Oct 17 2021
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Política

Chile, hacia el fin de la Posdictadura

Sea o no destituido de su cargo, Sebasti√°n Pi√Īera ser√° indefectiblemente el √ļltimo presidente de la Posdictadura. Aun en la eventualidad de un fracaso de la Convenci√≥n Constituyente, el pa√≠s sabe que la Carta Magna y las secuelas del r√©gimen de Pinochet tienen, por fin, sus d√≠as contados.

M√°s de treinta a√Īos y siete sucesivas administraciones se demostraron renuentes a cumplir con el mandato popular que los obligaba a impulsar una nueva Constituci√≥n, como a ponerle t√©rmino al r√©gimen econ√≥mico causante de la m√°s escandalosa concentraci√≥n de la riqueza y desigualdad social. El llamado capitalismo salvaje finalmente mostr√≥ su completa insolvencia y ya no habr√° gobierno alguno que pueda evitar el advenimiento de la democracia y de la justicia. As√≠ como la recuperaci√≥n para todos los chilenos de sus riquezas b√°sicas y recursos naturales estrat√©gicos cedidos a precio vil a empresas privadas y consorcios extranjeros.

De paso, es posible que la nueva institucionalidad le ponga t√©rmino tambi√©n a la corrupci√≥n entronizada en todas las organizaciones del Estado y que acabe con la impunidad de los empresarios, pol√≠ticos y uniformados inescrupulosos, cebados por las pr√°cticas del cohecho, la malversaci√≥n de caudales p√ļblicos y toda esa serie de vicios que hoy nos hacen competir en verg√ľenza con los pa√≠ses o reg√≠menes m√°s desacreditados del mundo.

Hay que reconocer que toda la falta de pudor se inici√≥ en el comienzo mismo de lo que se llam√≥ jactanciosamente ‚ÄúTransici√≥n a la Democracia‚ÄĚ y que resultara, en realidad, solo en la continuidad de los grandes ejes del r√©gimen autoritario respecto de los sistem√°ticos atropellos a la dignidad humana, el neoliberalismo y la genuflexi√≥n oficial de nuestro Estado ante las potencias mundiales, como especialmente los intereses defendidos por la Casa Blanca.

Incluyendo aquella ‚Äújusticia en la medida de lo posible‚ÄĚ, neg√°ndose a castigar las expoliaciones fomentadas por la Dictadura, las nuevas privatizaciones y aquel sinn√ļmero de episodios il√≠citos vinculados a la concesi√≥n de carreteras y otorgamiento de sobresueldos a funcionarios ‚Äúde confianza‚ÄĚ u operadores.

As√≠ como tambi√©n la hip√≥crita resistencia, por a√Īos, a cambiar el sistema electoral binominal, la consolidaci√≥n del sistema previsional de las AFP, cuanto otros disparates que se extendieron durante estas tres √ļltimas d√©cadas. Una situaci√≥n a la que el pueblo movilizado le dijo ‚Äúbasta‚ÄĚ con el contundente Estallido Social de octubre del 2019 que, de no haber sido por la irrupci√≥n de la pandemia del coronavirus, habr√≠a derribado del poder al actual mandatario.

Los esc√°ndalos de Sebasti√°n Pi√Īera no deben nublar la realidad de toda una posdictadura en que se le perdi√≥ el respeto a la pol√≠tica, se desnaturalizaron los partidos y se inst√≥ finalmente a los ciudadanos a preferir mayoritariamente la abstenci√≥n electoral como a desapegarse de sus derechos c√≠vicos. Hasta que una concurrida y contundente elecci√≥n manifestara que un ochenta por ciento de los votantes optaba por constituir un leg√≠timo poder constituyente, aunque resultara limitado en sus atribuciones por algunas normas abusivas impuestas por una confabulaci√≥n legislativa.

Por los senadores y diputados que, en colusión con La Moneda y los poderes fácticos del país, ven a la Convención encargada de redactar una nueva Carta Magna como una entidad peligrosa para las intenciones de perpetuarse y medrar en el poder.  En una maniobra urdida desde la llamada clase o casta política, salvo algunas dignas excepciones.

Por su condici√≥n de multimillonario siempre a la sombra del poder pol√≠tico y la lenidad de algunos jueces y tribunales, Pi√Īera pasar√° a la historia como el m√°s voraz de todos nuestros gobernantes y que, en su af√°n de hacerse m√°s rico abusara de sus dos administraciones para elevar su peculio personal al precio, adem√°s, de reprimir criminalmente a sus adversarios.

Un balance que suma por cientos a las víctimas de nuestro pueblo mapuche que reclama la recuperación de sus propiedades y derechos arrebatados por la Dictadura y también los otros gobiernos autoritarios anteriores. En un fatal balance que cuenta por decenas a los jóvenes asesinados y torturados por Carabineros y el desdén hacia cientos de miles trabajadores despojados de sus derechos laborales, sueldos o pensiones dignas, cuanto acceso a la educación, la salud y la vivienda.

Si se hace justicia alg√ļn d√≠a, no vemos c√≥mo Pi√Īera podr√≠a escapar al estigma de criminal que hoy recae en presidentes como Arturo Alessandri Palma y un tirano como Augusto Pinochet, junto a todas esas divisiones de polic√≠as y militares que han ejecutado tan basto conjunto de masacres en el campo, en las salitreras, en las minas de carb√≥n y, ahora, del cobre.

Sembrando de cad√°veres toda nuestra geograf√≠a con hechos tan luctuosos como la Pacificaci√≥n de la Araucan√≠a, la Caravana de la Muerte y los diversos campos de exterminio y tortura. Desde nuestro Estadio Nacional hasta Pisagua, as√≠ como la horrenda aniquilaci√≥n de algunas de nuestras etnias, a objeto de instalar en la Araucan√≠a y la Patagonia a colonos de piel blanca y ojos claros para ‚Äúpurificar nuestra raza‚ÄĚ, como se dijera entonces tan desembozadamente.

Ser√≠a conveniente que el juicio del que salvaron varios de nuestros presidentes esta vez no incluya al gobernante actual y que, antes o despu√©s de su mandato, sea condenado ejemplarmente, al igual que otros mandatarios o dictadores del mundo. Para que as√≠, Chile pueda recuperar su plena dignidad, porque los delitos cometidos por Pi√Īera y otros que lo antecedieron han afectado la honra de nuestro Estado y, por cierto, de su supuesta democracia.

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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