Feb 17 2007
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Opinión

Chile. – LA MADRE DE TODAS LAS CORRUPCIONES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El Presidente del PPD, Sergio Bitar, en varias oportunidades y por diversos medios ha hecho dos afirmaciones categ√≥ricas que vale la pena comentar: ¬ęHay que terminar con el cuoteo pol√≠tico¬Ľ y que ¬ęlos partidos no son agencias de empleo¬Ľ. Esas afirmaciones dejan algunas cuestiones abiertas acerca de cu√°les son los roles que les competen a los partidos pol√≠ticos.

Una cosa es el desprestigio, fundado o no, de los partidos y otra cosa muy distinta que las democracias no funcionan en ausencia de partidos organizados. Al revés, los vicios del sistema político chileno se basan en que los partidos tienen un rol muy menguado y es allí donde florecen los personalismos, las fracciones y toda esa cantidad de manifestaciones de la vulgaridad y la miseria humana.

Interesante ser√≠a que el presidente del Partido Por la Democracia precisara a qu√© se refiere con esto del cuoteo pol√≠tico, porque en mi opini√≥n nunca ha habido cuoteo en ning√ļn gobierno de la Concertaci√≥n. Incluso, si lo hubiera, ser√≠a un fen√≥meno absolutamente leg√≠timo. Desde que asumiera Patricio Aylwin la Presidencia de la Rep√ļblica, hubo un acuerdo de repartir m√°s o menos equitativamente los principales cargos de la administraci√≥n p√ļblica, lo cual es l√≥gico pues no iba a escoger a sus colaboradores fuera de sus partidarios. Pero eso no fue cuoteo.

El gobierno del Presidente Allende, y todos los gobiernos de coaliciones anteriores, gobernaron a través del cuoteo que consiste en que los partidos y el presidente concuerdan cuáles son los cargos que le corresponden a los diversos partidos de una coalición y, enseguida, son los partidos los que presentan ternas o quinas para que el gobernante escoja; no puede escoger nombres aparte de esas listas.

Eso hoy no existe, cuando más un cierto, y solamente un cierto, equilibrio. Pero ese equilibrio entre partidos es y ha sido ficticio. No es verdad que haya ese equilibrio, pues muy temprano se configuró una élite que ha permanecido, intercambiándose de puestos en los diversos gobiernos, además que entre ellos no hay diferencias de pensamiento, independiente del partido al que pertenezcan.

Esta √©lite tiene mucho m√°s en com√ļn en cuanto origen, relaciones sociales, parentesco, barrio, etc√©tera, que les une , que unas deslavadas ideolog√≠as que, en la mayor√≠a de los casos, corresponden a nostalgias, mas no a valores que animen la acci√≥n pol√≠tica actual. No es raro ver en reparticiones p√ļblicas una gran mayor√≠a de egresados de la misma universidad, exalumnos de unos pocos colegios, vecinos de barrio residencial y de veraneo, y a veces parientes entre s√≠.

As√≠ que un partido proponga a su mejor gente para cargos p√ļblicos no s√≥lo es justo, es incluso una exigencia moral. Y por lo siguiente: Un partido pol√≠tico que renuncia a la pol√≠tica no es moderno ni menos democr√°tico. Creo que uno de los errores importantes del gobierno de Lagos fue disminuir el n√ļmero de cargos p√ļblicos de nominaci√≥n presidencial; pedir que cada vez m√°s cargos pol√≠ticos y no t√©cnicos sean llenados por concursos es la consagraci√≥n de la tecnocracia y la renuncia a la democracia.

Un intento de irresponsabilizar a la Concertaci√≥n fue la idea del ex intendete Trivelli cuando propon√≠a concursar a los ¬ęseremis¬Ľ (secretar√≠as regionales de diversos organismos p√ļblicos), lo que aparte de ser una medida efectista, de contrabando met√≠a la idea de que las decisiones pol√≠ticas eran de suyo incorrectas, absurdas o bien respond√≠an a presiones impropias. Esto es profundamente antidemocr√°tico y se parece al voto censitario, es decir, s√≥lo los t√©cnicos hacen las cosas bien.

Si fuera cierto no necesitar√≠amos parlamento, se podr√≠a concursar un cuerpo legislativo en base a sus m√©ritos t√©cnicos y profesionales; ¬Ņpara qu√© tener ministros, si se pudiera incluso licitar los cargos internacionalmente? Bueno, ni siquiera necesitar√≠amos un Presidente de la Rep√ļblica, con un buen gerente general bastar√≠a, luego de tantas genuflexiones ante quienes no votan ni votar√°n por la Concertaci√≥n.

El asunto corrupción

Me parece que la sospecha de las capacidades pol√≠ticas de los pol√≠ticos se debe a que los partidos no proponen a su mejor gente de una manera trasparente al interior de los mismos, y son camarillas las que se reparten los pocos cargos que van quedando, y el PPD no ha sido ajeno a esa tendencia. ¬ŅRecuerdan la √©poca en se sal√≠a a cazar candidatos medi√°ticos para cargos p√ļblicos?

¬ŅPor qu√© se nos dej√≥ caer la corrupci√≥n? La respuesta es sencilla: Nuestra primera corrupci√≥n fue la program√°tica. S√≠, cuando no nos dio verg√ľenza olvidar los programas de la Concertaci√≥n una vez que se ganaba y para ello basta volver a leerlos y ver cu√°nto se cumpli√≥. Cuando no se nos cay√≥ la cara de verg√ľenza por los compromisos adquiridos, y a los que nadie nos presion√≥, comenz√≥ el deterioro moral.

Podemos a√Īadir otros elementos asociados a las miserias humanas, como cuando se not√≥ un cierto arribismo en algunos ¬ępr√≥ceres¬Ľ y les gust√≥ ser reconocidos en los grupos de poder, departir con la gente linda, cuando se le perdi√≥ el miedo al kitsch, cuando los de origen burgu√©s volvieron a la ideolog√≠a de su clase, cuando el medio pelo descubri√≥ el consumo aunque de bagatelas, cuando los intelectuales se pusieron al servicio del pr√≠ncipe de turno y repitieron las alabanzas al mercado, verdadero Moloch de los que antes tuvieron fe y de los que, s√ļbitamente, la volvieron a adquirir.

La corrupci√≥n program√°tica se produjo cuando se debilitaron los partidos. Y no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que esto no fue casual. La madre de todas las corrupciones comenz√≥ cuando el soberano ‚Äďtodos nosotros como cuerpo electoral‚Äď fuimos burlados, cuando se nos propuso un programa presidencial que escogimos y que la √©lite naciente, quiz√°s nunca, tuvo inter√©s en alcanzar.

Eso explica todo lo que vino despu√©s; las corruptelas posteriores se debieron a que se pudo ¬ęgirar con cargo a la cuenta de ahorro program√°tica y moral¬Ľ, al enorme pozo de legitimidad que se conformando con las protestas, la resistencia a la dictadura, la campa√Īa del no, la primera campa√Īa presidencial y una inmensidad de peque√Īos actos de recuperaci√≥n de la dignidad. Es bueno recordar que por primera vez hubo una articulaci√≥n efectiva de las ideas provenientes de los humanismos cristianos y laicos.

Todo eso fue lo que una élite autocomplaciente botó a la basura y nos dejó sumidos en una mezcolanza de obsecuencia al neoliberalismo, de adoración a la tecnocracia y devoción de todo aquello que nos aleja de nuestros principios.

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* Sociólogo, miembro Comisión de DD.HH. del PPD.

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