May 10 2006
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Economía

Chile-Estados Unidos 1970. – LOS SECRETOS DEL PODER

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Cincuenta y cinco mil p√°ginas desaparecieron del Archivo Nacional de Estados Unidos. Eso es lo que se calcula grosso modo. Pueden ser m√°s. Porque los agentes de la CIA y otros organismos de Inteligencia siguen cada d√≠a husmeando en la biblioteca principal de la Administraci√≥n Nacional de Archivos y Registros (NARA), buscando frases o p√°rrafos que puedan poner en peligro la ‚Äúseguridad nacional‚ÄĚ. Y cuando encuentran lo que creen estar buscando, sacan la p√°gina completa.

Los agentes ya tienen nombre. Se los nomina securocrats, burócratas de la seguridad. Han estado trabajando sigilosamente desde octubre de 2001, cuando cundía el terror tras el ataque a la Torres Gemelas y al Pentágono. Objetivo: revisar documentos desde la guerra de Corea (década de 1951/60) hasta los más recientemente desclasificados.

Muy especial atenci√≥n han recibido los documentos que el presidente Clinton orden√≥ hacer p√ļblicos a fines de los a√Īos 90, ya que se trata de cientos de miles de p√°ginas que engrosaron los archivos de Estados Unidos en el curso de un programa especial de desclasificaci√≥n que dur√≥ cinco a√Īos.

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La orden del presidente Clinton fue ‚Äúabrir‚ÄĚ al p√ļblico todos los documentos ‚Äúsecretos‚ÄĚ con m√°s de 25 a√Īos de antig√ľedad. Hubo, claro, excepciones: todos los que revelaban fuentes y m√©todos de Inteligencia, los que podr√≠an ser de ayuda para terroristas, entre otros. Pero si Clinton desclasific√≥, el presidente Bush der. orden√≥ una ‚Äúoperaci√≥n de reclasificaci√≥n‚ÄĚ.

Todo ocurri√≥ en secreto hasta que la noticia estall√≥ y provoc√≥ protestas de congresistas e historiadores en las √ļltimas semanas. El nuevo encargado del National Archive, Allen Weinstein, estaba muy enojado y prometi√≥ hacer todo lo posible para detener esta operaci√≥n clandestina que va contra el derecho a saber. Porque todos tenemos derecho a saber qu√© pas√≥ en nuestras historias nacionales. Y a saber qu√© rol jug√≥ Estados Unidos en todo ello.

Me sumergí en los archivos desclasificados, a comienzos de este siglo, para saber qué pasó con Chile. Y el resultado fue espeluznante. Ahí estaba, con minucioso detalle, toda la Operación Fubelt para impedir que el electo Salvador Allende se convirtiera en presidente y entrara al Palacio de La Moneda en 1970. A la cabeza de la operación, el presidente Richard Nixon, su asesor de seguridad nacional Henry Kissinger y el director de la CIA Richard Helms. Demás está decir que se destinaron los mejores agentes de la CIA para el objetivo.

El llamado Track Two de esta operación buscó provocar un golpe militar para impedir que Allende fuera presidente. Fueron sobornados generales y almirantes, pero surgió un escollo gravísimo. El jefe del Ejército, general René Schneider, dijo una y otra vez que respetaría la Constitución. Si Allende era ratificado por el Congreso, aseguró, será presidente.

Solución para la Casa Blanca: asesinar al jefe del ejército chileno.

Cable del embajador Edward Korry a la Casa Blanca (21 de septiembre de 1970): ‚Äúel general Schneider tendr√≠a que ser neutralizado, elimin√°ndolo si fuese necesario‚ÄĚ. Cable 628 (8 de octubre) del cuartel central de la CIA a su estaci√≥n en Santiago de Chile: ‚Äú¬ŅHay algo que nosotros podamos hacer para eliminar a Schneider? Entendemos que es una pregunta ret√≥rica, pero queremos inspirar la reflexi√≥n sobre esta materia tanto all√≠ como aqu√≠‚ÄĚ.
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En la valija diplom√°tica, la CIA envi√≥ tres subametralladoras, abundante munici√≥n y granadas lacrim√≥genas para el ataque. Mensaje del cuartel central de la CIA (fechado el 18 de octubre de 1970): ‚ÄúInmediato Santiago. Subametralladoras y municiones est√°n siendo enviados por correo (tachado) regular, salen de Washington a las 07.00 horas del 19 de octubre‚ÄĚ.

El agregado militar de la embajada, coronel Paul Wimert, reparti√≥ decenas de miles de d√≥lares a los asesinos y entreg√≥ las armas. Y a√Īos m√°s tarde lo confes√≥ ante una comisi√≥n del Senado de EEUU: ‚ÄúFue el jefe local de la CIA, Henry Hecksher, quien me entreg√≥ 250 mil d√≥lares para gastar en militares chilenos, con los que pod√≠amos contar para ayudar a liberarnos del general Schneider. Esa era lo clave, liberarnos de Schneider‚ÄĚ.

Y as√≠ fue c√≥mo el jefe del Ej√©rcito de Chile, respetuoso de la democracia y la ley, fue atacado el 22 de octubre de 1970 y muri√≥ tras una agon√≠a de cuatro d√≠as. El coronel Paul Wimert ‚Äďagregado militar‚Äď fue con el jefe local de la CIA a lanzar las armas en el fondo marino de la rada de Valpara√≠so. Y confes√≥ luego al Congreso de Estados Unidos que el crimen ‚Äúfue un asunto sucio, inmundo. Me avergonc√© de m√≠ mismo y hasta odiaba mirarme al espejo para afeitarme‚ÄĚ.
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El tiro le salió por la culata al presidente Nixon y al asesor Henry Kissinger. Ese crimen convenció a muchos opositores de que debían respetar la tradición democrática chilena y así Salvador Allende fue ratificado como presidente de Chile.

Es posible que todos los documentos que involucran a la Casa Blanca en este asesinato est√©n relacionados con la ‚Äúoperaci√≥n de reclasificaci√≥n‚ÄĚ ordenada por Bush. ¬ŅRaz√≥n? La familia del general Schneider present√≥, en Washington, una demanda contra Henry Kissinger en septiembre de 2001. Esa demanda fue tramitada lentamente por los tribunales. Y hace muy pocos d√≠as, la Corte Suprema la rechaz√≥ definitivamente.

¬ŅQu√© dijo el m√°ximo tribunal de Estados Unidos? Acogi√≥ los argumentos del gobierno de Bush (Departamento de Justicia) en defensa del ex funcionario Henry Kissinger. Dijo que si se abre un caso judicial, habr√≠a que juzgar si ‚Äďen el contexto de la Guerra Fr√≠a‚Äď ‚Äúfue apropiado para un funcionario de alto nivel (‚Ķ) apoyar acciones encubiertas contra un comprometido marxista (Allende) que iba a tomar el poder en un pa√≠s de Am√©rica Latina‚ÄĚ.

Cuando se reflexiona acerca de estos hechos, resulta inevitable agregar el factor TPI. Me refiero el Tribunal Penal Internacional que funciona desde julio de 2002, con sede en La Haya, pese a la denodada oposici√≥n de tres poderosos del planeta (Estados Unidos, China y la Federaci√≥n Rusa). El TPI juzgar√° el genocidio, cr√≠menes de lesa humanidad y cr√≠menes de guerra. Ninguno cometido antes de julio de 2002. No puede ser llevado ante sus 18 jueces el ex funcionario Henry Kissinger. El asesinato del general Schneider quedar√° impune. Pero, ¬Ņqu√© nuevos cr√≠menes han ocurrido y seguir√°n ocurriendo sin que agentes estadounidenses puedan siquiera ser acusados?

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Por ahora, la amenaza es abierta. El pa√≠s que ratifica el TPI, pierde la ‚Äúayuda militar‚ÄĚ de Estados Unidos. Con una excepci√≥n: nada le ocurre al pa√≠s en cuesti√≥n si, en paralelo, firma un tratado bilateral con la Casa Blanca que tiene efecto unilateral. ¬ŅCu√°l? Se compromete a jam√°s llevar a un ciudadano estadounidense ante el TPI, cualquiera sea el crimen del que se le acuse.

Todos los pa√≠ses latinoamericanos han suscrito el TPI. Chile es la excepci√≥n, a√ļn no se atreve. Y el crimen de su jefe del Ej√©rcito, un general democr√°tico, se sumerge en los laberintos de impunidad de la Casa Blanca.

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* Periodista y escritora chilena.

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