Oct 3 2021
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OpiniónPolítica

Chile: Pobres contra pobres

Muy complacidos deben sentirse los promotores del consumismo y del individualismo con las confrontaciones entre los pobres que viven en Chile o llegan del extranjero. Cuando estos abandonan sus lazos de hermandad y desestiman aquellas convicciones que los llevaron a ser solidarios y enfrentar unidos la adversidad com√ļn de la injusticia, por encima de las fronteras artificiales impuestas por los estados.

Cuando alguna vez la necesidad de prosperar los indujo a organizarse interna y continentalmente, abrazar los mismos ideales e identificar a sus verdaderos enemigos. Es decir, para condenar el capitalismo salvaje y renunciar a toda forma de patrioterismo, en el entendido que los pobres y discriminados forman parte de un mismo universo de seres, sin dejarse aprisionar por aquellos límites que marcan arbitrariamente los mapas.

En el pasado, la solidaridad de clase, el sindicalismo y las ideolog√≠as progresistas remontaron en el internacionalismo, en la necesidad de lucha mancomunada de todos los explotados del mundo, as√≠ como en asumir la lucha contra el imperialismo. Es cuesti√≥n de recordar aquellas distintas expresiones ideol√≥gicas que conclu√≠an en la necesidad de traspasar las fronteras pol√≠ticas impuestas a los pueblos, lo que dio existencia en nuestro Continente a ese panamericanismo abrazado desde la primera hora por todos nuestros libertadores. Como tambi√©n estimularon los m√ļltiples esfuerzos por reconocernos en un presente y destino com√ļn con los segregados del mundo entero.

El propio Manifiesto Comunista y las enc√≠clicas sociales de algunos papas coincidieron en mucho y calaron hondo en nuestra pol√≠tica, proponi√©ndonos el imperativo de una patria com√ļn, como la necesidad de una misi√≥n liberadora universal.

Junto con proscribir las ideolog√≠as, los partidos y las organizaciones sociales, la dictadura de Pinochet se propuso que cada chileno velara solo por s√≠ mismo y le diera la espalda a sus semejantes. De ello da cuenta, entre otros, el sistema previsional de las AFP, la educaci√≥n diferenciada por niveles socioecon√≥micos y la pulverizaci√≥n de una inmensa cantidad de asociaciones civiles y de ayuda mutua. Se sacraliz√≥, por tanto, la ‚Äúlibre competencia‚ÄĚ y se le hizo creer a los chilenos que viv√≠amos en un oasis de ‚Äúpaz y tranquilidad‚ÄĚ, mientras en el mundo imperaba el caos. Para lo cual le insuflaban a la poblaci√≥n una andanada de patrioterismo, inst√°ndonos a demarcarnos de los pa√≠ses vecinos y de las ideas for√°neas y universales.

Chile fue convertido en un ‚Äújaguar‚ÄĚ y muchos se tragaron el cuento. Chile era un ‚Äúgran pa√≠s solo que en un mal barrio‚ÄĚ. Los chilenos constitu√≠amos una raza distinta, homog√©nea y privilegiada, as√≠ como nuestra bandera e himno nacional eran reconocidos como los mejores del mundo. Tal como se nos convenc√≠a de las inigualables bondades de nuestro clima, del vino, las frutas, mariscos y otras especies. De esta forma, tambi√©n ten√≠amos que creer que nuestros conflictos fronterizos hab√≠an sido provocados por los peruanos y bolivianos, los que pagaron su atrevimiento con las enormes extensiones que perdieron de manos de los ‚Äúvalientes soldados chilenos, jam√°s vencidos‚ÄĚ.

En distinta medida, todos fuimos influidos por aquello que en Chile eran irrelevantes los habitantes ind√≠genas, como los mapuches, los atacame√Īos y varias otras etnias que reci√©n pr√°cticamente se descubren. Que tampoco ten√≠amos territorios y culturas colonizadas, como hoy nos lo reprochan los rapanui de Isla de Pascua, a muchos miles de kil√≥metros de distancia de nuestras costas. Hasta las clases de historia se empe√Īaban en convencernos de que por nuestro pa√≠s por suerte solo estuvieron de paso los negros provenientes de √Āfrica, ya que finalmente se establecieron al otro lado de nuestras fronteras. Con lo que prosper√≥ otra gran mentira: la que de aqu√≠ no ten√≠amos esclavos.

De all√≠ que no sea tan extra√Īo lo que acaba de suceder en Iquique, donde algunos pobres emigrantes venezolanos fueron agredidos por una turba de unos cinco mil chilenos, simplemente por el delito de querer avecindarse en Chile, despu√©s de que el propio Pi√Īera los invitara a nuestro pa√≠s en un viaje anterior a Colombia. Claro, en un momento en que est√°bamos faltos de mano de obra barata y todav√≠a no sufr√≠amos los rigores de la pandemia‚Ķ

Todos pudimos observar la semana pasada a decenas de hermanos venezolanos a quienes les quemaron sus modestas pertenencias a vista y paciencia de Carabineros, dej√°ndolos m√°s a la intemperie de lo que ya estaban. ¬°Vaya qu√© verg√ľenza se siente por este criminal atentado ante un mundo que recibi√≥ a cientos de miles de refugiados chilenos durante el R√©gimen Militar, muchos de los cuales se quedaron para siempre y bien acogidos en Suecia, Francia, Alemania y tantas otras naciones.¬† Acogidos por pueblos m√°s pobres que el nuestro, como los que se establecieron en Centro Am√©rica y el Caribe.

Claro, estos iracundos connacionales tan pobres, adem√°s, de esp√≠ritu ignoran el don de la solidaridad. Solo creen que para triunfar hay que ‚Äúrascarse con sus propia u√Īas‚ÄĚ y no permitir por ning√ļn motivo que vengan otros a disputarles sus puestos de trabajo, adem√°s de amenazarnos a todos con un mestizaje que ser√≠a indigno, de acuerdo al racismo que en Chile est√° tan entronizado. Salvo si se trata de blancos y rubios europeos, como los que los gobiernos de nuestro pa√≠s importaron en el pasado a fin de asentarlos en la Araucan√≠a o la Patagonia, para as√≠ ‚Äúmejorar nuestra raza‚ÄĚ y elevar la productividad.

Felizmente, la mayoría del país ha sabido sobreponerse al egoísmo y la xenofobia, repudiando lo acometido por esta turba de maleantes. Con la emigración, aseguran los agresores, llegan los delincuentes, los traficantes y toda suerte de malhechores, ignorando la enorme contribución que en la agricultura y la minería, por ejemplo, han hecho estos trabajadores venidos a Chile y sin los cuales el país no podría estar cosechando y exportando tantas frutas.

Ni ganar un socio comercial tan poderoso como la comunista China, la que sabemos hincha los bolsillos de empresarios agr√≠colas y exportadores de materias primas, que es lo √ļnico que pr√°cticamente producimos desde que los ‚Äúgenios de la econom√≠a neoliberal‚ÄĚ descubrieron que era m√°s f√°cil y m√°s rentable dedicarse a los llamados comodities y abandonar la industrializaci√≥n y la autarqu√≠a que avanzaban con br√≠os.

Qu√© duda cabe que el enfrentamiento de pobres contra pobres es provocado por las ideas imperantes en La Moneda y el Parlamento. Por los que buscan perpetuar la Constituci√≥n de 1980, un sistema previsional cuatrero y la m√°s horrenda concentraci√≥n de la riqueza en Chile. Ciertamente, no son los grandes beneficiados del sistema los que salen a agredir a los emigrantes. Ellos ya probaron que les pueden ser muy √ļtiles a sus intereses, porque trabajan mucho y hay que pagarles lo m√≠nimo.

Los agresores de Iquique pertenecen más bien a la población más ignorante, vulnerable e incauta de país. La que todavía cree en las ilusiones sembradas por las AFP, las isapres, los políticos de las dos derechas que se han estado turnando en el poder después del Dictador.

¬°Vaya qu√© buen negocio para los due√Īos de Chile que surjan las desavenencias entre nuestros pueblos y estados!¬† Y a prop√≥sito, cu√°nta falta les har√≠a a nuestros corruptos uniformados la posibilidad de un conflicto que les redit√ļe m√°s armas y charreteras, cuando saben que no son los militares, sino el pueblo armado, el que aporta pr√°cticamente todos los muertos en los campos de batalla. Ahora que se hace muy dif√≠cil otra guerra de las Fuerzas Armadas contra su propio pueblo, como las que se hicieron con la llamada Pacificaci√≥n de la Araucan√≠a o en la represi√≥n brutal pos golpe de 1973.

Sin embargo, la acogida que nos brind√≥ generosamente el mundo no ha podido ser borrada de nuestra conciencia nacional, por lo que los provocadores iquique√Īos solo son apenas un pu√Īado. Pero v√≠ctimas, tambi√©n, del racismo tan adherido a la ideolog√≠a oficial en un pa√≠s que todav√≠a no se convence de que somos tal como los otros. Por lo que nuestro porvenir tanto depende de la conciencia y unidad de los pueblos afligidos por el hambre, las enfermedades y la escandalosa desigualdad.

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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