Dic 21 2014
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Opini贸n

Camisa de fuerza para las reformas en Chile

La camisa de fuerza de las reformas, cuya sola enunciaci贸n ha levantado un espeso muro opositor capitaneado por la oligarqu铆a, es la Constituci贸n del 80. Sus disposiciones, que cercenan un poder que pertenece al pueblo, impiden ir m谩s all谩 de cierto l铆mite.

Los se帽ores del dinero han desatado una campa帽a para mantener a raya los 铆mpetus reformistas de la presidenta Bachelet. Temen que un excesivo celo en cumplir su programa pueda herir el coraz贸n de la Constituci贸n que la dictadura fabric贸 a la medida de las clases dominantes.
Sin embargo, no solo la derecha empresarial y pol铆tica teme a los cambios. El conservadurismo es transversal y alcanza a sectores pusil谩nimes de la Nueva Mayor铆a, a quienes amedrenta una Asamblea Constituyente que sepulte la Constituci贸n dictatorial y termine con sus propios privilegios. Chile ha tenido siete Constituciones Pol铆ticas (1818, 1822, 1823, 1828, 1833, 1925 y 1980). Pero jam谩s una Asamblea Constituyente. El pueblo ha sido despojado del derecho inalienable a ejercer su soberan铆a.
En la historia contempor谩nea el caso m谩s repugnante es la Constituci贸n de 1980, todav铆a vigente. Es una verg眉enza para el pa铆s que esta sea la Carta Fundamental que sigue gobern谩ndonos. Fue elaborada por siete alcahuetes de la dictadura encabezados por Enrique Ort煤zar Escobar, un abogado y ex ministro de Jorge Alessandri.
El pacto que dio inicio a la transici贸n a la democracia en 1990 modific贸 aspectos de la Constituci贸n que resultaban impresentables hasta para una democracia de baja intensidad. Un maquillaje m谩s profundo recibi贸 en 2005, en el gobierno de Ricardo Lagos. Se eliminaron art铆culos aberrantes como los senadores designados o el que imped铆a al presidente remover a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas y al general director de Carabineros. Pero la Constituci贸n Pol铆tica, la matriz de toda la legislaci贸n, sigue siendo el parto de una dictadura terrorista.
La misi贸n hist贸rica de ese r茅gimen genocida fue blindar y artillar a las clases dominantes para que nunca m谩s se vieran en los apuros en que las puso el gobierno del presidente Salvador Allende. El programa de la Unidad Popular ten铆a el declarado prop贸sito de establecer un socialismo democr谩tico. Muy diferente es el caso de las reformas que plantea la presidenta Bachelet. Su programa no pretende instaurar el socialismo ni nada parecido. Tiene otro prop贸sito: modernizar el Estado para servir mejor los intereses del capitalismo.
El capitalismo chileno del siglo XXI -pr谩cticamente transnacionalizado- necesita un ajuste urgente. Rodamientos y cojinetes que le permitan deslizarse y no caminar a los tropezones del precio del cobre. Para competir en un mundo globalizado requiere un ej茅rcito de obreros, t茅cnicos y profesionales con una formaci贸n y entrenamiento que permitan diversificar y dinamizar la econom铆a. Por eso, hasta el FMI apoya sin reticencia estas reformas. Por lo dem谩s, la presidenta no oculta sus intenciones. Cuando viaja -que es a menudo- lo hace con una comitiva de empresarios a la caza de negocios. Su principal preocupaci贸n es la Alianza del Pac铆fico y su gobierno prosigue negociaciones secretas con el TPP (Trans Pacific Partnership), un intento norteamericano de revivir el Alca, vale decir un TLC continental.
驴Por qu茅 entonces la ardiente oposici贸n del empresariado a reformas que conoci贸 y contribuy贸 a que triunfaran en las elecciones de 2013? Los dirigentes de los gremios empresariales admiten la necesidad de las reformas. Pero no confiesan que quieren decidir su alcance y dosificar su contenido. Parecen estar conscientes de la experiencia hist贸rica que demuestra que reformas modernizadoras del Estado suelen generar procesos de cambios mucho m谩s profundos.ch constituyente2
Si consiguen -como hicieron con la reforma tributaria- que las reformas educacional y laboral se ajusten al nivel aceptable por la CPC y la Sofofa, quedar铆a dise帽ado el procedimiento para reformar burocr谩ticamente la Constituci贸n o decidir su postergaci贸n indefinida, como anticipan dirigentes de la Nueva Mayor铆a.
En el largo plazo, las cautelosas reformas de hoy -sobre todo las educacional y laboral- no tienen posibilidad de profundizarse si no se modifica la Constituci贸n. La p茅rdida de popularidad de la presidenta no se debe al temor por las reformas, sino al rechazo y decepci贸n por la falta de coraje para llevarlas adelante. El gobierno y su coalici贸n pol铆tica son v铆ctimas de sus propias debilidades y conciliaciones. Han ca铆do en la trampa que arm贸 la maquinaria propagand铆stica del empresariado -con El Mercurio, como siempre, a la cabeza-. Creado el ambiente de temor y confusi贸n, se utiliz贸 el mecanismo de las encuestas que tambi茅n dependen del gran empresariado, como el CEP, consagrado como or谩culo de la pol铆tica chilena. Como era de esperarse, las encuestas confirmaron el fen贸meno previamente creado por los medios de comunicaci贸n. La maniobra permiti贸 enseguida demandar cambio de gabinete y/o subordinaci贸n de las reformas a l铆mites tolerables para el empresariado. Si el gobierno levanta bandera blanca, cometer铆a el peor de los errores pues quedar铆a a merced del chantaje permanente de la oligarqu铆a.
No es cierto que los chilenos nos conformemos con migajas de reformas. La demanda de una Asamblea Constituyente y una nueva Constituci贸n Pol铆tica es la principal aspiraci贸n democr谩tica. La exigencia cobrar谩 fuerza a medida que se perciba que hasta tibias reformas, como las de este gobierno, se ven enmarcadas en las fronteras de la Constituci贸n espuria de 1980.

*Publicado en 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 819, 12 de diciembre, 2014

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