Dic 2 2004
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Política

China sin prisa y sin pausas

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Mientras Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia se desgastan en la guerra contra el terrorismo, el Medio Oriente arde y el resto del mundo se desangra en conflictos intestinos o simplemente languidece bajo los efectos de una globalización depredadora, China, sin hacer mucho ruido, sigue su propia ruta para consolidarse como la gran potencia emergente del siglo XXI.

Miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y una de los cinco pa√≠ses con derecho a veto, Beijing ha mantenido un perfil sorprendentemente bajo en la crisis que sacude al mundo desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y las posteriores invasiones de Afganist√°n e Irak. Si bien ha sostenido posiciones firmes tanto en contra del terrorismo como de la forma en que √©ste se est√° combatiendo, en ninguno de los dos casos se ha involucrado m√°s all√° de lo que ata√Īe estrictamente a sus intereses nacionales.

Aunque fue claro que no le gustó que una coalición occidental se metiera en Afganistán y se opuso decididamente a la incursión estadunidense en Irak, China no entró nunca en un diferendo con Estados Unidos como lo hicieron Francia y Alemania, por ejemplo. Fijó su posición y ya. Se ofreció, eso sí, a mediar con el cerrado régimen de Corea del Norte sobre la cuestión nuclear, porque tanto como tener otra invasión estadunidense a sus puertas, eso sí no lo iba a tolerar.

…Y el gigante se desperez√≥

Nadie, que se recuerde, increpó tampoco a China por sostener una u otra postura. Y es que todos prefieren tener buenas relaciones comerciales y tranquilos tratos militares con la nación más poblada del mundo, que es, a su vez, una de las economías más pujantes y una potencia bélica en el escenario internacional. Tanto que, hasta ahora, ni siquiera los más radicalizados de los terroristas islámicos han pretendido incursionar en territorio chino. Quizás porque tampoco es su guerra.

Convertida, en todo caso, en una fortaleza, segura de que prácticamente nadie se atreverá a desafiar su poderío, China se ha volcado sobre sí misma para aprovechar la coyuntura: mientras los otros se debilitan, ella se fortalece y, además, lo hace a su modo, a su ritmo y sin interferencias foráneas. Algo en lo que pocos están reparando, centrada como está la atención en el caldero de Irak.

fotoHace pocas semanas, por ejemplo, se dio un important√≠simo cambio en la c√ļpula china que podr√≠a modificar no s√≥lo las pol√≠ticas internas del gigante asi√°tico, sino toda la din√°mica de sus relaciones con el exterior. Jiang Zemin (foto), quien fuera el hombre fuerte durante los √ļltimos 15 a√Īos, cedi√≥ el √ļltimo de sus bastiones de poder y, con ello, culmin√≥ una transici√≥n generacional que se extendi√≥ durante casi dos a√Īos, no ajena a sordas pugnas internas.

En un disciplinado cronograma, Jiang Zem√≠n entreg√≥ primero a su vicepresidente, Hu Jintao, el liderazgo del Partido Comunista (noviembre 2002), luego la presidencia del pa√≠s (marzo 2003) y finalmente ahora (septiembre 2004), la presidencia de la Comisi√≥n Militar Central, con lo que Jintao re√ļne en sus manos el poder pol√≠tico, el administrativo y el militar; en s√≠ntesis, el poder.

Mucho se especul√≥ en las √ļltimas semanas que Zemin no entregar√≠a esta √ļltima carta a Jintao, con quien mantiene algunas diferencias sustanciales. Si bien China se rige por decisiones de comit√© y consenso, para quienes conocen bien las entra√Īas del poder chino actual –tanto locales como extranjeros– Hu podr√≠a dar un giro a las relaciones exteriores de Beijing, que actualmente privilegian los lazos con W√°shington, y orientarlos m√°s hacia las capitales europeas. Tambi√©n podr√≠a cambiar la aproximaci√≥n a problemas territoriales como los de Taiw√°n, Hong Kong y el Tibet.

Luces y sombras

Pero, más que nada, los cambios podrían darse en la orientación de la política económica interna. Zemin y su llamado Grupo de Shangai privilegiaron el desarrollo de las ricas zonas costeras y de sus grandes urbes, mientras que Jintao, a quien se considera un abierto delfín del anterior patriarca, Deng Xiao Ping, ha dado ya claras muestras de que está decidido a desplazar importantes partidas del presupuesto estatal a las depauperadas zonas campesinas del interior y a los sectores que no se han visto beneficiados hasta ahora por las reformas económicas.

Zemin, con toda la pujanza alcanzada por China en estos √ļltimos lustros, hereda a Jintao un escenario de luces y sombras.

La imagen general que se proyecta de China actualmente en los medios de comunicaci√≥n tiende a mostrar signos de prosperidad dondequiera: hileras de resplandecientes rascacielos y calles llenas de luces de ne√≥n en las grandes ciudades; limpias y blancas casas que han sustituido a las polvorientas caba√Īas de anta√Īo en las zonas rurales. Carreteras, puentes, puertos y aeropuertos, escuelas, hospitales, centros de investigaci√≥n, boyantes comercios, cosmopolitas restaurantes, brillantes espect√°culos. Todo nuevo o renovado.

Sin duda la mayor√≠a de las estad√≠sticas que los respaldan tambi√©n son positivas. De 1990 a la fecha China pr√°cticamente ha doblado su econom√≠a a una tasa promedio anual de crecimiento de 9.3 por ciento. El pa√≠s cuenta con reservas monetarias 50 veces m√°s altas que en 1989 y su comercio con el exterior se ha multiplicado por cinco; la inversi√≥n for√°nea se ha incrementado a una tasa anual de 24 por ciento y m√°s de 400 de las 500 transnacionales l√≠deres en el mundo tienen una representaci√≥n all√°. Esta tendencia econ√≥mica sostenida hizo que el pa√≠s sorteara apenas con unos rasgu√Īos la crisis financiera que no hace mucho estremeci√≥ al resto de Asia.

Pero no s√≥lo en los n√ļmeros Jiang Zemin le deja buenas cuentas a Hu Jintao; tambi√©n en el √°mbito pol√≠tico-diplom√°tico muestra logros considerables. Durante su gesti√≥n se dio el retorno pac√≠fico de Hong Kong a la parte continental, bajo la singular f√≥rmula de ¬ęun pa√≠s, dos sistemas¬Ľ; China ingres√≥ a la Organizaci√≥n Mundial de Comercio y gan√≥ para Beijing la sede de las Olimpiadas de 2008, que, sin duda, ser√°n el mejor escaparate y la mayor oportunidad de reinserci√≥n plena en el escenario mundial, donde en general se gan√≥ una mayor, aunque prudente presencia.

Los pobres, los ricos, los corruptos

Jiang consigui√≥, adem√°s, su √ļltimo deseo pol√≠tico: una transici√≥n pac√≠fica y ordenada del poder, en la que, sin embargo, supo conservar algunos importantes enclaves de influencia que, seguramente, seguir√°n operando todav√≠a por algunos a√Īos; por lo menos mientras √©l viva.

Un escenario sospechosamente bueno. Y, efectivamente, el problema es que sus bases no son demasiado s√≥lidas. Para empezar, el modelo de una ¬ęeconom√≠a de mercado socialista¬Ľ ha abierto una brecha entre ricos y pobres que se extiende con tal rapidez, que hasta los propios economistas chinos la declaran p√ļblicamente como peligrosa para la estabilidad social. Esto resulta particularmente riesgoso en momentos en que las contradicciones entre el modelo econ√≥mico y el discurso pol√≠tico han creado lo que ciertos analistas llaman una ¬ęconfusi√≥n ideol√≥gica¬Ľ.

Luego está el desempleo, en el que cada punto porcentual significa decenas de millones. El gobierno radica el desempleo urbano en 8 por ciento y reconoce que este índice empeorará con la reestructuración de las desfallecientes empresas estatales. Pero en estas cifras no toma en cuenta más de 100 millones de trabajadores rurales que han emigrado hacia las zonas urbanas en busca de trabajo ni, por lo menos otros 100 millones, que constituyen el excedente de mano de obra en el campo.

A pesar de sus esfuerzos, China tampoco ha logrado construir un sistema extendido de seguridad social y sus servicios sanitarios ocupan el lugar 144 en la Organización Mundial de la Salud, después de depauperados países vecinos como la India, Indonesia y Bangladesh. La crisis del SARS demostró con claridad la vulnerabilidad de este régimen.

El sistema bancario tampoco est√° mucho m√°s sano. Obligados por el gobierno chino a respaldar la reestructuraci√≥n de las empresas estatales, los bancos se encuentran agobiados por pr√©stamos onerosos que, seg√ļn algunos especialistas, ascienden hasta un tercio del Producto Interno Bruto. Y el boom en la infraestructura ha sido financiado casi todo por el gobierno, por lo que la deuda gubernamental se calcula en m√°s del 100 por ciento del PIB. Si a esto se agrega un deficiente sistema impositivo, una crisis fiscal es para muchos s√≥lo una cuesti√≥n de tiempo.

Tambi√©n prevalece el problema de la corrupci√≥n en los c√≠rculos oficiales. Seg√ļn estimaciones de acad√©micos chinos, puede considerarse que casi 80 por ciento de los funcionarios est√° involucrado de una u otra manera en redes de corrupci√≥n y, cuando mucho, un 20 por ciento es detenido. Eso s√≠, cuando el esc√°ndalo es tan flagrante que pone en entredicho la imagen del sistema o en riesgo intereses de grupos de poder, el castigo puede llegar hasta la pena de muerte.

La asignatura de los derechos humanos, por cierto, tampoco ha sido superada. Si bien analistas, tanto chinos como extranjeros, coinciden en que nunca antes desde la Revolución había habido igual apertura para las libertades individuales, éstas son respetadas en tanto no desafíen el rol conductor del Partido Comunista. La gente puede elegir dónde vivir, a qué escuela enviar a sus hijos, viajar fuera del país, unirse en grupos de acción para cuestiones vecinales y hasta hay publicaciones que critican abiertamente algunas de las políticas del régimen; pero hasta ahí.

Seg√ļn los mismos analistas, la poblaci√≥n misma no pretende ir mucho m√°s all√°. Fresca est√° todav√≠a en la memoria colectiva la represi√≥n estudiantil de 1989, en Beijing, y para algunos que se han querido pasar de la raya ha habido castigos ejemplares, incluyendo la ejecuci√≥n. La mayor√≠a, as√≠, prefiere disfrutar m√°s de las libertades del mercado que de las pol√≠ticas y, por otra parte, Jiang se encarg√≥ de cooptar a los sectores econ√≥micos emergentes para hacerlos sentir part√≠cipes de la toma de decisiones.

Como quiera que sea, con sus puntos en pro y en contra, China ha incursionado en una din√°mica que por su propia inercia acabar√° conduciendo a cambios de fondo. Nadie espera que √©stos se den de la noche a la ma√Īana, pero la transici√≥n desde hace rato que est√° en marcha y el advenimiento de la llamada ¬ęcuarta generaci√≥n¬Ľ, desde la revoluci√≥n de 1949, es s√≥lo el m√°s reciente cap√≠tulo.

Hu Jintao, para la mayoría todavía un enigma, irá develando hacia dónde continuará esta transformación. La transmisión de poderes se hizo con tersura, pero tampoco se descartan en el futuro algunos sobresaltos. Los intereses de grupo siguen vigentes y pueden entrar en colisión. En cualquier caso, todo indica que seguirá siendo un asunto sólo entre los chinos.

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Publicado en la revista mexicana Proceso en octubre de 2004.
(www.proceso.com.mx/noticia.html?nid=27207&cat=3).

 

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