May 10 2007
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Opinión

Chile. – CAMUFLAJE POLÍTICO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Aparte de las visiones interesadas y localistas, la elección de Sarkozy entrega datos importantes. Lo primero que salta a la vista es algo que se ha venido reiterando: la división entre izquierda y derecha no captura mayorías incondicionales.

Otro elemento interesante –no nuevo– es que la derecha intenta modernizarse incorporando temas tradicionales de la izquierda o, al menos, de sectores ajenos al establishment, como la preocupación por el medioambiente. Y la izquierda trata de acomodar su lenguaje a un sistema neoliberal que le es ajeno, porque carece de propuestas verdaderamente propias.

Todo esto adobado en una democracia en que la virtualidad manda.

En Chile, el escenario resulta similar. Salvando la tremenda distancia entre desarrollo y subdesarrollo, las cosas son parecidas. Mientras la derecha busca izquierdizarse, la izquierda intenta mostrarse como buena gerente de un sistema conservador. El resultado, una sociedad que empieza a dar muestras de haber superado traumas de la dictadura. Que se atreve a exigir soluciones realmente acordes con una economía exitosa, pero que concentra riqueza en pocas manos.

Tal como en Francia, las urgencias sociales han aparecido de manera abrupta. La muerte del operario forestal Rodrigo Cisterna no es más que una muestra de ello. Hasta ahora Chile ha disfrutado de una calma social basada más en esperanzas que en realidades. Se puede sostener, con razón, que las cifras de la pobreza bajaron casi un 50% en estos diecisiete años de democracia. Pero, con igual certeza, habría que decir que en el mismo período el país se transformó en uno de los que reparte peor la riqueza en el mundo.

Hay indicios que hacen pensar en que la voluntad de espera comienza a terminarse. Y también hay indicios de que los dirigentes políticos han tomado claramente la opción de la virtualidad, en detrimento de la participación. Una demostración de ello es el periplo realizado recientemente por el candidato presidencial derechista Sebastián Piñera.

La prensa local adicta –la abrumadora mayoría pertenece a grupos económicos de ideología conservadora– se encargó de exhibir al empresario participando en una «cumbre» de líderes de negocios, organizado por Citibank en los Estados Unidos. Lo llamativo fue que las fotografías seleccionadas lo mostraban acompañado del ex presidente norteamericano Bill Clinton, del ex presidente brasileño Fernando Enrique Cardozo y del ex primer ministro español Felipe González. Todos destacados líderes socialdemócratas. Hasta hace poco, Piñera privilegiaba sus contactos con la Internacional Liberal, uno de sus cuyos dirigentes más destacados es el conservador español José María Aznar.

Aparentemente, la nueva estrategia apunta hacia el camuflaje. Los asesores comunicacionales de Piñera tal vez llegaron al convencimiento de que si a la izquierda le funcionó, por qué no podría ocurrir lo mismo con el otro extremo del espectro político. Y la realidad no aporta antecedentes que permitan refutarlos.

Lo concreto es que la parafernalia mediática obstruye cualquier posibilidad de participación. De allí la volatilidad de las mayorías en otros puntos del orbe. Si eso aún no ha ocurrido en Chile es por el recuerdo fresco de un régimen dictatorial feroz. Pero es temor ya se está terminando. Y la derecha cree que esto puede servirle como trampolín para hacerse también del poder político que entrega el gobierno.

Lo que nadie parece estar calculando son las consecuencias de la ausencia de participación y de identidad con las medidas que se adoptan y con los caminos que se trazan para las políticas públicas. La pelea chica y de corto aliento es la que manda. Las condenas de la derecha a las actitudes del gobierno se demuestran meros artilugios de consumo electoral. Porque, paralelamente, para lograr legitimación, su líder busca al menos fotografiarse con personajes que, supuestamente, deberían estar en el otro bando.

Así parecen estar las cosas. Pero, en realidad, todavía existen diferencias. Por mucho que Nicolás Sarkozy hiciera un espacio en su programa al problema medioambiental, a peticiones laborales y previsionales, su visión de mundo es ajena a las necesidades de los sectores menos favorecidos de la sociedad francesa. Por mucho que éstos lo hayan votado, no los representa. Esa es una realidad democrática respetable, pero igualmente cuantificable.

En un mundo político en que el camuflaje es perfecto, el elector tendrá que fijarse en lo macro. Saber qué intereses comparte con el gran capital, para inclinarse a la derecha. Y conocer ideas nuevas de la izquierda, para apoyar a ésta.

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foto
* Periodista.

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