Capitalismo grado 9 de Richter

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“Dios, el hombre que hace trampa hace edificios en zonas no aptas (…) por unos pesos más llegamos a esta tragedia”.
    (Monseñor Alejandro Goic, presidente de la Conferencia Episcopal chilena).

Punto Final*
Es cierto que Chile no es Haití. Aquí ocurrió un sismo 50 veces mayor en energía liberada, que es aproximadamente la diferencia entre los 7 grados de la escala de Richter de Haití y los 8,8 de Chile, y no colapsó al país, ni menos al gobierno.

La presidenta Michelle Bachelet asumió el mando desde poco después de las 3:34 am, hora de inicio de la tragedia, instalándose en la Onemi; y lo mantuvo durante su recorrido por las zonas afectadas, incluso cuando ordenó el estado de excepción, para que el ejército asumiera el control del orden público en las regiones del Maule y Bío Bío y se encargara de instalar hospitales de campaña y distribuir raciones de emergencia entre los damnificados.

Estuvo bien que ordenara la distribución gratuita de artículos de primera necesidad y que demostrara que aquí las instituciones funcionan. No fue necesario que los marines aterrizaran en el Patio de los Naranjos, en La Moneda.

Pero también quedó claro que el Estado debe hacerse cargo de perseguir con toda la energía de la ley a las empresas constructoras involucradas en la tragedia y a sus dueños o socios, que ahorraron costos de manera criminal y son causantes directos de los colapsos y desplomes de edificios u obras viales nuevos o de reciente data, y de las muertes, daños y pérdidas que ello implica.

Porque una cosa es que se desplomen o dañen las viejas casonas señoriales de los barrios Brasil o Yungay, que hace tiempo cumplieron su vida útil y hoy son trampas mortales para inmigrantes peruanos y colombianos. Pero otra, es que colapsen edificios nuevos supuestamente construidos con normativa antisísmica. Puede ser que haya responsables corruptos individuales, pero mientras se los identifica y persigue, la máxima autoridad debe indemnizar. Y sin dilaciones.

Que la misma fuerza telúrica haya derribado o malogrado edificios nuevos en Concepción, o las comunas de Maipú e Independencia y dejado incólumes a otros en Providencia o Las Condes, sería prueba de que su colapso no se debería a la magnitud del sismo, sino a la calidad criminal de la construcción. Mientras la Fiscalía correspondiente investiga esta hipótesis, el Estado debe responder. Si se verifica el delito, deberá castigar penal y civilmente a los estafadores.

Para los casos en que efectivamente fue el terremoto el responsable, debiera establecerse como un derecho constitucional un seguro contra catástrofes naturales.

También quedó claro un hecho estratégicamente grave, desde el punto de vista político: el abastecimiento de los chilenos depende de dos empresarios claves: de Enrique Ostale, gerente general de D&S Wal-Mart, la mayor cadena de supermercados del mundo, dueño de los supermercados Líder, Acuenta y Ekono, y de Horst Paulmann Kemna, dueño de Cencosud, operador de los supermercados Jumbo, entre otras empresas, quienes, el domingo 28 se reunieron con el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, el jefe de gabinete del ministro del Interior, Carlos Mladinic, y un representante de la Presidencia para analizar la situación de los supermercados y del abastecimiento nacional tras el terremoto. Aseguraron que el país estaría abastecido. “Fue una reunión de coordinación con el gobierno”, dijo Paulmann.

¿Dos personas tienen el poder de decidir sobre el abastecimiento de un país? Quedó verificado que así es.
Horst Paulmann es dueño de Cencosud, holding que opera en las tarjetas de créditos (Jumbo Más y otras), los centros comerciales Alto Las Condes, Florida Center, Portal La Dehesa, supermercados Santa Isabel y Las Brisas, y en el mercado de retail latinoamericano con presencia en Chile, Argentina, Brasil, Perú y Colombia.

En Chile y Latinoamérica es dueño de 37 hipermercados Jumbo, 238 supermercados Disco y Vea, 52 tiendas Easy, 124 supermercados Santa Isabel, 21 centros comerciales, 7 Aventura Center, la cadena Shopping Unicenter, 27 multitiendas Paris, 46 locales GBarbosa y 55 locales Wong y Metro.

Otras reuniones clave fueron con Aguas Andinas S.A. y con Chilectra S.A., responsables del agua y de la energía. Es decir, gracias a la tendencia a la concentración del capitalismo, bastan cuatro grandes empresas para que el país funcione… o para que deje de hacerlo. La concentración también abarca la salud, con las Isapres, y las comunicaciones, con Telefónica S.A.

Tras esas empresas, millonarias ganancias en dólares para los dueños y salarios de sobrevivencia para sus millones de empleados y obreros, que a su vez son consumidores de los productos de las empresas en que trabajan: o sea, deben comprar en los supermercados, pagar el agua, la luz, el teléfono y la salud… Capitalismo grado 9 de Richter. Es decir, de inconmensurable magnitud.

 

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