Apenas José Antonio Kast terminaba de presentar a su gabinete ministerial surgieron las primeras voces opositoras para cuestionar sus nombramientos. Sin perjuicio de que ha nombrado como secretarios de estado a dos personajes francamente pinochetistas los cuestionamientos fueron más bien a la decisión del Presidente Electo de privilegiar la designación de independientes y no de militantes, dejando en evidencia de que esta vez los partidos poco o nada pudieron cuotearse en la asignación de dichos cargos.
Por ejemplo, solo dos militantes de su Partido Republicano formarán parte de las 25 carteras ministeriales. Así como el Partido Nacional Libertario no estará presente en esta primera línea gubernamental, pese a la alta votación obtenida bajo el liderazgo de Johannes Kaiser, quien se ha puesto con sus declaraciones a la derecha del Presidente Electo y considerado en toda la campaña electoral como el más ultraconservador.
Más allá de las objeciones que se le pueden hacer a varios de los ministros designados, los primeros ataques opositores tendieron a criticar la falta de experiencia política de muchos de ellos, justamente por su condición de independientes y corta edad. Algo muy en sentido contrario de la buena impresión que causara el futuro presidente por apostar a la experticia profesional y juventud de muchos de los que serán sus ministros a partir del 11 de abril próximo cuando se instale en La Moneda.
Hace mucho rato que la opinión pública nacional ha censurado el cuoteo partidista que hizo gala en todos los gobiernos de la posdictadura. Al mismo tiempo que se estiman como precipitadas estas críticas cuando faltan varias semanas para ver a Kast y su equipo en funciones.

De todas maneras, es razonable el malestar producido por la convocatoria de quienes fueron los abogados de Pinochet para repatriarlo desde Londres y evitar así un juicio internacional. Sujetos, estos, que no son precisamente jóvenes y sabían perfectamente lo que hacían para defender al dictador y feroz violador de los Derechos Humanos. Muy posible sean éstos y algunos más los que aboguen ahora desde el Gobierno por un indulto en favor de los presos de Punta Peuco, condenados algunos ellos a más de mil años de prisión por haber ejercido la tortura y la desaparición sistemática de centenares de disidentes políticos.
En esto el Presidente Electo pudo ser más cauto en los nombramientos, sobre todo si se propone que su gobierno sea de unidad nacional y de emergencia.
No hay duda de que el nuevo gobierno enfrentará una severa oposición en las calles y en el Parlamento, donde la mayoría derechista será muy feble. Sin embargo, muy conveniente sería que no sean los mismos y desacreditados políticos del centro y de la izquierda los que protagonicen estas acciones. En este sentido, deberían ser los nuevos rostros llegados al Parlamento, por ejemplo, los que destacaran en este siempre necesario rol democrático.
Pero lo que vemos hasta aquí es que los partidos que se convertirán en opositores vuelven a destacar a sus viejos voceros que, entre otras cosas, son los principales responsables del descredito general de la política y del triunfo de los sectores ultraderechistas. Asimismo, se hace necesario la renovación de los líderes de los sindicatos y gremios corruptos, como digitados por los gobiernos de turno.

Es razonable que para gobernar los partidos consoliden alianzas, pero ahora desde la oposición será muy propicio que se manifiesten por separado las distintas expresiones políticas que a fuerza formaron parte del gobierno de Gabriel Boric, quien culmina su mandato con un reducido apoyo popular y en el reproche que se les hace a sus componendas partidarias y defecciones ideológicas. Las que, en definitiva, impidieron un gobierno de savia joven y comprometido con los prometidos logros económico sociales.
Un híbrido de social demócratas, comunistas y frenteamplistas que frustró mucho las esperanzas del pueblo y que, increíblemente, se volcó a la derecha. Apostando ahora a que el nuevo gobierno haga justicia y acabe con los problemas de inseguridad, desempleo, crítico déficit de viviendas, con las largas esperas para ser atendido en los hospitales y los agravados trastornos del sistema educacional. Como si no fuera por el modelo neoliberal defendido por la derecha, y consentido por los gobiernos centroizquierdistas, la causa fundamental de la pobreza, la desigualdad y la pérdida de nuestra soberanía política y económica.
Del pinochetismo hemos derivado en la genuflexa actitud hacia quien gobierna en la Casa Blanca. Hacia el “trumpismo” que amenaza con la ocupación de países y continentes enteros, allí donde existan los recursos naturales codiciados por el mandamás imperial y existan lacayos como el argentino Milei ¿Y acaso el que ahora va a gobernar nuestro país?
* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.
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