Sep 25 2009
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Opinión

Chile al otro lado de la morriña, más allá de la saudade simplemente es la tristeza de no ser

Lagos Nilsson

Un debate es controversia, discusión; si prefiere un combate. Fue lo anunciado para la noche del miércoles 23 de setiembre por Televisión Nacional de Chile. Tomo notas en un bar modesto del Santiago viejo y bohemio, me acompaña una periodista llegada de Europa que inquiere sobre algunos detalles de lo que en realidad se discute en Chile frente a las próximas elecciones presidenciales. No le gustó a ella el recién terminado debate de los candidatos. ¿Qué decirle? Me salva un "compañero borrachín": in vino véritas…

–Tres payasos y un domador –dice–.

La periodista enarca una ceja. No entiende. Dudo entre un chiste o pedir al borrachín que marche a su lugar en la barra. No tengo tiempo.

–La señorita no es de aquí –dice el borrachín, y alza un índice–. Yo le voy a explicar. –Toma aliento–. Miré usté –prosigue–. Los dos esos del sistema son como payasos de circo pobre: usan maquillaje barato, se les nota. El otro, el que se las da de "outsider", lo quiere ser de circo rico, del Cirque de Soleil, por ejemplo. Y el cuarto, ése al que no le dan bola, el que ignoran, parecía el domador del circo.

El hombre calla. Hace un gesto de despedida.

–Pero –agrega– no se conoce ningún domador de ratas que haya vivido con las ratas. Por suerte no voto –y se marcha. Algunos de sus "colegas" lo felicitan. Pido la cuenta. Dejo a la periodista en un taxi. "Payasos", pienso.

Y pienso que no hubo debate. Fueron cuatro entrevistas bien editadas. Cada quien expuso lo que previamente acordó exponer y en los segundos o minutos también convenidos. Todos bien "producidos", casi se podía oler el desodorante, el "after shave", el agua de colonia. Modositos los cuatro, dignos ex alumnos de sus respectivos colegios. A los chilenos les gusta pensarse como los ingleses de América del Sur, pero Chile no es Inglaterra y los colegios no tienen corbatas que los identifiquen.

Salvo el ¿exabrupto?  de un candidato que –con toda justicia– recordó la trapacería de otro (Frei el uso de información privilegiada por parte de Piñera para hacerse con algunos cientos de miles de dólares), las cosas corrian por carriles previsibles. Y aburridos. Porque es, finalmente, aburrido ver a un hombre mayor (Arrate) dándole de palos intelectuales a dos torpes (Piñera, Frei) que naturalmente ni siquiera lo entendían. Hay casos de analfabetismo especiales, uno es el analfabetismo político.

Los señores Piñera y Frei son analfabetos políticos. Que sean candidatos la presidencia es parte de la vergüenza cultural del país. Porque, en su profundidad, la política se refiere al modo como se organiza una sociedad para permanecer a lo largo de la historia unida …y organizada y no a quién ordene, administre, robe o pueda mandar.

La diferencia entre gobernantes y gobernados, que caracteriza la existencia del Estado según algunos positivistas, no significa que los primeros asuman desde la prepotencia lo que los segundos no siempre pueden expresar. Por eso lo más importante del ¿debate? fue la voluntad expresada por Arrate de convocar a una asamblea constituyente. La constituyente es la forma más civilizada de reconocer quién manda. Cambiar la gente consumidora por pueblo ciudadano. La otra manera solía llamarse revolución. La palabra revolución es mal vista y tiene peor prensa.

En suma: el país se congregó para ver a cuatro estadistas que quieren serlo de manera oficial. Encontró a uno, otro al que no se termina de conocer y dos payasos de circo pobre. Nadie experimentó la sensación de que faltaba Navarro.

Chile es un país que sabe dolerle a uno. Pero al otro lado de la morriña, más allá de la saudade simplemente sobrevoló la tristeza de ya no ser. A los chilenos nos gusta el tango.

Acaso haya que pronunciar como interrogante el lema de la imagen a su izquierda.

Imprecisas precisiones

Morriña es un término gallego; difícil de traducir, puede decirse que se acuñó por tristeza: la morriña es lo que carcome el alma del que está lejos de su tierra (su gente, su paisaje) y la añora.

Saudade es algo más que melancolía; vocablo portugués que expresa echar de menos incluso algo que no podemos definir –o que no existe–, pero está y duele.

Tristeza de no ser –o de ya no ser cuando se ha sido–, verso de un tango.
 

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