Dic 2 2008
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Opinión

Chile /Perú: cuidado con la idiotez del virreynato y la prudencia de la capitanía

Lagos Nilsson

Un general intemperante dijo estupideces, como corresponde a una "mala cura" . Y las reiteró, lo que no corresponde entre borrachos decentes al día siguiente de la borrachera. ¿Resultado? Nadie sabe qué hacer con la plancha caliente que amenaza con quemar la mesa –o hacer subir la marea.

El tal Donayre subió la apuesta aprovechándose –sin duda– de las hilachas que son la percepción que se tiene en Perú del gobierno de Alan (¿Alán?) García; como estratega el milico también consideró que el gobierno chileno no iba a retrucar. Algo, la memoria de una triste historia, separa por ahora a peruanos y chilenos.

Y los cajones y bolsas con los que el deseo del general Donayre reemplazan la historia no ayudaron a tender puentes: los dinamitaron. Donayre es un imbécil. Hace más de un siglo los chilenos arrasaron Lima. Fue terrible, y es hora de que se reconozca, sin adjetivarla, esa barbaridad. Nunca realmente los gobiernos de Chile lo han considerado.

No se lo enseña a los futuros ciudadanos. Tampoco que los marinos chilenos llevan –¿lo llevan todavía?– cinta de luto por el almirante Nelson, no por Prat –ni menos por la dulce lady Hamilton.

Alan (¿Alán?) García fue hace tiempo un joven en el que muchos confiaron en su tierra; se tuvo que ir, la "corruptio" que llaman. Entrado el siglo XXI, con decenas de kilos más y un algo mortecino en la mirada, repudiada su gestión presidencial, es el titiritero que perdió el control del muñeco. ¿Del muñeco? No.

No tiene el control de las bien armadas fuerzas armadas peruanas. Su sueño de heredero del Virreynato es una pesadilla. Es un gordo atado a promesas. Y amarrado al imperio –del cual no es ciudadano–. Es, quién sabe, traidor de su gente.

Donayre, el intemperante, lo puso al Gracía frente a otro gobierno, que para la derecha belicosa no supo responder con dignidad, pero sí lo hizo con delicadeza.

No agitó con donaire el pañuelo La Moneda, pero tampoco habla desde el quinto patio. La paz en América del Sur es lo que se debe cautelar.

El taimado García –no puede hacer otra cosa, carece de respaldo– despedirá con honores y pensión completa al general de marras; Mamá Oca dejará la Moneda en un año. En el lío con Perú ha sido consecuente –quizá admirable.

El resto está por verse.

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