Sep 25 2023
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Política

Chile: el pasado golpea la puerta

El pasado vuelve a golpear la puerta y la memoria se envuelve en el frío de este septiembre chileno.

Cincuenta a√Īos despu√©s de aquel fat√≠dico 11 de septiembre de 1973, r√≠os de tinta se han vertido sobre el golpe fascista contra el Presidente constitucional, el socialista Salvador Allende, y el inicio de la dictadura c√≠vil-militar con el t√≠tere Pinochet a la cabeza de la ‚ÄúJunta Militar‚ÄĚ. Un golpe ejecutado por los militares, con la complicidad activa de la extrema derecha fascista y gran parte de la Democracia Cristiana. Como han demostrado ampliamente los documentos desclasificados de la CIA, junto a la oligarqu√≠a chilena, los instigadores fueron las empresas multinacionales (con las empresas estadounidenses ITT, Anaconda y Kennecot en primera fila) y el gobierno estadounidense del presidente Richard Nixon y su asesor de confianza Henry Kissinger, que tem√≠an la expansi√≥n del ejemplo chileno tambi√©n a pa√≠ses como Italia.

Ese d√≠a, seg√ļn las propias Fuerzas Armadas chilenas, s√≥lo en el ataque al palacio presidencial de La Moneda se dispararon 57.000 balas para poner fin a la experiencia de construcci√≥n de un ‚Äúsocialismo con sabor a vino tinto y empanadas‚ÄĚ, como lo llam√≥ Allende, subrayando su singularidad hist√≥rica. Como sosten√≠a el general Leigh, era necesario ‚Äúerradicar el c√°ncer marxista‚ÄĚ de la ‚Äúvia chilena al socialismo‚ÄĚ. Gracias al golpe de Estado, que supuso su acta fundacional, Chile se convirti√≥ en el laboratorio mundial para la aplicaci√≥n de las pol√≠ticas neoliberales de los Chicago boys y su mentor, Milton Friedman.

En las √ļltimas semanas, tras a√Īos de silencio c√≥mplice, han aparecido en las pantallas de televisi√≥n chilenas im√°genes e historias desconocidas para la poblaci√≥n sobre la larga noche que empez√≥ en septiembre del 1973. Pero a pesar de los a√Īos transcurridos, de los innumerables testimonios directos, de algunas nuevas informaciones filtradas recientemente y de documentos adicionales desclasificados de los archivos estadounidenses, las viejas heridas est√°n lejos de cicatrizar. Al contrario, medio siglo despu√©s, se han profundizado las diferencias en una sociedad altamente polarizada.

El fin del gobierno de la Unidad Popular, la muerte violenta del Presidente Allende, la tr√°gica ruptura del proceso democr√°tico y la instauraci√≥n de una feroz dictadura siguen dividiendo a la sociedad. Una encuesta realizada el pasado mes de mayo mostraba que el 36% de los encuestados justificaba el golpe. Al mismo tiempo, m√°s del 60% de los encuestados calific√≥ a Pinochet de dictador y corrupto, en parte debido a la larga investigaci√≥n judicial del ‚Äúcaso Riggs‚ÄĚ que revel√≥ que el patrimonio total de Pinochet ascend√≠a a 21,3 millones de d√≥lares, de los cuales 17,8 millones eran de origen il√≠cito y estaban acumulados en decenas de cuentas bancarias en el extranjero.

Sin embargo, nada de eso es suficiente para las derechas chilenas. Despu√©s de todo lo que ya sabemos sobre los horrores de la dictadura civil-militar, las derechas siguen imperturbables y c√≥mplices, a pesar de algunos desacuerdos entre sus tres partidos (Renovaci√≤n Nacional, Uni√≥n Democr√°tica Independiente, Partido Republicano). Dejando atr√°s las t√≠midas aperturas del pasado por parte de la derecha ‚Äúmoderada‚ÄĚ, lo que prevalece hoy es el pinochetismo de la extrema derecha del joven Partido Republicano, que ha calado en los partidos de la derecha tradicional. En las √ļltimas semanas, a pesar de los llamados del gobierno a condenar la intervenci√≥n militar y las acciones criminales de la dictadura, estos sectores han justificado la ruptura institucional y reivindicado el legado infame del gobierno civil-militar. En casos muy espor√°dicos e individuales, a la vez que justifican el golpe, algunos se distancian de las violaciones a los derechos humanos cometidas en los 17 a√Īos transcurridos desde el golpe.

Con distintos matices, hoy las derechas oscilan entre el negacionismo total (todo es mentira), la justificación (había que detener de todos modos al gobierno marxista de Allende) y la corresponsabilidad que absuelve a todos (el caos y la ingobernabilidad provocados por Allende causaron la respuesta golpista; todos somos culpables de una u otra forma).

Un guión que se repite puntualmente, no sólo en Chile, sino en el resto del continente y más allá.

El poder armado

Incluso con respecto al Chile actual, al examinar el legado de la dictadura, siempre es √ļtil comprender la diferencia entre llegar al gobierno, (obtener el poder pol√≠tico) y tener el poder real, aquello garantizado por los ‚Äúpoderes f√°cticos‚ÄĚ, en particular el financiero, el medi√°tico, el judicial y el militar. En este sentido, el caso chileno es emblem√°tico: Allende ten√≠a el gobierno, pero no el poder.

En cuanto al poder militar, se fortaleci√≥ naturalmente durante los 17 a√Īos de dictadura. Hoy, m√°s de treinta a√Īos despu√©s de su salida de escena como protagonista, el poder de las Fuerzas Armadas y de Carabineros permanece intacto, gozando de una autonom√≠a, independencia y privilegios parcialmente ‚Äúincomprensibles‚ÄĚ para cualquiera que no venga de esas latitudes. El peso de las Fuerzas Armadas se ha mantenido sustancialmente intacto, aunque ligeramente reducido por reformas parciales de la ‚Äúconstituci√≥n‚ÄĚ de la dictadura, en una interminable transici√≥n que comenz√≥ en 1990, con un traspaso del que quien escribe fue testigo directo.

Hoy, los uniformados siguen teniendo diversos privilegios y un r√©gimen propio en materia de pensiones (con el m√©todo de reparto), justicia y salud. Incluso tienen poder de veto sobre qu√© lugares pueden ser declarados lugares de memoria de la represi√≥n o de qu√© cuarteles retirar o no placas conmemorativas de los miembros de la ‚ÄúJunta Militar‚ÄĚ.

Cabe recordar que, a pesar del traspaso del gobierno a civiles en 1990, el dictador sigui√≥ siendo comandante en jefe del Ej√©rcito hasta el 10 de marzo de 1998.¬† Y a partir del d√≠a siguiente, gracias a la ‚Äúconstituci√≥n‚ÄĚ de la dictadura de 1980, Pinochet asumi√≥ el cargo de senador vitalicio hasta el 4 de julio de 2002. Con la arrogancia que garantiza la impunidad, respecto a las violaciones de los derechos humanos siempre ha sostenido que ‚Äúel Ej√©rcito de Chile no tiene por qu√© pedir perd√≥n por participar en esta patri√≥tica tarea‚ÄĚ. Rozado por juicios en los que consigui√≥ no sentarse nunca en el banquillo de los acusados, Pinochet muri√≥ en su cama el 10 de diciembre de 2006 y su funeral fue una demostraci√≥n de fuerza del fascismo.

Reci√©n en 2005, un a√Īo antes de su muerte y 15 a√Īos despu√©s del fin de la dictadura, una reforma constitucional termin√≥, entre otras cosas, con la inamovilidad de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y Carabineros, elimin√≥ los senadores designados y vitalicios, y el rol de las Fuerzas Armadas como √ļnicas garantes de las instituciones.

Desde 1990 hasta hoy, muchos altos mandos militares (en activo y retirados) no han dejado de inmiscuirse en la vida pol√≠tica, m√°s o menos abiertamente, o entre bastidores. Lo han hecho de manera constante y provocadora, desafiando descaradamente al gobierno con declaraciones y gestos absolutamente sediciosos, respaldados por la derecha pol√≠tica que tiene una de sus bases en la ‚Äúfamilia militar‚ÄĚ.

En los √ļltimos a√Īos se han sucedido las visitas de generales en retiro a la ‚Äúc√°rcel de lujo‚ÄĚ de Punta Peuco, donde est√°n ‚Äúpresos‚ÄĚ algunos de los pocos militares de alto rango condenados por dram√°ticas violaciones a los derechos humanos. Y hace unas semanas, el mismo comandante en jefe del Ejercito fue a rendir homenaje a un ex general que se suicid√≥ inmediatamente despu√©s de conocer su condena judicial por el asesinato del artista V√≠ctor Jara.

Sin embargo, el fuerte poder militar se vio socavado por los numerosos esc√°ndalos de corrupci√≥n en los que han sido implicados muchos mandos y altos rangos (sobre todo del Ej√©rcito). La investigaci√≥n, conocida como milico gate, ha minado la credibilidad de la instituci√≥n militar que, en general, segu√≠a consider√°ndose una instituci√≥n ‚Äúrespetable‚ÄĚ. Los multimillonarios fondos (muchos de ellos reservados, con escaso control interno) proced√≠an de la controvertida ‚ÄúLey Reservada del Cobre‚ÄĚ, que asignaba a las FF.AA. un jugoso 10% de los ingresos procedentes de la explotaci√≥n del cobre por parte de la empresa estatal CODELCO. No es poca cosa, dado que Chile es el primer productor mundial de cobre, con el 27% de la producci√≥n mundial, y alberga las mayores minas del mundo.

El pasado presente

Las profundas huellas de los 17 a√Īos de dictadura c√≠vico-militar siguen marcando la pol√≠tica de Chile, 33 a√Īos despu√©s de su fin.

En primer lugar, porque el modelo social y econ√≥mico neoliberal, blindado por la ‚Äúconstituci√≥n‚ÄĚ de la dictadura, est√° esencialmente intacto, ‚Äúmejorado‚ÄĚ con ligeros retoques por los gobiernos de centro-izquierda posteriores a la dictadura. Est√° intacto el ‚ÄúDios Mercado‚ÄĚ como br√ļjula para guiar la econom√≠a, as√≠ como el ‚ÄúEstado subsidiario del mercado‚Äú, con concesiones al sector privado de todo lo posible, desde las pensiones a la sanidad, desde la educaci√≥n a los r√≠os (caso √ļnico en el mundo). Chile sigue siendo uno de los pa√≠ses m√°s desiguales del continente y la ‚ÄúConstituci√≥n‚ÄĚ de la dictadura no s√≥lo sigue vigente, sino que corre el riesgo de seguir si√©ndolo, dada la actual correlaci√≥n de fuerzas.

En cuanto a las violaciones de derechos humanos por parte de la dictadura, el silencio de las instituciones en los √ļltimos a√Īos ha sido ensordecedor, hecha la salvedad de una t√≠mida actuaci√≥n judicial. Seg√ļn los datos oficiales del ‚ÄúSegundo Informe de la Comisi√≥n Valech‚ÄĚ de agosto de 2011, hay 40.018 v√≠ctimas directas de la dictadura, de las cuales aproximadamente 3.200 fueron asesinadas o hechas desaparecer en el per√≠odo 1973-1990. Faltan 1.469 v√≠ctimas de desaparici√≥n forzada, entre ellas 1.092 detenidos-desaparecidos y 377 asesinados, cuyos cuerpos no han sido entregados.

Una herida abierta, sangrante y dolorosa, que los distintos gobiernos han tratado de subsanar parcialmente con gestos de reparaci√≥n. Sin embargo, desde el retorno a la ‚Äúdemocracia‚ÄĚ en 1990, la b√ļsqueda de los restos de los desaparecidos por parte de sus familiares nunca ha terminado, mientras permanecen impunes casi todos los responsables de aquellos asesinatos, que Chile poco ha hecho por llevar ante la justicia. Algunos de ellos, condenados en Italia a ‚Äúcadena perpetua‚ÄĚ con sentencia de casaci√≥n del a√Īo 2021 gracias a los juicios que trataron el ‚ÄúPlan C√≥ndor‚ÄĚ (por los asesinatos de personas de origen italiano), pasean tranquilamente por las calles de Santiago y de otros pa√≠ses, a pesar de las peticiones de extradici√≥n.

Por su parte, como instituciones, ni las Fuerzas Armadas, ni Carabineros han admitido nunca su responsabilidad en la ruptura democrática y en la traición a la Constitución que supuso el golpe de Estado, en un momento de grave crisis política y económica, como fueron los meses previos al golpe. A pesar de las (escasas) declaraciones oficiales en sentido contrario, nunca ha existido una verdadera colaboración para conocer el destino de los desaparecidos.

Quienes han responsabilizado directamente a Pinochet de los horrores cometidos, como el ex comandante en jefe del Ej√©rcito y general retirado Ricardo Mart√≠nez, para los sectores de la Fuerzas Armadas ‚Äúleales al esp√≠ritu del cuerpo‚ÄĚ y a la dictadura, son simplemente traidores. ‚ÄúCreo firmemente, con mi formaci√≥n y mis 46 a√Īos en el Ej√©rcito chileno, que la responsabilidad de todo lo ocurrido es del entonces comandante en jefe, general Augusto Pinochet‚ÄĚ, dijo Mart√≠nez hace unos d√≠as.

Entre los muchos cr√≠menes, el general se√Īal√≥ a Pinochet por el asesinato de su antecesor al frente del Ej√©rcito, el general constitucionalista Carlos Prats Gonz√°lez y su esposa, ejecutados¬† en 1974 en Buenos Aires, donde se hab√≠an refugiado. Y entre los asesinatos golpistas de figuras de jerarqu√≠a militar, est√° tambi√©n el del propio general Ren√© Schneider, comandante en jefe del Ej√©rcito inmediatamente anterior a Prats, que fue asesinado en 1970 dos d√≠as antes de la asunci√≥n como Presidente de Salvador Allende. Con esta acci√≥n se comenzaba a preparar el golpe ‚Äúlimpiando el campo‚ÄĚ de militares constitucionalistas.

Prats y Schneider, ¬Ņlos √ļltimos dos generales dignos?

Schneider no fue el √ļnico alto mando militar asesinado por los golpistas. A pocas semanas del golpe, el 27 de julio de 1973, fue ejecutado tambi√©n el edec√°n naval del Presidente Allende, el capit√°n de nav√≠o Arturo Araya Peeters. Araya representaba el √ļnico escollo para que el otro futuro miembro de la Junta Militar, Jos√© Toribio Merino, pudiera acceder al mando de la Armada de Chile y dar el golpe.

Con la mirada a ese¬† pasado, la del general Mart√≠nez ha sido una declaraci√≥n importante. Pero el silencio de los cuarteles es ensordecedor¬† desde otras instituciones uniformadas, como la Fuerza A√©rea, la Armada y Carabineros que, 33 a√Īos despu√©s del fin de la dictadura, guardan un ol√≠mpico silencio sobre sus responsabilidades, no cooperan en la b√ļsqueda de los desaparecidos y se niegan indignados a condenar a Pinochet.

Entre las iniciativas positivas del gobierno del presidente Gabriel Boric Font en los √ļltimos d√≠as se encuentra una importante se√Īal para el pa√≠s. Con motivo de la conmemoraci√≥n de los 50 a√Īos del golpe, el gobierno lanz√≥ un ‚ÄúPlan Nacional de B√ļsqueda‚ÄĚ con el objetivo de ‚Äúesclarecer las circunstancias de la desaparici√≥n y/o muerte de v√≠ctimas de desaparici√≥n forzada, de manera sistem√°tica y permanente, de acuerdo con las obligaciones del Estado de Chile y las normas internacionales‚ÄĚ[1]. El objetivo principal es, por tanto, esclarecer el destino de todos aquellos que fueron desaparecidos por personeros de la dictadura civil -militar durante los 17 a√Īos que est√° dur√≥.

Hace unos d√≠as, en ocasi√≥n del desfile militar, el comandante en jefe del Ej√©rcito, general Javier Iturriaga, dijo que ‚Äúnuestra generaci√≥n debe responsabilizarse del pasado, como lo ha hecho, y colaborar con la justicia en todo lo que se nos exija‚ÄĚ. Palabras que pesan como piedras, y que ser√†n puestas a prueba con el tiempo. Palabras que se suman a las del Obispo de Santiago, Carlos Godoy, quien record√≥ ‚Äúla herida abierta que tenemos como pa√≠s y el hecho de que todav√≠a hay familias que no han podido reencontrarse, ni despedirse‚Ķ es responsabilidad de todos y todas el proteger y respetar la dignidad de la persona humana [2].

Se hace camino al andar‚Ķ y el de la memoria es un camino a√ļn largo y cuesta arriba.

Notas

[1] https://www.derechoshumanos.gob.cl/plan-nacional-de-busqueda/

[2] https://www.iglesiadesantiago.cl/arzobispado/site/artic/20230908/pags/20230908100651.htm

 

*Analista internacional italiano

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