Como ya se ha hecho rutina, todos los años tenemos que lamentar voraces incendios que reducen a ceniza miles de hectáreas de bosques y poblaciones enteras de viviendas, de aquellas que generalmente habitan las familias más modestas del país. Durante este verano el fuego ha arrasado con pueblos enteros de nuestros bellos paisajes de Lirquén, Tomé y otras localidades sureñas. Más de 10 mil damnificados y, ciertamente, por sobre las mil quinientas casas completamente quemadas, lo que supone cultivos desbaratados, centenares de empleos perdidos, además de establecimientos educacionales, templos y otras construcciones.
El país ha observado con estupor una tragedia que nuevamente sumó varias decenas de muertos y heridos. Una desgarradora situación que se produce a fines del gobierno de Gabriel Boric y poco antes de que asuma en La Moneda el presidente José Antonio Kast. A fuerza, estos mandatarios han debido conversar y, de alguna forma, ponerse de acuerdo para que el próximo Presupuesto de la Nación destine los necesarios recursos para encarar la crisis. Para ello, los nuevos y actuales parlamentarios deberán aprobar sin dilaciones las leyes indispensables para la urgente reconstrucción.
Como en tantas otras situaciones similares, los chilenos han demostrado una conducta ejemplar, pasando por alto los agudos desacuerdos políticos entre los que se van y los que llegan al gobierno. Pero, ¿cuánto durará esta armonía? Desde luego, esta vez se harán escasos los recursos fiscales, por lo que las contribuciones del sector privado y la cooperación internacional serán indispensables.
Ante las dantescas imágenes del fuego y la profunda angustia de los damnificados a través de la televisión se nos hizo imposible soslayar la suerte que tenemos de no vivir en una de las zonas azotadas por las guerras y las criminales incursiones militares en tantas zonas del mundo. Estudios recientes nos hablan de que existen actualmente más de 60 conflagraciones vivas en todo nuestro planeta, constituyendo nuestra región en la menos afectada por estos incordios que arrasan con poblaciones, infraestructuras y hieren profundamente la naturaleza y medio ambiente. Aunque sea muy probable que la megalomanía e impudicia de Donad Trump nos amenace la paz que hemos conquistado en el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la diplomacia y la legislación internacional.
Por lo mismo, inquietante nos resulta que parte considerable de la sociedad chilena esté tomando posición en pro de los propósitos imperiales. Con una ignorancia que les cubre los ojos y el entendimiento sobre los efectos horribles de las guerras e invasiones. Por cierto, mucho más severos, todavía, que los provocados por los desastres naturales.
En la ignorancia e indolencia de tantos de nuestros políticos, periodistas y opinólogos estas dramáticas escenas de los incendios recientes los podría hacer reflexionar respecto de cómo el fuego puede tornarse mucho más agresivo letal e incontrolable con las bombas lanzadas, por ejemplo, sobre la Franja de Gaza y las que portan los barcos estadounidenses instalados en el Caribe. Además de los aviones que cruzan nuestra atmósfera y la de los países que corren peligro por tener aquellos recursos naturales codiciados por la Casa Blanca.
No podemos soslayar, aunque haya autoridades que prefieren ocultarlo, los múltiples testimonios de quienes creen en la intencionalidad de estos siniestros, sobre todo cuando ya consta que los incendios de Valparaíso y otros tuvieron origen en acciones de verdadero terrorismo a juzgar por sus consecuencias.
Por supuesto, quienes estén en el poder y controlan las policías y servicios de inteligencia deben hacerse una obligación dar con estos delincuentes y conducirlos a la más estricta de las condenas. Cualquiera sea su signo político y motivación, los incendios y otras acciones de violencia desquiciada deben ser severamente repudiados y sancionados. Sin embargo, mucho tememos que la desidia oficial en darle solución a tantas y largas demandas sociales lo que provoca son las salidas extremas. Justamente, en la zona de la Araucanía es necesario resolver las tensiones encubiertas, los abusos de las empresas forestales y mitigar el rigor judicial que a los que más afecta es a las comunidades y demandas mapuches.
Mucho se habla que con el cambio de gobierno pudiere hacerse propicio un nuevo estallido social. Se advierte esto desde la derecha y la izquierda lo que pudiera dar origen al cumplimiento de una auto profecía política. Sin duda, la posibilidad de un escenario como el vivido durante el 2019, más que alentar justicia social, puede provocar el desbaratamiento de nuestra feble democracia. Sobre todo, si se asume la débil credibilidad de nuestro régimen institucional y la de nuestra clase política.
Sin embargo, nada debe inhibir al pueblo a expresarse en las calles, a movilizarse con resolución, como a fortalecer sus instituciones y referentes. Muchos se lamentan en estos días de los desacuerdos al interior del oficialismo y la oposición, sin embargo, pudiera ser que estas desavenencias abriguen la posibilidad de que haya partidos políticos que se resuelvan a dejar de existir y surjan expresiones de derecha, centro e izquierda que hablen de los desafíos del porvenir y no de sus trasnochadas diferencias. Con una nueva ética y estética templada en nuestro destino común y adversidades.
* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió el premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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