Mar 29 2022
430 lecturas

Opinión

Chile: rubios y morenos

Es muy posible que las audaces expresiones de la ministra del Interior sobre las discriminaciones que existen en Chile en materia policial y judicial respecto del aspecto f√≠sico y apellido de los que cometen faltas y delitos sean compartidas por el propio Presidente de la Rep√ļblica y por muchos millones de compatriotas.

Posiblemente, por su alto rango Izkia Siches fue imprudente, lo que no significa que sus expresiones sean erradas. A todos nos constan situaciones agraviantes al principio de la igualdad ante la Ley que tanto se proclama. Balacera interrumpió visita de ministra del Interior chilena a territorio Mapuche

No se trata de un mal solo nacional. En todo nuestro continente se pueden apreciar las ventajas que en general tienen los caucásicos respecto de la mayoritaria población morena. En Bolivia, por ejemplo, transcurrieron muchas décadas antes que un Evo Morales llegara al poder, cuando la población indígena es muy mayoritaria. Y nos consta que solo en Uruguay es posible encontrarse con algunos mendigos rubios y de ojos azules entre quienes piden limosnas en uno de los países de mejor estándar socioeconómico.

Lo del color de la piel y de los ojos siempre ha sido determinante en la suerte de los seres humanos. Los que son más claritos coinciden con los que tienen más dinero. En nuestra Capital, por ejemplo, es posible descubrir barrios que por el color de sus habitantes podrían parecer de Escandinavia más que de América Latina. En los poblados de los pobres, por supuesto, predominan por mucho los morenos, los de raigambre indígena, así sea que prácticamente un 75 por ciento de nuestra población es mestiza.

Digamos con franqueza que la propia poblaci√≥n morena sufre de un vergonzoso racismo al preferir a los ni√Īos m√°s rubios y o que parecen m√°s europeos. En Estocolmo, precisamente, tuvimos la oportunidad de conversar con una pareja de exiliados chilenos muy Secretar√≠a de Mujeres Inmigrantes‚ÄĚ realizar√° feria y pa√Īuelazo antirracista en respuesta a la marcha ‚Äúantiinmigrante‚ÄĚ - El Mostradormorenos y que se sent√≠an muy felices de tener un reci√©n nacido de cutis muy albo y cabello rubio.¬† Ingenuamente, ambos padres nos aseguraron que aquello se deb√≠a a la posibilidad de estar viviendo largo tiempo en un pa√≠s tan al norte del mundo‚Ķ Seguros de que el clima en menos de una generaci√≥n pod√≠a provocar estas sorprendentes mutaciones.

En nuestra historia política es completamente cierta la influencia de aquellas familias de apellidos supuestamente más ilustres y de ancestros castellano vascos. Cuestión que algo ha variado con la irrupción de apellidos franceses, ingleses y alemanes, pero de color blanco y ojos azules, corrientemente.  Hasta aquí ha sido muy difícil ser indígena o tener ascendencia árabe para llegar a los más altos cargos del Estado. Aunque el poder económico alcanzado por muchos inmigrantes de oriente posiblemente los haga romper las cadenas de la discriminación que por décadas los ha afectado.

Se trata de una realidad muy generalizada. En la propia Iglesia Cat√≥lica se puede comprobar que quienes alcanzan los m√°s altos rangos de la Curia han sido personas de ‚Äúbuenos apellidos‚ÄĚ, como se dice. Lo curioso y ejemplar es que sean √©stos los que se han demostrado m√°s partidarios de la justicia y la igualdad social. Mucho m√°s que sacerdotes de modesta extracci√≥n social, habitualmente m√°s conservadores que sus pastores.

GLORIAS DEL EJ√ČRCITO. Las masacres obreras y mapuches en manos del Ej√©rcito de ChileNi que decir en las Fuerzas Armadas, donde se encumbran como oficiales los que son m√°s blancos y erguidos que la tropa y en que sus apellidos tambi√©n resultan muy importantes, aunque se trate de sujetos cuyos padres los instaron a seguir la carrera militar en la idea de que no serv√≠an para otras tareas. Asimismo, entre los carabineros es perfectamente constatable que pr√°cticamente no existen en sus filas rubios y de ojos claros. La morenidad francamente se generaliza.

Adem√°s, son precisamente estos efectivos los que discriminan m√°s entre la poblaci√≥n, soslayando a los infractores de colores claros, de los barrios acomodados y apellidos ‚Äúvinosos‚ÄĚ. Algo muy similar a lo que ocurre con los polic√≠as negros en Estados Unidos, siempre muy dispuestos a maltratar a sus hermanos de origen social. Los casos son cotidianos tanto aqu√≠ como all√°, donde lleg√≥ a la Presidencia un negro que poco o nada hizo para diferenciarse de sus antecesores blancos, rubios, racistas y criminales.

El color de la piel es muy coincidente con el nivel econ√≥mico de los chilenos. La poblaci√≥n est√° estratificada tanto por sus recursos y aspecto f√≠sico. En los paradigmas raciales que el pa√≠s tiene solo podr√≠an salvarse los morenos de ojos verdes, a quienes es muy dif√≠cil descubrir y que, sin embargo, han marcado lo que se estima belleza masculina y femenina. Agreguemos que la rubiedad cosm√©tica abunda en los rostros de la televisi√≥n y el espect√°culo, aunque tambi√©n se puede apreciar en la sociedad morena que transita por todas nuestras calles y ciudades. Como √ļltimamente, tambi√©n, en los afamados futbolistas latinos.

Toda esta diferencia se explica en un conjunto de factores, principalmente por el nivel adquisitivo de cada cual. Pero tambi√©n es consecuencia de la educaci√≥n diferenciada: entre quienes pueden asistir a los colegios pagados y elitistas y los que deben conformarse con la formaci√≥n carencial que procura el Estado. De all√≠ que sea tan urgente que la educaci√≥n se democratice y que desde los primeros a√Īos de vida existan las mismas posibilidades para los morenos, los rubios y quienes pertenecen a los pueblos originarios.¬† Como, adem√°s, a los que llegan a Chile por el gran flujo migratorio que vivimos y le ha agregado el color de los afroamericanos a nuestra poblaci√≥n.

Tiene toda la raz√≥n la ministra Siches, aunque se haya expresado demasiado vehementemente para los est√°ndares de nuestra pol√≠tica tradicional. Porque en Chile se cree que, al alcanzar los altos cargos, los ministros, parlamentarios, jueces y otros deben dejar de pensar como antes lo hac√≠an y terminen gobernando justamente para los que les conviene prolongar estas discriminaciones. En favor de quienes aceptan sin remilgos que existan barrios distintos para los pobres, la clase media y los ricos. Que haya colegios y universidades, clubes y partidos pol√≠ticos marcados por la clase e ingresos de sus integrantes. En ‚Äúreducciones‚ÄĚ para los mapuches, por ejemplo, en barrios fastuosos y exclusivos para los blancos de piel y amarillos de cabeza.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.