Sep 22 2009
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Política

Chile, política: póker, ¿pero de ases?

Cristián Joel Sánchez.*

Usted, querido lector, con seguridad alguna vez, o quizás habitualmente, ha practicado el juego del póker. O al menos lo habrá visto en esas memorables películas en las que nuestros norteños “héroes” se juegan la vida a una sola carta, sean estos los majaderos “cowboys” de lejano oeste —que para desgracia de los indios no estaba tan lejano— o los no menos increíbles agentes secretos modernos cazadores de rufianes y comunistas, que para ellos eran lo mismo.

En América Latina, sobre todo por estos lados del cono sur, más bien ha sido la brisca con mazo español la que ha amenizado las tarde sureñas, a veces acompañadas de un buen mate y un fraterno brasero. A más de alguien por acá una gestión le ha costado “un triunfo”. A otro la suegra o su adorada media naranja alguna vez le “cantó las cuarenta”, todo en la jerga brisquera.

La terminología del póker, usted lo sabe aunque no sea un experto de los casinos, también sirve para salir del paso cuando se quiere graficar algún hecho cuya demostración es más que palmaria. Tener un as en la manga, blufear, pagar por ver, son frases de mucha utilidad también fuera del tapete.

Hoy queremos referirnos a ese momento trágico del jugador al cual “la mano le viene mala”, es decir las cartas que le tocó en suerte recibir son un desastre, y anuncia, con voz cavernaria arrojando sus naipes a la mesa: “yo no voy”. En verdad ese jugador pudiera recurrir al “bluff”, poner cara de triunfador y hacer subir las apuestas hasta que sus contrincantes, asustados por esa misteriosa seguridad “tiren la toalla” (ya sé que es un término boxístico, no me lo reproche).

En otras palabras, se rinden ante el hábil blufeador. La maniobra es riesgosa, sin embargo, porque alguien puede pagar por ver, ¿verdad?

Como usted debe sospechar, estamos muy lejos de querer dar lecciones de un juego que para este autor resulta medio chinesco. Se trata simplemente de trasladar los ejemplos al tapete de la política chilena que en estos días promete agitarse ante la inminencia de las elecciones presidenciales. Blufeadores hay varios, son los primeros que aparecen; hay otros que tienen mucho dinero para “pagar por ver”; alguno por ahí tiene su as todavía escondido en la manga.

Si usted es espectador tiene que tener paciencia porque el tiempo y el desarrollo del juego irán definiendo a cada discípulo de Dostoievski, pero hoy queremos referirnos a aquellos que, contemplando las pésimas cartas que le otorgan las encuestas, con los bolsillos desprovistos de votos y plata, comienzan a abandonar la mesa verde y simplemente “no van más”.

Uno de ellos, don Adolfo Zaldívar, sabiamente, sin grandes aspavientos, se retiró confirmando lo que ya era vox populi sin necesidad de verle las cartas.
Pero hay otro, paciente lector, que estuvo días a punto de tirar la esponja, siguiendo con las parábolas del cuadrilátero.

Es una noticia top que se guardó en reserva mientras estuvo "en desarrollo": usted sabe: eran rumores, como dice una vieja canción y podríamos habernos equivocado porque “errare humanum est”.

No se requiere un cacumen mayor para descubrir al último jugador desbancado –desde esta tarde es materia de títulos y subtítulos en la prensa comercial–, y no estamos diciendo nada extraordinario. ¿Será el camarada Arrate flamante nuevo militante del PC pensarán los despistados? No, Arrate más que un candidato es referente de una izquierda que sabe que por ahora marcar presencia en la papeleta de diciembre adquiere carácter de símbolo.

Sí, ha usted adivinado. Sólo que este jugador de pésimas cartas, a diferencia de Zaldívar que las arrojó al mazo, quiere entregar las suyas a alguien a quien pudieran servirle para juntar aunque sea un modesto par, porque para un trío, para un póker o una escala real, sería demasiada pretensión.

Novedosa noticia, pero no tanto si no se piensa quién será el beneficiado. No es Frei, no es Piñera, no es Arrate.

Saque usted sus cuentas. Para ello no es necesario hablar de política. Ni recordar que astronóicamente la Primavera llegó a media tarde de hoy 22 de setiembre.

* Escritor.          
 

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