan los asaltos, saqueos y tantos otros delitos que actualmente asolan a la poblaci贸n.

Para los poderosos empresarios, los sectores pol铆ticamente m谩s reaccionarios y la poblaci贸n m谩s irreflexiva y moldeada por los grades medios de comunicaci贸n solo ser铆a cuesti贸n de sumar miles de polic铆as, importar armas y otros recursos disuasivos para imponer la paz social. Sin avenirse, por supuesto, a reformas como la tributaria y la previsional que est谩n en la base del pa铆s desigual. Al mismo tiempo que hacen lo posible por postergar las reformas a los sistemas de salud y educaci贸n en los que flagrantemente se imponen las m谩s agudas injusticias y se alientan todos los d铆as la decepci贸n ciudadana y los conflictos.

Nadie puede negar que la violencia cotidiana es actualmente el problema de mayor preocupaci贸n nacional, pero este tema, por supuesto, va de la mano con los estragos del injusto poder adquisitivo, el encarecimiento de los productos m谩s esenciales, la llamada estanflaci贸n y la amenaza de mayor desempleo. Por lo mismo, es de sentido com煤n que la soluci贸n no va por armar a las polic铆as y renovarle impunidad a los excesos que cometen sus efectivos.

Ello nos lleva a pensar que, aunque ya no se trate de una revoluci贸n anticapitalista, la oposici贸n empresarial y pol铆tica lo que busca, de nuevo, es desestabilizar al Gobierno, sumar voluntades para un nuevo quiebre institucional que impida los cambios y, por supuesto, lleve a la Moneda a alguien como Pinochet. Ante el cual el gran empresariado no tuvo en 17 a帽os oposici贸n alguna a la violencia, el terrorismo de estado y el saqueo de nuestros recursos naturales. En este sentido, el presidente de los empresarios, don Juan Sutil, no le hace honor a su apellido para evidenciar p煤blicamente su faena insurreccional.

Lo lamentable es la debilidad que expresa el gobierno de Gabriel Boric ante estos sectores, la genuflexa actitud frente a un Parlamento altamente desacreditado y maniatado por pol铆ticos corruptos y retardatarios que se sabe, no representan genuinamente a la ciudadan铆a, si se considera la forma en que han sido elegidos y se han perpetuado en sus cargos. Autoridades que son forzadas a desdecirse de lo que ayer dijeron cuando prometieron la profunda renovaci贸n de las polic铆as, en la evidencia de la corrupci贸n de sus oficiales y la acci贸n criminal de muchos de sus efectivos. Los que ciertamente cometieron abusos sexuales que hoy quieren soslayarse.

Parece incre铆ble que, despu茅s de seis meses de gobierno, la derecha y los empresarios que la digitan logren distraer a La Moneda respecto de las reformas econ贸mico y sociales prometidas y tan ambicionadas por el pueblo. Las que debieran entenderse como fundamentales para atenuar el descontento p煤blico y cimentar una paz sobre la voluntad de justicia.

* Periodista y profesor universitario chileno de vasta trayectoria. Premio nacional de Periodismo y, Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federaci贸n Mundial de la Prensa.

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