Mar 2 2006
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Ambiente

CHILE: NO EXISTE CONCIENCIA AMBIENTAL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El primero, de una ingeniera ambiental y de un economista el segundo. Antonieta Fortt traza un panorama crítico sobre la eficiencia de la gestión ambiental de los aparatos de gobierno. Cristián Gutiérrez se refiere en concreto a los efectos depredadores de la actividad salmonera en el país austral.

Decididamente, ni los conceptos y prácticas relacionados con desarrollo sustentable ni aquellos referidos a la protección del ambiente natural parecen significar mucho en Chile. Por lo menos eso se desprende tanto de la acción gubernamental como de la actividad de las empresas privadas.

Serrat tenía razón: nos han declarado la guerra.

LA IGNORANTE AUTOCOMPLACENCIA

Desarrollo sustentable significa mucho más que compatibilizar el crecimiento económico con la protección del oambiente; desde la sustentabilidad uno podría, con el sólo dato de que Lagos fue el presidente que más ha gastado en armamentos desde 1896, y siendo Chile el décimo país con la peor distribución del ingreso en el mundo el 2005, catalogar a su gobierno como uno de los cualitativamente más insustentables de nuestra historia republicana.

Antonia Fortt

La positiva evaluaci√≥n hecha por la directora de la autoridad ambiental chilena (CONAMA), Paulina Saball (izq.), sobre el desempe√Īo de este organismo durante 2005, sorprende por su extrema autocomplacencia, especialmente si se piensa en casos como CELCO en el Santuario del R√≠o Cruces, el de Barrick Gold con su proyecto minero Pascua Lama o los constantes derrames de hidrocarburos en Antofagasta.

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En el caso CELCO, una y otra vez se burló la ley a favor de la industria para protegerla de multas, mejoras tecnológicas o del término de la actividad de manera indefinida.

Algo similar ocurre con Pascua Lama, un proyecto que fue aprobado, pese a que en su primera presentaci√≥n la minera Barrick ‚Äúolvid√≥‚ÄĚ mencionar en su informe que tres glaciares ser√≠an afectados por el proyecto, y pese tambi√©n a que la Corema de la Tercera Regi√≥n rechaz√≥ un segundo informe por considerar que Pascua Lama ‚Äúno es capaz de sustentar que no afectar√° de manera adversa y significativa la cantidad y calidad de los recursos naturales renovables, en especial el agua‚ÄĚ.

De estos casos emblemáticos, y de otros menos conocidos, se desprende que el concepto de desarrollo sustentable usado por CONAMA está lejos de la definición aceptada internacionalmente. El paradigma de la sustentabilidad propone un nuevo modelo de desarrollo económico, lo que se manifiesta en un cambio en las formas de producción y en los hábitos de consumo de las sociedades modernas donde la conservación del capital natural, la capacidad de carga de los ecosistemas y la equidad social son los pilares fundamentales.

Por lo tanto, el desarrollo sustentable significa mucho más que compatibilizar el crecimiento económico con la protección del medioambiente; teniendo como eje central de su accionar la crítica y revisión constante de cómo las sociedades crecen económicamente. Es más, desde la sustentabilidad uno podría, con el sólo dato de que Lagos fue el presidente que más ha gastado en armamentos desde 1896, y siendo Chile el décimo país con la peor distribución del ingreso en el mundo el 2005, catalogar al gobierno de Lagos como uno de los cualitativamente más insustentables de nuestra historia republicana.

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De acuerdo a lo anterior, la problemática ambiental no se acota a la esfera institucional como lo plantea Paulina Saball, sino que más bien abarca la estrategia de desarrollo que ha seguido Chile como país, donde obviamente la institucionalidad es una dimensión importante, pero una entre muchas otras. De hecho desde la óptica del desarrollo sustentable es mucho más relevante evaluar la gestión de los ministros de Economía y Hacienda, para evaluar la gestión ambiental del gobierno de Lagos ya que son ellos los que determinan finalmente la pauta de desarrollo que seguirá nuestro país.

En este sentido, exigir m√°s recursos y facultades para un organismo como CONAMA, que es m√°s bien un adorno ‚Äďpara no decir un estorbo‚Äď dentro de la pol√≠tica econ√≥mica que ha seguido la Concertaci√≥n solventada fuertemente en las exportaciones y en las inversiones extranjeras, basadas ambas en la explotaci√≥n de nuestro capital natural, es no entender la actual din√°mica econ√≥mica y menos la cr√≠tica desde la sustentabilidad.

Prueba de lo √ļltimo es que Saball suma entre sus triunfos la evaluaci√≥n de desempe√Īo ambiental de la OCDE (Organizaci√≥n para la Cooperaci√≥n y Desarrollo Econ√≥micos), cuando la verdad es que en ese informe Chile cay√≥ siete lugares y dej√≥ planteados enormes desaf√≠os en pr√°cticamente todas las esferas involucradas: pol√≠tica fiscal para un desarrollo sustentable, ordenamiento territorial, gesti√≥n ambiental integral, inserci√≥n ambiental internacional, etc.

Los √©xitos que muestra Saball en materia medioambiental se circunscriben exclusivamente a temas conservacionistas (Pol√≠tica Nacional de √Āreas Protegidas, Estrategia Nacional de Humedales, Pol√≠tica Nacional de Especies Amenazadas, etc.) que indudablemente constituyen avances, pero que son por s√≠ solos absolutamente insuficientes para hablar de una estrategia nacional hacia un desarrollo sustentable. Por ejemplo, la Estrategia Nacional de Humedales no se hubiese concretado de no haber ocurrido el desastre del r√≠o Cruces, y ni siquiera ha probado su eficacia, pues ya la Corema de la d√©cima regi√≥n autoriz√≥ un proyecto para descargar aguas servidas en el humedal del Estero Carri√≥n, en Maull√≠n.

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Pero lo que menos se entiende de la autoevaluaci√≥n de Conama, es que reconoce como un triunfo propio la mayor participaci√≥n ciudadana en materia ambiental, cuando la verdad es que los hechos demuestran todo lo contrario: en proyectos tan importantes como CELCO y Pascua Lama, la ciudadan√≠a ha estado ausente en las esferas donde se toman las decisiones y han tenido que expresar su preocupaci√≥n y descontento ‚Äďcontra las empresas y el gobierno que Paulina Saball representa‚Äď principalmente a trav√©s de las movilizaciones y una s√≥lida organizaci√≥n de la base social, constituy√©ndose esto √ļltimo, sin lugar a dudas, en lo m√°s trascendental en materia ambiental del a√Īo pasado.

(Ingeniera ambiental de Océana).

LA MIOP√ćA DE LOS SALMONEROS

Chile es el segundo mayor productor mundial de salmón, pero en el orden de los aportes en cuanto a investigación para la acuicultura ocupa el décimo lugar, contribuyendo con sólo el dos por ciento en la actividad global.

Cristián Gutiérrez

Rodrigo Infante, gerente general de Salmon Chile, asegura que las empresas salmoneras cumplen con todas las normas ambientales y que, incluso, ‚Äúvan m√°s all√°‚ÄĚ, desestimando de paso los posibles riesgos de una acusaci√≥n de dumping que los especialistas de la CONAMA o de la Direcci√≥n de Relaciones Econ√≥micas de la Canciller√≠a auguran a la luz de los recientes TLC firmados con Estados Unidos y Canad√°, dos de los principales destinos de las exportaciones de salm√≥n chileno.

Las √ļltimas acciones del gremio salmonero se enmarcan en una estrategia tendiente a limpiar la mala imagen ambiental de esta industria en el extranjero. En este sentido el cierre exitoso del acuerdo de producci√≥n limpia, donde las empresas son jueces y parte en la gesti√≥n ambiental, es un ejemplo de la mentalidad obtusa de los industriales para aceptar una agenda de consenso con las organizaciones de la sociedad civil.

Lo se√Īalado es todav√≠a m√°s importante cuando existe nueva evidencia entregada por Oceana que habla del nexo entre la actividad de la salmonicultura y la proliferaci√≥n de las temidas mareas rojas.

En Chile, existe una visi√≥n errada del concepto de sustentabilidad. Se trata de la idea de que la generaci√≥n de est√°ndares y acuerdos de producci√≥n limpia deben provenir de las empresas, para luego ‚Äďuna vez realizados‚Äď establecer certificaciones de los productos que ‚Äúinduzcan‚ÄĚ a estas firmas a adoptar nuevas pol√≠ticas. As√≠, se borra del mapa el rol que le corresponde a la autoridad p√ļblica en esta materia, sobre todo considerando su papel fiscalizador, tan necesario en estos tiempos donde las decisiones se toman exclusivamente desde la esfera privada.

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Con esta filosof√≠a se asienta el precedente de dejar a la mera ‚Äúvoluntad‚ÄĚ de las empresas, decisiones que deben estar en el campo de las pol√≠ticas p√ļblicas.

Hoy se dispone de evidencia cient√≠fica, tanto a nivel nacional como internacional, de los da√Īos ambientales que han sido generados por la salmonicultura. La industria enfrenta acusaciones por usar antibi√≥ticos en abundancia, contribuyendo a acelerar la resistencia de las bacterias ante estos medicamentos de alta eficiencia en la salud humana, cultivar un producto que contiene importantes porciones de dioxinas, bifenilos policlorados, dieldrin, nonacloro, DDT y mirex (Science n√ļmero 303, enero de 2004), lo que hizo que un grupo de cient√≠ficos de las universidades de Indiana, Albany y Cornell sugirieran que se limite significativamente el consumo de este producto.

Adem√°s, la industria del salm√≥n es acusada de utilizar verde malaquita, un funguicida peligroso para la salud; pintura antifouling, que causa graves da√Īos a la fauna y a los ecosistemas; colorante para anaranjar a√ļn m√°s los salmones, seg√ļn el gusto del consumidor; generar el fen√≥meno de las mareas rojas; y contribuir a la eutrofizaci√≥n de los recursos hidrol√≥gicos del pa√≠s por la sobrecarga que produce esta industria en cuanto al aporte de nutrientes al agua, como el f√≥sforo y el nitr√≥geno.

A pesar de que Chile es el segundo mayor productor mundial de salm√≥n, siendo responsables de m√°s de un tercio de la producci√≥n a nivel planetario, en el ranking de investigaci√≥n cient√≠fica para la acuicultura estamos en el d√©cimo lugar, contribuyendo con s√≥lo dos por ciento a nivel global. Junto con esto, tenemos escasa capacidad de los servicios p√ļblicos para fiscalizar a la industria, en especial SERNAPESCA, CONAMA y la Direcci√≥n del Trabajo. De hecho, seg√ļn la propia institucionalidad ambiental, durante 2004, s√≥lo se revisaron 20 proyectos relacionados con centros de cultivo de salm√≥n, que corresponde a cinco por ciento del total de centros que posee esta industria en las aguas del pa√≠s.

Estos antecedentes ponen nuevamente en tela de juicio la real sustentabilidad de la industria y reafirman la petici√≥n de una moratoria a la expansi√≥n de la actividad, amparada en m√ļltiples razones de orden ambiental, sanitario, laboral e institucional, sobre todo considerando el plan de inversiones de la industria ‚Äďestimado en unos 800 millones de d√≥lares‚Äď para extenderse en la XI Regi√≥n de Ays√©n y consolidar esta zona para que, dentro de ocho a√Īos, entregue 40% de la producci√≥n nacional del salm√≥n.

(Economista de la Fundación Océana).
Artículo publicado en el diario La Nación de Santiago (www.lanacion.cl).
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El portal de Océana: (www.oceana.org).

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